20 octubre 2015

Los puercos no pudieron con el cuerpo de El Sexto

Aun se mantiene dentro de esa enorme prisión que es Cuba, pero ya ha sido liberado de la pequeña celda donde lo mantenían. El grafitero El Sexto fue encarcelado por el régimen en diciembre de 2014. La policía política lo detuvo para impedir que hiciera un performance con dos cerdos a los que le había pintado los nombres de "Fidel" y "Raúl". 
Esta es una victoria de El Sexto y de todos los que fueron solidarios con él, denunciando a la dictadura por su retención. Es admirable la valentía que demostró el artista durante todos estos meses. Nunca lograron que se rindiera. Ni siquiera cuando él, como advirtió en un mensaje, lo único que tuvo para defenderse fue su propio cuerpo.
El performance debió haber durado unos minutos, pero gracias a la cobardía de la dictadura se mantuvo vigente hasta hoy. Ahora El Sexto es reconocido en el mundo entero y una de sus obras ya es parte de la historia del arte cubano. En el futuro no habrá crítico ni historiador que se atreva a pasar por alto a esos dos cerdos ni la razón por la que llevaban esos nombres en sus barrigas.

18 octubre 2015

Cuba, de las fotos de Korda a los puercos de El Sexto

Página del cuaderno de El Sexto. (Tomada de Diario de Cuba)
En 1959, cuando Fidel Castro entró a La Habana en el lomo de un Jeep Willys, Cuba era un país muy revolucionario. Sus medios de comunicación masiva y sus agencias de publicidad estaban a la vanguardia del mundo.
Las imágenes más icónicas de aquel hecho histórico no fueron tomadas por fotorreporteros sino por publicistas. Eso explica cómo los líderes guerrilleros se convirtieron en auténticos modelos y verdaderos sex symbol. Era un momento precioso y así quedó consignado.
En 2015, mientras Fidel Castro deambula por su casa en una silla de ruedas, Cuba es un país muy reaccionario. Sus medios de comunicación masiva están en la retaguardia del mundo, la publicidad no existe y la inmensa mayoría de las imágenes que se reproducen pertenecen al pasado.
Apenas unos pocos artistas se atreven a representar el presente de una manera fidedigna. Uno de ellos es El Sexto, quien permanece en prisión por las obras que ha hecho en muros, en puertas, en cuadernos clandestinos y en el lomo de cerdos.
Esa es una buena manera de apreciar la trayectoria de Fidel y su revolución desde el 1 de enero de 1959 hasta la actualidad. Mirémoslo primero en las fotos de Korda y luego en los puercos de El Sexto. Esos dos puntos de vista alcanzan para entender todo lo que pasó en Cuba.

16 octubre 2015

Don Fli

Hace ya una semana que estoy en cama. Todos estos días de convalecencia han sido muy difíciles, pero he tenido recompensas como la visita de Don Fli, un diestro y sabio artesano de Yamasá que ha dejado nuestras mecedoras como nuevas. 
—El guano tiene muchos secretos —me dijo con cara de misterio—, pero no se preocupe porque yo me los sé todos. 

11 octubre 2015

Escalar estatuas en Cuba

Desde lo alto del parque, en el centro de Camagüey, la ciudad donde esparcieron sus cenizas, Ignacio Agramonte vio derrumbarse a la libertad. La mujer, hecha del mismo bronce que el Mayor, no pudo soportar el peso de un internauta que trataba desesperadamente de alcanzar la señal de Wi-Fi.
Este hecho tiene un antecedente. El 11 de marzo de 1949, tres tripulantes del barreminas  Rodman (el sargento Herbert Dave White y los marineros George Jacob Wagner y Richard Choingsby) bajaron a tierra y decidieron andar La Habana.
Ya estaban totalmente borrachos cuando desembocaron en el Parque Central. Una foto de la época delata la afrenta. Después de encaramarse en la estatua de José Martí, uno de ellos orinó sobre la mierda de las palomas, encima de la cabeza de mármol del Apóstol.
A diferencia de aquellos marines, el internauta camagüeyano no había ingerido ni un solo sorbo de alcohol. Cuando decidió subirse al cuello de la libertad buscando una mejor conexión con el mundo libre, estaba absolutamente sobrio y totalmente consciente de lo que hacía.
Los primeros lo hicieron por ignorancia, el segundo por querer saber; pero lo cierto que cada vez que alguien decide escalar una estatua en Cuba, se convierte en un símbolo y se gana al menos un párrafo en los libros de historia nacional.

10 octubre 2015

10 de octubre

El 10 de octubre es el Día Mundial de la Salud Mental. También era una fecha patria en Cuba. Pero nuestra nación se arruinó, perdió el juicio y ahora deambula por cañaverales baldíos.

Y de pronto aprendí a ser viejo

(Escrito para la columna Como si fuera sábado de la revista Estilos)

Mi abuela tenía una mitad asturiana y la otra gallega, pero las canciones de un catalán le recordaban tanto su infancia, que empezaba a llorar con apenas oír la primera estrofa. Era la Cuba de los 70 y cada vez que Joan Manuel Serrat se asomaba en nuestro televisor ruso, Atlántida acababa enternecida.
Hace unos días, Diana estaba reunida con unos jóvenes y les contó que íbamos a un concierto de Joan Manuel Serrat. Ninguno sabía de quién se trataba. “¿Eso es música de viejos?”, preguntaron con desconcierto. Esa interrogante acabó regalándome una esclarecedora respuesta.
Una de las cosas más difíciles de la vida es aprender a ser viejo. Sobre todo a partir de ese punto en que ya nos empezamos a ver ridículos si nos empecinamos en estar a la moda y en aparentar lo que ya no podremos volver a ser (en el mundo apenas hay tres Rolling Stone y un solo Mick Jagger).
Cuando empecé a sacar la cuenta de todo lo que yo le debía a las canciones de Serrat, me sentí muy orgulloso y muy feliz de haber nacido en 1967 y no después. De lo contrario me había perdido aquella tarde en que oí por primera vez “Pueblo Blanco”. Mientras él presentaba a sus personajes, yo aprendía a reconocer a los que habitaban mi Paradero de Camarones.
Puedo situar el descubrimiento de cada canción suya en cada momento de mi vida. No olvido la tarde que le dije a Juana Granados, una rubia que bailaba mejor que Olivia Newton John, que era sinceramente suyo. Tenía 4 años más que yo, pero no pudo resistirse a la frase y acabó siendo mi primera novia.
Me convertí en un héroe entre mis amigos, ninguno se explicaba cómo lo había logrado. Pero el amorío apenas duró unas semanas. Obviamente, no supe cómo llenar el abismo biológico que había entre nosotros. Afortunadamente, las canciones de Serrat también estaban ahí para explicarme los fracasos y ayudarme a salir de los hoyos.
Aunque mi santa abuela me rogaba que me cuidara de las malas compañías, siempre supe elegir a mis amigos con tabla rasa: los peores de cada casa. Más tarde, cuando llegó el momento de aprender a enfrentarme a la sociedad y tratar de que oyeran lo que necesitaba decir, descubrí que entre muchos tipos y yo había algo personal.
Eso es algo que no supero aún. Cuando me apasiono en una discusión con alguien y trata de advertirme que no lo vea como algo personal, insisto en que entienda que sí, que hay diferencias sustanciales que no pueden quedarse en el plano laboral o social, que también deben debatirse en lo personal, sin máscaras ni doble moral.
Cuando Serrat salió al escenario y empezó a cantar “El carrusel del Furo”, me di cuenta que seguía siendo el mismo tipo que tantas veces me había ayudado y que, de una manera irremediable, me había marcado. Entonces me acerqué al oído de Diana y le dije que ya sabía cómo ser viejo.
Cada generación tiene una banda sonora y algún cantautor acaba componiendo las canciones que la definen. La mía tuvo al mejor. Ni antes ni después de Joan Manuel Serrat ha habido en nuestro idioma alguien como él. Eso también lo comprobé en el concierto. Cada pieza sonó como un himno y cada estrofa era la mejor posible, insustituible, inolvidable.
Les pido, por favor, que si se encuentran con Diana no le cuenten de esta columna. Es que a ella también le dije que era sinceramente suyo. Aunque, en honor a la verdad, fue la primera y única que vez que fui absolutamente honesto.
Por eso quiero estar a su lado hasta que me deje en la ladera de un monte más ancho que el horizonte. Para entonces, solo pido tener buena vista y que mi cuerpo sea camino, le de verde a los pinos y amarillo a la genista.

07 octubre 2015

Apenas trato de imitar a mis escritores preferidos

A propósito del Premio Caonabo de Oro, que la Asociación Dominicana de Periodistas y Escritores (ADPE) me entregará el próximo 23 de octubre, José Gómez Cerda me hizo esta pequeña entrevista. 

¿Qué sintió usted cuando le informaron que había sido seleccionado por el Jurado de los Premios  Caonabo de Oro como ganador?
Primero, creí que se trataba de un error. Luego, volví a sentir una enorme gratitud por República Dominicana. Este país me ha dado lo más importante que necesita un escritor para manifestarse: la libertad. No confío mucho en los premios, ni siquiera en el Nobel. Jorge Luis Borges, por ejemplo, nunca ganó el Nobel y sin embargo sí mereció el Caonabo de Oro. De manera que esta es mi primera y seguramente única oportunidad de compartir un lauro con el autor de tantos libros que me marcaron.

¿Quién le informó y qué opinión le merece este reconocimiento a su labor profesional?
El mensajero fue mi primera gran alegría. Que Mario Rivadulla, ese admirable compatriota mío, fuera quien me diera la noticia del Premio, me llenó de orgullo. Él ha sido un incansable luchador por la libertad de mi país y ha dedicado gran parte de su talento a República Dominicana. Que él estuviera entre los que creyeron que yo lo merecía me da una gran tranquilidad, porque eso quiere decir que no siempre he hecho mal las cosas.

¿Cuál considera que ha sido el mayor logro de su vida profesional?
Soy muy malo autoevaluándome. Apenas trato de imitar a mis escritores preferidos, siempre con la certeza de que jamás me acercaré a su talento. Aun así, creo que lo mejor que he hecho en mi vida como profesional es tratar de ser honesto, de no mentirle a los demás y de no mentirme a mí mismo. Eso me ha costado mucho y me seguirá costando, pero lo prefiero a ir por la vida tratando de engañar y de engañarme. Siendo un tilín optimista, me gustaría pensar que lo mejor de mí aún está por hacerse.

06 octubre 2015

Al desnudo

Últimamente todo el que llega a La Habana queda al desnudo, da lo mismo que sea Rihanna o el Papa Francisco. 

02 octubre 2015

Envejecimiento poblacional

Es algo que no avergüenza a todos, pero ya no tenemos modo de ocultarlo: Cuba es uno de los países más envejecidos del mundo. Imagínense que nuestro actual presidente ya dirigía pelotones de fusilamiento en los años 50 del siglo pasado.