19 diciembre 2018

Un día interminable

Ha sido un día interminable.
Fue agotador el trabajo
con unos textos que debía.
Luego llamó otro cliente 
para discutir
las palabras de un hashtag. 
Mientras hablábamos,
en mute,
puse a Harry Dean Stanton
a andar por el desierto.
No estaba en Paris, Texas
sino en la última escena
de su vida.
La voz en el télefono
decía cosas que ya 
no entendía y Harry 
avanzaba en dirección 
a la cámara.
Se acercó lo suficiente.
Luego se detuvo,
me miró por un momento,
sonrió,
dio la espalda 
y caminó 
hasta perderse de vista.

No recuerdo lo que propuse,
pero al cliente le gustó 
el hashtag y me dejó tranquilo.
Bajé a ponerle comida
a los perros,
destorcí la manguera
del jardín,
guardé las herramientas
y cargué con más leña
para la chimenea.
Ya volvía a la casa
cuando te vi
junto a las buganvilias.
Me acerqué lo suficiente.
Luego me detuve,
te miré por un momento,
sonreí,
di la espalda 
y caminé 
hasta perderme de vista.
Tú serás mi único recuerdo
de este día interminable.

La ingratitud de los cubanos*

Estado actual de la casa donde murió Máximo Gómez en Cuba.
En mayo de 1905, Máximo Gómez se hizo una pequeña herida en la mano derecha. Un guerrero como él, acostumbrado a ver (y dar) machetazos mortales, no lo de dio la más mínima importancia. En verdad era un corte insignificante, pero acabó costándole la vida.
Pocos días después, acompañado de Manana y de sus hijas Clemencia y Margarita, viajó desde La Habana hasta Santiago de Cuba en tren. Su excusa era hacerle la visita a su hijo Maxito y a su nuera Candita. Pero su verdadera intención era contribuir a frenar los planes reeleccionistas de Tomás Estrada Palma.
Cada vez que el tren se detenía en una estación, Gómez le daba la mano a los cubanos y les pedía que votaran por el general Emilio Núñez, candidato del Partido Liberal. “¡La situación es gravísima! —advertía—. ¡Se sienten ya latidos de revolución!”.
Tanto dio la mano, que la pequeña herida acabó infectándose. Cuando regresó a La Habana ya no podía sostenerse en pie. Le diagnosticaron septicemia y no hubo manera de salvarlo. El 17 de junio fue certificada la defunción del General en Jefe del Ejército Libertador.
Esta semana, Renay Chinea pasó frente a unas ruinas en la esquina de 5ta. y D, en El Vedado. Una vieja tarja, hecha el 17 de junio de 1906, identifica el lugar. Es la casa donde murió Gómez. En su post, Renay prefirió citar la carta que Martí le envió al Generalísimo el 13 de septiembre de 1892: 
“Ayude a la revolución como encargado supremo del ramo de la guerra, a organizar dentro y fuera de la Isla el ejército libertador (…). Yo ofrezco a Vd., sin temor de negativa, este nuevo trabajo, hoy que no tengo más remuneración que brindarle que el placer de su sacrificio y la ingratitud probable de los hombres”.
Cuando la carroza fúnebre con los restos de Máximo Gómez llegó a la Necrópolis de Colón, los generales mambises Bernabé Boza, Emilio Núñez, Pedro Díaz y Javier de la Vega llevaron el ataúd hasta la fosa. No hubo despedida de duelo. La ingratitud de los cubanos siempre empieza por el silencio.

*Le debo la foto y la idea central de este texto a Renay Chinea.

The Rider, cuando la poesía de la vida cotidiana anda a caballo

Si no quieres que te pasen gato por liebre, como en Roma, que te presentan una insufrible imitación del neorrealismo italiano como si estuviéramos en 1960 y no en 2018, te propongo que veas The Rider. 
Contada con un lenguaje de hoy y propio (el de Roma es prestado), Chloé Zhang filma (y firma) una verdadera joyita en tiempos donde casi todas las alhajas acaban siendo de fantasía. 
The Rider es una de las películas más conmovedoras y creíbles que he visto en los últimos años. A caballo (literalmente) entre la ficción y el documental, cuenta la historia de un joven vaquero que, tras un terrible accidente, debe renunciar a su sueño de convertirse en una estrella de los rodeos. 
Brady Jandreau, el protagonista, se interpreta a sí mismo. No es un actor, es el vaquero de la historia. Igual que su padre Tim (un alcohólico adicto al juego) y su hermana Lilly (autista). Eso no quiere decir que veremos aficionados en escena. Ningún actor podría hacer sus personajes con más credibilidad que ellos.
A diferencia de Alonso Cuarón, que trató de embutirnos la realidad con la lentitud que se baldea una casa, Chloé Zhang demuestra que la vida cotidiana puede tener ritmo y, sobre todo, estar llena de poesía.

17 diciembre 2018

Roma, el aburrimiento y los perros de México

Perdonen si desentono con la crisis de entusiasmo colectiva, pero tengo la necesidad de ser honesto. Esperé por ella durante semanas y le dediqué la tarde del domingo (es una costumbre con la que cargo desde mi adolescencia, por culpa de una tanda de dos películas que nos ponían a esa hora en la Cuba de entonces).
Ya es tan difícil dar con una película que no sea de entretenimiento, que nos venden el aburrimiento como arte. Roma, el filme de Alonso Cuarón que ha producido Netflix, hubiera sido buena si fuera italiana y estuviera hecha en los años 60. A la altura de 2018 resulta inmetible. 
Ya nadie (y mucho menos un cineasta) puede darse el lujo de no contar nada en 30 minutos. En el minuto 35 de Roma todavía no ha pasado nada. Es cierto que la fotografía y los escenarios consiguen una reconstrucción de la época deslumbrante.
Pero como todo está contado a un ritmo aún más lento que el de la vida real, uno acaba hastiándose. Conocí a la colonia Roma por la literatura, en Las batallas del desierto, la fascinante novela de José Emilio Pacheco. Debe ser por eso que Cuarón tuvo conmigo tan pocas oportunidades. 
Después de la decepción, el agobio y el hastío, la mayor enseñanza que me llevo de esta película es que los perros en México cagan más que en ninguna otra parte del mundo.

11 diciembre 2018

Cuba le pone un candado a la jaula de la creatividad

El cineasta Miguel Coyula y la actriz Lynn Cruz
se manifiestan contra el Decreto 349.
El Decreto 349, firmado por Miguel Díaz-Canel apenas unas horas después de asumir la presidencia, le pondría un candado a la jaula de la creatividad en Cuba. Si no se enmienda, todo artista deberá tener permiso de una institución del régimen para poder actuar, exponer o comercializar sus obras.
La disposición, que ha provocado el rechazo incluso entre creadores oficiales, tiene un antecedente: “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, ningún derecho”, la máxima pronunciada por Fidel Castro en el encuentro que sostuvo con un grupo de intelectuales en junio de 1961.
Si entonces no quedó ni el más mínimo resquicio para la independencia política de los creadores, dejándolos encerrados en la jaula de la “fidelidad a la revolución”; ahora se le pondría un cerrojo administrativo, asegurándose de que nadie pueda producir una obra sin la previa autorización de un censor. 
En un comentario publicado en su blog, Segunda Cita, Silvio Rodríguez especuló que “el Decreto 349 fue algo que le pusieron delante a nuestro Presidente [Díaz-Canel] para que lo firmara, sin haber sido discutido entre los artistas”. “Fue algo cocinado entre pocos”, afirmó.
El actor Luis Alberto García, en un breve post que enmarcó en negro en Facebook, se refirió al embate oficial contra los creadores que, dentro de Cuba, se oponen al decreto: “La Jiribilla y sus secuaces: a diestra y siniestra (más bien a la siniestra) escupiendo y denostando a creadores y artistas que no se agachan”.
El decreto 349, además de exigirle a los artistas un permiso para poder crear, le da potestad a los funcionarios de las instituciones culturales a censurar obras y contenidos que consideren violentos, pornográficos, discriminatorios u ofensivos hacia los símbolos patrios.
Ya no estamos en 1961. El mundo es otro. Aunque Cuba ha permanecido prácticamente inmóvil durante demasiados años, en algún momento tendrá que empezar a moverse. Si es cierto que —como asegura Silvio— Díaz-Canel no sabía lo que estaba firmando, son los artistas los que deben insistir hasta que se enteren bien (él y el mundo). 
El cineasta Miguel Coyula, realizador de Memorias del desarrollo (2010) y el premiado documental Nadie (2017), también se manifestó en su muro de Facebook contra el Decreto 349. Lo hizo con una foto donde aparece junto a su esposa, la actriz Lynn Cruz.
La imagen que publicó Coyula, quien crea en Cuba al margen de las instituciones gubernamentales, incumpliría las nuevas reglas de la censura y, por ende, lo convierte en un delincuente. Manifestaciones como esa son la llave que abrirá el candado del infame Decreto 349.
El hecho de que ya la revolución sea incapaz de crear, no puede significar, bajo ninguna circunstancia, que los cubanos también dejen de hacerlo.

25 noviembre 2018

Chapucerías, eufemismos y oprobios del régimen cubano

© Alen Lauzán.
Comercializadora de Servicios Médicos, así se llama la “sociedad anónima cubana que negoció con el gobierno de Brasil el Programa Más Médicos. Tratándose de un régimen tan dado a los eufemismos, llama la atención un nombre tan literal. 
En cables diplomáticos a los que tuvo acceso Diario de Cuba, queda al descubierto la negociación confidencial (para mantener al margen a la comunidad médica de Brasil) y la contratación de los médicos (es falso que viajaran como becarios). 
Los cables publicados también prueban que el gobierno de Brasil siempre estuvo de acuerdo en que el régimen cubano se quedara con más de 70% del salario de esos trabajadores de la salud y que, mediante una cláusula, estuvieran impedidos de ejercer la medicina fuera del acuerdo “bilateral”.
Como intermediaria de esta trama de esclavitud moderna, fungió la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Esto permitió, como apunta Diario de Cuba, “esquivar dificultades políticas y jurídicas tales como el control del Congreso brasileño”.
El régimen de Cuba siempre ha hecho un uso muy eficaz de los eufemismos. A una guerra civil le llamó “Lucha Contra Bandidos”. Al fracaso de un desembarco de opositores que nunca recibieron el apoyo prometido por Estados Unidos, “la primera derrota del imperialismo yanqui en América”. 
Con el mismo desparpajo que se le llamó “Periodo Especial” a la peor crisis económica en la historia del país, a los médicos rehenes (se les impide ejercer fuera del Programa y reunirse con sus familias si lo abandonan) y esclavos, se le llama “internacionalistas” y “solidarios”. 
Solo la chapucería los delata. La Comercializadora de Servicios Médicos deja claro cuáles eran las verdaderas intenciones, lo que en verdad significan los hechos cuando se le despoja de la falsedad y se les devuelve el oprobioso fin por el que fueron concebidos.