No hay nada más subversivo en la Cuba actual —ese país fallido que va camino al primitivismo— que releer los discursos de Fidel Castro. Ninguna de las grandes promesas que formuló —desde su alegato en el juicio del Moncada hasta las interminables peroratas que pronunció en plazas, congresos y reuniones— ha llegado en pie a 2026.
Cuba llega a 2026 empobrecida, desigual y exhausta. Un Estado que ha perdido todas sus capacidades —salvo la de reprimir—; escuelas en ruinas; hospitales sin medicinas; ciudades a oscuras; una juventud que renuncia a tener hijos y solo piensa en largarse: ese es el verdadero legado de Fidel Castro.
En «Biografía», uno de los textos de Piedras sueltas, Octavio Paz sintetiza: «No lo que pudo ser: es lo que fue. Y lo que fue está muerto». Eso mismo puede decirse de Fidel Castro y del proyecto que impuso en Cuba tras llegar al poder en enero de 1959. Por eso, el futuro del país, sea cual sea, tendrá que construirse sin su fantasma.
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