14 oct 2021

Un día entero en Bauta


Ya no recuerdo por qué llegamos a Bauta. Pero hasta ese pueblo, al oeste de La Habana, fuimos a dar un grupo de amigos que éramos muy cercanos en aquella época. Recuerdo a Luis Alberto García, Vladimir Cruz, Reinaldo Montero y Omar Valiño. El anfitrión era Emilio Ichikawa.
Como era costumbre en aquella Cuba, que ya nos parecía la peor de todas (¡qué ilusos!), bebimos los rones que aparecían y comimos lo que encontramos. Sin embargo, la conversación y (sobre todo) las discusiones fueron un auténtico lujo. Llovió a cántaros, eso retrasó el plan de regreso.
En un momento dado, bajo la lluvia, Luis Alberto y yo salimos a forrajear una última botella de ron. Mientras caminábamos por el pueblo, todos nos detenían para saludar al actor. Algunos decían algo de su padre y otros le agradecían sus personajes en la televisión y el cine.
Logramos conseguir el “trofeo” gracias a que el administrador de una bodega era también admirador de Lusito. De regreso a la casa de Ichikawa, bromeamos sobre eso. “¿Quién le explica a Bauta —preguntó Luis Alberto— que en una de sus esquinas vive un importante filósofo?”.
Jugamos Trivia hasta que escampó. Nunca, ni antes ni después, he sido parte de un dream team semejante. Todas las preguntas, por difíciles o remotas que fueran, eran respondidas. Ichikawa nos despidió en su portal. Todavía nos decía adiós cuando nos perdimos en la última curva.
—Alejandro García Cartula y Emilio Ichikawa —dijo Luisito de pronto en medio de la autopista—Solo con esos dos tipos, Cuba puede demostrar la universalidad de sus municipios.
Probablemente él ni recuerde esa frase, pero a mí se me quedó grabada.

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