1 oct 2021

Historia de un candado y una llave


Fue el candado de la puerta de la calle de mi casa, en la estación de ferrocarril del Paradero de Camarones, durante toda mi infancia. Cualquier ferroviario hubiera podido abrirlo, porque todos llevaban la llave maestra consigo. Pero a ninguno se le hubiera ocurrido hacerlo, era una época en que las cosas ajenas se respetaban. 
Los candados de los cinco cambiavías, de la oficina, el almacén y de la caja del teléfono del andén, también se abrían con la misma llave. De manera que mi abuelo Aurelio solo necesitaba una para entrar y salir de su mundo. El día que me dieron para mí, me sentí la persona más importante del planeta.
Cuando me fui de Cuba me llevé el candado y su llave. Ahora los tengo junto a nuestra puerta en Santo Domingo. Cada vez que entro y lo veo, sé que he llegado a casa. Nada me hace sentir más seguro. Está fijado con un clavo que saqué de un travesaño en el ramal Cumanayagua. Es de 1937, el año que nació mi madre.
Cuando compartí esta foto en Facebook, Alejandro González comentó que “es una antigua costumbre sefardí guardar las llaves de la casa de donde fueron expulsados”. Como él bien apunta, Venegas es un apellido judío de Granada. Esa puede ser una de las razones por la que los traje conmigo. 
En la memoria se siguen abriendo todas las puertas, incluso las que ya se han cerrado para siempre.

1 comentario:

salva33125 dijo...

Llevamos las casas habitadas con uno, pero haces de este homenaje a tu casa de infancia una fiesta.
Podemos recordar cada olor, cada rajadura en la pared o el piso, podemos regresar cuando la lluvia cae sobre un metal,pero fuiste más lejos, cargaste con el candado que guardaba esos recuerdos y la seguridad que significa