31 diciembre 2010

El acto de despedir una década

La primera década que despedí fue la de los ochenta del siglo pasado. Entonces era un estudiante de octavo grado, interno en una escuela provisional que habían hecho en la punta de una loma. Allá en El Nicho, solo nos rodeaba lo más intrincado del Escambray y un río que, después de abalanzarse por un sinnúmero de cascadas, le daba alcance al lago Hanabanilla.
En una plaza que le llamábamos picota, nos reuníamos alrededor de un esplendente radio Selena para escuchar las canciones que estaban de moda en el mundo: “Another One Bites the Dust”, de Queen; “You Shook Me All Night Long”, de AC/DC; “Call Me”, de Blondie; “Celebration”, de Kool & The Gang, y “Starting Over”, de John Lennon, entre muchas otras.
El último día de 1980, antes de que nos llevaran a casa en camiones, nos escapamos para el río. Siempre preferíamos una cascada enorme que ahora han convertido en un atractivo turístico y aparece en muchos álbumes de Flickr. Allí nos sorprendieron los profesores y todos recibimos un duro castigo.
Un muchacho de Cumanayagua, cuyo nombre ya se me extravió, se había hecho un tatuaje con guao (una planta que quema). Por unos días en su piel se pudo leer AC/DC, pero luego aquello se convirtió en una llaga y después en una cicatriz ilegible. Fue uno de los pocos sucesos que ocurrieron dentro de una rutina inquebrantable: por las mañanas trabajábamos en los cafetales y por las tardes íbamos a clases.
Ayer, en Quintas del Bosque, sembramos 2,500 matas de café. Esa es mi manera de despedir la primera década que vivo en República Dominicana. Treinta años después por fin he podido volver a las montañas. Es cierto que no son las mismas y que ya no entiendo la música que está de moda, pero el río al que me escapo ahora es una corriente helada que me devuelve, zambullida tras zambullida, todas las cosas que me hacen cada vez más libre.

29 diciembre 2010

Renuncia

En una entrevista en Buenafuente, Andrés Calamaro renunció a su “progresía”. “Llegué (a España) siendo un progre de toda la vida, un simpatizante de izquierdas, una persona bien pensante… Y me voy de aquí convertido en otra cosa. Tal vez en un hedonista ético, un burgués social, ya veremos en qué…”, dijo el Salmón.
En otra entrevista, también para la televisión, Fito Páez calculó que Joaquín Sabina era un “izquierdista de derechas”. La reflexión de Calamaro fue en respuesta a la prohibición de las corridas de toros en Cataluña. La de Fito, por la inexplicable simpatía de Sabina por el Subcomandante Marcos, ese enmascarado de estambre que se escabulle por las selvas mexicanas.
Hoy en la mañana, para sacudirme la abulia que producen estos días, me puse a leer algunos textos que había apartado para cuando hubiera tiempo de sobra. Algunos de ellos estaban dentro de una revista en la que trabajé, hace ya diez años, en La Habana.
Me sentí tan lejos de todo lo que se decía ahí adentro, tanto en forma como en contenido, que acabé abandonando la lectura. La postergué para días aún más aburridos que este. Fue entonces que recordé las frases de Calamaro y de Fito. No puedo decir a ciencia cierta qué soy además de ser yo mismo, pero ya me es imposible ni siquiera acercarme a lo que fui.
Ya yo también renuncié a mi progresía. Cuando averigüe en qué acabé convirtiéndome, les digo.

28 diciembre 2010

¡Feliz Año Nuevo!

A propósito de Wikileaks y de cómo van los tiempos

Desde hace dos semanas, por muchísimas razones, no he tenido tiempo para ocuparme de El Fogonero. Por eso me alegró tanto que Chago me hiciera llegar esta colaboración desde Madrid. Con este texto celebramos el Día de los Inocentes, esos seres que, como ha demostrado Julian Assange, cada vez tienen menos cabida en este mundo.

Por L. Santiago Méndez Alpízar (Chago)
Luego está su affair, el de Julian Assange, con las chicas en Suecia: todo parece indicar, ya esto lo he dicho, ellas querían de la mitad, hacia delante, nada más.
Cayó el trueno de Wikileaks y prendió el penacho de la "alta política" en un momento de por sí propicio para incendio. A tener en cuenta, comienzo de siglo, final de ciclos de predicciones, crisis de sistemas tanto sociales como económicos, y una sobrepoblación fuera de los límites de la pobreza: más pobres todavía.
De pronto, cae el telón y nos damos cuenta de que tanto Joe Biden como el embajador norteamericano, Eduardo Aguirre, son lo mismo. Que las supuestas diferencias entre George Bush y Barak Hussein Obama, son más bien coyunturales, cuando no, de tipo fisionómico.
Y no te creas, son verdades un poco duras para digestiones sensibles. Pues aunque siempre se ha mantenido una desconfianza sobre cómo se manejan, o por lo menos, se tejen las diferentes crisis bélicas, y por qué. Es enteramente incomparable entrarle a los minuciosos reportes-correos, informes, vídeos -ya existen guías y todo para acceder, clasificado los tienen los diarios- que bien, se publicaron a medias, o se escondieron traperamente. Sobre todo, por aquello de haber sido en nuestro nombre que se produjeron los hechos. Para nuestra seguridad se invadió, se mató, arrasó...A veces y según consta, a personas ajenas que no eran el enemigo, nunca lo fueron.
Estamos viviendo las guerras por cable, pero no teníamos los diálogos de los ejecutores, por lo menos hasta que Wikileals abrió un espacio, una pequeña grieta en esta descomunal farsa a la que ya, tan adiestrados como vamos, ni siquiera se le ha brindado la importancia que tiene. Una rajita, traviesa fuga por donde afloran los pulsos y desperdicios, pero también las esperanzas de algunos implicados, afectados directos por la barbarie, que siempre tiene varios rostros. Porque hay hechos donde importó más esconder la verdad, por dura que fuera, y con absoluta conciencia, que aceptarla, compartirla.
Y porque la prensa hace rato perdió espacio, y ahora puede resultar un cohete, trampolín: pedazo de cosa refractante, bocina. Desnortada y sin exclusivas, el batacazo de los blogs, más todas las iniciativas personales y colectivas en la Web, pusieron en fuera de juego al imperio de la noticia. Tanto, que no hay diario que se lea, que no tenga alojado unos cuantos buenos blogger.
El sentido de libertad que exige un ejercicio como defender la libre circulación y descargas on line, es absolutamente igual que el de defender la libertad, existencia de Wikileaks.
Para llegar al control generalizado siempre se dan los pequeños pasos previos, recortes. Una vez existen las herramientas que se autofabrica y utiliza el poder, esos pequeños recortes serán la garantía de una normalidad amputada, rota. Pues, quizá, sea Internet el último resquicio, casi, libre que le quede al individuo. Y eso es imperdonable para aquellos enfermos de miedo, domados por las garantías castrenses, que son irreversiblemente, las que mantienen cualquier otra iniciativa que se realice en el estado democrático en que pataleamos.
Si se llega a tocar con la varita mágica de la legalidad, el libre ejercicio de publicar en la Web; si se regula cuál sí, que no, y premian a los vampíricos organismos que subsisten de los derechos autorales. O, a escasos autores en su mayoría, por no decir, casi todos, ya de vueltas, entonces no faltará absolutamente nada para que tengamos nuestros ordenadores, ya de fábrica, dispuestos para saber qué es lo que podemos, ver, leer, descargar, cuando tengamos dinero...
La defensa de Wikileaks, por otra parte, no es la defensa de Julian Assange, que tampoco es terrorista. O, por lo menos, lo que le conocemos -ahora vienen sus memorias- es mucho menos peligroso que aquellos que así lo tachan.
Singularmente, todavía las personas supuestamente comprometidas, no han pronunciado disculpas, ni siquiera en aquellos casos donde la crueldad desvelada, el evidente ensañamiento pusiera en peligro una razón compartida por muchos estados. Ni siquiera cuando la verdad exige demasiada humildad, y tenemos la irrefutable prueba del terrible error. Ni siquiera después de Wikileaks aquellos comprometidos con el exterminio de civiles, desprestigiar personas, crear inestabilidades generalizadas en terceros países, han sido capaces de dar/nos una explicación coherente, unas-insisto- disculpas para aquellos que las necesiten, merecen. ¡Tal es la soberbia!
Habría que explicarse por qué, pero temo que lo sabemos. Incluidos los que con palabras no lleguen a describirlo: lo sufren, padecen, viven: o se aprovechan.

(Haga clic aquí para leer la primera parte de este texto)

21 diciembre 2010

Un guanajo relleno

Hace unos días, mientras cenábamos un pavo relleno, Soraya se quejó de mi animadversión por la Navidad. Ella me conoce tanto, que fue capaz de enumerar todas las cosas de las que me he retractado desde que llegué a República Dominicana, en los días finales del 2000. “Ese Camilo que ustedes  ven ahí ni se parece al Camilo que sentó en esa misma silla hace 10 años”, dijo.
Mientras Soraya seguía desentrañado todas las criaturas que he sido, yo me puse a buscar la que me ha inculcado esa especie de tirria navideña que padezco. Encontré la respuesta gracias a Mayitín, que no paraba de sacarle lascas al pavo. Por estas fechas, hace más de veinte años,  mi abuela Atlántida se llevaba las manos a la cabeza y decía: “¡Parece mentira que es Navidad!”.
Aurelio y Lérida la miraban conscientes de lo que decía, pero yo nunca logré entender muy bien el lamento. Por aquellos años, existía en Cuba un conjunto que se llamaba Sierra Maestra y que cantaba “El guanajo relleno”. Alguna vez tuvo que pasar al mismo tiempo. Mientras mi abuela ponía en la mesa nuestras miserias, en un televisor ruso se escuchaba aquel estribillo que repetía lo que no teníamos: “¡Ay qué bueno, qué bueno, un guanajo relleno!”.
Es probable que Soraya siga sin entenderme, pero con toda seguridad Mayitín sabe de lo que hablo. No es por mí, es por Atlántida y todas las angustias que pasó, cada vez que llegaba el 24 de diciembre y no había nada más que servir que el recuerdo de antiguas cenas; el pasado que algún día, tarde o temprano, acabaría dándonos alcance.

20 diciembre 2010

¿Qué vamos a construir ahora?

Empezar a construir el capitalismo, le tomó a la revolución cubana medio siglo de tropezones en el socialismo. Cinco generaciones empeñaron sus sueños y, lo que es peor, la suerte de sus familias, a poner en práctica una utopía que acabó devastando al país y sumiendo a la nación en un estado de miseria que comienza a parecerse al de Zambia, Zimbawe o Haití.
No sé si es real o forma parte de las tantas leyendas urbanas que se han tejido a lo largo de 90 millas de fabulación. Pero cuentan que cuando el actor Julito Martínez (aquel indomable Juan Quiquín) llegó al exilio, explicó en apenas una frase las razones de su deserción: “Mientras nos dedicamos a construir el socialismo, yo me mantuve firme. Pero ahora vamos a tener que reconstruir el capitalismo y yo estoy muy viejo. Por eso vine para acá que ya está hecho”, dijo.
El más reciente discurso de Raúl Castro puede producir muchas reacciones, desde indignación hasta tristeza. Indignación, por la facilidad con la que el general culpa a sus subalternos por una responsabilidad que es solo suya y de su superior. Tristeza, por todo el tiempo perdido. Hace 50 años Cuba era un líder continental y una referencia mundial en muchos renglones. Ahora no pasa de ser una isla mendigante, que llama más la atención por su capacidad de aguantar la respiración debajo del agua que por sus posibilidades de producir bienestar para la gente.
¿Qué vamos a construir ahora? Los cubanos tienen el deber de responder esa pregunta sin que nadie más, ni otro país o una familia, lo hagan por ellos.

La silla vacía de Coco Fariñas y el triste sentido del humor de Mariela Castro

En la ceremonia de entrega del Premio Sajarov 2010, que otorga el Parlamento Europeo, la silla de Guillermo Fariñas permaneció vacía. Una bandera cubana ocupó el lugar del incansable luchador por los derechos humanos. Esa es la mejor respuesta que puede recibir el triste sentido del humor de Mariela Castro, quien hace muy poco aseguró que le “da risa cuando hablan de libertad de expresión en Cuba”.
El régimen que encabezan el padre y el tío de Mariela, finalmente impidió que Coco Fariñas saliera de Cuba y viajara hasta Estrasburgo, Francia, para recibir el Premio Sajarov 2010. “Esta silla vacía demuestra cuán necesario es este reconocimiento, que cada año rinde homenaje a una figura defensora de los derechos humanos en el mundo”, dijo Jerzy Buzek, presidente  de la Eurocámara.
“¿Quién calla a los cubanos?”, se preguntó Mariela Castro casi el mismo día en que su padre le negó el Permiso de Salida a Fariñas, para tratar de enmudecer un espíritu emancipador que ninguna tortura ha logrado parar. Llama demasiado la atención el contraste que hay entre el alegre discurso de Mariela y las apocalípticas confesiones de su padre. Parecería que no viven en el mismo país, que hablan de realidades distintas.
Mientras Raúl Castro ordenó que la silla de Coco Fariñas en Estrasburgo se quedara vacía, aseguró que ya no había tiempo para seguir bordeando el precipicio y que estaba a punto de hundirse el esfuerzo de generaciones enteras. Demasiado triste para que de risa, ¿no te parece, Mariela?