06 mayo 2021

No desconfiemos nunca del corazón de nuestros héroes


Justo en los días en que se cumplen 40 años del intento de asesinato de la reputación del escritor Heberto Padilla, el régimen cubano se ensaña con la dignidad del artista Luis Manuel Otero Alcántara. Parecería que para celebrar el aniversario de un oprobio decidieran cometer otro.
Tienen tan poca imaginación (esa es una de las razones por las que les temen tanto a los cubanos capaces de crear y pensar por sí mismos) que en 2021 insisten en repetir tácticas represivas de 1971. El tiempo no solo se ha detenido en la isla, también lo ha hecho en las cabezas de los que la someten.
A Luis Manuel primero le negaron el derecho a ser artista y luego le secuestraron parte de su obra. Entre esos dos actos, impensables en un país donde a los ciudadanos se les respeten los derechos más elementales, hay un sinnúmero de agresiones, violaciones y ultrajes a su dignidad.
Por último, cuando el agredido no encontró otra manera de defenderse que disponer de su propio cuerpo, tomaron la decisión de secuestrarlo y, después de someterlo (algún día quedarán al descubierto sus atroces métodos), presentarlo en público para que hiciera un ridículo parecido al de Padilla. 
Aunque Luis Manuel no llegó a delatar a nadie, es obvio que no está en control de sí mismo. Un cimarrón nunca esconde sus manos ni tiene delicadezas con el rancheador. Por eso duelen tanto esos cubanos que se mofan de él y expresan justo lo que buscaba la dictadura con esas imágenes.
Ralph Waldo Emerson dijo una vez que “todo hombre es un héroe y un oráculo para alguien”. En Cuba tenemos demasiados oráculos y muy pocos héroes, por eso no podemos desconfiar nunca de sus corazones. En ellos nos va la vida a todos… y el futuro de nuestra nación, si es que algún día logramos darle alcance.

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