Explicamos esta imagen según el relato de los que defienden a la dictadura de Venezuela: el pueblo oprimido (representado por unos vehículos de guerra blancos) se defiende de una minoría de escuálidos que pretende derrotarlo (representada por una marea humana).
04 mayo 2017
02 mayo 2017
Todas las banderas son mudas
No
lo enfrentaron, le pusieron una zancadilla. No le permitieron ser diferente a
los miles que contemplaron impasibles cómo lo golpeaban y
maniataban. Por Wichy García Fuentes, supe que se llama Llorente, que es taxista y
un entusiasta de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.
Los
pequeños segundos que dura el video producen una gran rabia. A lo lejos se ve
la masa dócil y entumecida. Llorente aparece en cámara a toda carrera, con una
bandera norteamericana en alto. Un policía de civil estira una pierna y lo derriba. Una vez en el suelo, le caen a golpes y patadas.
Alguien
en Facebook se preguntó qué hacía ese hombre allí con la bandera de un imperio. Me sentí
tentado a comentarle si se había hecho esa pregunta durante todos los 1 de Mayo
que, en esa misma plaza, miles de cubanos
desfilaron banderas soviéticas.
Todavía
conservo con orgullo el brazalete del Frente Norte de Las Villas de mi padre.
Lo llevó atado en su brazo durante los meses finales de 1958. En una vieja película
se le ve junto a Camilo Cienfuegos, mientras izan la bandera cubana sobre el
Ayuntamiento de Yaguajay.
El
diseño del brazalete de mi padre es idéntico al de la bandera con la que Kcho se
retrató frente a la Casa Blanca. Sin embargo, en manos de este esperpéntico
personaje, luce irreconocible. Serafín Venegas recordaba con aquel pedacito de
tela uno de los momentos más auténticos de su vida; Kcho, la afrenta del
oportunismo.
28 abril 2017
Almadraba*
La noche aquí es un arte de pesca,
un laberinto de redes
que nos impide aparecer
en los nuevos retratos de familia.
Hosca, impenetrable,
nos corta la respiración
y espera a que nuestras voces
se conviertan en un silbido
que apenas se escucha.
Como el atún rojo
cuando se dirige
a las fauces del Mediterráneo,
nuestro destino es presa
de esta oscuridad
que se asegura de dejarnos
con cada vez menos recuerdos
y
la angustia de ser felices,
tremendamente felices en otra parte.
tremendamente felices en otra parte.
*Oí por primera vez esa palabra en boca de mi padre, que fue un gran pescador y sabía muchísimo de artes de pesca. Ya no recuerdo por qué, una noche de 2011 ó 2012 se me pareció a una almadraba.
18 abril 2017
Tres grandes ríos
En mi infancia hubo tres grandes ríos: el Arimao (gracias a mi padre), el Almendares (gracias a los Venegas) y el Mississipi (gracias a Tom Sawyer y Huckleberry Finn). A finales del mes que viene, Diana y yo dormiremos tres noches en San Luis.
Además de conocer en persona al caudal que inspiró a Twain y a los fundadores del blues, podré ver jugar a Aledmys Diaz, quien nació —como yo— muy cerca del Arimao. Si le contara eso al niño que fui, no dormiría de la emoción.
08 abril 2017
11 y 6
Acaba
de cumplir 11 años y hace 6 años que somos parte de la misma familia. Ayer le
conté que yo tenía su misma edad cuando mi padre me hizo una maleta de madera y
—después de navegar por encima de las montañas del Escambray, en un barco que
seguía el antiguo cauce de un río— llegué al Nicho.
Le
conté que nos levantaban a las 6 de la mañana, que solo desayunábamos agua con
azúcar caliente y, a veces, un pedacito de pan. Luego nos formaban en una
plazoleta y salíamos en fila india para los cafetales, donde chapeábamos, sembrábamos,
escardábamos, aporcábamos y recogíamos café.
Al
mediodía, nos bañábamos en una ducha de agua helada, almorzábamos harina de
maíz con frijoles y volvíamos a formar en la plazoleta para salir en fila india
hacia las aulas. Siempre que le cuento algo a María ella me presta mucha atención
y, por lo regular, me hace preguntas.
—Suena
divertido —fue su única respuesta esta vez.
Aunque
yo había hecho la comparación con el ánimo de contrastar nuestras experiencias
de vida a la misma edad, ella solo escuchó la geografía dónde sucedían las
cosas. Me volvió a preguntar por el barco. Cuando le conté todo sobre el lago
Hanabanilla, se lamentó de que los alrededores de la Loma de Thoreau no fueran
navegables.
Al
final advertí que el culpable de que no funcionara la dramatización de mi
infancia era yo mismo. Desde pequeñita la estamos llevando al monte. Juntos
hemos sembrado, escardado, aporcado y cosechado. Logramos, incluso, que le
perdiera el miedo a la noche oscura en medio del campo.
—Feliz
cumpleaños, mi niña —le dije, mientras en algún lugar de mi cabeza sonaba la
música de la inolvidable canción de Fito.
07 abril 2017
Cara C*
Estábamos
sentados sobre la tarde
del
antiguo Coney Island,
a
un costado de la estación
que
acabó extraviando
el
tren de Marianao.
Te
dio por hablar del silencio
y
de la tristeza que da
en
un parque de diversiones.
Yo
me mantuve callado.
Hice
todo lo que pude
para
que llegara hasta ti
el
sonido de un tambor
que
alguien afinaba
en
algún lugar de la playa.
Entonces
empezó a llover
sobre
la cara C
de
aquel disco de Hendrix
que
tanto nos gustaba.
La
lluvia acabó sonando
igual
que la guitarra.
Volvimos
desnudos
al
país que nos esperaba
del
otro lado
de
la 5ta. Avenida.
Hablar
en nombre
del
tiempo
es
una responsabilidad
muy
grande,
pero
estoy seguro
de
que aquella misma tarde
se
fueron de Cuba los años 80.
*Una mañana cualquiera, a principios de la década del 90, volví en bicicleta a Cubanacán. Ya no recuerdo la razón, pero debió ser para ver a mi hermano Eduardo Lozano, quien entonces estudiaba en el Instituto Superior de Arte. Al pie de la escalera que subía a mi antiguo albergue, hice este poemita que permaneció abandonado hasta hoy.
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