10 febrero 2010

Cambio de dirección

Supongamos que los gobiernos de Cuba y Venezuela no nos están mintiendo. Imagínense que el motivo del viaje que Ramiro Valdés hizo a Caracas era, en verdad, para ayudar a Hugo Chávez a encontrar la solución de la crisis energética que sufre ese país y no, como todos sospechamos desde el primer momento, para afinar las técnicas represivas contra la ya incontenible oposición.

Seamos optimistas y celebremos ese cambio de oficio del afamado perseguidor cubano. Es más, veamos cómo esa experiencia podría extenderse a otros individuos. Imagínense que Manuel Enrique Lagarde, en lugar de pasarse el día entero cayéndole atrás a Yoani Sánchez, invierta ese tiempo en denunciar a los ministros corruptos y a todos los individuos que sujetan la rueda de la economía cubana para que no se mueva “ni un tantito así”.

Cierren los ojos por un momento y vean a un Enrique Ubieta que por fin ha entendido la importancia de las redes sociales y, en lugar de hablar tantas sandeces de Twitter, se ha convertido en el principal promotor del derecho de todos los cubanos a tener un libre acceso a internet. Supongan a un Miguel Barnet que dejó de pasear por el mundo con sus perros de peluche y ahora defiende con devoción el derecho de todos sus compatriotas a viajar con libertad y a regresar a su patria cuando quieran.

No es tan difícil. Bastaría con un cambio de oficio o, al menos, de dirección en las intenciones. Esas pequeñas acciones contribuiría a ponerle freno a la caída libre de Cuba hacia la edad de piedra, ayudarían a que el país comenzara a ascender, poco a poco, hacia un siglo XXI donde por lo menos una promesa se nos haga realidad.

08 febrero 2010

Las canciones que me llevarán hasta allí

En las próximas semanas, tres individuos que suelen hacerme compañía cuando viajo en Perla Negra (Silvio Rodríguez, Joan Manuel Serrat y Jorge Drexler) presentarán sus más recientes trabajos discográficos. Una de las cosas que más extraño de mi antigua camaradería con Tommy la Culebra, es justamente esa, la obsesión que compartíamos por tratar de conseguir lo antes posible esas obras que renuevan el arsenal sonoro de nuestros vehículos.

Segunda cita, el nuevo disco de Silvio, es el que menos me entusiasma de los tres. Por culpa de los adelantos que el propio trovador ha hecho, ya conozco todas las letras y algunas de ellas, francamente, son decepcionantes. Aunque el texto es solo el 50% de una canción, lo que se dice ahí no me moviliza ni me toca. Pero eso no quiere decir nada. Buscaré el disco y lo compraré en cuanto lo tenga a mano. Diga lo que diga y cante lo que cante, Silvio es una de las cosas de mi país de las que nunca podré prescindir.

Hijo de la luz y de la sombra es la forma que le dio Joan Manuel Serrat al cumpleaños número cien del poeta Miguel Hernández. Al igual que Silvio, Serrat hizo pública una carta donde adelanta el contenido del disco y las razones que tuvo para hacerlo. Esta obra, según el propio cantautor, “es una prolongación del disco que apareció en 1972 y también un complemento”. Falta averiguar si conserva la frescura, el ingenio y el sabor a obra maestra de aquel.

Amar la trama es la prueba de que, tratándose de Jorge Drexler, todo se transforma. El nuevo disco del cantautor uruguayo fue grabado en vivo en un estudio de televisión y en presencia de algunas decenas de testigos. Según uno de esos elegidos, el autor del blog Rosas & Mosquitos, los doce temas contienen “un sonido diferente, más luces que sombras, vientos por doquier, percusión de altos vuelos y los toques personales del universo Drexler”.

No he oído ninguno de los tres discos, pero desde ya puedo asegurar que el de Drexler será el que más sonará dentro de Perla Negra. Todo está en saber armar la trama.

Caracas es más insegura que Bagdad

La violencia callejera se ha cobrado, en los últimos 10 años, la vida de 150,000 venezolanos. Esa cifra es superior a las bajas combinadas de civiles y militares en la guerra de Irak desde el 2003. Todos los días la prensa actualiza el conteo de víctimas por atentados en Bagdad. De los caídos en Caracas, sin embargo, poco se dice. ¿Cuándo un millar de muertos es noticia y cuándo no? Lo increíble es que en la capital venezolana, a pesar de que Hugo Chávez habla sin parar de cañones y beligerancias, aún hay paz.

El 2010 será un año muy duro para la economía venezolana. El uso festinado de los 3 mil millones de dólares que ha recibido el país, ha provocado una inflación que podría superar este año el 50%, algo inaudito si se toma en cuenta los altos precios que ha mantenido el petróleo en los mercados internacionales. Pero todas esas adversidades no parecen amedrentar a Hugo, quien luce cada vez más poseído por la egolatría y el disparate.

Ayer, en su programa Aló Presidente, caminó rodeado de acólitos por la plaza Bolívar. Con mirada de prócer, señaló una de las casas que rodea el sitio y recordó que allí había vivido Simón Bolívar en su juventud. Cuando se enteró de que ahora estaba ocupada por varios negocios privados, reaccionó tajante: "¡Exprópiese!", dijo sin detenerse ni por un segundo, inapelable.

Mañana las autoridades del municipio le darán curso al mandato de Chávez. Donde ahora hay tiendas y joyerías, pronto habrá un museo. Así en los símbolos como en la realidad, en Caracas viven con más tranquilidad los muertos; ya sea un celebérrimo libertador o una víctima anónima de un asalto a mano armada.

06 febrero 2010

Mi loca bajita

Durante años traté de inculcarle mis gustos musicales a Ana Rosario. Era una cuestión de nostalgia. Cuando era adolescente, allá en el Paradero de Camarones, jugaba a adivinar danzones con mis abuelos mientras mis contemporáneos oían a Eagles o a Queen. Ellos se vanagloriaban de ser pepillos y me acusaban de cheo porque me gustaba la orquesta Aragón y Benny Moré y el Trío Matamoros y María Teresa Vera y toda aquella música que no me correspondía, que no me tocaba, que era de otros.

En vano traté de que Ana Rosario me acompañara en mis largas audiciones de Silvio (“Papá, ya ni ese tipo cree en lo que está diciendo”, me decía). Luego, cuando logró convencerme en lo de la descreencia, hice lo imposible porque se quedara mientras oía a Fito Páez (“Oigo una canción si después tú te quedas conmigo un disco entero de Green Day”, negociaba). Lo más que logré fueron algunas frases de Sabina y dos o tres cosas sueltas de Calamaro.

Pero el día menos pensado descubrí que por fin teníamos un punto en común. Poco a poco, sin que nadie se diera cuenta, Nené se convirtió en una fanática de Serrat. Nunca me he atrevido a preguntarle por qué ni cómo. Sus razones tendrá, tratándose de Joan Manuel siempre sobran los motivos. Hace unas semanas me confesó que había escondido un disco en una tienda. Era el único que quedaba y esas eran las versiones que más le gustaban de “Mediterráneo”, “Pueblo Blanco” y “Lucía”.

Lo encontré justo donde ella lo había dejado. Cuando pagué, la cajera me preguntó de qué me reía. “De mi loca bajita”, le dije a sabiendas de que no iba a entender ni pío.

03 febrero 2010

Ramiro, el electrónico

Ramiro Valdés, el actual ministro cubano de Tecnología, fue enviado por Fidel Castro a Caracas para dirigir un equipo que hará frente a la grave crisis eléctrica que afecta a Venezuela. Desde que bajó de la Sierra Maestra, en enero de 1959, Valdés sólo ha encabezado ministerios o empresas cuya encomienda, de manera directa o indirecta, es la represión.

“Está con nosotros uno de los héroes de la revolución cubana”, dijo Hugo Chávez al anunciar la estadía del comandante Valdés y el objetivo de su misión. Lo más cerca que habrá estado Ramiro de un debate sobre kilovatios, debe haber sido a la hora de discutir las descargas que se les aplicarían a sus prisioneros.

Es cierto que la ineptitud del gobierno bolivariano ha provocado una inexplicable crisis energética en el quinto productor mundial de petróleo. Pero hay otro problema mucho más urgente para Hugo Chávez en estos momentos y es el rápido auge de las protestas masivas en todo el país.

Si en algo es especialista Ramiro Valdés, es en generar las más sofisticadas técnicas de persecución. Los órganos bajo su mando, han logrado acallar, con una eficacia casi perfecta, cualquier intento de cualquier cubano de disentir en público y manifestar su desacuerdo con la dictadura.

En la televisión cubana, a mediados de los años ochenta, pasaron Las aventuras del electrónico, una historia donde un científico soviético construía un robot a imagen y semejanza de su alumno Sergey Syroezhkibn. Al escaparse del laboratorio, el androide se encuentra con el niño que inspiró su apariencia y se desatan una serie de entuertos.

A Caracas llegó un solo individuo, pero dentro del “electricista” va escondido el robot, la máquina represiva.

01 febrero 2010

El Salmón regresa

La primera década del siglo XXI fue prodigiosa para Andrés Calamaro. “Mi decadrón”, la definió él mismo, con esa agilidad que tiene para romper y armar cualquier tipo de palabra. Todo empezó con El salmón (2000), el maratónico álbum de 5 cd's, y acabó en La lengua popular (2007), una obra estricta donde no sobra ni falta casi nada.

El cantante (2004), El regreso (2005), Tinta roja (2006) y El palacio de las flores (2006) son las otras piezas que consagraron a Calamaro como el “artista argentino de la década”. Aunque son diez años de trabajo sin parar, él se atreve a señalar en el almanaque el trecho más productivo: “Creo que mi logro indescifrable fue aquel repertorio narcótico de cientos de canciones escritas entre los primeros días del siglo y los siguientes...”, precisó hace poco en una entrevista.

Cualquier creador estaría más que satisfecho con todo lo conseguido por el autor de "Empanada de vigilia". Porque a lo ya enumerado, habría que sumar Dos son multitud (2007), un disco en vivo que grabó junto a Fito & Fitipaldis, y Obras incompletas (2009), una abundante antología que, como su nombre lo indica, aún resulta insuficiente.

Pero el pasado viernes, en su blog, Andrés anunció que ya está en “studiotimes”. No da ningún avance, no ofrece detalle alguno, apenas publica una foto (donde aparece junto a Candy Caramelo frente a una consola) y admite que, después de ensayos y grabaciones, puede confirmar que está produciendo un nuevo disco.

Así termina su post: “En unos pocos meses me gustaría compartir con ustedes los contenidos de este álbum. Tomando en cuenta los últimos sucesos de la poesía... me urge...”. Así también termina el mío, compañeros de historia.

29 enero 2010

Haciendo guardia por lo cubano

La casa natal de José Martí es también la casa natal de Israel López. Por eso es doblemente buena la idea de que un grupo de poetas y trovadores espere allí el 28 de enero. Tanto la obra del Apóstol como la de Cachao son dos de las expresiones más cubanas que se han conseguido desde que los cubanos aprendieron a expresarse.

Me hubiera gustado pasarme esa noche en ese parquecito. Sobre todo porque justo en frente está la Estación Central. Ya en la madrugada, habría intentando cualquier cosa para resolver un pasaje y montarme en el primer tren que saliera en dirección al centro de la Isla.

Todo esto se me ocurrió cuando encontré a Bladimir Zamora sentado en el centro del convite, sujetando un tabaco y un trago de ron cualquiera con la misma mano. Envidio a los que estuvieron allí esa noche, no conozco sus poemas ni sus trovas; pero el solo hecho de poder pasarme las horas en vela, junto al Bladi, mientras él hacía su guardia por lo cubano, lo justifica todo.

De vuelta al guardián del centeno

Desde Nueva York, Juan Carlos Recio me hizo llegar este poema que se le ocurrió después de leer mi último post. Escribo en El Fogonero con la intención de provocar múltiples reacciones, pero nunca me pasó por la cabeza la idea de que alguien quedara tan inspirado que alcanzara a escribir siquiera un verso. Como antes de ser cualquier cosa traté de ser poeta, este suceso me hace demasiado feliz y por eso lo comparto con tanta algarabía.

CV

¿Acaso no matan a los caballos?

H. Mc

(Inspirado por el post: “Salinger no pudo seguir siendo

el guardián de Salinger”) de Camilo Venegas

Si un cuerpo atrapa a otro cuerpo al ir por un trigal…

de saber si asomaste contra la espiga

escondido en esos laberintos

improvisados, de bruces al cielo

con la espalda en la humedad del abandono

de guardián que cayó tras sus orejas

y lejos, muy lejos padecía;

de saber que eras mi guardián en el centeno

que aún era un adolescente y me babeaba

sin que me entendieran

cuando me iba alejando de los próceres de la familia

y cuando anidaba como un pájaro

y la paja seca me encendía los ojos

y miraba por ello cuan dulce era mi abismo.

Era entonces mitad Seymour Glass

antes del regreso

y Tom Sawyer con Becky en la cueva:

pez, plátano, humo, temblor,

ante sus muslos colgados

en el andén del pueblo;

al menos un sueño que tenía

por muchos años mientras patinaba sobre el hielo

el imposible hielo de mis días

pudriendo.

Ahora río ante un negro taxista

en el amarillo desde donde refleja

esa pregunta absurda

¿adónde se van los pasos de un muerto

con los pies de bañista

a punta de un revolver en la cabeza?

¿Dónde van las flores marchitas

después que en los funerales las mostraron

como putas ardientes de cualquier ceremonia?

y los patos, que no cisnes, los patos…

¿adónde van los patos

que pasaron en vuelos rasantes por mi ombligo?;

el patio del colegio la nariz que sangra

y el absurdo de masturbarse de la fiebre

como si no fuera justo salvarnos antes del alba.

De saber que es cierto si también matan a los caballos

nunca me hubiese detenido

ante la ruleta rusa

esa historia tan honda de llorar cuando me río

fuera de alguna de las tuyas desde donde espías

largas noches en vela

uno a uno en la grieta de los labios

parados con estirpe, como boca de cazador

y la ceniza contra el piso

las manos en la pared

mientras escucho sobre el techo de la casa

a los hijos de mis vecinos

dibujados tal vez en los caminos ocultos

como guardianes del sereno

usados en contra de su soledad

sin dejarme dormir

como si un látigo marcara mis fatigas.

Juan Carlos Recio NY/ Viernes 29 de Enero del 2010

28 enero 2010

Salinger no pudo seguir siendo el guardián de Salinger

El 28 de enero de 2010 será uno de los tantos días del siglo XXI que han matado cosas del siglo XX. A partir de hoy, ningún otro escritor logrará entrar en la posteridad escondiéndose de sus lectores y negándose a escribir ni media palabra.

De ahora en adelante será imposible hacerse célebre sin asomarse todos los días a Twitter o dar las buenas noches en Facebook. Para mantenerse vigente, habrá que estar diciendo cosas relevantes a toda hora, algo que Jerome David Salinger detestaba de una manera rabiosa.

Antes de convertirse en un mito en 1951, cuando publicó El guardián en el centeno (The Catcher in the Rye), J.D. fue muchas cosas: pésimo alumno, escritor de cuentos que eran rechazados sin excepción por las mejores revistas de la época (hasta que por fin The New Yorker publicó uno de sus relatos en 1946), espía en Londres, soldado en Normandía y perseguidor de agentes de la Gestapo y colaboracionistas en Francia.

“Un día perfecto para el pez plátano” (1948) fue el cuento perfecto que convirtió a Salinger en alguien imprescindible en cualquier antología de relatos. Pero él, en lugar de regodearse en la fama, prefirió parecerse a su gran héroe, Seymour Glass, un veterano de guerra con vocación suicida, y renunció a la vida pública de una manera tajante.

Lo compararon con Twain, Hawthorne, Melville o Scott Fitzgerald, pero él en verdad fue nada más y nada menos que él mismo. Nunca la tragedia fue tan cómica como en sus historias, donde la gente se ríe cuando llora y llora cuando no le queda más remedio que reír. Siempre tuvimos la esperanza de que escribiera algo más. Ojalá que aparezca algún manuscrito en uno de sus escondites. Pero por ahora lo único cierto es que Salinger no pudo seguir siendo el guardián de Salinger.