Mi hermano Eduardo Lozano, a quien conocí casi de niño, cuando éramos alumnos de la Escuela de Arte de Cuabanacán, y que me ha demostrado a través de los años y las décadas en qué consiste ser un verdadero artista, me ha hecho un regalo.
Siempre quise tener un ex libris y, a falta de él, usaba los cuños de la estación de ferrocarril del Paradero de Camarones. Esa es la razón por la que, desde los tiempos en que Lozano y yo empezamos a atesorar libros, los míos parecían propiedad de los Ferrocarriles de Cuba.
A partir de ahora, y gracias a mi hermano artista, mis libros ahora lucen un peregrino, el otro oficio que he compartido con él, además del de crear: caminar. Asumo el hecho de que empezar a marcarlos por Hamsun y Cartarescu, dos de mis escritores preferidos, como otra importante señal.
Gracias, querido Lozano. Septiembre del 2027 nos espera en Galicia, de vuelta al Camino Francés. Para esa fecha, espero haber estampado muchas veces tu ex libris.
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