12 oct. 2018

Scotch Brite

Tengo una pequeña toalla,
azul,
de poliéster y nylon,
que absorbe siete veces
su peso seco.
Con ella aclaro
las tardes de lluvia
y defino los paisajes 
antes de que desaparezcan.
Describiendo 
pequeños círculos,
borro mis huellas
en un inmenso pastizal.
Frotando, 
con mucha paciencia,
despejo el cielo
mientras la Soyuz MS-10 
cae como una piedra
sobre Kazajistán.
También deshago 
la opacidad que cubre
al último toro de la tarde
y limpio tu rostro,
ya de noche,
en la Plaza Mayor 
de Salamanca.
La pequeña toalla 
le saca brillo a mi mundo,
azul, 
de poliéster y nylon,
permanece junto a mí
hasta que el tiempo
saca sus conclusiones
y el día se apaga 
como si fuera una pantalla.

7 oct. 2018

Un mal pie en un día perfecto

Hoy en Santo Domingo amanecimos con un día perfecto para salir a caminar. No pudimos resistir la tentación. Salimos a la Winston Churchill y, siempre a la sombra de las enormes caobas, partimos en dirección al mar. Ya estábamos a la altura del boulevard de las estrellas cuando oí una alarma. 
El Apple Watch quería confirmar si me estaba ejercitando y me preguntaba qué tiempo deseaba caminar.  Justo en el momento que intenté responderle, mi pie izquierdo pisó la tapa de un hidrante. Caí en silencio, por eso Diana tardó unos segundos en darse cuenta de que ya no iba a su lado.
Aunque me di un golpe muy duro en la rodilla y toda la pierna me dolía, fue un gran alivio ver a varios vehículos detenerse en ambas vías de la avenida para ofrecernos ayuda. Una jovencita (de la edad de nuestra Ana Rosario) insistió en llevarnos. Guajiro al fin, le di las gracias y volví a El Bohío caminando.
Siempre que viene a cuento, alabo el carácter noble y solidario de los dominicanos. Desde que llegué a este país, en noviembre del 2000, nunca he sentido que estoy en un lugar que no es el mío. Hoy, mientras cojeaba de regreso a casa, me enumeré a mí mismo las razones de ese sentimiento.
Cuando estaba en el suelo, alcancé a ver que había caído entre las estrellas de David Ortiz y Vladimir Guerrero, dos de los héroes que más admiro. Asumí eso como una buena señal. Entre gente como ellos, siempre estaré a salvo. Al final no fue un mal pie en un día perfecto.

5 oct. 2018

Poco después de las doce

Poco después de las doce, 
cuando todo el peso 
de la luz
caía sobre ella, 
la escalera de mi casa crujía.
Vivíamos conscientes 
de que tarde o temprano
no iba a soportar más
el paso de las aguas
y el estruendo de los trenes.

Hace ya casi veinte años
que no subo
ni bajo
por escalera de mi casa.
Ni siquiera sé si aún está ahí.
Pero poco después de las doce,
cuando todo el peso 
de la luz
debe estar cayendo sobre ella,
pienso en que tarde
o temprano
no voy a soportar más
el paso de las aguas
y el recuerdo de los trenes,
como un estruendo.

4 oct. 2018

A salvo

A veces te alegras de no tener patria.
No puedes negar que eres feliz
cuando siembras árboles
en una tierra que no es tuya,
en un país
que tu padre quiso liberar
antes de que los mosquitos
se lo comieran
en el camino a cayo Confites.

A veces sientes un gran alivio
cuando te sirves un vino verde
y dejas el televisor en mute.
Prefieres no saber lo que dicen
esos que manotean 
y vociferan
(sin camisas, 
semidesnudos,
con un acento 
que no entiendes)
desde una ciudad 
muy parecida 
a la que abandonaste.

A veces te consuela
ver a tu madre respirando.
Aunque perdió el juicio
y casi nunca te reconoce,
te basta con abrazar 
el calor de su cuerpo
y repetirle que la quieres
cuando mira a ninguna parte
con una expresión 
irreconocible, 
ajena.

A veces, solo a veces,
te resulta indiferente 
el lugar de dónde vienes.
Ese es el remedio
más eficaz
que has encontrado
para soportar la casa 
en peligro de derrumbe
que llevas adentro,
para ese espacio vacío,
irrecuperable
al que le dedicas
tus primeros pensamientos
cuando abres los ojos 
y te despiertas 
a salvo. 

3 oct. 2018

Cargar la suerte

En las tres semanas que duró nuestro viaje por España y Portugal, me mandaron a callar muchas veces. Algunas Diana, la mayoría Ana Rosario: “¡No digas esa palabra, Cucho!”. “Papá, no repitas eso aquí”. “Shhh, recuerda que aquí no puedes hablar así”. “Pero Papá, ¿cuántas veces te he pedido que no te expreses así?” …
Hoy las recordé mientras leía las noticias sobre el disco que Andrés Calamaro presentará antes de que se acabe octubre. Se llama Cargar la suerte, que es la frase con la que se describe la decisión del torero de adelantar una pierna o el cuerpo para interponerse en el viaje natural del toro.  
No me canso de repetir que Calamaro es el cantautor que más admiro y el que mejor cumple con mis expectativas. Sus discos, desde Honestidad brutal hasta Bohemio, bastan para armar la banda sonora de mis últimos 20 años. En mis peores y en mis mejores momentos siempre ha estado una canción suya. 
Con El Salmón, además de disfrutar del sonido de sus versos, he ganado confianza en eso de nadar contra la corriente y resistir desde los lados incorrectos. Artistas como él son imprescindibles en un mundo donde lo políticamente correcto, el comedimiento y la ñoñería han decidido acabar con lo poco de poesía que nos queda.
Algunas veces Diana, la mayoría Ana Rosario. Gracias a su amor me he librado de los toros cuando adelanto la pierna o saco el cuerpo.

1 oct. 2018

En algún momento se oirá la trompeta de Jerry González

Mi hermano Mario Dávalos, después de perder a un querido amigo, escribió una larga y hermosa exigencia para el día de su muerte. Para tratar de impedir con él la fatua liturgia de las funerarias, detalló la manera en la que quiere que lo despidan y señaló el lugar exacto donde deben ir a parar sus cenizas.
Ayer vimos, junto a Marianela Boán y Alejandro Aguilar, un documental sobre el adiós de Buenavista Social Club. En el tramo final del filme se relata cómo fueron muriendo, uno a uno, los longevos integrantes de la agrupación. Ibrahim Ferrer y Compay Segundo, estuvieron cantando hasta el final.
Rubén González, aun con Alzheimer, se mantuvo tocando el piano. “A veces yo me voy, pero mi espíritu sigue”, confesó al comienzo de la enfermedad, cuando todavía tenía momentos de lucidez. Cachaito López solo soltó el contrabajo cuando lo metieron en el ataúd. 
Hoy dice el periódico que Charles Aznavour ha muerto a los 94 años. Deja a Bruselas llena de carteles, anunciando un concierto suyo para el 26 de octubre. Como si eso no fuera ya suficiente tristeza para el mundo, el legendario Jerry González perdió la vida en el último incendio de Madrid.
Como todos ellos, me gustaría morirme haciendo lo que me gusta hacer. Me aterra la posibilidad de acabar postrado o demente. Por eso quisiera que la Parca suba a buscarme a La Loma, un día que esté sembrando o regando algo, caminando por alguna parte, escribiendo o brindando. 
Mi Cucha ya sabe lo que tiene que hacer después: Plantarme en una lata de Bustelo para que mis cenizas acaben mezclándose con el abono del bosque. Si ponen canciones de Calamaro a mi alrededor, en algún momento se oirá la trompeta de Jerry González.
No me imagino un mejor final para todas las veces que he tenido que empezar.