26 junio 2007

La copa rota

No hubo discusión. Todos tenían un mismo punto de vista y lo defendieron con tenacidad, casi a coro. Para ellos (que son enemigos acérrimos de la reelección), está muy bien que gobernantes como Fidel Castro y su pintoresco discípulo, Hugo Chávez, permanezcan indefinidamente en el poder.
Mientras una morena de Monte Plata mantenía sus copas con Protos Reserva, ellos (que abogan por una prensa libre y le salen al paso a todo lo que ponga en peligro ese derecho) justificaron las acciones del Presidente venezolano contra RCTV y recalcaron que estaba en todo su derecho.
Por un descuido de la sirvienta, una copa acabó en el suelo y todos a la vez la regañaron. “Ya no se consiguen empleadas buenas”, dijo una esposa. “Cada vez son peores”, dijo otra. Los choferes tuvieron que quedarse hasta el final, pero no les mandaron nada de comer, ni siquiera cuando se dieron cuenta de que habían sobrado demasiadas cosas.
Todavía dentro de los vehículos, a través de los celulares, aseguraban que la oligarquía venezolana estaba pagando los errores que había cometido. “No repartieron las riquezas y se jodieron”, aseguró el más radical de todos.

20 junio 2007

El viejo Bob

Bob Dylan acaba de ganar el Premio Príncipe de Asturias y no pocos quisieron dejar esa alegría por escrito. Sabina y Serrat fueron tajantes: “Es el máximo representante de la música en inglés de la segunda mitad del siglo XX”, dijo el primero; “sin él ni se entiende la música, ni los últimos 50 años”, concluyó el segundo.
Recuerdo que hace ya algún tiempo lo llamé cantautor y me enmendaron la plana. Resulta que, no sé cuándo ni dónde, el propio Dylan había advertido que ya no quería seguir desempeñando ese oficio.
A propósito de eso, el escritor Ray Loriga señaló que Robert Allen Zimmerman (que ese es su verdadero nombre) debió “soportar la carga de ser dios en una época en la que estaban muy necesitados de dioses, como fueron los sesenta. Y, además, tuvo el coraje para dejar de serlo”.
Al parece el viejo Bob ya también se convenció de que a este mundo le sobran mitos y le falta gente común y corriente, individuos que digan y hagan cosas normales. “Dylan nos conmueve con su ejemplo”, dice Andrés Calamaro y eso debería bastarnos.

14 junio 2007

La pelota vasca

En Cienfuegos, mi provincia, hay una vieja tradición de jugar pelota vasca. Un portentoso edificio, cuyo techo siempre se llevan los ciclones, lo atestigua. Esa puede ser la razón por la que empezó a interesarme la historia tan compleja de ese pueblo que, lamentablemente, los noticiarios simplifican a un rostro encapuchado: el de los terroristas de ETA.
Toda simplificación es insultante. Hace unos días, por ejemplo, el periodista vasco Koldo Campos Sagaseta invirtió 947 palabras en atacar a Raúl Rivero, uno de los más importantes poetas cubanos de la segunda mitad del siglo XX.
Koldo no sólo intentó regatearle a Rivero el derecho que tiene de opinar sobre su patria, sino que también lo recriminó por hacerlo en un medio español. Olvida el periodista vasco que por tratar de hacerlo en su país, el poeta cubano fue encarcelado.
Cada vez que leo las loas de Koldo a la dictadura de Fidel Castro, me pregunto por qué no vive en Cuba (el periódico de mi ciudad seguramente le abriría los brazos. Allí, además, como ya dije, hay hasta un frontón). No me explico qué le obliga a seguir trabajando para un capitalista y en un país que le provoca tantas críticas, burlas y sarcasmos.
Ahora, con esto no quiero decir que Koldo es un oportunista. Es probable que esa técnica la aprendiera de la pelota vasca, donde los dos contrincantes juegan del mismo lado y lanzan la esférica contra una misma pared.

06 junio 2007

Byron y Borges pueden seguir esperando

La presentación de El amor, por ejemplo, el libro más reciente de Pablo McKinney, contó con la asistencia de un nutrido grupo de funcionarios. Secretarios (con y sin cartera), senadores y diputados (de un partido y del otro), jueces, militares y hasta el alcalde pedáneo de una lejana comarca, se dieron cita en Casa de Teatro para degustar los versos de McKinney y una cuidada selección de mangos banilejos.
La poetisa Ángela Hernández, aún sin recuperarse del asombro por aquella inesperada concurrencia, hizo una solicitud: que en República Dominicana, como en la China antigua, se le exigiera a los funcionarios un elevado conocimiento de cultura general, incluyendo, obviamente, a la poesía.
Como era de esperarse, todo se rieron de tan extraña petición. Por muchos días estuve pensando en aquella escena. Creo que Ángela pedía demasiado. A estas alturas del partido, es preferible que un funcionario siga si conocer a Shakespere o a Quevedo si sabe lo que está haciendo. Deberíamos contentarnos con que cada uno se dedique a lo suyo y trate de hacerlo con honradez. Si se logra eso, Byron y Borges pueden seguir esperando.

02 junio 2007

Drexler

Es un hallazgo que le debo a Tommy García y lo oí por primera vez allí mismo, entre las cuatro paredes de música que tiene La Culebra en su guarida. Jorge Drexler es un uruguayo que, a propósito de las banderas, asegura que "vale más cualquier quimera, que un trozo de tela triste".
La última vez que vi a Víctor Víctor discutimos sobre eso. Fue por los días en que se presentó 12 segundos de oscuridad, la más reciente obra de Drexler. Resulta que para Vitico el principal defecto del disco es que no parece hecho por un latinoamericano, lo cual, para mí, es su mayor virtud. ¿Por qué hay que arrastrar a las patrias, como si fueran una cadena o un ancla, en todo lo que uno hace? ¿Deja de ser dominicano el músico que prescinde de la güira, la tambora y el acordeón?
Si Joaquín Sabina se hubiera empecinado en ser solamente andaluz, es probable que ninguno de nosotros lo conociera. Si Joan Manuel Serrat hubiera insistido en cantar en catalán, todavía no entenderíamos “Mediterráneo”. La identidad es una palabra que ya no cabe en una canción, por eso es que Drexler insiste tanto en que “la vida es más compleja de lo que parece”.

28 mayo 2007

Lejanía

Acabo de tener una discusión con mi hija en la víspera de su cumpleaños. Ana Rosario nació el 28 de mayo de 1993 y llegó a Santo Domingo el 9 de diciembre de un año que aún consta en el ID de su correo electrónico: “adioscuba2001”.
El domingo, debajo de un aguacero, andábamos en mi vehículo (que es el sitio donde más música oigo) y aproveché para ponerle la banda sonora de Habana blues. Traté de hablarle del lugar donde había nacido y del significado de aquellas canciones, escritas por trovadores muy jóvenes que aún viven “en la cuidad dormida”.
“Papá, acaba de entender que eso no me llega”, dijo Ana Rosario y se puso los audífonos del Ipod. Hace muchos años, cuando vi una escena muy parecida en Lejanía, la película de Jesús Díaz, me pareció incompresible. Veinte años después, mi propia hija me la explicó: demasiado habanera para ser dominicana, demasiado dominicana para volver a ser habanera.

22 mayo 2007

Tía Tata cuenta cuentos

Todos los que fuimos niños en la Cuba de los años setenta conocimos a Tía Tata. Quisqueya Henríquez y Sara Hermann no me dejarán mentir. Ellas deben recordar muy bien aquel personaje que aparecía en la televisión todos los jueves a contarnos cuentos inverosímiles y divertidísimos.
Pensé en Tía Tata cuando leí la última entrega de las Reflexiones del Comandante en Jefe, esos artículos que desde su cama de convaleciente, Fidel Castro le envía al pueblo cubano como una señal inequívoca de que todavía respira.
Resulta que en “El submarino inglés”, el último capítulo hasta ahora de la serie, el Comandante descubrió una amenaza más exterminadora aún que la producción de etanol de los brasileños. Se trata de un artefacto que “produce agua potable y oxígeno propios, por lo que puede circunnavegar el globo sin necesidad de salir a la superficie” y que mataría de la envidia al mismísimo Capitán Nemo.
Recientemente hasta la prensa oficial cubana tuvo que reconocer que la población de ese país decrece a un ritmo acelerado. Cada vez hay menos niños y más ancianos entre los 11 millones de cubanos que habitan la isla. La mayoría de los jóvenes en Cuba que no han podido emigrar, han decidido no tener hijos. Se trata de una generación que creció en medio de la crisis del Periodo Especial y, a diferencia de la nuestra, no se cree ni uno de los cuentos de Tía Tata.

16 mayo 2007

Carta de Santo Domingo


Si es uno el honor, los modos
Varios se habrán de juntar;
¡Con todos se ha de fundar,
Para el bienestar de todos!
José Martí
(Fragmento de la carta enviada a Néstor Ponce de León,
Nueva York, 21 de octubre de 1889)




Cubanos todos, dentro y fuera de la Isla, dentro y fuera de la revolución:


Durante los últimos meses hemos sido testigos de un hecho sin precedentes en nuestro acontecer nacional.
Un grupo de reconocidos intelectuales y artistas cubanos de dentro y fuera de la Isla protagonizaron, y aún protagonizan, un importante debate sobre las limitaciones a la libertad de expresión cultural durante el llamado “quinquenio gris”.
Este debate, suscitado por la resurrección pública de personas que en su momento asumieron la responsabilidad visible por la represión, persecución y hostigamiento que caracterizó a esa etapa, involucró a decenas de cubanos, afectados entonces y atemorizados ahora.
Al revisar la memoria histórica, es referente inevitable el Congreso Nacional de Educación y Cultura de abril de 1971. A partir de este evento se agudizó en Cuba una represión extrema en el ámbito cultural, que llegó hasta la persecución, expulsión, marginación y ostracismo de aquellos escritores y artistas, identificados como diferentes, marcados de contrarrevolucionarios, diversionistas ideológicos, antisociales, homosexuales o inmorales.
Acodados en la repercusión mundial del conocido “caso Padilla” y retomando la célebre sentencia de “con la revolución todo, contra la revolución ningún derecho”, pronunciada diez años antes y adoptada como parámetro inviolable de conducta, la clausura del Congreso sirvió para inaugurar aquella etapa particularmente represiva.
La publicación en Internet de ese cruce de reflexiones y protestas estuvo marcada, desde el inicio, por la intención (explícita en unos e implícita en otros) de que el debate fuese limitado y excluyente. Limitado a los efectos de la represión en el ámbito cultural y sólo a aquellas experiencias que tuvieron lugar durante el periodo en cuestión. Excluyente de quienes no comulgaran absolutamente con los preceptos de la revolución, de quienes disintieran, de quienes se exilaran, o simplemente, de todo cubano que hubiese decidido emigrar. De tal forma, la exclusión pretendida insistía en que para tener derecho a opinar y ser escuchado en Cuba y sobre Cuba, habría que calificar no sólo como cubano, sino también como revolucionario y “cubano de adentro”.
La aspiración de los más ortodoxos fue atemperada en la práctica por quienes optaron por la inclusión de “casi todos”. Así pudimos leer opiniones y contribuciones valientes que no se limitaron al cuestionamiento del periodo en especifico, y que llamaron al debate abierto entre todos los cubanos, exponiendo la necesidad de incluir los efectos de la represión no tan solo sobre el mundo cultural, sino también, y quizás más importante, sobre el ciudadano cubano común: el trabajador, el campesino, el obrero, el profesional, el estudiante, la mujer, los homosexuales, los creyentes...
Por todo lo anterior, y afirmados en la responsabilidad que nos concierne, en el fragmento de aquellos tiempos que llevamos o heredamos, y en el derecho absoluto que nos dan la tierra y la sangre, los firmantes nos presentamos al debate bajo el postulado martiano que reclama “una Patria con todos y para el bien de todos”.
Pretendemos que se asuman –y nosotros asumimos- los conflictos cubanos sin distinción, sin apenas mirar el lugar del planeta en que cada cual ha decidido vivir, porque Cuba es esencia moral de todos, sin importar desde qué parte de la Isla o del mundo nos pronunciemos. Y aun más, tampoco nos valen divisiones o exclusiones por preferencias políticas o ideológicas, pues todas, sin excepción, caben dentro de la nacionalidad y la ciudadanía cubanas.
Ya no puede tratarse de la imposición de un criterio sobre otro, ni de un grupo de cubanos sobre otros, sino de la exposición, el debate y la reflexión de todos los criterios, con tolerancia y respeto para cada uno de los cubanos y su pensamiento propio.
Sobre Cuba, su pasado, su presente y su futuro, pueden y deben opinar, debatir, decidir y trabajar todos los cubanos. Es imprescindible y beneficioso para la patria que cada cubano piense y opine, que se apreste al debate público, contradictorio y libre. Hay un país: Cuba, que es más que un terruño amable, en el que caben todos los cubanos sin distinción: comunistas, demócratas, socialistas, liberales, conservadores, social-cristianos, social-demócratas, anarquistas… Escuchemos y escuchémonos todos en el debate libre, sincero y abierto porque hay espacio para cada uno de nosotros sin ningún tipo de exclusión por razones políticas, sociales, raciales, religiosas o sexuales.
La primera virtud en esta coyuntura especial es asumir el dilema como de todos, y el deber de resolverlo entre todos, con la terquedad pródiga de inmiscuir tanto a quienes quieren escucharnos como a los que se niegan a ello.
Nos toca, porque nos resulta menos gravoso, ampliar la polémica que se pretende limitar sólo a cinco años de represión sobre una parte mínima de la sociedad, a la discusión y la valoración abierta de este medio siglo de devenir público, a la luz del respeto o la abrogación de los derechos de todos los ciudadanos. No nos referimos especialmente al orden político y económico sino –y principalmente-- a la incidencia de tales métodos en la vida cotidiana.
Miremos en un inicio a la cotidianidad del cubano en la que se niega la primera ley fundamental de la República, la añoranza martiana por el “respeto a la dignidad plena del hombre”, la que apropiadamente abre la actual Constitución cubana.
No creemos que los temas a afrontar son los matices políticos que convierten el debate en un campo de batalla en el que se enfrentan posiciones extremas; tampoco lo es la segmentación del poder, ni los ataques recíprocos entre los que han devenido bandos de confrontación absoluta, en lugar de partes coincidentes en la búsqueda de un diálogo hacia la solución y la convivencia.
Entendemos que hay temas fundamentales en los que podemos coincidir y llegar a acuerdos. Se trata de rechazar los arrebatos a la dignidad que abrogan los derechos naturales del ciudadano a vivir en libertad, a escoger su trabajo y cambiarlo, a escoger su carrera u oficio; a decidir su lugar de residencia dentro del país o fuera, a pertenecer o no a asociaciones sin que ello repercuta en sus derechos; a mantener la patria potestad incuestionable sobre sus hijos; a ser dueño de sus propiedades básicas y accionar sobre ellas sin restricciones, a vender o comprar su casa y sus bienes fundamentales; a que se respete la privacidad del individuo y su familia, a saberse seguro y libre en sus comunicaciones; a trabajar y producir bienes y servicios por cuenta propia sin ningún tipo de limitaciones; al acceso al conocimiento y la información libre; el derecho a la movilidad total dentro del país; al acceso a los servicios de salud, educación, entretenimiento y ocio.
No hay justificación alguna para que un cubano no pueda disfrutar de sus playas, hoteles y restaurantes por el solo hecho de no ser extranjero.
Ya ni vale, ni es suficiente liberar la facultad de desarrollo individual y estimular el ingenio de nuestros intelectuales y artistas, y sólo de estos. ¿Por qué es permisible para un profesional del intelecto humanista viajar fuera de la Isla en el ejercicio de su oficio y cobrar por ello, para después emplear libremente lo bien ganado en su uso y peculio personal, mientras que no se permite lo mismo a un intelectual de las ciencias, a un médico o a un albañil, ni tampoco a un pelotero o a un boxeador? ¿Por qué la preferencia de un cubano sobre otro y de un oficio sobre el otro? ¿Por qué los privilegios a un sector de la sociedad sobre otros?
Ya se hace imprescindible el reconocimiento del cubano como elemento preponderante y principal para el acceso a todos los derechos y posibilidades que emergen de la nación a la que pertenecen y que les pertenecen, porque un país es su gente.
Y porque “el país es su gente” más allá del lugar donde existan, esa dignidad plena que clamaba Martí no califica, ni delimita, ni restringe, ni elige cubanos: somos cubanos todos. Cubanos dentro y fuera de la revolución, dentro y fuera de la Isla. Cubanos todos, músicos y arquitectos, soldados y agricultores, ingenieros y albañiles, médicos y artistas, maestros y funcionarios, cineastas y peloteros, boxeadores y pianistas. Cubanos todos, con los mismos derechos y con los mismos deberes, pero, sobre todo, con nuestros derechos ciudadanos intactos.
Y a los derechos ya mencionados, deben sumarse la libertad del ciudadano a entrar y salir de su patria sin restricciones ni permisos que lo condicionan y degradan; a participar activamente, sin importar el lugar del mundo donde viva, en obligaciones constitucionales, electorales y de toda índole que inmiscuyen la determinación voluntaria y libre del ciudadano; a participar con opiniones sobre la realidad del país desde dentro o fuera del mismo; a ausentarse por el tiempo que estime conveniente, sin que esto afecte sus derechos a regresar, a mantener sus propiedades o a preservar su acceso a los servicios públicos de la nación.
Ningún cubano debe tener que pagar tributos al Estado por ejercer su derecho a residir donde le plazca. No es justificable el gravar remesas que los familiares en el exterior envían, con sacrificio y lealtad, a sus parientes en la Isla. Residir en su país o fuera es un derecho natural del ser humano por lo que no puede ser una concesión o un privilegio que el Estado concede a cambio de un canon establecido.
Porque no sólo los estados son soberanos, sino que también los individuos lo son. De ahí que existe una soberanía ciudadana ante la cual el Estado no sólo debe inhibirse, sino que debe reconocerla, y admitir su deber de protegerla y garantizarla en cada ciudadano.
Creemos que el pueblo cubano tiene el legítimo derecho a replantearse su presente y su futuro, y a escoger el derrotero a seguir y las vías de desarrollo cultural, económico y político que elija libremente. Esa es nuestra gran aspiración: que se abran las mentes al libre intercambio de ideas y permitan que los cubanos hablen, se junten o asocien como les plazca, aspiren a conducir o elijan conductores sin temores.
Sólo erradicando la perversión excluyente, heredada de la confrontación en que crecimos, es que nuestro pueblo podrá trascender hasta el cumplimiento de los postulados martianos, respetarnos plenamente como hombres y mujeres dignos y construir una Cuba con todos y para el bien de todos.
Cubanos todos, firmamos esta carta en Santo Domingo, República Dominicana, este 1 de Mayo de 2007.


Alberto Carrasco, sindicalista
Alberto Pujol, artista plástico
Alberto Rodríguez, técnico
Amaury Socarrás, diseñador gráfico
Ana Zilma Miranda, médico cirujano
Antonio Gómez Sotolongo, músico
Armando González, empresario
Byron Miguel, sindicalista
Camilo Venegas, escritor y periodista
Carlos Alberto Montaner, periodista
Carlos Galán, sindicalista
Carlos Manuel Fernández, diseñador gráfico
Carlos Suero, médico
Cecilio J. Vázquez, asegurador
Diana Madero, agente de seguros
E. W. (Bonky) Fernández Acevedo, comerciante
Eduardo García, sindicalista
Felipe Lázaro, escritor
Florencio Eiranova, sindicalista
Francisco Arencibia, empresario
Francisco Avedo, sindicalista
Gilberto García, publicitario
Hugo Orizondo, ingeniero
Isel Pujol, historiadora del arte
Islina Acosta, cantante
Iván Pérez Carrión, traductor
Jorge Tigera, médico neurólogo
José A. Sotolongo, músico
José Luís González, arquitecto
José Orozco, economista
José Prats, escritor
Juan A. Francés, sindicalista
Juan Carballo, ingeniero
Juan Ernesto López, empresario
Juan Ernesto López, empresario
Julio César Arencibia, comerciante
Justo Roberto Cabrera, industrial
Lilian Ros Linares, Asociación Cubana
Lilo Vilaplana, director de televisión
Limay González, periodista
Lucho Vera, ensayista
Luis G. Bermúdez, administrador
Luis González Ruisánchez, periodista
Luis Manuel García, escritor y periodista
Manuel Perea, ingeniero
Manuel Solares, comerciante
María Beatriz Rivadulla, psicóloga clínica
María Elena Diez, Asociación Cubana
María Elena Guiteras, industrial
Maria Emilia Monzón, sindicalista
María Pumarejo, profesora
Mariano Benítez, sindicalista
Mario Rivadulla, periodista
Miguel Pérez, obrero
Natalia Tejera, empresaria
Nilda Saldise Torres, asesora
Oilda del Castillo, arquitecta
Olga María Medina, abogada
Pedro Gracia, sindicalista
Pedro Montequin, comerciante
Pedro Pérez Castro, sindicalista
Pedro Ramón López, industrial
Rafael Mayola, técnico informático
Ramón Pérez, ingeniero
Ramón Valdés Mora, empresario.
Raúl Varela, administrador
Reinaldo Sainz, sindicalista
Rene Hernández Bequet, sindicalista
Ricardo Roque, médico
Rubén Soto, comerciante
Sergio del Castillo, arquitecto
Sergio López-Miró, publicista
Siro del Castillo, diseñador
Sonia Bravo Utrera, escritora

14 mayo 2007

Todo muere

Hace dos semanas me comprometí con varios lectores y con una lectora, especialmente, a que volvería a escribir sobre la inutilidad del poeta en los tiempos que corren. Hice al menos tres ejercicios, pero ninguno lograba decir algo distinto de lo que ya había dicho y todos los intentos acabaron en ese zafacón que hay a la izquierda del fondo de pantalla.
Prácticamente me había dado por vencido cuando leí una entrevista que le acaban de hacer a Alessandro Baricco con la excusa de su próximo libro: Esta historia. Aunque el autor de Seda no se refiere ni a la poesía ni a los poetas, responde con dos palabras todo lo que yo quería decir.
En un momento en que están hablando de música clásica, Baricco reconoce que cada vez menos gente la oye y que, probablemente, su función ha terminado. Alarmado, el periodista le pregunta qué se puede hacer para revitalizarla.
−Nada, todo muere −Se limitó a responder el escritor−. Murió la tragedia griega, ¿por qué no va a morir la música clásica?