Con su única mano
sostenía el bastón,
por eso fuimos
nosotros
quienes tuvimos
que abrazarnos
a él.
Los tres miramos
a Diana: nosotros
con el cansancio
que traíamos encima;
él, a través
de los espejuelos
hechos del mismo
bronce que su barba
y su bigote,
bajo el cual parecía
esconder las palabras
que no quiso decirnos.
*Del libro inédito Día de Camino.
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