5 may. 2016

Bladi

18 de septiembre de 2011. Ese día Diana conoció a Bladimir Zamora
y yo me reencontré con él, después de 10 años sin vernos.
Tarde en la noche recibí una llamada de Alfonso Quiñones. Algo malo debe haber ocurrido, me dije, por eso tardé tanto en contestar. “El Bladi, asere, el Bladi”, oí. Aunque era algo que esperaba hace meses, llegué a convencerme de que al final no ocurriría. Nunca vi a Bladimir Zamora dándose por vencido, por eso tenía la certeza de que su lucha contra la Parca no sería una excepción.
Lo conocí hace exactamente 30 años. Un poema mío acababa de aparecer en la sección Por Primera Vez, de El Caimán Barbudo, y fui, junto a Norge Espinosa, de los jóvenes escritores de provincia que invitaron a celebrar el 20 aniversario de la revista. Cuando me lo presentaron, él conversaba con Sigfredo Ariel; de manera que en ese momento di con dos de las personas que más me influirían en lo adelante.
Viví tantas experiencias inolvidables junto a Bladimir Zamora, que sería incapaz de ponerme a elegir. Pero hay una, en la Plaza de los Toros de Las Ventas, en Madrid, que quizás pueda servirme de resumen. Corría el año 1993 y en el medio del ruedo tocaba una orquesta de viejos músicos cubanos.
De pronto, por una de las esquinas, subió al escenario una negra con un vestido que brillaba como un cometa. Cuando se oyó la palabra “¡Azúcar!”, todos rieron y aplaudieron. Bladimir y yo, en cambio, empezamos a llorar. Si ese momento me emocionó tanto como a él, es porque ya me había enseñado lo esencial que era Celia Cruz para esa convicción que es saberse cubano.
En la calle Monserrate, a media cuadra de la barra donde Ernest Hemingway se bebió los mejores tragos de su vida y a dos puertas del último refugio de Reinaldo Arenas en Cuba, estaba La Gaveta, los poquísimos metros cuadrados donde Bladimir estableció su residencia en la tierra. Todos los escritores y trovadores de mi generación, sin excepción, dejaron algún recuerdo allí.
Del mismo centro de La Gaveta colgaba una pequeña campanita. En su badajo había atada una medalla de plástico de la Virgen del Cobre. Bladi no era ateo, pero tampoco era religioso; creía en la magia de la cubanía y en ella siempre depositó toda su fe. De ahí que Cachita estuviera a cargo de la gravedad de La Gaveta. Lo recuerdo pegándole a la medalla sus manotazos casi albinos y gordos.
—¡Chiiica —le decía a la Virgen— ilumina a este cubano que te quiere tanto!
Hoy, cuando el amanecer entró en Santo Domingo, caí en cuenta de que él ya no podrá verlo llegar a Bayamo. De mucha gente he aprendido muchas cosas de Cuba; pero con Bladimir Zamora entendí que la cubanía, aun en medio de las peores carencias y privaciones, te hace rico, te salva.  
Nos vimos por última vez el 1 de octubre de 2011. Fue en casa de Odette Pantoja, donde Carlos Varela, Polito Ibañez, Kelvis Ochoa y David Torrens le pusieron música al reencuentro y a la despedida. Los abrazos y el ron hicieron que todo fuera menos doloroso.
Casi al final de la noche, mientras Carlitos cantaba “Habaname”, Bladimir, Omar Mederos (quien también había vuelto a Cuba por esos días) y yo coincidimos en un abrazo.  Conservo una foto de ese momento. Estamos de espalda, por eso no se ve que lloramos. 
Poco después, ya sin la ayuda de ninguna canción, Diana Sarlabous y yo llevamos al Bladi hasta La Gaveta y le dimos un último abrazo. Aunque ya no volveré a esos pocos metros cuadrados donde Cuba era tan grande, ahora quisiera pararme en su mismo centro y darle un manotazo a la medalla de plástico de la Virgen del Cobre. 
Me gustaría pedirle que ilumine a ese cubano que tantos queremos.

La noche del reencuentro con Bladimir y Sigfredo Ariel,
dos de las mayores influencias que he tenido. 
El día que conocí a Bladimir Zamora, en 1986, también
conocí a Luis Alberto García. El azar quiso que Luisito
también estuviera en el reencuentro.
Abrazado con Bladimir y Omar Mederos, mientras Carlos Varela
canta "Habáname". A la derecha, Déborah Fajardo, otra muy querida
amiga de los años que mejor recuerdo de La Habana.
Ese día bebí por los dos, porque ya él no podía hacerlo.
A partir de hoy, cada vez que abra una botella, siempre habrá
un trago para él.

1 comentario:

Anónimo dijo...

camilo desmintieron la muerte de bladimir.dicen que esta muy grave pero no había fallecido.
http://www.diariodecuba.com/cultura/1462445343_22158.html