13 diciembre 2022
Las luces de Arecibo
Me despertaste con un grito
porque creías
que ya no podías respirar.
Cruzábamos
el exaltado canal
que media
entra las dos islas.
Las luces de Arecibo
se habían quedado
bien atrás,
confundiéndose
con un cielo
lleno de estrellas.
Comentamos lo largo
que resulta siempre
el camino
de regreso a casa.
Luego me dijiste
que lo repetirías todo,
de principio a fin.
Exhaustos,
bajamos al camarote
y encendimos el televisor
para quedarnos dormidos.
Me despertaste con un grito
porque creías
estar debajo del agua.
Aliviada,
hundiste la cabeza en mi pecho.
Traté de acompañarte
en el sueño, pero no pude.
Desvelado,
busqué la escotilla.
Afuera, las constelaciones
imitaban a las luces de Arecibo.
07 diciembre 2022
Los compadres
“No me dejes llorar”, le pidió mi madre a Freddy Ginebra aquella mañana de diciembre de 2001. Estaban en el aeropuerto de La Habana y Lérida se despedía de su única nieta. Ana Rosario viajaba con aquel “extraño” a Santo Domingo, donde la esperábamos sus padres.
Hoy Freddy me volvió a contar, por enésima vez, aquella escena. Cuando se aseguró de que mi madre ya no lo veía, del otro lado de los cubículos de Migración, él no pudo más y estalló en llanto. Mi hija, con apenas siete años, no alcanzaba a comprender la gravedad de lo que sucedía y permaneció en silencio.
21 años después, antes de casarse, Ana Rosario ha decidido bautizarse. Ni su madre ni yo le inculcamos nunca ninguna creencia. Preferimos que ella eligiera por sí misma y, a sus 29, ha querido hacer la comunión para fundar una familia. Desde que era niña, Freddy y su esposa Miry se habían ofrecido como padrinos.
Fijar la fecha del bautizo fue más que difícil. Primero queríamos que fuera en el Monasterio Cisterciense de Jarabacoa. Pero cuando los monjes podían, los padrinos no… Y viceversa. Luego, optamos por el Monasterio de los Dominicos de Santo Domingo.
Gracias a la paciencia del padre Pepe, después de incontables intentos, por fin logramos un día en que todos podíamos. Lezama Lima diría que es azar concurrente, pero según Freddy es una señal. Resultó que la fecha elegida coincide con la de aquel día de diciembre en que mi madre pidió que no la dejaran llorar.
—Ya no me puedes decir más Freduco —me dijo hoy, mientras almorzábamos en un hotel junto a dos queridos amigos.
—¿Y por qué? —le pregunté alarmado.
—Porque a partir de mañana vamos a ser compadres.
Aunque siempre que estamos juntos nos damos muchos abrazos, hoy nos dimos uno larguísimo. Luego nos reímos como niños, mientras nos llamábamos compadre mutuamente. Solo siento que mi madre no alcanzara a ver a su nieta decidir bautizarse, algo que ella siempre quiso que hiciéramos.
Por eso mañana, cuando esté celebrando con mi compadre, tendré que pedirle que no me deje llorar.
30 noviembre 2022
Travesías
Mi padre me enseñó las lomas de Manicaragua en un viejo Jeep Willys. A esos viajes a Guanayara, Pico Blanco, Jibacoa o La Lima le debo mi gran pasión por las montañas. Por eso, cuando andamos en nuestro Jeep por la Cordillera Central dominicana, me imagino subiéndolo a un barco y llevándolo a conocer el Escambray de mi infancia.
Como un ensayo de esa aventura, que solo podría ocurrir en una Cuba libre, lo llevamos en las bodegas del ferry Kydon a conocer las rutas puertorriqueñas. Fue una experiencia inolvidable. Ahora solo deseo ver, en lugar de los carteles de Carolina, Bayamón o Aibonito, los de Hanabanilla, El Nicho o Topes de Collantes.
22 noviembre 2022
Yo pisaré las calles nuevamente
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| © Mario García Joya, años 70. |
Soy un hombre que fue creciendo con las canciones de Pablo Milanés. Incontables veces he acudido a ellas para que me acompañen, ayuden o alivien. Otras, en que han sido ellas las que me han salido al paso de una manera inesperada, han acabado cumpliendo el mismo cometido.
Desde mi niñez hasta hoy, he asociado su voz con la esencia del lugar de donde vengo. En cada uno de sus discos, desde el primero hasta el último, hay piezas que no pueden faltar en la banda sonora de mi vida. No olvido la primera vez que asistí a un concierto suyo: parque Martí de Cienfuegos, verano de 1983.
Aquella noche, por muchas razones, cambió mi vida. Pero sin las canciones de Pablo (y de Silvio, que también estaba allí) no hubiera sido lo mismo, porque fueron ellas quienes inspiraron todo lo demás. Asistí a su último concierto en Santo Domingo. A mis 55, canté como un adolescente.
Poco a poco fui dejando de creer en todo, pero nunca pude dejar de creer en Pablo. No me atrevería a pedirle más de lo que dio, porque fue demasiado. Siempre admiraré y estaré agradecido de ese último gesto suyo, al admitir con valentía que la causa por la que muchos de sus versos clamaron había fracasado.
El domingo en la tarde, mientras volvíamos de Portillo, Diana puso a Pablo en el Jeep. Me pareció raro, porque llovía a cántaros y no solemos oír música durante los aguaceros (los dos preferimos ese sonido a cualquier otro). En un momento en que solo sonaba el piano de Emiliano Salvador, pensé en todo esto.
Yo pisaré las calles nuevamente de lo que fue La Habana y, en una hermosa plaza liberada, pondré a Pablo para llorar por los ausentes.
13 noviembre 2022
Reencontrarse y celebrar
Freddy Ginebra, mi padre dominicano, no se cansa de repetir que a la vida más que vivirla hay que celebrarla. Siendo fiel a su prédica, ayer celebré junto a dos queridos amigos.
Raúl Martin y yo estudiamos teatro en la Cuba de los 80. Fuimos (perdonen la petulancia) los únicos dos de nuestra promoción que nos graduamos con Diploma de Oro.
Ayer, mientras preparábamos el escenario de Casa de Teatro para el concierto de Lázaro Horta, nos hizo mucha gracia vernos como en los años de Cubanacán: poniendo luces, cargando utilería y haciendo una escenografía de la nada.
A Lázaro también lo quiero desde los 80 y de aquella Matanzas a la que me llevaron las Ediciones Vigía y el corazón artesano de Alfredo Zaldívar. Desde entonces me acompañan sus canciones y su inconmesurable talento.
Ese es uno de los grandes privilegios de hacerse mayor: poderse dar el lujo de tener amigos de más de 30 años con los que uno pueda reencontrarse y celebrar la vida.
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