07 abril 2017

La gran temporada

Diana Sarlabous y yo lo compartimos todo, incluso las tarjetas de crédito. Por eso advirtió un cargo desconocido. 
—¿Cucho, qué fue eso? —me preguntó. 
—La temporada completa —le respondí. 
Como seguía sin entender, iba a tratar de explicarme mejor en el momento en que Yasiel Puig conectó un largo batazo que se voló la cerca del left field del Dodger Stadium. Era el segundo de la noche. Caballo Salvaje, además, negoció dos boletos, anotó dos carreras, remolcó cuatro más y se robó una base. 
—Ahí lo tienes, Cucha, ese es el cargo. 
Entonces Yasiel la miró, hizo una señal hacia el cielo y pisó el home.

04 abril 2017

Regalo de aniversario

Las canciones de Andrés Calamaro nos han acompañado desde la primera noche. Nos conocimos mientras yo leía un texto donde El Salmón canta “Estadio Azteca”. Luego le dimos la vuelta a Cuba en un carro alquilado en el que sonaban Alta suciedad, Honestidad brutal, El regreso y —sobre todo— La lengua popular.
Cada viaje de ida o vuelta a la Loma de Thoreau ha tenido a Bohemio, Jamón del medio, Pura sangre y Volumen 11 como banda sonora. Muchas veces, cuando torcemos por el Camino de La Lomita —que es la parte final del trayecto— pongo “La libertad”:

Creo que todos buscamos lo mismo,
no sabemos muy bien qué es ni dónde está,
oímos hablar de la hermana más hermosa
que se busca y no se puede encontrar.
La conocen los que la perdieron,
los que la vieron de cerca irse muy lejos
y los que la volvieron a encontrar,
la conocen los presos…
La libertad.

El próximo 12 de mayo, Diana Sarlabous y yo cumpliremos 5 años de esa felicidad compartida que ha sido encontrarnos, amarnos y casarnos. En honor a todo lo que han hecho por nosotros sus canciones, nuestro regalo de aniversario será un concierto de Calamaro.
Mi único deseo es poder envejecer junto a ella y, hasta el día en que me lleve a la cañada dentro de una lata de café Bustelo, “siempre seguir la misma dirección, la difícil, la que hace el salmón”.

Cine familiar

Diana y yo vemos una película todas las noches con María. Le llamamos “Cine familiar”. Es la manera que hemos encontrado para que ella también viva una experiencia que fue muy importante para nosotros. Muchos de nuestros recuerdos más queridos ocurrieron en aquellos largos días del siglo pasado en los que toda la familia acababa reunida frente a una pantalla.
Gracias a eso, he vuelto a encontrarme con muchas películas que hicieron de mi infancia un lugar único. Nuestra costumbre también me ha hecho recordar aquellas noches en que mis padres o mis abuelos me llevaban al cine y, cuando llegaba el momento de salir a la calle, me ponían un pañuelo en la boca.
Daba lo mismo que estuviéramos en el cine La Yaya de Manicaragua, en el Luisa de Cienfuegos o en el Justo del Paradero de Camarones. Nunca logré escaparme de aquella condición. “¡No te destapes la boca! —Me decía siempre mi abuela Atlántida—. ¡Hace mucha frialdad y puedes coger un aire!”
Anoche vimos Colmillo Blanco. María lloró frente a las mismas escenas que yo cuando tenía su edad. Al final le hablé de Jack London, de su literatura de lo salvaje y de sus protestas contra la “humanización” de los animales. Cuando le dije que era uno de mis escritores preferidos, sonrió con picardía.
—Se nota—me dijo—, Jarabacoa es tu Alaska.
Entonces apagamos el televisor y nos fuimos a dormir. Camino del sueño, le tapé la boca con un pañuelo.

03 abril 2017

Gato Barbieri

Cuando estábamos construyendo la cabaña en la Loma de Thoreau, subíamos todos los sábados para ver el progreso de la obra. En uno de esos viajes, cuando aún faltaban unos dos meses para que pudiéramos mudarnos, descubrimos que una rata ya se había instalado en la cocina.
Lo primero que se me ocurrió fue bajar al pueblo para comprar una trampa. Diana, en cambio, pensó en un gato. La idea de la trampa era mucho más sencilla. Un buen pedazo de queso, con toda seguridad, sería irresistible. El gato, en cambio, necesitaba de alguien que se ocupara de él de lunes a viernes.
Nos estacionamos a medio camino entre la ferretería y Animal Planet, la tienda de mascotas de Jarabacoa. Fui por mi trampa, mientras Diana y María fueron a conseguir un gato. Compré una de esas que son tipo jaula y que te convierten en verdugo, porque debes ahogar a la rata una vez que es atrapada.
Cuando vi que María venía dando saltos de alegría, supe que se habían salido con la suya. Esa misma noche atrapé a la rata con la trampa y tuve que dejar a Barbieri (así le pusimos) encerrado en la que luego sería nuestra habitación. Ambos animales eran casi del mismo tamaño.
Han pasado cinco meses desde entonces. La trampa, ya oxidada, está donde guardamos los trastos que probablemente nunca más usaremos. No hemos visto a Barbieri cazar algo que no sean lagartijas, grillos y pequeños insectos, pero, en honor a la verdad, no hemos vuelto a ver un ratón.
Si salgo a caminar por el bosque, Barbieri me sigue de cerca como si fuera un perro. Si escribo, se echa a mi lado. Si leo, se me acuesta encima. A veces, mientras le acaricio la panza, le doy las gracias a la rata que ofrendó su vida para que nos encontráramos.
Al final, gracias a Diana y María, yo también he caído en una trampa. No tengo un gato, él me tiene a mí.

31 marzo 2017

Arriero

El silente arriero sigue ahí,
mientras beso tus ojos
y sirvo un café
en el cuenco del amanecer.
En todas estas lomas
nadie como él
entiende al dios matemático
que creó el palo amarillo.
Solo así se explican
sus pasos certeros y rápidos
entre las ramas,
la neblina y el abismo.

No sé cómo darle las gracias
por esa música
que tiene la cañada
cuando él se mantiene
sigiloso,
expectante,
listo para darle
alcance a su presa
y dejarnos atraparnos
entre la mañana
y la lluvia
que seguirá cayendo
durante todo el día.

30 marzo 2017

Golpe de Estado en Venezuela

Un día como hoy me es inevitable recordar las innumerables discusiones que tuve con muchos amigos dominicanos sobre el chavismo y las graves consecuencias que eso tendría para Venezuela. 
Hablo de un momento en que Hugo Chávez se bañaba como un tiburón en un mar de petróleo y salpicaba a todos los países de la región a cambio de respaldo, complicidad o —por lo menos— silencio. El tiempo, desgraciadamente, me ha dado la razón. 
No es que yo fuera adivino, es que se trataba del remake de una película de la que ya había vivido el final. Hoy es el primer día oficial de una dictadura que logró arruinar a un país y matar el futuro de una nación en tiempo récord. 
Lo que al fidelismo le tomó medio siglo, el chavismo logró resolverlo en apenas una década y media.