Mientras exploraba el escritorio de mi blog, descubrí que El Fogonero cumple hoy cuatro años. 514 entradas después, esta bitácora se parece más a mí que ninguna fotografía. Ni siquiera el Camilo que se refleja en el espejo logra ser más auténtico que este, que dice lo que se le ocurre cuando se le ocurre.
En un principio la idea no era construir un blog, sino escribir una columna en el semanario Clave, la publicación dominicana que acaba de desaparecer. Por eso el primer post tiene la intención de explicarle a los lectores en qué consiste el oficio de fogonero y cuál sería el itinerario de mis textos.
Aunque seguí publicando aquí las columnas que aparecían en Clave, poco tiempo después el blog se ganó su total independencia. Su libertad me hizo más libre, su espacio ilimitado me enseñó a tener límites. Escribo El Fogonero con la más absoluta independencia, pero me gustaría que se le viera dentro de ese inmenso concierto que es la blogósfera cubana.
Medio siglo después de que en mi país se comenzaran a perder, una a una, la mayoría de las libertades públicas y privadas, los blogs de mis compatriotas han sido el primer espacio realmente plural en el que se han expresado cubanos de todas partes y de cualquier parecer. Lástima que muy pocos de los que viven dentro de la Isla tengan acceso a eso y que, por su naturaleza intangible, no se pueda señalar en los mapas.








