31 julio 2010

Potaje de jirafa

Para la inmensa mayoría de las familias cubanas comer es un trauma. Una vez que se logra una comida, comienza la tensa angustia de conseguir la próxima. Para un preso cubano, comer es también una insultante agonía. Cuando los disidentes desterrados cuentan sus experiencias detrás de las rejas, resultan difíciles de creer. Más que testimonios, sus palabras parecer fragmentos de novelas góticas.
Fabiola Santiago, de El Nuevo Herald, logró acopiar algunos de los ingredientes del menú de los presidarios: “Sopa de cáscara de plátano. Un grasiento y amarillento sebo de res sin sabor como acompañamiento. Un potaje de jirafa, así nombrado porque ‘se te estira el cuello de tanto buscar a ver qué tiene dentro’. Ojos, orejas y otras partes no identificables servidas como el plato principal”.
Como las familias de los carceleros también viven dentro de esa realidad, ellos prefieren robarse los insumos destinados a los reclusos para alimentar a los suyos. Por eso, la mayor parte de los víveres que llegan a las prisiones, son desviados para la bolsa negra. “Robarle a un ser humano en prisión, donde no puede hacer nada, eso es denigrante, el punto bajo de la humanidad”, dijo Mijail Bárzaga, quien permaneció siete años confinado.
Potaje de jirafa. Parece una receta recogida por Indiana Jones en una de sus expediciones, pero es el sabor del oprobio cuando se le sirve en Cuba, entre rejas.

30 julio 2010

Con un ojo cerrado

Mi generación no tuvo muchas opciones. Todos teníamos que comprar los juguetes el mismo día del año, solo podíamos ver dibujos animados soviéticos o polacos y a las ocho en punto, sin excusas ni pretextos, una calabaza que viajaba a bordo de una almohada nos mandaba a dormir.
Después que pasaba ese fin de semana de julio en que teníamos derecho a tres  juguetes (básico, no básico y dirigido), en las tiendas no quedaba ni una pelota de goma. Solo un artefacto permanecía en venta libre por el resto del año, era un cuadrado de plástico por el que se podía mirar si se cerraba un ojo.
Así fue que nos aprendimos de memoria los paisajes más conocidos de la URSS. Cada caja contenía diez diapositivas y algunas de ellas, en honor a la verdad, eran de una belleza indescriptible. No olvido una que reunía los actos más espectaculares del Gran Circo Soviético.
Muchos de nosotros tuvimos la oportunidad de educar a nuestros hijos en sociedades democráticas, donde han sido libres de elegir sus juegos y sus gustos. Pero a veces, de una manera inconsciente, les pedimos que cierren un ojo cuando tratamos de que vean el mundo. Sin quererlo, hemos traído de allá el viejo cuadrado de plástico.

29 julio 2010

Santo Domingo

Una de las cosas que más disfrutaba en la oficina de la estación era el boletinero. Cuando mi abuelo levantaba la estera que lo cubría, quedaban al descubierto todos los destinos que era posible alcanzar desde el Paradero de Camarones. Yo solía recorrerlos con la vista uno por uno, siguiendo el estricto orden que le había dado Aurelio a aquellas casillas.
Arriba estaban las estaciones y apeaderos del ramal Cumanayagua, más abajo, las de la línea de Cienfuegos a Santa Clara, luego el ramal Cruces y por último los medio pasajes. Encima de la gaveta donde se guardaba el dinero, estaban los cuños (el fechador y el oficial de la estación) y los boletines en blanco, que Aurelio llenaba con su impecable letra Palmer.
Santo Domingo era la única estación desconocida para mí. Allí rendía viaje el mixto de Cumanayagua. En su patio, en la década del 40, mi abuelo vio explotar a una locomotora de vapor. A mi tío Aldo aún se le humedecen los ojos cuando recuerda lo impresionante que se veía el tren Habana-Santiago retrocediendo para hacer andén.
Nunca pude imaginarme que ese sería también el nombre de la “estación” donde quedaría mi exilio.

28 julio 2010

Lugares comunes

Nunca en mi vida lo he llamado por su nombre, Rigoberto, y mucho menos por su apellido, Aguiar. Para mí, desde que tengo uso de razón, es El Chiqui, mi amigo de la infancia, el que más cerca me quedaba (el fondo del patio de su casa estaba del otro lado de las líneas y del andén principal).
Todas las mañanas del mundo nos reuníamos para jugar. A veces, cuando también acudían Norberto y Alexis, nos dividíamos en dos equipos de pelota “a la mano”. De lo contrario, nos hacíamos espadas de guácima o, con mi caballo soviético (un corcel con pedales que tiraba de una silla con ruedas), dábamos vueltas sin parar por los andenes.
Desde hace años, El Chiqui vive en Nueva York con su familia. Hace apenas dos semanas regresó al Paradero de Camarones para estar unos días con los suyos. Una de esas mañanas (sé que era de mañana por las sombras) la dedicó a retratar mi casa (aún digo que es mi casa, porque de lo contrario no podría fijar una residencia en Cuba y eso sería terrible).
Gracias a esas imágenes (son más de 40) he podido intuir el presente de todo ese pasado que siempre me acompaña. Ya El Chiqui está de regreso en Nueva York y yo permanezco en Santo Domingo. Pero de alguna manera volvimos a coincidir en nuestros lugares comunes. Nosotros, como mi viejo caballo soviético, nos mantenemos dando vueltas por esos andenes.

25 julio 2010

De regreso a Sterling Cooper

Hoy sabremos qué ha pasado desde que Joan, en la oficina improvisada en una suite del hotel Pierre, atendió la primera llamada de la nueva agencia: “Good morning, Sterling Cooper Draper Pryce”. Esta noche comienza la cuarta temporada de Mad Men. Hasta ahora se sabe muy poco de la suerte que han corrido Don Draper, su bellísima ex mujer y todos los personajes que giran alrededor de su mundo.
En la página de AMC, solo adelantan que el primer capítulo se llama “Public Relations” y que, en él, Don cometerá un error que pondrá en peligro a la nueva empresa. Tratar de hacer cualquier cálculo o predicción es en vano. Ya los escritores de la serie nos han demostrado todo lo que son capaces de destruir por tal de seguir construyendo su audaz historia.
Ahora Don es más libre que nunca (acaba de divorciarse y es dueño de su agencia), pero Estados Unidos comienza a dejar atrás la década de los sesenta y eso, al menos en la vida real, significó una drástica vuelta de tuerca. ¿Acabará por hundirse Don Draper, o conseguirá que sus clientes saquen a flote sus sueños? Mad Men logró ser impredecible y genial a lo largo de tres temporadas, todos nos merecemos que en los próximos capítulos lo sea aún más.

24 julio 2010

La ventanilla de Paul Theroux

No suelo sentir envidia por los grandes escritores. Me hubiera gustado escribir cosas de Sherwood Anderson, Emilio Salgari, Paul Auster, Antonio Tabucchi o Alessandro Baricco, pero no me creo capaz de superar su capacidad de inventiva y, de antemano, me doy por vencido. Sin embargo, admito que envidio a Paul Theroux. Aunque en su caso no son los libros sino su ventanilla.
El autor de El gran bazar del ferrocarril es, sin lugar a dudas, el viajero que mejor ha descrito el arte de dejarse llevar por un tren. “El tren es capaz de infundirte tranquilidad en lugares horribles, no tiene nada que ver con los angustiosos sudores de muerte que provocan los aviones, el mareo de los autobuses de largos trayectos o la parálisis que aflige al que va en automóvil”, define Theroux.
Ayer me regalaron la más importante obra de Theroux. Desde entonces viajo en trenes por Inglaterra, Francia, India, Vietnam o China. Voy a bordo de los nombres más fascinantes: Orient Express, Estrella del Norte o Transiberiano. Estoy feliz, pero muerto de envidia, no puedo dejar de desear ni por un segundo la ventanilla de Paul Theroux.