Una
periodista del Hoy me acaba de llamar
para preguntarme mi opinión sobre los hechos que ocurrieron ayer. El 17 de
diciembre de 2014 murió Aldo Yero Mosteiro, mi más querido tío, siempre
recordaré ese día por eso. Los gestos de buena voluntad y el intercambio de
prisioneros entre Estados Unidos y Cuba, no logran sacarme de mi pesar.
Sobre
todo, porque creo que lo que acontecido (que algunos optimistas comparan con la caída del Muro de Berlín) no tendrá ningún impacto
en la ignominiosa vida cotidiana de los cubanos. Quizás el único cambio
sustancial es que los sacos de arroz importado (el país es incapaz de producirlos) que ahora dice ‘Made in China’, en
el futuro inmediato empiecen a decir “Made in USA’.
En
1959, triunfó en Cuba una revolución nacionalista que proclamaba la
independencia de la nación y juraba defenderla hasta vencer o morir. En el campo de
las consignas esa promesa dura hasta hoy; pero en la práctica se esfumó apenas
unos meses después, cuando la isla se convirtió en un satélite de la Unión
Soviética.
Tras
el fin de la Guerra Fría y la desintegración del estado fundado por Lenin,
Fidel se las ingenió para que Venezuela asumiera la manutención de su arruinada
economía. Como la revolución bolivariana ahora es también inviable y ante la
ausencia de un nuevo filántropo en el horizonte, la dictadura salió a buscar un
socio comercial.
En su
comparecencia oficial, Raúl Castro admite que entre su régimen y Estados Unidos
hay “profundas diferencias, fundamentalmente en materia de soberanía nacional,
democracia, derechos humanos y política exterior”. Ese párrafo confirma
que los cubanos seguirán sin ser consultados en el futuro.
Según
la nueva Ley de Inversión, cualquiera puede invertir en la Isla… cualquiera que
no haya nacido en ella. Los acuerdos de ayer mantienen eso invariable. Ahora
hasta los archienemigos de Norteamérica tienen más derechos y oportunidades en
Cuba que los propios cubanos. Ayer hubo buenas noticias para los empresarios de
Estados Unidos y para los dinosaurios que controlan la economía del régimen.
A los cubanos, como a mí, nada de eso nos librará del gran pesar que nos aqueja.





