A finales de los años 80, mientras cumplía mi servicio social (ese eufemismo que ideó el régimen de Cuba para cobrarnos los estudios), solía ir a almorzar con mi madre a los comedores de los ferroviarios en las estaciones de carga y de viajeros que tenía Cienfuegos en aquel entonces.
26 marzo 2025
Menudo de El Viso del Alcor
A finales de los años 80, mientras cumplía mi servicio social (ese eufemismo que ideó el régimen de Cuba para cobrarnos los estudios), solía ir a almorzar con mi madre a los comedores de los ferroviarios en las estaciones de carga y de viajeros que tenía Cienfuegos en aquel entonces.
13 marzo 2025
Papel carbón, un libro para leerse a trasluz
Papel carbón ya está disponible en todas las tiendas de Amazon. Aunque es el volumen 5 de Libros del Fogonero, saldrá semanas antes que el 4. El trabajo de edición de La vuelta a Cuba se ha retrasado (al parecer el nombre de mi depauperado país en el título lo condicionó y se rezagó, viendo cómo otro se le adelantaba).
08 marzo 2025
Cruzar sobre un río crecido
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| La represa #6 del Manzanares. |
En Madrid ha llovido sin parar una semana entera, como si a la ciudad se le hubiera olvidado que está en la seca Castilla y de pronto se creyera tropical. Estamos a punto de lograr dos sábados seguidos sin sol.
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| Una Madrid poco común, el del Manzanares crecido. |
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| El Manzanares a la altura del puente Oblicuo. |
03 marzo 2025
David también se llama Aurelio
Anoche, en el hospital, Ana Rosario y Tom me dieron una noticia que me hizo llorar (bueno, en realidad lloré muchísimo, antes y después): el nombre completo de mi nieto es David Aurelio Gault Venegas.
02 marzo 2025
Boletín # 2
David Gault Venegas, haciéndole honor a la flema inglesa que trae en su ADN, se ha tomado todo su tiempo. Parece que se siente demasiado a gusto en el vientre de su madre, que tiene fuertes contracciones desde anoche y ya está en el paritorio.
01 marzo 2025
Boletín #1
En la Estación del Norte estamos acuartelados. Mi hija Ana Rosario ya rompió aguas y está en el hospital, donde han comenzado a inducirle el parto. Mi nieto David Gault Venegas esperó el Día de San David para hacer su primer intento de asomarse al mundo. Les he enviado a la Virgen del Rosario para que los proteja.
28 febrero 2025
Los vagones abandonados del Gran Circo Santos y Artigas
Nunca más los volvieron a mover,
permanecieron apartados
hasta que la hierba y el salitre
los borraron del paisaje.
Después de llevar
asombro, sustos y alegría
por toda la isla,
aquel tren fosforescente
fue ocultado en una vía muerta
al final de la ensenada.
Con tantas metas que cumplir
como tenía el país,
no había lugar para la recreación.
Los pueblos aplaudían eufóricos
cuando lo veían pasar,
la locomotora pitaba sin cesar
mientras desfilaban jaulas
con fieras,
caballos,
focas
y elefantes.
Luego pasaban los coches
donde vivían
trapecistas,
domadores,
payasos,
magos,
tragafuegos,
enanos
y la solitaria mujer barbuda.
Todos iban diciendo adiós
con medio cuerpo
fuera de las ventanillas.
Por último, el caboose,
donde un vigía
se aseguraba
de que el convoy
estuviera completo y ninguna
de las atracciones saltara,
ni las bestias
ni los monstruos.
Los que llegaron a ver al circo,
siguen llamando a la alegría,
al asombro y a los sustos
por su nombre.
Los que le dijeron adiós
a los artistas,
nunca más
aplaudieron tanto
por nada que los hiciera
de verdad tan felices.
Como a los vagones abandonados
del Gran Circo Santos y Artigas,
la hierba y el salitre acabaron
por borrarlo todo.
Nunca más hubo lugar
para la recreación,
incluso cuando tampoco
quedó meta que cumplir,
24 febrero 2025
Ponte llega a las 19:00
(De Estación del Norte, Libros del Fogonero, 2024)
Puntual, albariño en mano, Ponte llega a las 19:00.
Se sienta de espaldas a Madrid y rara vez
vuelve a reparar en ella.
Puestos al día, repartidos los encargos
y servidos los abrazos,
nos alistamos para irnos a La Habana
o perdernos en una de aquellas seis provincias
que acabaron siendo borradas de los mapas.
Porque el destino,
en un principio,
siempre será aquel país
del que tanto se habla y tan poco queda.
El polvo de las ruinas acaba cayendo
sobre los versos de un poeta,
portugués posiblemente,
inglés si viene al caso,
ruso si resulta inevitable.
Pasa lista.
Alaba,
inculpa,
celebra,
condena,
rinde honores.
Pero a lo que más tiempo dedica
es a modificar el pasado,
a establecer el relato
de lo que no ocurrió,
de lo que pudo haber sido,
esa página en blanco a la que también
debemos llamar nación cubana
para no quedarnos con las manos vacías.
Se pone de pie para decir el nombre
de José Alfredo Jiménez,
quita una canción de un manotazo
y pide que la Lupe suba por fin a escena.
Entre bolero y bolero demuestra alguna tesis,
luego se queja de la pobreza
de los postres de Castilla
o canta en italiano una balada de amor.
Lola Flores puede hacerlo llorar
si promete, con Celia Cruz como testigo,
que jamás volvería.
También llora si se imagina el regreso
y cae en cuenta de que Sigfredo Ariel
no estará allí para esperarnos.
Invocamos por última vez
a la delicada isla,
no la de Borges sino la íntima,
la nuestra,
esa que por perder
acabó perdiéndonos.
Ya de madrugada,
si Elena decide cantar lo sentimental,
un vecino puede tocar
para hacernos entender la hora que es.
Llegado el momento de irse
por fin vuelve a mirar a Madrid,
lo hace como si tratara
de recordar cómo vino
a parar aquí,
cómo aprendió a orientarse
sin esa brújula que es el mar.
La mañana entonces está por llegar
y ya sabemos que, en esta ciudad,
espera hasta el último minuto
para hacerlo.
Nos asomamos a la terraza para verlo ir.
Camina de prisa,
como si siguieran esperando por él.
Siempre me queda la duda
si en verdad se dirige a la Estación del Norte
o aún va del Vedado a La Habana Vieja.
Le preguntaré eso la próxima vez,
cuando llegue puntual, albariño en mano, a las 19:00.
23 febrero 2025
La vi caer
La tarde yace del otro lado del río,
la vi caer poco después
de una llovizna que nos obligó
a recoger todo
lo que habíamos tendido.
La tarde en blanco y negro,
ligeramente desenfocada,
se tumbó sobre la tierra.
La lluvia arreció,
ya Madrid parecía lista
para enfrentar
otra noche difícil.
Fue entonces que abrí
el libro de Robert Capa,
justo en la foto
del pesado cañón
emplazado en los trigales.
Los sublevados estaban
en las puertas
de la ciudad
y la tarde,
justo delante de ellos,
se daba por vencida.
A diferencia
del bando perdedor,
no ofrecía
la más mínima resistencia.
Al parecer ella conoce mejor
que nadie a esta ciudad,
sabe muy bien cuando
llega el momento
de llevarse las manos
a la nuca,
tumbarse en el suelo
y rendirse.










