27 noviembre 2006

Los fantasmas de Milos Forman

Milos Forman acaba de realizar Los fantasmas de Goya y, a propósito de la película, ha tenido que volver una y otra vez a los fantasmas de su propio pasado. Forman huyó de Checoslovaquia en mayo de 1968, en medio de una primavera donde los tanque soviéticos llegaron antes que el primer aguacero.
Escondido en un tren nocturno, Forman llegó a París, buscando un sitio donde darle continuidad a su obra cinematográfica con entera libertad. En una reciente entrevista, el cineasta recordó aquellos días en que París le recibió con los brazos cruzados. Muchos intelectuales no lograron comprender su actitud y se manifestaron públicamente en su contra.
“Los entendía perfectamente, porque ellos nunca habían vivido en una sociedad totalitaria. No tenían ni idea de cómo la justa revolución socialista había desembocado en esos aterradores regímenes totalitarios cuyo sistema se basa en un único partido”, recordó el director de Amadeus.
Después de una carcajada, Forman revivió con tristeza aquellas escenas donde siempre acababa preguntándose lo mismo: “¿Cómo toda esta gente tan creativa, tan inteligente, está intentando imponer banderas que la gente joven de mi país está luchando por arrancar?”. Casi cincuenta años después los fantasmas de Milos siguen siendo los mismos que Goya y tuvo siglos atrás.
Por fortuna, el cineasta ha sabido convivir con ellos y ya no lo espantan. Sólo recuerda aquel horror cuando le preguntan. “Al fin y al cabo ya yo he vuelto a ser ciudadano checo y mi país está decidido a olvidar todo aquello”, dijo antes de prender fuego a su cigarro y envolverse en humo.

25 noviembre 2006

Los reyes desterrados

Yo nací en un país donde la Navidad estaba prohibida. En 1970 a Fidel Castro se le metió entre ceja y ceja que Cuba era capaz de producir diez millones de toneladas de azúcar. El capricho imposible, además de acabar con casi toda la infraestructura del país, les costó el destierro a Melchor, Gaspar y Baltasar.
Mujeres y hombres tuvieron que irse a cortar caña, dejando atrás las piras donde ardían bolas de cristal, camellos de yeso y pinos artificiales. Esa era la razón por la que mi abuela Atlántida pronunciaba la palabra “Nochebuena” en voz muy baja, para que nadie supiera que ella aún la recordaba.
No olvido que los 24 de diciembre, cuando servía a la mesa lo que hubiera, me contaba los olores y los sabores de las cenas de “antes”, que era la palabra que ella utilizaba para referirse al país que se acabó el 1 de enero de 1959. Todavía hoy no sé pronunciar la palabra Navidad en voz alta. Ayudo a mi hija en las conexiones eléctricas del arbolito y a colgar los adornos más altos. Pero nada más.
Si soy del todo honesto, esta época del año me aturde. No logro sobreponerme al recuerdo de mi abuela, reconstruyendo olores, sabores y canciones sobre una mesa vacía y en silencio.

19 noviembre 2006

Identidades

Casi nadie es como los demás lo pintan. Por lo regular, no hay nada que se aleje más de un individuo que esa idea preconcebida que nos hacemos de él. Las identidades no son algo que se puedan definir con al precisión matemática de los solsticios o los eclipses. Las identidades se van conformando a través de las vivencias comunes y corrientes, esas que luego, con el paso de los siglos, empieza a llamarse tradición, historia, cultura...
Tratar de descifrar a uno, a cien, a miles o a millones de individuos a través de una identidad determinada, puede ser tan erróneo como ignorar esas señales casi indescifrables que siempre nos distinguen del resto. Recuerdo una larga conversación que tuve con Silvio Torres Saillant sobre eso. “El hecho de que ahora me guste más el Shiraz australiano que el mabí seibano, no quiere decir que esté dejando de ser yo. Todo lo contrario. Cada nueva experiencia me reafirma más como lo que soy”, dijo Silvio con su peculiar manera de enfatizar.
No a todos los dominicanos les gusta el mangú, ni todos los cubanos saben bailar, ni todos los franceses son petulantes, ni todos los ingleses tiene un fino sentido del humor, ni todos los argentinos son egocéntricos, ni todos los irlandeses beben cerveza, ni todos los turcos son negociantes. En cambio tú eres demasiado fiel a lo que me imaginé el primer día, por eso insisto en permanecer a tu lado.

16 noviembre 2006

Los cultos del "paradiso"

Los escritos de José Martí se han parafraseado demasiado. De uno de esos juegos de palabras salió “Ser cultos para ser libres”, una consigna que cuelga por toda Cuba. Recientemente, Fidel Castro afirmó que el pueblo que ha gobernado por más de cuarenta años es uno de los más cultos del mundo.
A pesar de que Fidel no se ha cansado de pregonar su convicción marxista a los cuatro vientos, prefiere evaluar el nivel cultural de los suyos con una unidad de medida burguesa; la cual le permite dejar por sentado que si un campesino cubano sabe quién es Shakespeare, es mucho más culto que un dominicano que sólo conoce la poesía del Ciego de Nagua.
Ahora, si de verdad se quiere promover la gran "cultura” cubana, bien se pudieran enviar artistas y creadores como agregados culturales, en lugar de policías encubiertos que cuando se les habla de Paradiso, creen que se trata de un hotel en Varadero y no de la novela de José Lezama Lima.

05 noviembre 2006

Sadam y la soga

Sadam Husein ha sido sentenciado a morir en la horca por apenas uno de sus incontables actos criminales. El anuncio de la condena ha desunido aún más al pueblo iraquí: Mientras los chiítas y los curdos celebran, los suníes lloran y juran venganza.
El hecho de que Sadam ya tenga la soga al cuello, no significa el fin del horror en Irak. La creciente violencia sectaria y la cada vez más confusa realidad, han empantanado al ejército invasor y tienen al país a un paso de la guerra civil.
La muerte de un dictador nunca significa el fin de los pavores que provocó su dictadura. Un tirón del cuello, un disparo a la cabeza o una enfermedad incurable le ponen fin al individuo, pero no le devuelven a los pueblos todo lo perdido.
Las divisiones, los rencores, el dolor, el odio y la miseria perduran mucho más que el hombre que las infligió, sin pudor alguno, en la memoria colectiva de los suyos.

01 noviembre 2006

En el medio del centro

“Es que sólo ahí se puede estar, en el medio del centro”, me escribió un amigo desde su lejana casa, en unos de los peñascos canarios. Saco esa línea de la conversación que sostuvimos por el Messenger, a propósito de una entrevista a Anthony Giddens que apareció hace dos semanas en EP[S].
Giddens es considerado el sociólogo más importante de su generación en el Reino Unido y recibió el Premio Príncipe de Asturias, en 2002, por sus aportes “al debate y renovación de las ideas políticas, planteando una armonización entre las exigencias del mercado internacional y los problemas sociales, a partir de nuevas vías de reflexión y actuación democrática”.
Pero el gran mérito de Giddens es el de haber propuesto una de las “salida de emergencia” más coherentes para los que rehúyen de la fosilización y las incoherencias que padece la izquierda. “La tercera vía es para mí algo más amplio: es un intento constante de llevar la izquierda hacia el centro, adaptándola a los cambios que vive el mundo”, repite Giddens.
De isla a isla, con el Atlántico de por medio, mi amigo y yo comentamos la entrevista punto por punto. “Como te dije, es que sólo ahí se puede estar, en el medio del centro”, escribió antes de que se interrumpiera la conversación y cada uno volviera a lo suyo.

20 octubre 2006

La conocen los que la perdieron

Raquel Paiewonsky, una de las artistas dominicanas que más ha trabajado con la palabra libertad en sus obras, acaba de ganar la XXI edición del Concurso de Arte Eduardo León Jimenes. Raquel es producto de una sociedad que se sacude el polvo de dos dictaduras (una a la franca y otra solapada).
El Concurso de Arte Eduardo León Jimenes ha sido, durante sus cuatro décadas de trayectoria, uno de los más constantes impulsores de la creatividad y de la libertad de expresión en República Dominicana. Sin poner otra condición que no sea el talento, este certamen no ha dejado de apoyar a los artistas del país aún en los momentos más graves.
Carlos Palacios, miembro del Jurado de Premiación del XXI Concurso, también se refirió a la libertad de expresión en su conferencia magistral. Con ejemplos en la mano, Palacios reveló las maniobras que los gobiernos de Cuba y Venezuela llevan a cabo en contubernio, por tal de amordazar a sus creadores, sumiéndolos en un discurso unicorde y empobrecedor.
Las palabras de Palacios fueron, además de un enorme aliento para todos los artistas que tienen la posibilidad de participar en espacios abiertos e incluyentes, como lo son el Centro León y el Concurso de Arte, un grito solidario a favor de los que carecen de esos privilegios. Es que a la libertad, como dice Andrés Calamaro, “la conocen los que la perdieron”.

02 octubre 2006

La noche de la iguana


En estos momentos en la Tierra se está produciendo la mayor pérdida de biodiversidad después de la que hubo con la desaparición de los dinosaurios. Más de 16,000 especies se encuentran seriamente amenazadas en todo el planeta. Desde cualquier latitud, día tras día, llegan noticias que corroboran el desastre.
El destino del último ejemplar de cada especie extinta es casi siempre el mismo: una vitrina impoluta en uno de los tantos museos de ciencias naturales. Allí, disecados y maquillados, los animales ofrecen una penosa invocación de lo que fueron en vida. Continuamente vemos incontables documentales sobre la tragedia ecológica en el mundo entero. Pero muchas veces se tiene la idea de que eso sucede lejos de uno: en los casquetes glaciares, en las selvas, en los desiertos o en los océanos que están del otro lado.
Casi siempre actuamos como si nosotros no fuéramos parte del problema y como si fueran otros los que deben resolverlo. Esa puede ser la razón por la que miramos para otra parte cuando un vendedor de pericos nos sale al paso, jaula en mano, a la salida de Santiago. Quizás por eso no decimos nada cuando nos ofrecen el “fresco palmito” en la Mejía Ricart con Lincoln.
De ahí que simulemos no oír cuando nos cuentan que allá, en el Sur, las iguanas que nadie compró duermen a un lado del camino, amarradas a un palo.