28 febrero 2011

Susan sigue caminando del brazo de Bob

Cuando se conocieron, en 1961, ella tenía 17 y el 20. Dos años después, aparecería en la portada de Freewheelin, uno de los discos más incorruptibles de Bob. Susan Suze Rotolo murió el pasado 24 de febrero. Tenía 67 años. Su rostro era la prueba irrefutable de que hasta las musas de Dylan envejecen.
Aunque apenas compartieron tres años de sus vidas, Susan inspiró a Bob como ninguna otra mujer. “Le di mi corazón, pero quería mi alma”, confiesa el cantautor en “Don't Think Twice, It's All Right”. Ni antes ni después Dylan escribió cosas tan  amargas. Cuando Rotolo se fue por seis mesas a Italia y lo dejó a solas con la guitarra, Bob que podía sentir amor o rencor como un ser común y corriente.
Los años sesenta del siglo pasado es una de las épocas que más iconos y fetiches ha producido en este mundo. Muchas imágenes de esa época son ahora objetos de culto. Pero muy pocas resumen mejor aquel espíritu liberador que esa donde Susan y Bob pasean por el medio del frío de Greenwich Village.
A pesar de que ya no está en este mundo, Susan sigue caminando del brazo de Bob. Si no me creen, oigan ahora mismo “Girl from the North Country”. Ni siquiera importaría que sea en la voz de Johnny Cash. De cualquier forma los verán pasar. Solos. Iluminados por esa rara luz que no deja morir a las cosas.

24 febrero 2011

El régimen cubano no le quiere contar al pueblo lo que pasa en Libia

El régimen de los hermanos Castro, que tiene el poder sobre todos los medios de comunicación en Cuba e impide el libre acceso a Internet, ha manipulado de una manera grosera las informaciones que le llegan a su pueblo sobre lo que ocurre en Libia. El colmo de los colmos es un reportaje del enviado especial de TeleSur, donde se asegura que la calma regresó a Tripolí después de la última alocución del dictador Muamar al Gadafi.
Mientras Libia arde por los cuatro costados y Gadafi se atrinchera para defender los últimos reductos de su tiranía, Granma tiene la desfachatez de asegurar hoy que la normalidad vuelve al país y que los seguidores del dictador han recuperado las calles. Del número de muertos, de los mercenarios africanos, de los aviones disparándole a la gente y de la masacre ordenada por Gadafi tampoco se dice nada.
En una apurada reflexión, donde de nuevo pone su antimperialismo por delante del más elemental sentido humanista, Fidel Castro le resta credibilidad a los cables, mensajes y hasta videos que se han difundido en Internet sobre los crímenes de Gadafi (en uno de ellos se ve un entierro colectivo de las víctimas en Trípoli), para desviar la atención sobre “los civiles indefensos que los aviones sin piloto yankis (…) matan todos los días en Afganistán y Pakistán”.
Hace dos días, investido por la bobería que caracteriza su obra reciente y todo lo que dice en su blog, Silvio Rodríguez hizo un llamado: “dueños de internet y presidente obama: ¡construyan una red satelital que dé internet gratuito al tercer mundo!” (no me atreví a poner las mayúsculas porque capaz que haya algún mensaje que no capto en tanta minúscula). Es patético que el trovador antiguo se vire para otro lado con tantas cosas que decir como tiene en sus narices.
Danza macabra de cinismo. Así le puso Fidel a su reflexión de hoy. Nada describe mejor las patrañas de su dictadura que esas cuatro palabritas.

23 febrero 2011

Con las barbas en remojo

Para Fidel Castro, su obsesión “antimperialista” está por encima del más elemental sentido humanitario. Eso lo hizo merecedor, en 1996, del Premio Gadafi de Derechos Humanos. Ayer, cuando los  aviones y helicópteros masacraban a los manifestantes en Libia (que ya eran reprimidos en tierra por mercenarios africanos), Fidel escondió las cifras de los muertos y apuntó para otro lado. Más que regalarle excusas a su viejo amigo, ensayaba las suyas.
“Una persona honesta estará siempre contra cualquier injusticia que se cometa con cualquier pueblo del mundo, y la peor de ellas, en este instante, sería guardar silencio ante el crimen que la OTAN se prepara a cometer contra el pueblo libio”, afirmó en su reflexión de ayer el dictador. Para el Comandante, la geopolítica está por encima de los crímenes y la barbarie.
Mientras Libia arde, las fuerzas represivas del régimen cubano no pierden tiempo. El primer aniversario de la muerte de Orlando Zapata Tamayo les ha dado alcance y, para impedir cualquier manifestación en las calles, han encerrado en sus propias casas a un gran número de disidentes y opositores pacíficos.
“No imagino al dirigente libio abandonando el país, eludiendo las responsabilidades que se le imputan, sean o no falsas en parte o en su totalidad”, subraya Fidel. Una vez más ensaya frases que pueden estar dichas dentro de muy poco por él o por su hermano, Raúl Castro, quien le sucedió al mando del régimen y tendrá la última palabra cuando llegue el momento de apretar el gatillo contra los cubanos.
Antes había espacio para reflexiones delirantes, ahora que las barbas están en remojo hay que calibrar el alcance de lo que se dice.

19 febrero 2011

¿Quién le teme a Reina Luisa Tamayo?

El régimen de los hermanos Castro le teme a Reina Luisa Tamayo. Por eso le ordenó a su policía secreta que la arrestaran y golpearan. Reina Luisa estaba desarmada, solo pudo usar su voz en defensa propia y eso amedrentó aún más a sus represores. Ellos saben que esa mujer es de la misma estirpe que su hijo, Orlando Zapata Tamayo, el negro albañil que prefirió morir de hambre antes que rendirse.
Cuando los esbirros de la Seguridad del Estado apresaron a Reina, ella les reclamaba que retiraran el cerco sobre Banes y dejaran entrar al pueblo a todos los cubanos que querían conmemorar, en la tumba de Orlando, el primer aniversario de su muerte. El pánico solo les permitió emprenderla a golpes contra ella y contra dos familiares suyos.
Hace unas semanas se filtró un video donde el policía Eduardo Fontes Suárez detalla, delante de un grupo de colegas, todos los temores del régimen cubano. Cuando Fontes termina su precaria exposición (es un hombre de pocas palabras, maneja un mínimo de vocablos), nos damos cuenta de que la dictadura le tiene terror al sentimiento de libertad que genera la Internet. Le produce pánico que los jóvenes se expresen sin que se pueda ejercer sobre ellos control alguno.
Reina Luisa Tamayo ha gritado libertad a mano limpia y eso les da aún más miedo. Para luchar contra la dictadura de Fulgencio Batista, el Movimiento 26 de Julio (que encabezaba Fidel Castro) se escudaba en las madres de los mártires, quienes marchaban en primera fila. Sabían que la policía batistiana sería incapaz de tocarlas. La policía castrista no maneja los mismos códigos de honor. Reina Luisa Tamayo lo supo ayer, mientras la pateaban y arrastraban.

17 febrero 2011

Leonardo Padura: El hombre que ama a Mantilla

Guillermo Cabrera Infante recordaba con orgullo que los habaneros llegaron a cambiar latas de leche condensada por sus libros. La novela más reciente de Leonardo Padura, El hombre que amaba los perros, fue robada de la imprenta donde se produjo y ahora se vende en la bolsa negra por una suma que equivale a varios artículos del kit de supervivencia de los cubanos: aceite, jabón, detergente...
He tenido innumerables discusiones sobre la obra de Padura. Todas han sido con escritores cubanos que acuden a los más absurdos pretextos para restarle valor a sus novelas. En la mayoría de los casos se trata de una envidia visceral. Padura ha logrado, encerrado en su mundo de Mantilla, lo que ningún otro novelista de la Isla en ninguna otra parte del mundo.
Nunca un novelista nacido en Cuba ha conectado mejor con los lectores de su país  que Leonardo Padura. Nótese que no he puesto fechas ni demarcaciones de ningún tipo a esa afirmación. La celebridad de Mario Conde, ese singular policía que ha devenido en vendedor de libros (no descarten que él también tenga algunos de los ejemplares robados de El hombre que amaba los perros), no la alcanzó antes ningún otro personaje de ficción en la Isla.
Hace unos días, un querido amigo que es muy exigente cuando de literatura cubana se trata, me llamó eufórico para decirme que acababa de terminar “la nueva novela de Padura”. Después de asegurarme que es lo mejor que ha leído en mucho tiempo, hizo una pausa. Cuando él hace ese tipo de silencio, es que quiere que nos preparemos para una de sus frases lapidarias: “Ahora, tigre, eso es el manifiesto anticomunista”.
Por eso me ha alegrado tanto que el ex diplomático Raúl Roa Kourí (quien es hijo del intelectual y político Raúl Roa, canciller por más de veinte años del régimen de Fidel Castro) también asegure que se trata de una obra excepcional. Los hechos que narra Padura, según Roa Kourí,  son un reflejo de la sociedad cubana actual, esa que él y su padre contribuyeron a engendrar.
Leonardo Padura ya trabaja en su próxima novela. Además del talento, al hombre que ama a Mantilla lo favorece una inconcebible disciplina. Como casi nadie hace nada, suele decirse que en Cuba lo único que sobra es el tiempo. Padura es una de las excepciones de esa regla y de muchas otras. Por eso ha logrado construir un territorio independiente donde habitan él, Lucía, sus perros y la gente de su barrio, esos individuos comunes y corrientes que tanto lo inspiran.

16 febrero 2011

Las nuevas palabras a los intelectuales

Ayer Fidel Castro se volvió a reunir con los intelectuales cubanos. La escenografía y algunos de los actores me hicieron recordar sus palabras en el Salón de Actos de la Biblioteca Nacional en 1961. Aunque aquellos días de junio (16, 23 y 30) quedan a 49 años de distancia, son una prueba ineludible de que el 15 de febrero de 2011, al menos en mi país, también pertenece a un pasado remoto.
El Comandante de Palabras a los intelectuales era un joven iracundo, de completo verde oliva, que le pedía a los artistas que desarrollaran “hasta el máximo su esfuerzo creador”. El que habló ayer es un anciano balbuceante que ni siquiera leyendo puede evadir los disparates. En aquel momento el problema que se discutió fue “la libertad de los escritores y de los artistas para expresarse”. Lo que se habló ayer es muy difícil de precisar.
El dictador compartió dos grandes preocupaciones: la amenaza inminente del invierno nuclear y el alto número de norteamericanos que están expuestos a morir del corazón por ver anuncios en la televisión. Fruto del primer encuentro surgió una de las máximas que mejor desmiente el carácter libertario del fidelismo: “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución nada”. De las nuevas palabras a los intelectuales no podemos sacar ni siquiera una idea en claro.
Llama poderosamente la atención que ayer los más ancianos fueron los que más entusiasmo exhibieron (hubo uno de pelo largo y cano que se salía de la butaca de tanto asentir con la cabeza). Justo los que sufrieron en carne propia las consecuencias del primer encuentro, ofrecían ahora sus pellejos para más sacrificios, con más devoción. Prueba de que Cuba, esa Cuba, es un país para viejos, un lugar donde nadie que quiera salir al futuro tiene cabida.