25 noviembre 2009
Jorge Luis, Wichy, Rodrigo Kuang y yo. O nosotros, los sobrevivientes
Mañana mismo, Ubieta
Sí, en efecto, Enrique Ubieta vive en una isla que desconoce. Al menos eso deja entrever en su réplica a mi post anterior, algo que escribí con indignación (por la desfachatez con la que el director de La Calle del Medio reivindica las turbas y los actos de repudio) y no, como él supone, con la idea de refutarlo. Sin embargo, no puedo admitir que me declare su enemigo, ni siquiera en términos políticos. Por más que quiera, él no puede encarnar al régimen, su actitud lacaya no le alcanza para representarlo.Enrique Ubieta defiende sin capa y con espada a una dictadura que ha sumido a Cuba en la miseria económica y moral, convirtiendo a la nación cubana en una paupérrima isla a la deriva y sin futuro. Yo, quiero un país plural, con todos y para el bien de todos, donde cada cubano tenga derecho a decir lo que piensa y a participar en el futuro de su patria con entera libertad.
Enrique Ubieta presume que “en Cuba existe una Revolución, porque existe un pueblo revolucionario”. Yo, creo que la revolución (así, con minúsculas) no se atreve a preguntarle a los cubanos qué piensan de ella y por eso ha preferido mantenerlos en el oprobio sumidos. Ubieta habla en nombre de un pueblo sin otro sustento que no sea el de una infame maquinaria propagandística. Yo apenas hablo por mí y siempre le agradeceré a República Dominicana el haberme devuelto eso.
Pero el hecho de que permanezca aquí no quiere decir que esté huyendo o trate de refugiarme. En eso se equivoca Ubieta y por eso cae en la cobardía de afirmar que soy “el fogonero de un tren que ya marcha muy lejos, tan lejos, que él apenas recuerda la vieja estación del pueblo”. Él sabe que yo, como cientos de miles de cubanos (y ese estimado si no es exagerado), estamos privados del derecho de poder regresar a nuestra patria.
24 noviembre 2009
Al repudio corred
No lo dice en ningún momento, pero es obvio que se refiera a las golpizas propinadas a Yoani Sánchez y Reinaldo Escobar. Ese es el pie forzado de “Diálogo, debate, confrontación. Para una delimitación de fronteras”. El título (tan ochentero y tan decadente como Ubieta mismo) y la mayoría de los párrafos no dicen nada nuevo y casi nada de relevancia (se citan en extenso un par de trabalenguas de Fidel). El texto fuera del todo irrelevante de no ser por la última línea: “Los revolucionarios sabemos debatir, y combatir”.
Sin argumentos, pero con mucha convicción (al menos eso quiero creerle), Ubieta legitima el derecho del gobierno cubano a organizar turbas para doblegar a palos a los que la adversan. Más abajo, Ubieta responde un comentario de un lector y es aún más contundente: “los que quieren destruir la Revolución no vienen a discutir, le hacen el juego a los medios para imponer una matriz de opinión que favorezca sus conclusiones prefabricadas. Y entonces no valen las palabras”.
23 noviembre 2009
Una distinción necesaria
En alguna parte leí que los dos personajes que mejor definían a la dictadura de Fulgencio Batista (1952-1958) eran la puta y el chivato. En la de Fidel Castro (desde 1959 hasta la fecha) los segundos se comportan como las primeras. Esa puede ser la razón por la que los cubanos le buscaron otro nombre a las muchachas que circulan, subrepticiamente, bajo los lumínicos oscuros y las rumbas apagadas.
–Seré jinetera, pero a mucha honra– suelen decir ellas, tratando de hacer una distinción necesaria.
Como el pianista de Varsovia
En el tributo que Roman Polansky le hizo al pianista polaco Władysław Szpilman, hay un callado homenaje a todos los creadores reprimidos, a esos que no les queda otro remedio que encerrase en el silencio para poder escapar.En un escondite de un edificio destruido, Szpilman (interpretado por Adrien Brody) toca el piano sin tocarlo. Sabe que el más mínimo sonido podía delatarlo y por eso levanta las manos, repasa en el aire una balada en sol menor que sólo así podría sonar afinada.
Como los nazis, el gobierno cubano aísla y deja sin voz a todo aquel que lo contradiga. Los más recientes actos de repudio acaecidos en las últimas semanas, reviven el horror nazi de los guetos. Las ruinas y el terror fascista, hacen que La Habana de hoy se parezca cada vez más a la Varsovia de entonces.
Como el pianista de Polansky, la mayoría de los creadores cubanos se ven forzados a escribir lo que de verdad quieren en el aire, sin que nadie a su alrededor los oiga.
18 noviembre 2009
Los espejos
Hay que evitar que los espejos sigan diciendo cosas.Ya pasó la época en que esperabas la hora del baño
para escribir un verso con la punta del dedo.
Recuerda que las palabras solían quedarse allí
hasta que el aire viciado de la habitación
las convertía en humo ilegible.
Hay que evitar que los espejos sigan diciendo cosas.
Cada vez que entres en la ducha,
asegúrate de dejar al menos una ventana abierta.
No permitas que se acumule el vaho ni el tiempo,
No dejes que ningún recuerdo se refleje.
Dale la espalda a eso que ves
y sal de ahí,
vete antes de que se te ocurra algo
y caigas en la tentación de querer decirlo.