23 may. 2016

(A)simetría

Los líderes de la Iglesia Católica en República Dominicana son incondicionales de lo más conservador del poder político y empresarial. Es decir, que están del lado de eso que se conoce como ultraderecha. 
Los líderes de la Iglesia Católica en Cuba son incondicionales de lo más conservador del poder político (no hay empresarios en Cuba, oficialmente). Es decir, que están del lado de eso que se conoce como ultraizquierda. 
Tanto en República Dominicana como en Cuba, los líderes de la Iglesia Católica se mantienen muy lejos de los que más los necesitan y muy cerca de los que menos los necesitan. 
Sospecho que, en ambos países, Cristo hubiera actuado de una manera muy diferente a la que su "cuerpo diplomático" lo hace.

21 may. 2016

El hombre más dichoso del mundo

Un día le dije que quería que en nuestro nuevo Bohío hubiera una pared de ladrillos. Sería mi homenaje a la ENA (la Escuela Nacional de Arte de La Habana, donde estudié). Su respuesta fue sencilla: "Me encantan las paredes de ladrillos". 
Ya no recordaba esta foto, que es de la tarde en que la pared quedó terminada. Con la vejez (dejémonos de condescendencias: cuando te empiezan a doler todos los huesos y te salen unos pelos largos en la nariz, has llegado a la vejez) uno empieza a elegir sus batallas y sus compañías. 
Aún no he logrado organizarme en eso de las batallas. A veces libro las más inútiles, otras empiezo a pelear cuando ya me sé derrotado y las pocas veces que gano, quedo tan mal herido que ni celebro la victoria. Me urge aprender más en eso de las batallas. 
Pero en cuanto a las compañías, debo admitir que he sido el hombre más dichoso del mundo. Diana Sarlabous Sosa es mía.

20 may. 2016

Yanelis Martin Serralvo

Lucy, Harold, Yanelis y Popy en su casa de Manicaragua. Años setenta.
Hoy perdí uno de los recuerdos más lindos de mi infancia. Mi prima Yanelis Martin ya no aparecerá más a decirme nada. Siempre la recordaré como aquella niñita intranquila, curiosa y buena que llegaba en el tren de Cumanayagua, con sus padres (mi prima Lucy y Popy) y su hermano Harold, para pasarse todo el fin de semana con mis abuelos y conmigo. 
La recuerdo corriendo por el andén de Camarones, persiguiendo mariposas o asustada por el estruendo de los interminables trenes de carga, siempre feliz, siempre linda. Cuba y sus circunstancias nos separaron de adultos, pero siempre me quedará la infancia que compartimos. Te quiero, primita linda, te voy a querer siempre.


***
A principios de mayo, para tratar de aliviar en algo los duros días por los que pasaba Yanelis, le regalé este post: El piano de mi prima Lucy.

17 may. 2016

Thelegraph Road

La noche fue un largo camino
de luces a toda velocidad.
Por la ventana,
como en los antiguos trenes
de aquella película,
pasaban los postes del telégrafo.
Puede que ese sueño
no sea más que una vieja canción,
la resonancia oscura
de una afiladísima national guitar.

La noche fue un largo camino
de luces a toda velocidad.
Por la ventana,
como en el viejo autobús
de aquella canción, la línea del telégrafo
atraviesa a Michigan de norte a sur.
Puede que ese sueño
no sea más que una vieja melodía,
esa que siempre sale
de la mano abierta de Mark Konpfler.

La noche fue un largo camino
de luces a toda velocidad…
Hasta que tú te diste la vuelta
y recostaste la cabeza en mi hombro.
Entonces apagué el aire y abrí las cortinas.
Tras el cristal, Santo Domingo
salía al encuentro de todos los ruidos.

16 may. 2016

Imaginemos cómo será Santo Domingo sin Roberto Salcedo

Roberto Salcedo era un comediante de televisión cuando decidió ser alcalde del corazón de Santo Domingo. Otro artista, muchísimo más talentoso que él, pero igual de ineficiente al frente de la municipalidad, Jhonny Ventura, había sido su antecesor. Pasamos de una Capital musical a otra que daba risa.
Durante los 12 años de Roberto Salcedo, la alcaldía dejó de pensar al Distrito Nacional como una ciudad y la gestionó como si fuera un escenario. Solo así se explican el Zooberto (probablemente el parque más feo y ridículo del mundo), Brillante Navidad (un grotesco espectáculo de luces en un país con serios problemas de generación) y  Güibia Semana Santa (una playa artificial en medio de la calle, ¡justo al lado del mar!).
La Capital de los dominicanos es también, por su importancia económica, la capital del Caribe insular. Durante los 12 años que Roberto Salcedo se mantuvo al frente de la Alcaldía, el Distrito Nacional creció de una manera desorbitada hacia arriba. Como el Alcalde estaba concentrado en entretener (que es lo que en verdad sabe hacer), esos casi tres lustros pueden considerarse perdidos para la ciudad.
Cada vez que la Alcaldía hacía algo, la gente lo bautizaba con un nombre despectivo. Al parque lleno de monstruos, todos le llaman Zooberto; a los espacios públicos que pintó al estilo Willy Wonka, canquiñas. En el antiguo zoológico, donde está actualmente el Conservatorio Nacional, hizo un anfiteatro que le hace la vida imposible a todos los que viven en sus alrededores.
Más que un alcalde, Roberto Salcedo fue un animador sociocultural populista y prepotente, que entretenía a unos (a cambio de votos) e imponía sus ocurrencias a todos. Ahora que, según los primeros boletines de la Junta Central Electoral, parece que nos hemos librado de Roberto Salcedo, imaginemos un Santo Domingo sin él.
Los dominicanos merecen una Capital más limpia y organizada, que cuando llueva no se convierta en Venecia y cuando escampe deje de ser un caos. Los dominicanos merecen una Capital llena de árboles y con muchos más parques. Los dominicanos merecen una Capital ordenada, limpia, habitable, que represente de verdad su diversidad cultural y su alegría.
Imaginemos un Santo Domingo que no le de risa a nadie, donde todos los que la viven estén orgullosos de ella.

15 may. 2016

Mientras soñamos con el día en que todos los cubanos puedan hacerlo

Cuando me fui de Cuba, donde el Estado es omnipresente (tiene el control hasta del día exacto en que las mujeres mestruan), me prometí a mí mismo nunca más depender de él. Durante estos 15 años, como resumiría Emerson, he tratado por todos los medios de mantener mi independencia, mi libertad y mi dignidad. 
No hago nada ilegal desde que me fui de Cuba (para poder sobrevivir allí, es preciso cometer ilegalidades desde que te levantas hasta que te acuestas) y no he cobrado un peso proveniente del Estado. Si a alguien he seguido en estos años, es a Thoreau, quien me enseñó a construir una cabaña imaginaria donde aislarme de toda la mierda que nos rodea en el mundo de hoy.
En algún momento de la mañana, acompañaré a Diana a su Colegio Electoral para que vote. Según me ha dicho, lo hará contra la avasallante hegemonía del PLD y contra el actual alcalde de Santo Domingo, Roberto Salcedo, un comediante que ha convertido a la capital de los dominicanos en una broma de mal gusto.
No es que creamos que las cosas van a cambiar. No es que esperemos nada del Estado (¡nunca lo aceptaríamos!). Simplemente ejercemos un derecho, mientras soñamos con el día en que todos los cubanos puedan hacer lo mismo en su país. Crean o no en el Estado, esperen algo o nada de él.

14 may. 2016

La confianza en la sombra de los árboles

La neblina de la Cordillera Central dominicana dentro
de la Loma de Thoreau. (foto: José Roberto Hernández) 
(Escrito para la columna Como si fuera sábado de la revista Estilos)

El viernes pasado, en un patio del Santo Domingo colonial, hablábamos con un artista cuando Jaime Moreno llegó al lugar. Justo después del abrazo, sin que nos lo propusiéramos, el bosque dominicano se impuso como tema de conversación. De pronto, me di cuenta que el artista ya no estaba en la mesa.
Más tarde, le pregunté por qué se había marchado. “Me aburren los árboles”, fue su respuesta. Eso me hizo pensar en cuánto han cambiado mis temas de conversación preferidos y las personas con las que prefiero conversar. Ahora, nada disfruto más que la naturaleza.
Esa es la razón por la que me alegra tanto la compañía de gente como Mario Dávalos, Miguel Lajara, Jaime y Jesús Moreno. Ellos siempre miran a este país con otros ojos. Tienen la capacidad de ver, en un mismo paisaje, el pasado, el presente y las mejores posibilidades para el futuro.
Por Mario descubrí Quintas del Bosque, el lugar donde Diana y yo le hemos dedicado una loma a Henry David Thoreau, una de nuestras mayores fuentes de inspiración. Junto a Mario he vivido también experiencias inolvidables por los montes dominicanos, tras el rastro de especies en peligro de extinción y entornos únicos.
Miguel Lajara me ha dado la oportunidad de colaborar con el proyecto sociocultural de Granja Guanuma, que se propone abrir sus puertas a las familias y las comunidades educativas, para que disfruten de la experiencia que significa saber del campo y vivir, de una manera sostenible, de lo que él produce.
Miguel tiene tantos sueños en la cabeza que a menudo pierde la paciencia con ellos. Hoy, cuando todos hablan de compromiso sin estar realmente comprometidos, gente como él, que trabaja sin descanso para que sea posible producir alimentos en armonía con la naturaleza, merecen toda nuestra solidaridad.
Al filo de los 50 años suele hacerse difícil elegir eso que llamamos “días inolvidables”. Puedo asegurarles que uno de los míos transcurrió en una loma de San José de las Matas, mientras recorría con Jesús Moreno las plantaciones de macadamia con las que él se ha propuesto salvar un entorno devastado.
Junto a Jesús, también, subí hasta las fajas de la Loma Quita Espuela a reforestar un pedazo de esa área protegida que había sido destrozada por un invasor. Alguien, con más influencias de las que merece, se había apropiado del terreno para construirse una casa de campo. La primera manifestación de su “sentido de pertenencia” fue derribar el bosque.
En el patio del Santo Domingo colonial, mientras conversaba con Jaime, seguimos sembrando espacios en el futuro. Él prometió conseguirme unas posturas de ébano verde, un árbol dominicano en grave peligro de extinción. Yo le prometí cuidarlas hasta que crezcan lo suficiente y ya no necesiten de mi ayuda.
Siempre disfruté de la naturaleza, pero antes no era consciente de lo frágiles que son los entornos, ni de las pequeñísimas cosas que uno puede hacer para no seguir agravando los daños sobre ellos. Ahora, miro de otra manera al campo y a los bosques, esa es una de las cosas que le agradezco al haber envejecido.
Fernando Pessoa, el poeta portugués que tuvo varios heterónimos  porque escribir bajo una sola identidad le resultaba insuficiente, decía que la literatura era una prueba evidente de que la vida no basta. En compañía de gente como Mario Dávalos, Miguel Lajara, Jaime y Jesús Moreno, he aprendido que sembrando árboles podemos dejar una huella que dure mucho más que nosotros.
Nací en el campo y me crié entre campesinos. Durante mi adolescencia mi gran sueño era vivir en la ciudad y poder andar al aire libre sin tener que vérmelas con el lodo y la soledad de la intemperie. Ahora nada me hace más dichoso que permanecer en un espacio donde todos los ruidos provienen del monte. 
A mí también me aburrían los árboles. Pero ahora soy un buscador de sus sombras para confiar en ellas. Así es que me busco a mí mismo, así es que encuentro a la gente de la que quiero estar rodeado.

12 may. 2016

12 de mayo

El día de nuestra boda, Diana me da a probar mi plato favorito:
¡pellejito de puerco asao!
El 12 de mayo de 1937, nació mi madre, Lerida Yero Mosteiro. El 12 de mayo de 2012, Diana Sarlabous Sosa y yo nos casamos. Como pueden ver, le debo casi todo lo que soy a este día desde hace 79 años. Felicidades, Mami. Felicidades, mi Cucha.