31 marzo 2011

El descubrimiento del canistel

Ayer fuimos a una reunión de trabajo en Santiago. En el viaje de regreso por la autopista Duarte, pedí que nos saliéramos del camino por un rato (“Sigue recto; hay un desvío. Tómalo hasta el final”, había advertido ya Nacho Vegas). Entramos por un sendero de bambúes a un vivero inmenso.
Un muchacho amabilísimo nos dio la bienvenida y no se separó de nosotros en el largo recorrido por los canteros. Árboles de todo tipo y de la más increíble procedencia, plantas que han llegado del frío Canadá o del corazón ardiente de Australia, inmensos helechos arborescentes, orquídeas, palmas y, al final de todo, las frutas.
Me llamó la atención una tupida hilera de posturas que me resultaron poco familiares. “¿Qué fruta es esa?”, le pregunté a nuestro guía. “Canistel”, respondió con naturalidad cibaeña. Entonces me vino a la cabeza el recuerdo de mis abuelos, balanceándose al unísono, tomados de la mano.
—Vieja, ¿te acuerdas del canistel?
—Claro, viejo. ¡Caramba, hasta el canistel se perdió!
Todavía no sé a qué sabe, pero ya descubrí al canistel. Dejó de ser una de las tantas cosas inaccesibles que mis abuelos enumeraban en mi presencia. En una pequeña extensión de 3.500 metros cuadrados seguiré sembrando ese inventario con sabor a buena memoria. La Cuba que ellos perdieron, la que yo no alcancé a conocer.

30 marzo 2011

El inexplicable caso del cambio de identidad de Tricom


(Escrito para el blog de Campo de Texto)
Por más que trato de explicármelo, sigo sin entender el cambio de identidad de Tricom, la empresa dominicana de comunicaciones. El logo anterior estaba perfecto. Si acaso, solo había que “asesinar” al perro. Ya la era de que las marcas tuvieran una mascota quedó atrás y, en honor a la verdad, Tico se prestaba más para vender comida o  productos de limpieza.
Cuando leí la noticia de que Tricom había cambiado su imagen entré de inmediato a la página. Su logo y su slogan me parecían de los mejores del mercado. Supuse que habían sido sustituidos por una idea aún mejor. Por eso me decepcionó tanto lo que encontré.
Hay marcas que piden a gritos un cambio de imagen. Todos los días, por ejemplo, miro hacia el Supermercados Nacional con la esperanza de que por fin tengan un logo mejor que el actual, tan primario y envejecido. Hay otras que han ganado muchísimo con un cambio radical. Ese es el caso de otros dos supermercados: el Bravo y el Amigo.
Una de las reglas de oro de la comunicación actual, donde la publicidad se juega la faja día a día en las redes sociales, es no hacer promesas que luego no se puedan cumplir. Cualquier cliente de Tricom, incluso el más humilde, sería capaz de hacer una lista con incontables experiencias que puede vivir mejor fuera de los servicios que ofrece la empresa. Más que un slogan, parece un callejón sin salida.
“TRICOM conecta tu mundo” era casi inmejorable y lo inmejorable no se trata de enmendar. Para colmo de males, la foto de la niña ¡¡¡dormida frente al televisor!!! es una pifia de antología. Si de mí dependiera, toda esa campaña, sin salvar siquiera una pieza, fuera a parar al zafacón y volviera a la posición anterior.
Gracias al compromiso de su equipo y a la apropiación que han hecho los dominicanos de Tricom, la empresa ha logrado superar momentos realmente difíciles y consolidarse como una marca admirada. Por eso, por encima de muchas otras cosas, nadie se merecía que dejara de conectar tantos mundos.

29 marzo 2011

Transportes Escolares

Los domingos en la tarde, cuando llega la hora de regresar a Santo Domingo, siempre me viene a la cabeza la guagua Girón de Transportes Escolares. Para los que no son cubanos ni vivieron aquella realidad, es muy difícil de explicar ese raro sentimiento.
Volver de la casa en la montaña al hogar en la ciudad no se parece en nada al acto que ese hecho me recuerda (ser forzado a despedirte de tu familia para pasarte una semana lejos de ellos, estudiando y trabajando en el campo). Quizás es la hora en que se produce y el silencio de los domingos, que es invariable en casi todos los sitios del mundo.
Hace unas semanas, establecí contacto otra vez con José Manuel Falcón, un querido compañero de viaje en el trayecto del Paradero de Camarones al IPUEC Eusebio Sánchez, en Yaguaramas. Días después, apareció Tania Chinea en Facebook, con quien hice incontables veces la travesía hasta El Nicho, en lo alto del Escambray.
Han pasado más de veinte años, pero entre nosotros persiste un rarísimo vínculo: el zumbido de aquel ómnibus chirriante que pasaba a buscarnos sin falta para separarnos de nuestras familias por cinco días. En el camino compartíamos latas de leche condensada o arroces del día anterior y cantábamos las más indescriptibles canciones.
Era los domingos en la tarde. Aún a los 43 años me resulta muy difícil de explicar ese raro sentimiento.

28 marzo 2011

Juraguá, las ruinas del futuro

Cienfuegos, la ciudad que más me gusta a mí, está a solo 24 kilómetros del Paradero de Camarones. En la entrada de su bahía, una de las más grandes y hermosas de la región, la Unión Soviética comenzó a construir un reactor nuclear a principios de los años ochenta.
Poco a poco, desde el malecón de la Perla del Sur, vimos crecer el cascarón de concreto de Juraguá. Como consecuencia de ese monstruoso plan, el pueblito del Castillo del Jagua se convirtió en la Ciudad Nuclear. Un semillero de horribles edificios yugoeslavos borró su original apariencia.
A todos nos aterraba la idea de que un día la luna cienfueguera llegara a quemarse como el cielo de Chernóbil. Afortunadamente, cuando se derrumbó el Muro de Berlín y se desintegró la Unión Soviética, al régimen le fue insostenible seguir hacia adelante con el proyecto.
Ahora en Juraguá las reses pastan sobres las ruinas de un futuro que nunca llegó a suceder. Una reciente galería de imágenes de la agencia Reuters nos recuerda la década en que estuvimos en peligro. Es la primera vez que un fracaso de mi país me produce alivio.
El Castillo del Jagua ya no puede volver a ser aquel pueblito pintoresco que reproducían las post card de principios del siglo XX. Desafortunadamente, tendrá que exhibir por siempre su queloide de cemento. Pero al menos sabemos que es una herida cerrada para siempre.
Ese será uno de los tantos monumentos a lo que ha sido este medio siglo.

Mi única salida es abrir fuego

Un entrañable amigo, con las más nobles intenciones y casi sin quererlo, sirvió de emisario. Alguien que me quiere como un padre está preocupado por mis recientes escritos sobre Cuba. Siente que me he radicalizado. Que de un tiempo a esta parte rebasé ese punto crítico que en las películas de astronautas se señala con drástica gravedad: el no retorno.
Sí, lo admito, cada vez estoy más convencido de lo que digo. Creo que la dictadura de los hermanos Castro ya no tiene nada que ofrecerle a mi país. Después de medio siglo en el poder, la revolución ha mutado en un régimen involutivo que está arrastrando a Cuba siglos atrás. En ese afán, ha convertido a generaciones de cubanos en parias.
Otro querido amigo, que está de acuerdo en casi todo lo que digo, me llamó la atención por haberle dicho a Silvio Rodríguez que su caso cada vez me da más pena. “Fue un poeta, no se merece que seamos tan severos con él por sus achaques de vejez”, me dijo. Yo soy como soy por las cosas que me inculcaron, entre muchas otras cosas, las canciones de Silvio.
Verle defender con adulación y de la manera más patética posible las atrocidades de Fidel, Raúl y hasta Gadafi solo me produce rabia. Lo siento, tengo que repetirlo una y otra vez, donde quiera que pueda. Los cubanos se merecen ya el futuro que tantas veces les prometieron. Por eso estoy en el deber moral de luchar por ello.
Como no sabría qué hacer con una pistola, mi única salida es sentarme frente a la pantalla de la computadora y abrir fuego.

25 marzo 2011

En Santo Domingo la corrupción tiene más prisa que nosotros

Cuando en Santo Domingo las cosas funcionan mínimamente bien, apenas mínimamente bien, uno descubre la belleza casi siempre oculta de esta ciudad. Pocos sitios son tan auténticos como este. Pocos también son capaces de soportar tanta indolencia y de asimilar tanto desorden sin caer en el caos total.
Todo iba bien en el semáforo hasta que llegó el senador. La gente hasta se miraba con amabilidad a través de los vidrios. Era temprano en la mañana y, aunque ya los nudos se comenzaban a trabar en las intersecciones, aún el tráfico fluía. Pero uno de los flanqueadores ocupó el centro de la avenida y desacató las órdenes del semáforo.
Ajeno a todo, el senador leía en el asiento del fondo de su lujoso vehículo. Se dice que es uno de los hombres más cercanos al Presidente y un corrupto irremediable. Algunos juran haberlo visto en un video donde danza y goza entre mafiosos. Otros dicen tener pruebas de sus espeluznantes operaciones clandestinas.
Quizás por eso le hicieron senador, para asegurarle seis años de impunidad en un país donde el olvido se alcanza en apenas unos meses. Cuando los flanqueadores se marcharon, detrás del lujoso vehículo del legislador, el semáforo ya no tuvo autoridad moral para restablecer el orden. De ahí en adelante todo fue caos.
Es una pena que en Santo Domingo la corrupción tenga más prisa que nosotros, los que pagamos los impuestos para que ella, algún día, revele su belleza y sea la ciudad que nos merecemos.

22 marzo 2011

Más vale tarde que nunca, Joaquín

Ahora ya sabemos que Joaquín Sabina siempre estuvo al tanto del horror en que se había convertido la revolución cubana. Gracias a él mismo, por fin pudimos enterarnos de que estaba consciente de todo y, cuando aterrizaba en La Habana, era tratado como “un turista privilegiado y no como un cubano que sufriera y soportara la dictadura”.
En una entrevista con el El Nuevo Herald, el cantautor español acaba de admitir que el régimen de los hermanos Castro es “un tremendo fracaso histórico”. Hace apenas un año, cuando cientos de intelectuales y artistas españoles firmaron un manifiesto contra la dictadura de la Isla, Sabina se abstuvo de hacerlo: “Yo no firmaría nada contra Cuba”, afirmó entonces.
Al parecer los últimos actos represivos del régimen y su obtusa negativa a respetar los más elementales derechos humanos, rebosaron el límite de tolerancia del autor de “Postal de La Habana”, quien ha decidido salir del closet político: “Hace mucho que no voy a Cuba porque me sentiría muy triste. Leo los periódicos, hablo con gente y sé lo que está pasando y sé que el país está en bancarrota”, confesó.
Con estas declaraciones, Sabina se suma al bando de Pedro Almodóvar, Ana Belén, Victor Manuel y muchos otros españoles que en algún momento confesaron su admiración por la revolución cubana y ahora la adversan abiertamente. “Esto me ha traído problemas en el pasado y me los va a traer con lo que te estoy diciendo ahora”, admitió.
Más vale tarde que nunca, Joaquín. La verdad es que los cubanos que te quieren, esos que tú mismo describiste como “flaquitos, flaquitos y sin libertad”, han sobrevivido momentos muy amargos gracias a la inspiración de tus canciones. Ellos, incluso más que tú, se merecían esto hace mucho tiempo.