LA VENTA DEL MIEL
(Ediciones Vigía, Matanzas, 1988)
LAS CANCIONES SE OLVIDAN
(1991)
Aunque antes las Ediciones Vigía ya me había publicado una pequeña plaquette, este es en verdad mi primer cuaderno de poemas. Como tal le quiero. Fue ilustrado por Sigfredo Ariel y editado por Alfredo Zaldívar. El propio Zaldívar se ocupó de operar el mimeógrafo y de iluminar cada página con acuarelas vencidas y pinceles deshechos.
Para hacer la portada, Sigfredo se inspiró en una bellísima fotografía de Esther Borja y Ernesto Lecuona. Todavía estoy satisfecho con muchos de esos poemas. Pero ninguno de ellos supera las alegrías que compartí con Sigfredo y Zaldívar. Quizás esa es la verdadera razón por la que siempre recuerdo a mi “opera prima” con tanto cariño.
Camilo Venegas
LOS TRENES NO VUELVEN
(1994)
"Sólo en su madurez podría el creador salvar los escollos que la perspectiva municipal le ofrece como sustancia poética. ese desafío -magna aventura- la sume gloriosamente Camilo Venegas Yero con Los trenes no vuelven, su primer libro de poemas.
Paradero de Camarones, sitio remoto en la memoria y paraíso perdido de la niñez, deviene región mítica en la poesía cubana con su procesión de viajero que pasan, de melodías y nostalgias, de personajes rescatados en la niebla del tiempo".
Escrito en muchos lugares (el Paradero de Camarones, Cienfuegos, El Vedado, Madrid, Cuernavaca, San Miguel Regla, Veracruz, Mixcoac, Bogotá y Santo Domingo) entre 1993 y 2002. Este libro tuvo demasiados nombres, algunos respondían a fechas precisas y otros a casualidades, cifras o hechos que ya nada significan. El título definitivo lo encontré en Listas, el cuento de Guillermo Cabrera Infante. En las paredes de mi casa colgaron siempre los horarios exactos de todos los trenes que pasaban y aprender a leerlos, en el sentido correcto (ascendente o descendente), me costó más trabajo que entender las difíciles manecillas del reloj. Durante mucho tiempo creí que, fuera de los ferroviarios, sólo yo advertía en esas complicadas columnas combinaciones, cruces, apeaderos, enlaces y ramales. Pero, según Cabrera Infante, Yeats prefería leer itinerarios antes que libros de versos; lo cual prueba que ni siquiera el más raro de los vicios es nuevo bajo el sol.
Camilo Venegas
AFUERA
[Poemas, 2003-2007]
Afuera es un libro escrito en el exterior de una isla y en el interior de otra. En poco más de cien páginas, Camilo Venegas traza el diario de lo que ha sido su experiencia en el exilio.
En Los trenes no vuelven (1993), Venegas comenzó a saldar su deuda con la estación de ferrocarril del Paradero de Camarones, la casa de los abuelos maternos donde transcurrió su infancia. Luego, con Itinerario (2003), reunió textos escritos en Cuba, España, México y Colombia.
Pero es en Afuera donde el poeta establece un antes y un después: “Poco a poco me ido zafando de ese afán que tenemos los cubanos por convertir todo viaje de ida en un regreso. Pero sin quererlo me he vuelto a quedar adentro. Por más libres que seamos, siempre hay un lugar del que no podemos salir”, asegura Venegas.
IRLANDA ESTÁ DESPUÉS DEL PUENTE
(2008)
Un viejo tren avanza, tal vez por última vez, hacia el que por décadas fue su destino. El viaje físico de la vetusta máquina, testigo de tiempos mejores, es también un recorrido hacia el pasado, hacia un doblez perdido de la historia donde todavía palpita la Cuba profunda de la caña, el ron y el azúcar.
Camilo Venegas, que alguna vez hizo este trayecto hacia la nada o hacia el todo, nos lleva con él y nos hace testigos de una agonía. A diferencia de la mayoría de los autores de su generación, él no busca las frustraciones y negaciones de una sociedad en los universos exultantes de la prostitución, los balseros o los jóvenes rockeros: va hacia las esencias de una nación construida en ese doloroso y refulgente contrapunteo del tabaco y el azúcar.
Buscando el mundo perdido de los viejos ingenios y de la humanidad que vivía en ellos y por ellos, encuentra esa Nada, agreste y elemental, donde todavía palpitan unas vidas extraviadas, también condenadas a desaparecer, como tantos de esos sitios emblemáticos de una nación. “Irlanda está después del puente” es la necrológica de una realidad cubana y, a la vez, un canto de amor a la historia de lo que fuimos.
Felipe Lázaro
IRLANDA ESTÁ DESPUÉS DEL PUENTE
(2008)
Un viejo tren avanza, tal vez por última vez, hacia el que por décadas fue su destino. El viaje físico de la vetusta máquina, testigo de tiempos mejores, es también un recorrido hacia el pasado, hacia un doblez perdido de la historia donde todavía palpita la Cuba profunda de la caña, el ron y el azúcar.
Camilo Venegas, que alguna vez hizo este trayecto hacia la nada o hacia el todo, nos lleva con él y nos hace testigos de una agonía. A diferencia de la mayoría de los autores de su generación, él no busca las frustraciones y negaciones de una sociedad en los universos exultantes de la prostitución, los balseros o los jóvenes rockeros: va hacia las esencias de una nación construida en ese doloroso y refulgente contrapunteo del tabaco y el azúcar.
Buscando el mundo perdido de los viejos ingenios y de la humanidad que vivía en ellos y por ellos, encuentra esa Nada, agreste y elemental, donde todavía palpitan unas vidas extraviadas, también condenadas a desaparecer, como tantos de esos sitios emblemáticos de una nación. “Irlanda está después del puente” es la necrológica de una realidad cubana y, a la vez, un canto de amor a la historia de lo que fuimos.
Leonardo Padura
¿POR QUÉ DECIMOS ADIÓS CUANDO PASAN LOS TRENES?
(2012)
En ¿Por qué decimos adiós cuando pasan los trenes?, Camilo Venegas nos entrega un hermoso volumen que, a mi juicio, marca un hito en la cuentística de su tiempo, por la depuración y tratamiento del lenguaje, por la originalidad de los temas y una visión única del sujeto. Al decir de Leonardo Padura, el autor produce “la necrológica de una realidad cubana y, a la vez, un canto de amor a la historia de lo que fuimos”.
Alejandro Aguilar




