30 junio 2020

Un poeta solo

Para Alfredo Zaldívar

Todos los ríos de Matanzas

desembocan en poemas.

La bahía,

ancha como los versos

que la ciudad inspira,

es solo una excusa.

 

Un poeta solo,

delante del agua,

tiene el valor

de admitir

todo lo que se creía

capaz de callar.

José Jacinto,

dime tú

si tengo razón

o no

en lo que digo.

Plácido, ninguno 

de tus fusilamientos

me dejará mentir.

 

Un poeta solo

es un puente 

por el que nadie

se atreve a cruzar.

Pero en una ciudad

que se sienta

a mirar sus cauces

como si fueran espejos,

debería 

ser distinto.

 

Todos los ríos de Matanzas

desembocan en poemas.

Aquí el mar no importa

porque siempre

queda demasiado lejos.

El mar es solo eso 

que los poetas

siempre ocultan

cuando juran

haber dicho 

lo que saben.

No caeré en la red de las avispas

No tendré una opinión sobre la película de los espías cubanos. No podré escribir ni siquiera un párrafo sobre ese anuncio pagado. Diana y yo nos negamos a verla. Al dar con ella en Netflix, pulsamos el dedo que apunta hacia abajo. Desde entonces, la aplicación no nos la ha vuelto a mostrar en su pantalla de inicio.
Escribí varias veces sobre los personajes reales, esa red de miserables que se infiltraron entre hombres libres para servir a una dictadura. También manifesté mi rechazo al ingenuo acercamiento que Barack Obama tuvo con Raúl Castro, gracias al cual los espías aún presos se libraron de cumplir sus condenas.

Admito que me desconcertaron algunos de los artistas que se prestaron para un anuncio publicitario de un régimen criminal. O son muy infantiles o no tienen escrúpulos. Cualquiera de las dos posibilidades los deja muy mal parados frente a los que aún padecen el oprobio que ellos ensalzan.

No caeré en la red de las avispas. Tengo una enorme lista de películas y documentales que no me quiero perder. Desde que me suscribí al Smitsonian Channel, me abruma la cantidad de contenidos pendientes. Todo lo que necesitaba saber sobre esos abyectos personajes, ya lo sé.

Nunca estaré de acuerdo en que se prohíba una película, ni Lo que el viento se llevó (que me fascina) ni La red avispa (aunque me parezca deleznable). Ya tuve suficiente con todo lo que nos prohibió y todo de lo que nos privó la dictadura. 

Solo estoy defendiendo mi derecho a mirar para otra parte, a cuidar mi estómago.

29 junio 2020

Los goces de familia

En la cabaña de Mayitín y Soraya, en Jarabacoa Montain Village, descubrí que las noches de la Cordillera Central dominicana era idénticas a las noches del Escambray cubano. Entonces, ni por la cabeza me pasaba que yo también llegaría a tener un techo propio en esas montañas.

Tengo una colección de días inolvidables en la cabaña de Mayitín y Soraya. En muchos están Ana Rosario y María Eugenia, nuestras hijas. En otros, Lérida y Maguín, mi madre y la de Soraya. Incluso mis tíos Aramís y Miriam pasaron allí un día que ellos a menudo lo recuerdan con nostalgia.

Luego apareció Diana y desde entonces ella es el centro de todos mis recuerdos en esa casa. Allí le empecé a enseñar a María los secretos del monte. Allí, también, tomamos la decisión de comprar un pequeño terreno donde sembrar y envejecer. Ese fue el primer paso en el camino que nos llevó hasta la Loma de Thoreau.

Este fin de semana, por primera vez, Mayitín y Soraya se quedaron en nuestra cabaña. Viajaron directo desde Santo Domingo, como si ellos no tuvieran donde quedarse en Jarabacoa. Hicimos el sendero de Quintas del Bosque, bajamos hasta el salto más alto del arroyo Cercado y monteamos en el buggie.

Así fue que llegamos a esta apartada cabaña, que vigila al valle del Cibao desde la cima de una empinada loma. Era la primera vez que compartíamos desde el comienzo de la pandemia y esa debe ser la razón por la que aprovechamos tanto el tiempo. Como siempre, todo giró alrededor del fuego, es decir, de las comidas.

Desde el día que llegué a Santo Domingo, Mayitín se ha comportado como mi hermano. Soraya dice que somos gemelos separados al nacer, por todas las afinidades que tenemos y las obsesiones que compartimos. 20 años después, nos hemos convertido en una verdadera familia. 

Giuseppe Mazzini decía que “los únicos goces puros y sin mezcla de tristeza que le han sido dados sobre la tierra al hombre, son los goces de familia”. Siempre que compartimos con Mayitín y Soraya, Diana y yo lo comprobamos.

25 junio 2020

Un pedazo de pared que vale más que todo el edificio de CNN

El 11 de febrero de 2019 (quien usa a Facebook como diario, nunca olvida sus fechas), debimos asistir a un tour por Atlanta. Era parte del programa de una feria internacional en la que Diana participaba. “No tengo nada que buscar en CNN”, le advertí a mi Cucha y llamé a Manuel Sosa para ir a ver una pared.
Sobre Georgia caía una llovizna finísima. Un par de Jack Daniels nos llenaron de valor para hacer el trayecto hasta un desolado parqueo. Estuvimos un largo rato en el sitio exacto por dónde salió, el lunes 8 de abril de 1974, el jonrón 715 de Hank Aaron. 

El terreno del antiguo Fulton County está marcado en el asfalto. Gracias a eso, se puede apreciar dónde estaba parado Aaron, desde donde le lanzó Al Downing Manuel y todo el trayecto que hizo la pelota hasta pasar por encima de las cercas del jardín izquierdo.

Manuel jugó a ser el jardinero de los Dodgers y trató de imitar el enorme esfuerzo que hizo capturarla (el video está disponible en YouTube). Solo le faltó tratar de subirse en el muro. De regreso, nos metimos en Hard Rock Cafe. Cuando nos sirvieron otro par de Jack Daniels, sonaba The Allman Brothers Band.

Ya en el hotel, el coordinador de la feria me preguntó por qué no había ido a CNN. “Para mí es como ir a Granma, el periódico de la dictadura de mi país —le respondí—. Solo que tiene más recursos y colaboradores más talentosos. Pero la línea editorial y la obsesión por manipular son igual de deprimentes”. 

Solo atinó a encogerse de hombros, después de asimilar mi inapropiada respuesta. Luego, en la cena, me volvieron a preguntar dónde me había metido. “Fui a ver un pedazo de pared que vale más que todo el edificio de CNN”, dije. Solo uno, que profesa la misma religión que Manuel y yo, entendió lo que decía.

—Si llego a saber eso —me dijo—, me hubiera ido contigo.

24 junio 2020

La lluvia ya no es lo que era

Foto: © Mario Dávalos

Primero fue un aguacero

de mariposas amarillas.

Salían de todas partes

y eran arrastradas 

por el viento

hasta caer

sobre el pasto

y despejar 

a la tarde.

Luego comenzó

una llovizna

de arena.

Ni el silencio

de la mañana

logró

salvarse

de sus tenaces

tambores.

 

La lluvia ya no es

lo que era.

Aquellas aguas 

límpidas

que nos daban

en la cara

por esta época

del año,

ahora 

son un torrente

de mariposas

y arena.

 

La lluvia ya no es

lo que era

y nosotros,

con las bocas

tapadas,

seguimos

el ritmo

de unas mariposas

y de los tambores

de la arena

para domesticar

nuestra impaciencia.

23 junio 2020

Power Wagon

He perdido muchas fotos en mudanzas y acarreos. Hay tres, especialmente, que les hecho mucho de menos. Una es de mi madre. Lérida camina por el andén de la estación de Cienfuegos. Lleva un pañuelo en la cabeza y la felicidad en los ojos. Le dice adiós al fotógrafo con una sonrisa que será incapaz de envejecer.
La otra es de mi padre. Es en el secadero de café de Daniel Peñate. Veguitas, valle de Jibacoa, años setenta del siglo pasado. Abraza a la madre de su querido amigo. Tienen el mediodía del Escambray encima. La demasiada luz (tan bien descrita en tantos poemas cubanos) no logra borrar el bosque que tienen de fondo.
La última es mía. No tengo más de cuatro años. Es enero o febrero, a juzgar por lo abrigado que estoy. Trato de subirme al camión de mi padre. Un destartalado Dodge que ya había dejado lo mejor de sí en los caminos intransitables del Escambray. Power Wagon, se leí aún entre tanto hierro oxidado.
Algunas fotos extraviadas se ven cada vez más nitidez en nuestras cabezas. Quizás por eso se pierden, para que las conservemos de la mejor manera posible.