15 octubre 2022

Fecha de vencimiento


Diana es muy estricta con las fechas de vencimiento. Nunca le da un día de gracia a nada, ni siquiera a las cosas que más le gustan. Nos hemos visto en problemas más de una vez por su inflexibilidad en ese sentido. Sobre todo en la Loma de Thoreau, donde a veces se hace difícil salir a buscar algún reemplazo.
Yo, que me crié en Cuba socialista (como rezaba un cartel a la entrada de la bahía de Cienfuegos), le hago mucho menos caso a las fechas que ponen en el fondo de las latas. Vengo de un internado en las montañas del Escambray (la secundaria de El Nicho) donde comíamos carne rusa con dos o tres años de vencida.
En 1991 pasó un temporal por el Paradero de Camarones. La luz se fue por varios días (no tantos como ahora, en honor a la verdad). El cocinero del campamento de una brigada de pintores de puentes (un tren dormitorio que rotaba por los pueblos de la provincia) nos regaló unas latas de sardinas.
Mi madre me hizo notar que estaban vencidas desde 1989. “Si los pintores no se han muerto, no voy a ser yo el que dé el espectáculo”, le respondí. Me las sirvió con arroz blanco y cebollas. Todavía busco, en las sardinas actuales, la remota delicia de aquellas parientas lejanas de las anchoas.
Este fin de semana me he quedado solo en El Bohío. Aunque ya puedo apoyar el pie, mi movilidad sigue siendo muy reducida. Por eso me he dedicado a explorar a profundidad la nevera. Entre las cosas que hallé, estaba un paquete de pepperoni Boar’s Head que venció hace unas semanas.
Con él enriquecí pedazos de una pizza que María pidió el jueves. Quedaron deliciosos. Hoy di con un pirex de arroz blanco. Cojeando llegué al estante donde se guardan las cebollas. Lo único que me faltaba era la lata de sardinas. Me hubiera gustado que estuvieran vencidas para que el homenaje fuera perfecto.
Aunque estas eran portuguesas y estaban deliciosas, no logré que supieran tan ricas como aquellas que nos regalaron los pintores de puentes. La única explicación que se me ocurre es que mi paladar también tiene fecha de vencimiento.

14 octubre 2022

Las jirafas


Mi viejo Salvador Dalí,
quien te escribe
se fascinó con tu obra
en un país
donde era imposible
que los relojes
se derritieran
y las jirafas acabaran
envueltas en llamas.
Solo los cañaverales
ardían
en el lugar
de dónde vengo.
Aunque ya
no me asombras tanto,
debo reconocer
que mi amor
por Gala sigue intacto.
Solo que ahora
la mujer de mi vida
tiene otro nombre.
Diana,
Salvador,
es aún más posesiva.
Pero, eso tendría
que explicártelo
en Cadaqués,
cuando la marea alta
inunda su espalda
no hay
nada que hacer.
Lo demás tendrás
que tratarlo
con el adolescente
que fui.
Solo te adelanto
que nunca
en un país
tan aburrido
las jirafas ardieron
por una mejor causa.

El vaso lleno de agua


Con esa muchacha tan pixelada que ustedes ven ahí, tuve una terrible discusión la semana pasada. Fue por una bobería, pero llegó un momento en que nos dijimos cosas que somos incapaces de decir. Los que se aman de verdad discuten por lo más inverosímil y, lo peor, se lo toman muy en serio.
Cuando se fue a New York sentí un inexplicable alivio. Creía que tantas millas de por medio nos haría un bien que por ningún mal podría venir. Pero la misma noche de su viaje empecé a tener serios problemas. No tuve que llenar el vaso de agua que va en su mesa de noche, nadie me destapó cuando empecé a sentir frío.
Traté de resistir, como si estuviera al frente de un batallón de invencibles ucranianos, pero la valentía nunca ha sido una de mis virtudes. Apenas me llamó y encendió la cámara, dije las cosas que siempre digo al verla lejos de mí. Ella, en honor a la verdad, correspondió cada una de mis debilidades.
Regresa el domingo. La esperaré con el vaso lleno de agua en su mesa de noche. Mi felicidad será indescriptible cuando sienta mucho frío y me destape.

02 octubre 2022

Carta de Mayitín a sus amigos y a los amigos de Mario García Joya y María Eugenia Haya

De izquierda a derecha: Mario García Joya (Mayito), 

María Eugenia Haya (Marucha), Iván Cañas, Cristina y Pirol.


A los amigos de mis padres, Mario García Joya y María Eugenia Haya.

A mis amigos:

En días pasados, a través de GoFundMe, se hizo una petición para recaudar fondos a nombre de Mario García Joya. Agradezco a cada una de las personas que, movidas por la solidaridad, el cariño y la admiración colaboraron con esta iniciativa. 
Por ellas, por mi familia y por el legado de mis padres me veo en la necesidad de hacer una importante aclaración: Mario García Joya cuenta con todos los recursos económicos y con toda la asistencia que necesita actualmente. 
También ha contado siempre con el apoyo y la atención de sus hijos. Yo mismo, en todo momento me he asegurado de que nunca le falte nada. Incluso cuando él estaba en plenas facultades, siempre estuve atento a cada una sus necesidades.
También es importante aclarar que su seguro médico le garantiza toda la asistencia que necesita, desde los equipos, los medicamentos y la enfermera, hasta las raciones de la dieta diaria que él, por su estado actual, debe seguir. 
Sumado a eso, recibe mensualmente la cobertura de su retiro. Es muy lamentable que se utilice el estado actual de salud de Mario García Joya como pretexto para recaudar fondos en su nombre. Estoy convencido de que él jamás habría permitido algo así. 
Quiénes de verdad conocieron a Mayito y Marucha, saben de sobra cómo pensaban, qué principios los movían y cómo hicieron su obra. Por ese legado, que vi hacerse delante de mí mientras crecía, me siento en la obligación de hacer esta aclaración.
Me apena que usaran el nombre de mi padre, aprovechándose de su estado de salud, y que no tuvieran en cuenta las consecuencias que algo así podía tener para el legado de un artista como Mario García Joya.
En nombre de mi familia, de la memoria de María Eugenia Haya y de mi padre, les pido las más sinceras excusas.

Con cariño y agradecimiento

Mario García Haya (Mayitín)

01 octubre 2022

El regreso a la barbarie


Hay un texto de Memorias del subdesarrollo (Tomás Gutiérrez Alea, 1968) que predice con exactitud la Cuba actual. Lo dice Pablo, mientras transita junto a Sergio por La Habana: “Esta gente dice están haciendo la primera revolución socialista de América. ¿Y qué? Van a regresar a la barbarie, van a pasar un hambre… como los haitianos”.
Luego, en otra escena de la película, Sergio afirma que “todo el talento del cubano se gasta en adaptarse al momento”. Eso es lo único que ha hecho en los últimos 63 años. Ninguna iniciativa de la dictadura de Cuba fue sostenible en el tiempo. Por eso tuvo que exigir a la gente una exagerada capacidad de readaptación.
Ningún plan del mesiánico dictador sobrevive hoy. Sus quimeras solo fueron posibles mientras pudo canjear soberanía nacional por subsidios soviéticos. Luego, intercambió con Venezuela medios represivos por petróleo. Porque en lo único que sí fue eficaz el régimen desde su instauración fue en su capacidad represiva. 
Nunca sabremos los cubanos que murieron por falta de una ambulancia durante la pandemia del Covid-19. Después, empezaron a caer como moscas por la incapacidad del país de producir oxígeno. Sin embargo, jamás faltó un carro patrullero en ese asfixiante territorio para amedrentar, hostigar y perseguir. 
Es indignante ver las largas filas de vehículos destinados a reprimir en un país paralizado y frente a un pueblo hambriento. La historia de Cuba, sobre todo desde 1959 hasta hoy, habrá que rescribirla por completo. Pero toda narrativa debe de empezar por el día de ayer. 
Por esa isla que ya no se distingue de noche. Por ese país totalmente apagado y por esos cubanos que ya solo les queda su propio cuerpo para defenderse de la aplastante obstinación de la dictadura. Anoten la fecha. De aquí en adelante y hasta el desplome total del sistema, solo resta la barbarie. 
Porque por perder, los cubanos han perdido ya hasta la capacidad de adaptarse al momento. Es importante subrayar que, poco a poco, también se les está agotando el miedo.

La mariposa nocturna


Al parecer a esta mariposa nocturna le gusta mucho “Nosotros”, porque cuando empezó a sonar la canción de Pedrito Junco vino y se posó entre Diana y yo. Le expliqué que su autor era de Pinar del Río, un lugar donde justo ahora lo estaban pasando muy mal. 
Se mantuvo inamovible, supongo que por el impacto que le produjo oír que Cuba hace más de 72 horas está totalmente oscuras y que ahora mismo es un país donde no hay cabida para su especie. 
Cuando empezó “Voy a apagar la luz” levantó el vuelo. Se fue para la terraza que aún estaba encendida.