| En las ruinas de la Escuela Secundaria Básica de El Nicho, uno de los escenarios de Los mudos de la montaña. |
26 diciembre 2025
Agradecimientos por Los mudos de la montaña
25 diciembre 2025
Los mudos de la montaña
| El diseño de la cubierta y de toda la colección de Libros del Fogonero es de Leonardo Orozco. |
07 diciembre 2025
Es hora de empezar a dejar de ser un niño
En los encuentros familiares, cuando los primos nos reuníamos, mi abuela Atlántida siempre hacía notar cuánto yo cuidaba mis juguetes. Todos conservaban sus cajas intactas y no tenían ni el más mínimo rasguño.
19 noviembre 2025
Salvador
07 septiembre 2025
Dino
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| Le debía su nombre a Dino Buzzati, uno de mis escritores preferidos. |
Fue el miembro más mimado y dominante de los Venegas Sarlabous por 11 años. No es posible contar nuestra última década de historia familiar sin mencionarle. Iba con nosotros a todas partes y estuvo presente en cada acontecimiento. De hecho, muchas veces sus actos de fidelidad y valentía fueron el acontecimiento.
25 agosto 2025
Libros del Fogonero prepara su volumen 7: Carta de Porte
En un mundo que ya dejó bien atrás las promesas del siglo XX, este libro traza el recorrido de un viaje hacia el futuro que nunca llegó a la estación terminal. Camilo Venegas ha escrito una carta de porte —el documento que antes acompañaba a los bultos en tránsito— para declarar el contenido emocional y simbólico de un envío generacional: lo que se conserva, lo extraviado, lo que jamás llegó a despacharse.
Estos poemas, que atraviesan décadas y geografías con una voz íntima y contenida, cierran un tríptico iniciado en Estación del Norte y Extraños. Con su habitual precisión lírica, el autor registra pérdidas y hallazgos, convicciones y traiciones, en versos que no sólo hacen constar una vida, sino que también se despiden.
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| Imagen tomada de Cuba Material. |
NEVA
Con nombre de río y un filo
impredecible,
aquella cuchilla negra
empezó a cortarle
lascas al lunes.
Lo hacía con el mismo
cuidado que se le saca
punta a un lápiz.
Pusiste tus manos
hacia arriba
para que fueran
cayendo en ellas
las virutas de la tarde.
Olía a madera, a lluvia
y eran los últimos
días de abril.
Aunque faltaban
cuatro años
para que Leningrado
se volviera a llamar
San Petersburgo,
ya todo parecía estar
llegando a su fin.
Por eso,
mientras nos veíamos
reflejados
en el oscuro espejo
de aquella hoja,
empezamos
a despedirnos
de cada cosa
que teníamos
a nuestro alrededor,
luego lo hicimos
de nosotros mismos.



