15 nov. 2017

Pobladora

Nunca podrás derrotar
a la hierba pobladora.
Jamás se dará
por vencida.

Aunque la arranques
de raíz,
conseguirá
que sus semillas
escapen
y recuperen
su lugar
entre los pinos.

La hierba pobladora,
ese animal feroz
que se confunde
con la bruma,
acabará
venciéndote
sin necesidad
de ofrecer resistencia.

10 nov. 2017

Cuba sin los cubanos

La dictadura de Cuba nunca ha tenido en cuenta a los cubanos a la hora de imponer sus políticas migratorias, por eso siempre ha usado sus derechos como un arma malsana. Ni Fidel Castro ni su hermano Raúl han tratado al pueblo como un beneficiario, sino como un rehén para negociar.
Hace apenas dos semanas, el periódico Granma anunció que el régimen eliminaría la infame “habilitación” que los cubanos debían requerir para regresar a su propio país. Ofrecía, incluso, los atracaderos de la marina Hemingway y Varadero para “los ciudadanos cubanos residentes en el exterior que poseen embarcaciones de recreo”.
Lo que se anunciaba “como parte del continuo e irreversible proceso de actualización de la política migratoria del país”, no era más que una jugarreta para captar recursos justo ahora, que el gobierno de Washington ha vuelto a meter sus relaciones con La Habana en un congelador.
Apenas dos semanas después de ese anuncio, la dictadura le notificó al escritor Rolando Sánchez Mejías (Holguín, 1959) que no podía regresar a su país. La intención de su viaje era ver a su madre, una anciana de 78 años que está gravemente enferma.
En los años 80 del siglo pasado, Celia Cruz —una de las expresiones más rutilantes de nuestra cultura— también pidió viajar a Cuba por ese mismo motivo. No solo la madre, Celia también murió sin que eso fuera posible. Aunque la cantante es uno de los mayores signos de la identidad caribeña, sigue siendo ignorada en su país.
Se trata, dice Rolando Sánchez Mejías, de “ver hasta qué punto te puedes humillar, hasta qué punto uno cede”. Celia y él, como otros miles, no cedieron. Por eso Cuba se los pierde. Y esa es la mayor privación que ha tenido la isla desde 1959.
Renunciar a sus ciudadanos es aún peor que renunciar a la idea de progresar y de construir un futuro de desarrollo y bienestar. Si no hay una Cuba con todos y para el bien de todos, solo queda una Cuba sin cubanos. ¿Será ese el mayor legado que deja la revolución?

6 nov. 2017

Nuestros nombres

¿Quién taló los pinos que crecían
donde ahora se están borrando
las cruces y las flores
del antiguo cementerio?
¿Quién sembró el cafetal
que encontramos en ruinas?
¿Qué habrá aquí,
sobre los escombros
de esta escalera
que acabamos de hacer?
¿Cómo se llenará el espacio
que dejarán vacío
estos jardines
cuando ya no estemos
para protegerlos
del frío
y las malas hierbas?

Por más que tratemos
de dejar una huella,
todo se borrará.
Como los pinos
o el cafetal,
la escalera
o los jardines,
también
desapareceremos
bajo
la implacable neblina.
Entonces alguien
se preguntará
quién habrá hecho
lo que hicimos.
Y, como nosotros ahora,
no sabrán escuchar
nuestros nombres
en el silencio de la montaña.

29 oct. 2017

La dictadura de Cuba le devuelve cuatro derechos a los cubanos

El anuncio fue hecho en el periódico Granma, principal vocero de la dictadura de Cuba. El diario, que se dedica a sobredimensionar noticias irrelevantes, a tergiversar lo realmente importante y a maquillar con eufemismos la crítica realidad de la isla, estableció cuatro puntos:
  • Eliminar la “Habilitación” del pasaporte para los viajes a Cuba de los emigrados cubanos.
  • Autorizar la entrada y salida a Cuba de ciudadanos cubanos residentes en el exterior en embarcaciones de recreo, a través de las Marinas Turísticas Internacionales Hemingway y Gaviota-Varadero. Una vez que estén creadas las condiciones, se ampliaría progresivamente a otras marinas.
  • Permitir la entrada a Cuba de los ciudadanos cubanos que salieron ilegalmente del país, excepto aquellos que lo hicieron a través de la Base Naval de los Estados Unidos en Guantánamo.
  • Eliminar el requisito de avecindamiento para que los hijos de cubanos residentes en el exterior, que hayan nacido en el extranjero, puedan obtener la ciudadanía cubana y su documento de identidad.
Lo que Granma llama “irreversible proceso de actualización de la política migratoria del país”, no es más que es una devolución. Durante casi 60 años el régimen ha privado a los cubanos de muchos de sus derechos fundamentales, como el de poder salir y entrar a su país con total libertad.
“¿Cómo así? —Me preguntó desconcertado un amigo cibaeño—. O sea, viejo, ¿que tú no podías salir y entrar de tu país cada vez que te diera la maldita gana?”. Su asombro es lógico. Para un dominicano, un jamaiquino o incluso un haitiano, esos cuatros puntos resultarían incomprensible.
Muchos cubanos, en cambio, los asumen como una buena noticia. Algunos, incluso, se muestran agradecidos. “Viejo, ¿y por qué en Cuba la gente no se rebela?”, me preguntó el amigo cibaeño. “Es difícil y largo de explicar —le dije—, pero este hecho te puede ayudar a entender”.
Primero le mostré la manera en que el Granma lo anunciaba, luego le di un paseo por varias reacciones de cubanos en Facebook. “Mierda, loco…”, fue lo único que dijo. Luego se sirvió un largo trago de Brugal y me invitó a mirar en dirección al oeste, donde una tarde libre se despedía de la Cordillera Central dominicana.
Poco después, ya en Cuba, caería presa de la Sierra Maestra.

27 oct. 2017

Cuatro apuntes para un viernes que será demasiado largo

I.
Viendo en Netflix un documental sobre la Segunda Guerra Mundial, confirmé que el paradigma de Fidel Castro nunca fue José Martí. Él solo se aprovechó del Apóstol para sacar de los cubanos ese infantilismo patriotero que nos llevó a la ruina. Ni siquiera los dictadores de izquierda lo inspiraron tanto como Benito Amilcare Andrea Mussolini. 
Lo imitó en todo: en los gestos, en los discursos, en los actos, en las fotos, en las imágenes en movimiento... Vean al Duce dando un discurso, cosechando junto a campesinos o compartiendo con obreros, fíjense en su gestualidad y en las caras de los que le rodean. Luego busquen en YouTube un Noticiero ICAIC y comparen.

II.
Insisto, nunca compartiría una causa con la desfachatez y la doble moral de Pablo Iglesias y sus correligionarios, que son tan impresentables como él. No se puede estar del lado de la libertad y simpatizar con Podemos, porque son conceptos antagónicos. Desde que nací hasta los 33 años, viví dentro de una dictadura. 
No pude entender de verdad el oprobio del populismo, el mesianismo y el autoritarismo, hasta que lo vi desde afuera; por eso sería incapaz de volverme a meter en él por mi propia voluntad.

III.
Si Cataluña fuera parte del territorio de Rusia o Venezuela (los dos países que, de la manera más descarada, han alentado su separatismo), ahora mismo habría allí una carnicería. Más allá de la torpeza congénita de Rajoy (gallego al fin), la paciencia de España ha sido admirable.

IV. 
Silvio Rodríguez, que es cubano y adora a una de las dictaduras más viejas y reaccionarias del mundo, apoya el separatismo catalán. Joan Manuel Serrat, que es catalán y ha sido siempre muy consecuente con sus ideales progresistas, defiende la autonomía como parte de España.
Solo en base a esos dos juicios uno puede llegar a su propia conclusión.

20 oct. 2017

Historia cubana del miedo

Enrique Del Risco acaba de publicar El compañero que me atiende, un libro que —según sus editores— también pudo llamarse “historia cubana del miedo. El miedo de vivir (y sobre todo, de escribir) rodeado de un ejército de policías, agentes encubiertos, colaboradores y simples soplones encargados de pastorear las almas descarriadas de los cubanos, sean escritores o no”.
Eso me hizo pensar en todos esos compatriotas míos que siguen cargando con su terror aun cuando están bien lejos de Cuba y su viciosa realidad. Siempre tienen una excusa para justificar sus omisiones, sus silencios o su inquebrantable manía de mirar para otra parte.
A veces dicen que no hablan de Cuba porque eso es perder el tiempo, otras que no les interesa la política (lo cual es falso, porque nunca pierden la oportunidad de criticar a las democracias) o, cuando ya no pueden más, bordan sus inconformidades para que permanezcan siempre en el límite de lo admisible.
Hoy mismo me compraré el libro de Enrisco. Seguramente me ayudará a seguir venciendo mis propios miedos y a no callarme. Cuba, al menos para mí, ya es un caso perdido; pero me gustaría pensar que es recuperable para la generación de nuestros hijos o la de nuestros nietos, con esa ilusión en mente, trato de no quedarme callado nunca.

16 oct. 2017

La mata de salvia

Mi abuela Atlántida tenía una vieja mata de salvia. Estaba detrás de la casa, en la cerca del andén del ramal Cumanayagua,  justo debajo de la ventana de la cocina. Nunca supe si nació allí o fue ella quien la sembró. Cuando un gajo de la mata de magos filipinos le daba sombra, mi abuelo Aurelio se resistía a cortarlo.
“Viejo, yo sé que a ti te gustan mucho esos mangos —reconocía Atlántida antes de dictar sentencia—, pero tú sabes que a mi mata no le gusta la sombra”. Atlántida resolvía buena parte de nuestros males con aquella planta: fiebres, afecciones de la garganta, corrientes de aires....
De Niño, dormí muchísimas veces con hojas de salvia en cruz en la planta de los pies, dentro de las medias.  En cuanto amanecía, lo primero que hacía Atlántida era revisarlas. “¡Mira eso —me decía siempre con el mismo asombro— están tostadas, eso quiere decir que ya te vas a poner bien!”.
En la Loma de Thoreau ya tenemos nuestra mata de salvia. La conseguimos con Pichón, un haitiano que cuida un vivero en La Vega. A veces, cuando paso cerca de ella, machuco una de sus hojas entre mis manos, la huelo y pienso en Atlántida. 
Aunque no tenga nada, sé que algo me cura; solo su olor y las cosas que me recuerda.