30 sept. 2008

El álbum de Rojas

En su reciente viaje a La Habana, Pedro Ramón López logró conseguir una edición “pirata” del Álbum de la revolución cubana. 1952-1959. Esa colección de postalitas, que se reunían al comprar caramelos Felices, era hasta ahora la más objetiva y completa historia que se podía tener de esa época.
Hechos y nombres que después han sido tergiversados o borrados por la historia oficial, aún aparecen allí. Los “talibanes” del DOR (Departamento de Orientación Revolucionaria) han podido lograr casi todo lo que se han propuesto, menos regresar en el tiempo a confiscar la emprendedora idea de la revista Cinegráfico y la Compañía Industrial Empacadora de Dulces, S.A.
Por entregas, como si fueran capítulos de Los tres Villalobos o Tamakún, Rafael Rojas está publicando en El Nuevo Herald una historia que podría ser ilustrada con aquellas postalitas, porque en ella reaparecen otra vez aquellos rostros y aquellos sucesos que medio siglo de censura habían borrado.
El libro donde seguramente se reunirán todos esos textos, será indispensable en el momento de empezar a rearmar el pasado, el presente y el futuro de Cuba. Mientras tanto, hay que ir coleccionándolos y pegándolos sobre todas las hojas que han permanecido en blanco después de cuatro décadas de olvido forzado.

28 sept. 2008

Soldadito marinero

“¿De dónde tú vienes?”, me preguntó al oír mi acento. “Vine de Cuba, pero hace tiempo”, le respondí. “Yo llegué ayer”, me dijo como si nos conociéramos hace mucho. En el dorso de la mano derecha le nacía una serpiente de tinta. Dibujada hasta el más mínimo detalle, la cobra se enroscaba en su brazo y se perdía dentro de su t-shirt. En la mano izquierda tiene el nombre de una mujer y un corazón que sangra sobre otra serpiente que permanece enroscada sobre sí misma. “¿Este whisky es bueno?”, me preguntó mientras levantaba una extraña botella. Aunque lo he bebido y me gusta, no quise correr el riesgo de quedar mal. “Éste es el mío”, dijo poniendo la botella en el carrito. “Un placer, Cuba. Yo soy marinero, vine ayer de Irak y estoy por darme un jumo”, dijo y se alejó por un pasillo, mientras apretaba la cabeza de la serpiente contra las nalgas de una morena. Era uno como otro cualquiera. Lo único que lo diferenciaba del resto, era la necesidad de empezar a olvidar que tenía.

26 sept. 2008

Carta abierta a mis amigos dominicanos, con copia a José Antonio Rodríguez

José Antonio Rodríguez sugiere, en una carta enviada al semanario Clave, que se me declare persona non grata en República Dominicana. El motivo de su petición es una columna mía, “Fósiles, nostalgia”, aparecida en ese mismo semanario. Muchísimos amigos dominicanos me han llamado. Ninguno estaba sorprendido y, curiosamente, todos reían.
Sí, la carta da risa y no merece respuesta alguna. Pero quisiera corregir dos o tres imprecisiones y más de una manipulación que Rodríguez hace. No soy un hombre valiente. En mi último libro, incluso, hay un texto donde lo dejo por escrito. Aún así, no sé qué constancia tiene José Antonio Rodríguez de mi cobardía.
Me gustaría que ofreciera pruebas un poco más objetivas que su fundamentalismo rabioso y su obcecada pasión por la dictadura de Fidel Castro y el poder que detentan dentro de ella algunos amigos suyos. Nunca he puesto en venta ni mis principios ni mis ideales. Simplemente creo que ser fidelista a estas alturas equivale a haber sido batistiano en La Habana de los años cincuenta o trujillista en el Santo Domingo de los sesenta.
Entre las infinitas carencias que sufren los cubanos que viven dentro de Cuba, hay una que es la más vergonzosa de todas: la falta absoluta de libertad. Nadie me hará callar hasta que eso no cambie. José Antonio Rodríguez no sólo escribe mal, también lee mal. En mi texto en ningún momento llamo fósil a Víctor Víctor, a quien respeto muchísimo como creador y quiero como individuo (no puedo decir lo mismo de Rodríguez, en ninguna de las dos cosas).
Simplemente no comparto con Vitico sus nostalgias por una revolución que hace rato se transfiguró en un penoso estado totalitario. Me alegra parecerle una persona non grata al publicista y empresario, eso eleva mi autoestima, me hace creerme una mejor persona. A mí, en cambio, lo que no me es grato es escuchar las canciones de Silvio Rodríguez y Joan Manuel Serrat a través de intermediarios. Conservo todas sus obras y las oigo casi a diario.
Valoro demasiado la originalidad como para perder mi vínculo con ella. De manera muy oportunista, Rodríguez me acusa de atacar a la bachata, lo cual tampoco hago. Por eso le pido que se tome el trabajo de buscar todos los textos que he publicado defendiendo a ese género que, apuesto lo que sea, él no consume (salvo que se trate de un espectáculo que le ofrezca grandes dividendos).
Si no los encuentra, puede pedírselos al propio Vitico, quien colaboró conmigo en todo un dossier que Pasiones le dedicó a esa esencia de la identidad dominicana. No recuerdo deberle ningún favor a Rodríguez. Ni yo, ni mi familia. No sé por qué se incluye en una lista de gente que sí me ayudó muchísimo y de las que sí estaré agradecido por siempre. Hasta donde sé, cada vez que hemos coincidido, él sólo ha sabido ejercer el rol de empresario capitalista con marcados intereses pecuniarios; muy divorciados, por cierto, del revolucionario que preconiza.
Nadie, y muchos menos José Antonio Rodríguez, me puede quitar lo que ya República Dominicana me ha dado. A este país le debo, incluso, mucho más de lo que el mío pudo darme. Todo lo que he logrado aquí ha sido de una manera honesta y trabajando duro. Mi nombre nunca ha estado ligado, por ejemplo, a un desfalco bancario o a una evasión de impuestos.
He cumplido todos mis compromisos como ciudadano y República Dominicana me ha retribuido justo lo que merecía por ello. Participar de una democracia también me ha permitido aprender a decir lo que pienso, a tiempo y sonriente, sin que por ello tenga que ir a la cárcel o huir. Sin embargo, reacciones como la de Rodríguez me recuerden que, aún dentro de un país libre, nunca se está del todo a salvo del totalitarismo y la mezquindad.
La única esperanza que tengo, José Antonio Rodríguez, es que cuando Cuba sea libre y salgan a la luz pública todos los horrores y espantos que viven los cubanos hoy, pidas disculpas por haber apoyado a la dictadura que le infligió tanto dolor y desesperanza. Dejo eso en tu mesita de noche, para ver si al menos en sueños llega a tu conciencia.


A continuación la carta enviada por José Antonio Rodríguez al semanario Clave. Se ha respetado la ortografía y la sintaxis original del documento:
 Respuesta a un artículo de Camilo Venegas
Quiero expresar mi profunda sensación de impotencia al leer el texto Fósiles, nostalgia, de Camilo Venegas, publicado en Clave, el jueves 11 de septiembre. En otras ocasiones he sentido deseos de ponerlo al descubierto y desnudar su cobardía. El “fósil” a quien hace alusión fue y ha sido un artista que dejó sus sueños de fama y fortuna para peinar la geografía nacional en momentos en que un gobierno hacía de las suyas para hacer valer su poderío injusto y despiadado. Ese “fósil” nunca salió de esta tierra tanto no se respetaron en el país las ideas que todavía le sirven de norte y con las que muchos de nosotros coincidimos. El “fósil” tiene uno de los repertorios más auténticos, basado en sus creaciones y apoyado en uno de nuestros ritmos insignia, la bachata, a la que, en cierta forma, denigra como si conociera su procedencia o como si tuviera el permiso de acusarla de avejentada. El “fósil” fue, al igual que yo, Freddy Ginebra y otros muchos, uno de los que le dieron la acogida en esta tierra, aun conociendo la venta que hizo de sus ideales y principios. Por si se siente cómodo, el señor Venegas puede ampliar su lista de “fósiles” con mi nombre, yo por mi parte colocaré su nombre en la lista de dominicanos que, sin esperar una orden gubernamental, le declaramos persona no grata en esta tierra solidaria y abierta. Por otro lado; Danny Rivera ha hecho por esta tierra tantas cosas positivas que lo consideramos uno de los nuestros por lo que, “sus cancioncitas”, como el señor. Venegas, tiene el peso de la voz de un hermano que se ha ganado el corazón de todos también defendiendo principios de justicia e igualdad. ¿Sabrá él de que hablo? Lo dudo. Quería expresar todas estas cosas por encontrar necesario que se lea otra verdad, la que enarbola todo un pueblo. José Antonio Rodríguez

22 sept. 2008

Idiotas e imperfectos

Aborrezco la utilización de la “e” entre dos “i” o de la “u” entre dos “o”. Pero en este título me es incontrolable. Hace una semana escribí un elogioso post sobre El regreso del idiota, la saga de aquel manual que Plinio Apuleyo, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa publicaron hace diez años.
Recibí al menos dos emails muy agresivos, uno de ellos de un “perfecto idiota”, el otro, de un imperfecto indefinible (y digo imperfecto según la acepción que esa palabra tiene entre cubanos). Uno de los grandes aciertos de Fidel Castro como estratega comunicacional es haber logrado la descalificación de sus adversarios.
Históricamente los ha hecho desmerecedores de todo, incluso del rol de enemigos. Uno de los que ataca mi post, admite que nunca leería a ninguno de los tres autores de El regreso del idiota. ¿Cómo puede entonces tener una opinión sobre sus obras?, le pregunto. Yo, que sí los he leído, podría decir, por ejemplo, que Plinio y Álvaro son excelentes periodistas.
Actualmente me gusta más García Márquez en El olor de la guayaba que en muchas de sus obras, las cuales para mí ya no soportan una relectura. El libro de las entrevistas radiales de Álvaro es joyita, una lección sobre cómo se puede ser entretenido y lúcido hasta en las más altas horas de la madrugada. Admito que hasta hace no tanto, nunca había leído ni me había tomado en serio a Carlos Alberto Montaner.
Él más que nadie ha sido víctima de las burlas y las descalificaciones que han recibido los adversarios de Fidel y la revolución. Cuando empecé a leerlo entendí por qué. Es uno de los enemigos más coherentes y lúcidos. Es difícil debatir con él a través de las ideas, por eso hay que llevarlo al campo de la chusmería y de los actos de repudio.
Para los perfectos e imperfectos (me prometo a mí mismo que es la última vez que uso una “e” en esas circunstancias) uno deja de ser inteligente y pierde lucidez cuando ataca a la revolución cubana y reconoce alguna virtud en sus adversarios. Cuando se cruza esa raya roja, se empieza a desmerecer. Corro el riesgo. Creo que es más llevadero cargar con su desprecio que con el de mi hija, cuando llegue el momento en que me pregunte qué hice o qué dije durante la dictadura que corroyó mi país, el suyo.

Wao!, Óscar

Yunot Díaz se quejó en una entrevista de la obsesión que algunos tienen por las precisiones históricas. Lo dijo a propósito de su novela La maravillosa vida breve de Óscar Wao y de las “correcciones” que se le hicieron a la edición que se ha distribuido en República Dominicana. Eso me hizo recordar la algarabía que provocó La fiesta del Chivo.
Muchos no entendían por qué Mario Vargas Llosa había sido impreciso en su reconstrucción de la Era de Trujillo. En realidad los imprecisos eran los que no entendían, al no asimilar la diferencia abismal que hay entre historia y creación literaria. Lo importante en ambas novelas no son los datos que se logren obtener sino las ideas que se pueden sacar.
Busquen en las notas al pie lo que piensa el protagonista de Junot sobre las dictaduras de Trujillo y Balaguer, lean y relean lo qué piensa de esos dos personajes tan funestos. Wao!, Óscar.

19 sept. 2008

Hay algo peor

Un dicho muy popular en Cuba dice que la envidia es peor que la brujería. Hay algo peor que la envidia, la ignorancia. En la prensa dominicana hay tres o cuatro dinosaurios (no más de ahí, afortunadamente se han ido extinguiendo) que hablan de la realidad cubana con un desconocimiento absoluto. Su visión del vecino país se reduce a lo que leen en el Granma y lo que les cuentan en la embajada, cuando los invitan a tamales y Havana Club.
Uno de ellos publicó recientemente un artículo donde celebraba la decisión del pueblo cubano de rechazar la ayuda ofrecida por el gobierno de Estados Unidos. “(Eso es dignidad)”, acabó diciendo en un entre paréntesis tan disparatado como los siete párrafos que componen su columna. Además de ignorante, suena cínico. Porque ni para él debe ser un secreto que esa decisión la tomó un solo cubano.
El cien por ciento de esos dinosaurios son antibalagueristas acérrimos (creo es el único punto en común que tenemos. Ah, no, a uno de ellos le gustan las canciones de José Alfredo Jiménez). Durante sus últimos años, Balaguer siguió decidiendo cosas sin levantarse de la cama. Balaguer era ciego. Actualmente, Fidel tampoco se levanta de la cama y su poder de decisión es absoluto. Encima de eso, es sordo y mudo.
En la única oportunidad que Raúl Castro le ha dado la cara a los cubanos después del paso de Gustav e Ike, hizo una queja. “Hace falta que las personas sientan la necesidad de trabajar, y no la sentimos”, dijo en el municipio de Las Palmas, el sitio exacto por donde salieron al mar los dos huracanes, el 30 de agosto y el 9 de septiembre.
Por lo regular Raúl siempre le habla a los cubanos como si se dirigiera a una tropa. Es comprensible, se ha pasado toda su vida acuartelado. Los tres o cuatro dominicanos que aún hoy le escriben antiguas loas a la revolución, hablan de los cubanos como si fueran la tropa de Fidel y no un pueblo sumergido en una forzosa y humillante pobreza.
Raúl lo hace por instinto de conservación. Los tres o cuatro dominicanos por ignorancia… y por cinismo.

18 sept. 2008

Las postales de Malay

Desde Cumanayagua y a través de Cuty, que nos ha servido de intermediario, Malay me ha enviado tres fotos de su pueblo: la estación de trenes, el Coppelia y el puente del Guajiro. De esos tres lugares tengo montones de recuerdos y ahora todos se rebobinan.
Como no sé si pueda regresar a ellos, me consuela el hecho de que en mí cabeza se conservan mucho mejor que en la realidad. En la estación de Cumanayagua empezaba mi viaje de regreso a Camarones, cuando bajaba de la Escuela Provisional 112, en El Nicho, o cuando venía de casa de mi padre, en Manicaragua.
Un viernes de enero, al volver de la escuela al campo, los varones nos tuvimos que bajar del camión para que pesara menos al deslizarse por una loma empantanada. Cuando llegamos a Cumanayagua todos estábamos llenos de lodo y para poder montarnos en el tren, tuvimos que cruzar la calle y pedirle a un mecánico de la base de taxis que nos lavara con la manguera a presión.
Esa fue la única vez que no me paré en la última puerta del último coche a esperar que pasaran los tres puentes de hierro que en el Guajiro cruzaban sobre el río Arimao. Me pasé todo el viaje doblado sobre el asiento, tiritando.
 

El Coppelia de Cumayagua parece un ESBEC inconcluso, algo que no se llegó a terminar por ninguno de sus extremos. Pero en aquel entonces cuando cualquiera de nosotros se tomaba un helado allí, lo contaba como si hubiera dado un viaje a La Habana. Siempre tuve 10 minutos para tomarme una ensalada sin que se me fuera el tren.
Las punzadas en la frente me duraban hasta Ojo de Agua o San Fernando. La estación ya no tiene línea y una cerca de alambre de púas impide el paso al andén. Pero en los años ochenta del siglo pasado era un lugar concurridísimo donde yo siempre descubría a mi padre, esperándome, antes de que el tren se detuviera en firme.
Cuando la locomotora del mixto daba los dos pitazos de salida y los coches Pionero se estremecían, todo los olores de aquel lugar eran reemplazados por los de Camarones.

La única vez que vi al poeta Luis Gómez le di un pie forzado: “En el puentes del Guajiro”. Esta décima fue su respuesta:
Ya le arrancaron la vía
a nuestro pueblo adorado
que era el transporte atrasado
que en otro tiempo tenía.
Sufre la melancolía
que muchos ojos no ven.
Y mi pueblo en su vaivén
que tanto quiero y admiro:
en el puente del Guajiro,
está esperando el tren.

Rituales de idiotas

En el delicioso update que Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa le hicieron a su Manual del perfecto idiota latinoamericano, describen con lujo de detalles los rituales que caracterizan a esos personajes funambulescos con los que tenemos que lidiar a diario.
Las mejores páginas de El regreso del idiota están dedicadas al llamado “socialismo del siglo XXI”, probando el autoengaño de sus gestores, que presumen la vitalidad de algo que nació fosilizado. Pero las más divertidas se ceban en las manías de esos personajes que oyen a Pérez Prado con los ojos aguados y la mirada perdida en el horizonte de sus boberías.
Otra de las delicias del libro es la relación de títulos que nunca faltan en la mesita de noche del idiota: las viñetitas de Eduardo Galeano, los poemitas de Mario Benedetti y, aunque no los entiendan, los ensayos de Noam Chomsky. Plino, Carlos Alberto y Álvaro tienen razón, la idiotez de estos personajes es perfecta.

16 sept. 2008

Cuenta pendiente

Encuentro en la Red acaba de publicar “Las cuentas malas”, un excelente artículo donde Rebeca Montero cita algunos ejemplos que demuestran la perversa manía de Fidel Castro por falsear cifras a su favor. “Las malas cuentas son como las malas compañías: pervierten el entendimiento”, comienza diciendo Rebeca.
En su edición de hoy, el diario Granma por fin publica la “Información oficial de datos preliminares sobre los daños ocasionados por los huracanes Gustav e Ike”. Más allá de las manipulaciones que puedan tener esas cifras, dejan en claro la dimensión de la catástrofe. Desde un extremo hasta el otro, la Isla ha sido devastada.
Además de “Las malas cuentas” que Rebeca Montero ha traído a cuento, hay otra pendiente: la de los daños ocasionados económica y socialmente por el huracán Fidel a lo largo de un interminable medio siglo. Sólo un ejemplo. Gustav e Ike derrubaron 63 mil 249 viviendas y dejaron más de 444 mil sin techo o con daños severos.
La inmensa mayoría de ellas ya formaban parte del patrimonio que el gobierno revolucionario heredó en 1959. ¿Cuántas de esas casas deberían contársele también a Fidel? ¿A qué ciclón se debería cargar el estado precario en que se encontraban todas las infraestructuras del país?
Como en aquel cuadro de Dalí donde una niña levanta el océano como si fuera una sábana, Gustav e Ike sólo quitaron la piel de la Isla para que todos se enteraran de lo que en verdad había ahí adentro.

14 sept. 2008

Un infeliz editorial

Llegué a República Dominicana el 30 de noviembre de 2000 y al día siguiente comencé a trabajar en el periódico El Caribe. No olvido ningún detalle de aquella mañana. Freddy Ginebra me dejó en manos de María Virgen Gómez, a quien ya había conocido en mi primer viaje al país, un año atrás. En ese entonces el viejo edificio aún se reconstruía, pero ya la redacción se había transfigurado a la imagen y semejanza de los diarios más modernos del mundo.
En la redacción de ese periódico conocí a personas muy entrañables de las que nunca podré desprenderme: Fausto Rosario, Vianco Martínez, Mabel Caballero, Gina López y Martha Sepúlveda, entre muchos otros. Con ellos, empecé a entender el verdadero significado de la palabra libertad y me deshice de los temores y las autocensuras que, inconscientemente, uno incorpora dentro de una dictadura.
Recuerdo que una de las cosas que más me llamó la atención fue un cuadro en la pared. Era una reproducción de una de las portadas del diario durante la era de Trujillo. “El Caribe bajo censura”, decía. Al leer con pavor el editorial “Interrogantes”, que el periódico publicó el pasado lunes 1 de septiembre, recordé aquel facsimilar que colgaba en el salón donde nos reuníamos los editores, como un recordatorio del precio que tiene la libertad.
En su inexplicable editorial, El Caribe se pregunta cómo se pueden controlar o depurar los blogs y las publicaciones en la red. “¿De qué manera se puede evitar que esta formidable y dinámica herramienta del ciberespacio sea usada como un vertedero semejante a un basurero para la retractación alegre y desconsiderada, sin que esto implique censura o autocensura?”, se pregunta la voz omnisciente del diario.
En lugar de hacerse esas interrogantes absurdas (al menos en un país democrático como República Dominicana), el periódico El Caribe debe preguntarse como seguir siendo útil en el futuro inmediato. Cada vez son menos los que acuden a las publicaciones tradicionales en búsqueda de información, porque ya son incontables las formas que hay de mantenerse al día sin tener que darle quince pesos a un canillitas.
La blogsfera y los medios alternativos dominicanos están entre los espacios más interesantes, dinámicos y creativos del país. Son sitios abiertos y participativos donde no hay otro interés de por medio que no sea decir lo que se quiere decir. Las regulaciones las pone la misma Internet, que es tan democrática que cada quien decide qué ver y qué no ver.
El reto de los medios tradicionales, insisto, es sobrevivir en esas circunstancias. No hay ley que pueda regular la posibilidad de que alguien tenga un blog y diga lo que piensa. Intentarlo sería, además de absurdo, una vergüenza.

Las lecciones de Junot

Junot Díaz, el escritor dominicano que acaba de ganar el premio Pulitzer con la novela La breve y maravillosa vida de Óscar Wao, dio varias lecciones en la excelente entrevista que Joan Prats le hizo en Estilos.
La primera, que los temas culturales no son exclusivos de esas publicaciones aburridísimas que nadie lee; sino que también pueden ser atractivos en espacios dedicados a un público mucho más amplio. Todo depende de la gracia y la inteligencia con las que se aborden. La segunda, sobre la bobería del nacionalismo.
Cuando Joan le pregunta por qué escogió a una traductora cubano-americana y no una domínico-americana, Junot explicó el proceso que se siguió, haciendo una prueba ciega entre varios traductores y la razón por la que se inclinó por Achy Obejas: "En vez de ser nacionalista, escogí a la mejor persona", dijo.
La tercera, sobre los lectores. La mayoría de los escritores que nadie lee se la pasan quejándose de que no los promueven y se inventan las más inusitadas e inútiles excusas para culpar a otros de su incapacidad. "Tenemos que cultivar lectores y la mejor manera es pasándole a una persona un libro que cambie su vida", propuso Junot.
Siguiendo su consejo, les recomiendo leer La breve y maravillosa vida de Óscar Wao. Mientras se escriban libros como ese, los lectores tendrán la necesidad de seguir existiendo.

Sobre el daño que hacen las autoreferencias

Siempre he creído que la autoreferencia es peor que la autosuficiencia (siempre que se excluya de la competencia a la autocomplacencia), porque la segunda no excluye a las influencias y la primera sí. La música cubana dejó de ser una referencia (y una preferencia) universal, cuando sus músicos empezaron a valerse de ella como el condimento exclusivo de sus nuevas recetas.
El único suceso verdaderamente internacional que se ha producido en la música cubana después de Silvio y Pablo (que fueron grandes y arriesgados innovadores en su momento), es Buenavista Social Club, un refrito de sonoridades que aún permanecían en el subconsciente de todos desde los tiempos de La Tremenda Corte y Tres Patines.
En el diseño dominicano actual pasa algo muy parecido. Una buena parte de los realizadores que están definiendo la “apariencia” del país (ya sea en páginas web, publicaciones o vallas publicitarias), nunca estudiaron diseño; toda su cultura visual se reduce al conocimiento que tengan de las herramientas del Photoshop.
Su única referencia son ellos mismos y lo que hacen otros osados “choferes” del programa de diseño. El Centro León, la escuela de Altos de Chavón y la Secretaría de Cultura deberían unir esfuerzos para idear programas que desarrollen las capacidades de esos diseñadores. La gran diversidad cultural que posee República Dominicana, merecería una mejor traducción en esas creaciones que nos acechan por todas partes, exhibiendo su mal gusto sin pudor alguno.

12 sept. 2008

Chena

Chena atravesaba el Paradero de Camarones todas las mañanas, empujando una carretilla llena de rollos de películas. Cuando llegaba a la estación, yo le llevaba un vaso de agua bien fría y me sentaba junto a él, en uno de los bancos del andén, a oír la sinopsis de viejos filmes que ya no volverían a proyectarse en el cine Justo.
Cuando triunfó la revolución, el mejor amigo de mi abuelo era dueño de una bodega y un cine. Le intervinieron los dos negocios, pero logró que lo dejaran de administrador del segundo. Esa decisión salvo a los 850 habitantes de mi pueblo, porque sin Chena las películas, por más acción que tuvieran, se tornaban demasiado aburridas.
Todo empezó en 1953, cuando compró la vieja pantalla del Teatro Terry, en Cienfuegos, y dos proyectores de uso en Santa Clara. Un pintor de brocha gorda fue el que pintó el letrero con el nombre de Justo, el padre de Chena, que en ese entonces era un maquinista jubilado de los Ferrocarriles Unidos de La Habana.
El día que el cine abrió sus puertas por primera vez, el 23 de febrero de 1952, Chena pasó una película del oeste. Pero casi nadie entendió nada, la inmensa mayoría de los que habían ido eran analfabetos. A la noche siguiente, Chena ya había encontrado una solución. Desde esa tanda y hasta poco antes de su muerte, en 1998, se sentó en la última fila a leer en voz alta todo lo que decían los personajes.
Cuando las películas eran cómicas, nadie se reía hasta que Chena soltaba su estruendosa carcajada. Cuando uno de los buenos moría, las mujeres no empezaban a llorar hasta que él lo lamentaba. A veces, cuando los personajes se exponían a grandes peligros, no faltaban los que se desesperaban: “Chena, ¿y a este lo matan?” Por suerte su respuesta siempre fue la misma: “Si se los cuento no tiene gracia”.
Para las películas prohibidas para menores, Chena también encontró una solución. Hacía que Efraín, el proyeccionista, pasara viejos cartones. Cuando se acababan los muñequitos, él mismo nos sacaba a todos a punta de linterna y nos llevaba para el portal de su casa, donde su esposa, Mercedes Cabrera, nos entretenía hasta que los mayores salieran. Siempre que llegaba el tren de las once.
Yo acompañaba a Chena hasta el expreso. Él dejaba que me subiera en el vagón y me fijara en los nombres que decían las latas. “¡Tiburón sangriento, Chena, llegó Tiburón sangriento!”, le decía. Desde ese mismo momento él empezaba a vocear el próximo estreno. Mientras empujaba la carretilla de regreso al cine, le prometía a todos que la película de esa noche… “¡Estaba bárbara!”.
En el cine Justo vi a la primera mujer desnuda y besé a mi primera novia. Pero una de las cosas que más disfrutaba era formar parte del coro que gritaba “¡Efraín, lámpara!”, cuando la imagen se tornaba oscura, y “¡Efraín, cuadro!” cuando los personajes se salían de la pantalla. Cada vez que vuelvo a ver Tiburón, espero con ansias el momento en que Martin Brody, el jefe de policía, dice su frase más célebre: “Vas a necesitar un barco más grande”.
Siempre me pasa lo mismo, nunca oigo la voz de Roy Scheider, el actor que lo encarna, sino la de Chena, quien siempre le agregó una expresión más: “Hum, oye lo que te estoy diciendo”. No sé si en el cine Justo aún se pasan películas, no sé si su techo de tejas resistió los embates de los últimos ciclones. Pero puedo asegurarles que ya nada allí será igual.
La gracia de aquel caserón viejo y caluroso no eran las películas que pasaban, sino lo que contaba Chena desde la última butaca.

¿Borrón y cuenta nueva?

Cada vez son más los cubanos que, desde los puntos más distantes del planeta, se suman a los debates que surgen de manera espontánea en la red. Debido a las prohibiciones que el régimen mantiene sobre el acceso libre a Internet, por lo regular los únicos ausentes en esos foros son los cubanos que viven dentro de Cuba.
A principios de esta semana envié a toda mi lista de direcciones el artículo “La cuenta de los muertos”, de Rafael Rojas. Ese texto, que desmiente la cifra que Fidel Castro ha ofrecido siempre sobre los caídos durante la revolución, provocó una acalorada discusión cibernética sobre si en la Cuba del futuro debe promoverse o no un borrón y cuenta nueva.
Después de recibir decenas de opiniones y hasta acaloradas posturas al respecto, no resistí la tentación de inmiscuirme y decir lo que pienso al respecto. Creo que con todos los horrores que se han cometido de un bando y del otro, es inútil pretender que haya un borrón y cuenta nueva.
En una Cuba verdaderamente democrática y libre, deberían ser juzgados, por tribunales verdaderamente independientes, los asesinos de un bando y del otro. Luis Posada Carriles merece estar en una celda contigua a la de Ramiro Valdés. Ambos han matado. Los que organizaron y ejecutaron el atentado de Barbados merecen la misma pena que los que organizaron y ejecutaron el hundimiento del remolcador 13 de Marzo.
No se trata de orquestar otro festival de fusilamientos como en los primeros meses de 1959, se trata de resarcir en algo la dignidad de tantas y tantas víctimas.

10 sept. 2008

Los generales no quieren que los desalojen

En La Habana, un connotado general de las Fuerzas Armadas Revolucionarias acaba de permutar su mansión. A cambio recibió un pequeño apartamento y más de cien mil dólares. Él no es el único. Se trata del “síndrome del desalojo”, un temor que gana cada vez más fuerza entre los altos dirigentes del gobierno cubano que viven en residencias que pueden ser reclamadas por sus dueños originales.
Al parecer hasta los altos mandos castrenses intuyen que el fin de la revolución es ya inevitable y han empezado a tomar las medidas de rigor. Por un lado, se apresuran a reunir el capital suficiente y, por el otro, envían a sus hijos al extranjero. La misión de esa especie de avanzada es establecerse y garantizar una segura vía de escape.
La inmensa mayoría de los cubanos se ven obligados a robar y a malversar para poder sobrevivir. Pero eso apenas les permite tener lo indispensable, lo mínimo. Nunca les alcanza para hacer ningún proyecto a largo plazo. Los altos funcionarios del gobierno, en cambio, tienen ya la vista fija en lo por venir.
A los generales que una vez pelearon por el futuro de la patria, ahora sólo les queda tiempo para luchar por el suyo propio.

9 sept. 2008

Fósiles y nostálgicos

El próximo sábado se celebrará, en Hostos Community College, en Nueva York, el concierto “Cinco Estrellas y un Canto”, organizado por un comité internacional que busca la liberación de los cinco espías cubanos que cumplen condenas en cárceles de Estados Unidos. Llama la atención que la mayoría de los artistas que participarán (no son tantos) rondan los sesenta años.
Si a mediados del siglo pasado la revolución cubana lograba movilizar a jóvenes de todo el mundo, incluyendo a los artistas y escritores más importantes de la época, ahora apenas arrastra a dos o tres fósiles y a cuatro o cinco nostálgicos. Los artistas que le cantan a las generaciones actuales, ya no sólo piensa que en Cuba lo que queda es una dictadura moribunda, sino que también lo dicen.
El último en confesarse fue Fito Páez, quien lamentó la profunda crisis social que se ha producido en la Isla. Estoy seguro que hasta los espías hubieran preferido que Fito les cantara, pero tendrán que contentarse con las bachatas de Víctor Víctor y las mismas cancioncitas de siempre de Danny Rivera.

8 sept. 2008

La tercera invasión

La historia de Cuba está signada por las invasiones. Todas se han llevado a cabo de oriente a occidente, aprovechando las facilidades tácticas que ofrece la geografía de la isla. La primera se libró en el último lustro del siglo XIX. A machete limpio, Máximo Gómez y Antonio Maceo lograron la más importante epopeya militar en la historia del Caribe y Centroamérica.
Aunque la invasión de los mambises no logró la independencia definitiva de Cuba, fue el preámbulo de una república que duró medio siglo. Durante esos cincuenta años, el país se convirtió en un líder económico del continente, levantando una infraestructura que hoy, a pesar de su prolongado deterioro, luce impresionante. La segunda invasión fue ideada por Fidel Castro y ejecutada por Ernesto Guevara y Camilo Cienfuegos.
Debido a la gran desmoralización de las tropas de Fulgencio Batista y al apoyo de una clase media que deseaba un cambio inmediato hacia la democracia, la avanzada rebelde se convirtió más bien en un desfile donde apenas hubo combates ni bajas. Cuando la caravana llegó a la Habana, incumplió la promesa de convocar un gobierno democrático e instauró una dictadura que ha dejado a la nación en un estado paupérrimo, llevándola de regreso al mismo punto del siglo XIX del que partieron los mambises cuando sonó el primer toque a degüello.
La tercera invasión no es obra de los cubanos sino de la naturaleza. Junto el día de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, el huracán Ike recorre la isla de oriente a occidente, derribando lo poco que encuentra en pie a su paso. El saldo que dejará la tormenta aún es impredecible, pero sea cual sea será devastador.
En estos momentos Ike barre al Camagüey. Si su trayectoria coincide con los pronósticos, luego avanzará sobre Las Villas, Matanzas y La Habana, para abandonar el territorio nacional por los pueblos que el huracán Gustav destruyó hace apenas unos días. Aunque no está hecha por hombres, el fantasma de esta invasión también puede cambiar la historia de Cuba, porque al barrerla, está dejando toda la desesperación al descubierto.

7 sept. 2008

No tengo una respuesta brillante para eso

Ya conocí esos lugares donde se puede simular la tarde
con apenas bajar una cortina de Shiraz
o luces de una sola malta
sobre dos o tres cuerpos desnudos.
Ya viajé en esos vehículos donde el tiempo transcurre
con independencia de los paisajes y la intemperie.
He probado, en los lugares más inverosímiles y absurdos,
placeres y comidas que todavía no logro describir.
Conozco, más o menos,
las cosas con las que me hubiera gustado soñar;
por eso las recuerdo
cada vez que tengo la oportunidad de hacerlo.
Aún así debo confesarte que,
por más vueltas que le doy,
no tengo una respuesta brillante para eso que me preguntas.

6 sept. 2008

Los parapoetas

No se trata de una réplica literaria de aquellas bandas que escribieron una página negra en la historia de Colombia. Tampoco de una versión ilustrada de los piqueteros que tratan de apuntalar a Cristina Fernández en el poder.
Son sólo poetas, menores casi todos, que apoyan la cruzada del gobierno de Fidel Castro para convertir a cinco espías en héroes. Ninguno de ellos se ha referido a las decenas de presos de conciencia que permanecen en las cárceles cubanas (en condiciones infrahumanas y sin ninguno de los derechos que disfrutan los espías en las prisiones norteamericanas).
Tampoco recordaron que, gracias a la labor de los cinco chivatos, el gobierno cubano derribó en aguas internacionales dos avionetas de Hermanos al Rescate. Un incidente donde perdieron la vida los cuatro tripulantes de las aeronaves. Uno de los poetas, estuvo entre los organizadores del acto de repudio que se le orquestó a Zoé Valdés en la Feria del Libro de Santo Domingo.
En aquel momento, convocaron a una turba armada con piedras, huevos y mediocridad. Cuando la imaginación no les alcanza, los parapoetas buscan notoriedad a como dé lugar, así sea apoyando a cinco esbirros de la Seguridad del Estado, la Gestapo de Fidel.

2 sept. 2008

Música y alfajores

Siempre que Mariana Novillo vuelve de Argentina, trae música y alfajores. Esta vez, junto con los dulces de leche cordobeses, venía una valija con el concierto 2 son multitud, de Andrés Calamaro y Fito & Fitipaldis. El embalaje tiene dos compartimentos. De un lado, el DVD, con un amplio resumen del repertorio que tocaron el argentino y el español. Del otro, el CD, con lo estricto, lo inevitable.
Mientras Calamaro exhibe una madurez cada vez más descarada y lúcida, Fito abre los brazos para compartir con todos sus letras hermosas y transparentes. No hace tanto fuimos testigos de Dos pájaros de un tiro, el reencuentro de Sabina y Serrat. Pero si aquello era más bien una obra de arqueología, concebida para los que ya no nos podremos librar de esos fantasmas, 2 son multitud está pensado para buscar nuevos adictos, para convencer a los que aún no están convencidos.
Hace ya un buen tiempo que Andrés Calamaro ocupó el asiento que Silvio dejó vacío en Perla Negra, mi Chevrolet Tracker. Su música me acompaña por todas partes y, en las buenas y las malas, me ofrece esas cosas que uno siempre espera de una canción. Ahora, Fito & Fitipaldis se han subido con él y suenan Winston Churchill abajo, Winston Churchill arriba.
Hasta que Mariana vuelva, con música y alfajores, el Salmón estará nadando en los mismos mares donde el soldadito marinero conoció a una sirena.

El poeta y el violador

Sólo hay una cosa peor que un revolucionario resentido: un revolucionario resentido con un compañero de luchas. Fidel Castro suele ser implacable con sus enemigos, pero cuando se trata de castigar a un correligionario, se ensaña.
Ejemplos sobran, desde Hubert Matos hasta Arnaldo Ochoa y Tony de la Guardia. Un numeroso grupo de escritores dominicanos, reunidos en el Festival de Poesía en la Montaña, difundieron un comunicado solidario con Ernesto Cardenal, quien en estos momentos es víctima de las injurias y la represión del gobierno de Daniel Ortega.
Yevgeny Yevtushenko, José Saramago, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Tomás Eloy Martínez, José Emilio Pacheco, Antonio Skarmeta y Mario Vargas Llosa, entre muchos otros, también le han salido al paso a Ortega, a quien se le acusa de violar a su hijastra con la complicidad de su esposa, Rosario Murillo.
“Si esta información es verdad, esa es la peor cosa para el prestigio de ese país. Nuestro poeta Pushkin escribía en su obra Mozart y Salieri que el genio y la maldad son incompatibles”, dijo Yevtushenko. Sí, Cardenal y el violador son incompatibles.

1 sept. 2008

En las futuras cartografías

Aunque ya no tenga ningún sentido señalarlos,
sería bueno que en las futuras cartografías
se indique el punto
donde estuvieron esos antiguos pueblos de la Isla.

No olvidemos esos nombres que todavía suenan familiares.
Recordemos por un tiempo más a La Palma,
Herradura, Paso Real de San Diego, Los Palacios y San Cristóbal.
Pueden ponerse con letras grises o muy pequeñas a relieve.
Pero tampoco tiene que ser algo que no se vea,
en la desolación espacio es lo que sobra.

El saldo

Los pueblos que el viento por fin borró del mapa,
hace mucho que no estaban en su sitio.
Allí sólo quedaba la sombra de los muros,
algunas costumbres
y las palabras que más ayudan a vivir a la intemperie.
Lo que el agua dejó en claro
es el cálculo exacto de lo que en verdad había.

Una vez que se limpien los escombros se podrá verificar,
con toda claridad, el saldo que nos dejó la tormenta,
la otra, la más persistente de todas.