14 noviembre 2007

Cantinflas y tintanes

Escriben como hablaba Cantinflas y hablan con el acento de Tintán, pero con la voz engolada. En teoría, son idealistas y antiimperialistas, pero no tienen el más mínimo reparo en hacer algún que otro “trabajito sucio” para un capitalista, sobre todo si eso les garantiza un mes de whisky o una quincena de salmón ahumado.
Hablan de la “revolución cubana” como si la conocieran. Citan al Comandante en Jefe de memoria y describen con orgullo una realidad que no es posible ni en las obras más optimistas de Mijail Shólojov. Todo lo que saben de Cuba, es un panfleto irreal y bucólico que ni ellos, si tienen un ápice de sentido común, se pueden tragar.
Como siempre necesitan adorar a un santo, ahora, es de esperarse, son chavistas y veneran al bufonesco líder como si se tratara del nuevo Mesías. Lo peor de esos cantinflas y tintanes no es lo que dicen, ni siquiera lo que escriben (casi nadie los oye y sólo ellos se leen), lo malo es la manera en que despilfarran a la palabra revolución, el sentido que le restan a un término que sumaba tanto.

13 noviembre 2007

Releyendo a Norman

Releer es un acto mucho más placentero que leer. Uno sólo vuelve a los libros que no es capaz de abandonar. En algún momento, desarrollé una especie de adicción por ciertas obras de Truman Capote y Norman Mailer.
Cuando se nace en una tradición literaria demasiado proclive al adorno y al barroquismo, las páginas de Capote y Mailer resultaban una vacuna demasiado eficaz. Por eso, durante mucho tiempo y sin ningún éxito, traté de acercarme a esa modo tan límpido que tenían ellos de decir lo que había decir sin dar el más mínimo rodeo.
Cuando supe que Mailer había muerto, abrí uno de sus textos al azar y releí una vez más: “Yo: la máxima palabra del siglo veinte. Si existe una sola palabra que nuestro siglo haya sumado a la potencia del lenguaje, esa palabra es yo. Todo cuanto hemos hecho en este siglo, desde proezas monumentales hasta pesadillas de destrucción humana, fue siempre en función de ese extraordinario estado de la mente que nos autoriza a declararnos seguros de nosotros mismos cuando no lo estamos”.
Releyendo a Norman, despidiéndolo.

06 noviembre 2007

Libertad Wikipedia

Durante siglo, la historia la estuvieron contando los que, de una manera o de otra, vencían. A los perdedores nunca se les concedió la oportunidad de hacer valer su versión de lo ocurrido. Muchas veces ni siquiera se les permitió abrir la boca. debido a eso, hay infinidad de hechos de los que nunca se sabrá lo que realmente sucedió.
Estuvimos leyendo un solo punto de vista en diccionarios y enciclopedias, hasta que Jimmy Jimbo Wales permitió que todos tuvieran la misma oportunidad de pedir la palabra y decir lo que pensaban.
2001 resultó ser una fecha demasiado temprana para que sucedieran los eventos que Stanley Kubrick se imaginó en su Odisea del espacio, pero ese año surgió un proyecto que al célebre cineasta le hubiera encantado conocer.
Con más de ocho millones de artículos en 253 idiomas (298,341 en español), y más de un millón de usuarios registrados, Wikipedia ha alcanzado ya un poder que ni su propio creador imaginó. "Es demasiado poder, pero está en manos del público en general, que es quien aporta sus contenidos, y eso me llena de satisfacción", dijo Wales al diario español El País.
Actualmente, la mayor enciclopedia de acceso libre en Internet está entre las diez web más visitadas del mundo y su crecimiento exponencial no se detiene. Aunque Wales (Huntsville, alabama, 1966) hace hincapié en que debe usarse con cuidado y nunca utilizarse como fuente, es innegable que Wikipedia es el único “libro de texto” donde nunca se cuenta la historia oficial de las cosas.
Esa debe ser la razón por la que la CIA trató de manipular algunos de sus contenidos y países como Pakistán, Corea del Norte y Cuba les prohíben a sus ciudadanos cualquier consulta.

21 octubre 2007

Del mismo mono

James Watson, uno de los hombres que desentrañó la estructura del ADN, acaba de provocar una oleada de indignación con una sola frase: “Nuestras políticas sociales se basan en el hecho de que la inteligencia de los africanos es igual a la nuestra, cuando todas las pruebas indican que en realidad no es así”.
No hay que ser Premio Nobel para llegar a la conclusión de que esa “teoría” es científicamente estúpida. A favor de Watson, que mereció el Premio de la Academia Sueca en 1953, sólo pudiéramos aducir una excusa. Tenemos evidencias recientes de otros hombres brillantes que, al llegar a la senilidad, se han puesto a reflexionar sobre un sinnúmero de sandeces.
Watson no es el primer científico que trata de probar que el coeficiente de inteligencia de los blancos es superior al de los negros. Eso no es lo que preocupa, lo que indigna. La infamia está en el caldo de cultivo, en esos sectores que necesitan creerse una raza superior para poder afirmarse a sí mismos.
Pero todos, hasta el mismísimo Watson, saben que en el fondo hay algo que es elemental: venimos del mismo mono.

17 octubre 2007

Lo que queda

Nadie le ha dicho, al parecer no le han advertido, pero eso es lo que queda. Esas imágenes ya son imborrables. Por eso en cuanto reapareció ya no era reconocible. Su imagen ya no es más su imagen. En mi cabeza empezó a sonar la voz de Barbarito Diez y los cuentos que me contaron del mendigo más famoso de La Habana: "¡Miren quien viene por ahí, el Caballero de París!". Eso es todo lo que paso, eso y una extraña mezcla de burla con compasión que por más que se trate, resulta inevitable.

08 octubre 2007

La marca del Che

40 años después de su asesinato en la Quebrada del Yuro, el Che Guevara es en muerte lo que más detestó en vida: una marca capitalista. Su silueta se ha convertido en un souvenir que se reproduce por todo el orbe, desde las calles en ruinas de La Habana hasta las selvas todavía hambrientas de Bolivia. En las tiendas virtuales se ofrecen los más inconcebibles artículos con su efigie y sus mechones de pelo serán subastados por Heritage Auction Galleries.
La revolución que él pretendió hacer por toda Latinoamérica, basada en unos ideales que garantizaran su permanencia, ahora está en manos de un bufonesco militar que compra adeptos con barriles de petróleo. A diferencia de Guevara, Chávez no necesita de las ideologías. Los modelos de Cristina y Don Francisco le son más útiles que Marx y Lenin para su reality show.
Los hijos y los nietos de los campesinos bolivianos que en Ñancahuazú le negaron cualquier ayuda, ahora viven del turismo que genera “La ruta del Che”. Aunque era un ateo acérrimo, no pocos lo quieren convertir en un santo y dicen tener pruebas de sus milagros. En Santa Clara, a pocos pasos de sus presuntos restos, se venden unos ceniceros con él en el fondo, de pie y con el brazo en cabestrillo, todavía listo para un combate en el que ya no puede hacer nada.