13 enero 2013

No oí ladrar los perros


Todas los días, antes de que den las 6, salgo a la madrugada de Santo Domingo con Laika. Mientras le damos la vuelta a la manzana, nos ladran desde tapias, portales y balcones. Esos sonidos, en medio de la ciudad todavía oscura, me recuerdan a los perros de mi infancia.
El más famoso de todos era Nerón, un enorme perro negro que custodiaba el patio de Talín y Mercedita. Era feroz hasta con las auras tiñosas que sobrevolaban su espacio aéreo. Benigno, el cazador, siempre andaba con Verduga, una fiel rastreadora que jamás perdía a su presa.
Una indescifrable cachorra amarilla, producto de los peores genes de su especie, nunca se separaba de los hermanos Pérez, que perdieron su apellido por la fidelidad de aquel animal. Aún hoy, ya hombres, todos en el pueblo les llaman Aldo y Tony la Perra.
El paso de un tren, el vuelo de una lechuza o la irrupción de un extraño, hacía que todos los perros del Paradero de Camarones ladraran al unísono. Aquel eco sucesivo, que se reproducía patio tras patio, era parte de nuestra identidad cuando nos quedábamos a oscuras.
Cuando ya estábamos de regreso en República Dominicana, Diana me preguntó qué cosas habían quedado pendientes. Esta fue una de las más importantes, como siempre fuimos de día y ya no tengo allí dónde dormir, me perdí ese momento que tanto me gustaba.
—No oí ladrar los perros —le dije.

11 enero 2013

Bejucal viaja feliz hacia 1837


El Granma publica hoy una noticia que ha llenado de júbilo a los pobladores de Bejucal, un pueblo que está 27 kilómetros al sur de La Habana: ya pueden viajar en tren a la capital de Cuba, luego de que por fin pudiera rescatarse la línea que los une.
175 años atrás, Bejucal vivió un momento muy parecido. El 19 de noviembre de 1937 fue inaugurado ese mismo tramo, convirtiéndose en el primer ferrocarril de Iberoamérica y en el séptimo del mundo, después de los de Inglaterra, Estados Unidos, Francia, Alemania, Bélgica y Rusia.
“Los pobladores de la capital y de la provincia de Mayabeque se encuentran beneficiados actualmente por los servicios que presta la línea ferroviaria La Habana-Bejucal, que recientemente extendió su recorrido hasta la estación de este último territorio, cuando antes llegaba solamente al poblado de El Rincón”, dice Granma.
Durante las dos horas que dura el trayecto, el tren pasa por las estaciones de Luyanó, Martí, Dolores, Víbora (Café Colón), Naranjito, Miraflores, Los Pinos, Arday, Parque Lenin, Arroyo Naranjo, Calabazar, General Peraza, Aeropuerto, Santiago de las Vegas y Rincón.
Cuando se lee eso, puede pensarse que se trata de recrear un momento histórico en la Cuba del siglo XIX. Pero todo está escrito en un presente que desconsuela. En un país que no se mueve, tres viajes al día de un coche-motor destartalado son noticia de portada.
A una velocidad de 13.5 kilómetros por hora, el Bejucal del siglo XXI ha logrado volver en tren a La Habana. Si Alejo Carpentier hubiera alcanzado a leer esa noticia, quizás su “Viaje a la semilla” no ocurriría dentro de una casa sino en todo un país, condenado a regresar a sus ruinas a través del esplendor de su pasado.

08 enero 2013

Tiempos de exposición


Enrique Meneses, el célebre reportero español, fue el primer fotógrafo extranjero que subió a la Sierra Maestra. Sus imágenes de la guerrilla y sus líderes contribuyeron a generar el fetichismo que siempre envolvió a la revolución cubana.
Por estos días, con la excusa de su muerte, se han reeditado algunos de los mejores reportajes gráficos de Meneses. Junto a los retratos de reyes, artistas y líderes de toda calaña, se encuentran los rostros de los hermanos Castro, el Che Guevara y Camilo Cienfuegos.
Cubadebate no se quiso quedar atrás y publicó las imágenes cubanas del español, acompañadas por un reportaje de El País y algunos pies de fotos. En uno de ellos, se recuerda que “Meneses presumía siempre de buen pulso y de no necesitar el flash”.
Fue así que logró esa magnífica instantánea donde Fidel redacta un mensaje en medio de la noche del campamento, mientras una mujer le alumbra el papel con una vela. Fueron necesarios 60 segundos de exposición, durante los cuales el fotógrafo no pudo hacer el más mínimo movimiento.
Muchas de las imágenes de Enrique Meneses han sido reproducidas hasta la saciedad por el régimen cubano. Ellas son parte esencial de la iconografía revolucionaria y han apuntalado, con su simbología, un tiempo de exposición mucho mayor.
Durante 53 años los cubanos han tenido que permanecer inmóviles y evitar el más mínimo gesto contradictorio. Esa hemiplejía también ha afectado a la nación, que medio siglo después exhibe un paisaje de ruinas vergonzosas. Es cierto que la foto de Meneses no salió movida, pero contribuyó a que nos paralizaran a todos.

05 enero 2013

Mis aniversarios


Desde niño me vi forzado a celebrar aniversarios ajenos. Natalicios, desapariciones, caídas en combate, desembarcos, batallas, victorias, derrotas… Demasiadas fechas se vitoreaban en mi país sin esperar ni siquiera por los años redondos.
De un tiempo a esta parte he empezado a celebrar aniversarios propios. Me ocurre a menudo con sucesos que cambiaron mi vida (o las de todo el mundo) y que han cumplido muchísimos años a una velocidad que me produce vértigo. No hablo de hechos históricos, me refiero a cosas más esenciales aún.
El día que descubrí en una vidriera el DVD por los 20 años de ET me quedé paralizado. No podía ser que aquella fría noche del cine Justo, en el Paradero de Camarones, anduviera ya tan lejos. Algo parecido me sucedió con La guerra de las galaxias. ¿Cómo es que esas obras siguen intactas mientras yo envejezco tanto?, me he preguntado muchas veces.
Desde hace unos días un disco que suena sin parar en mi iTunes. Es el concierto donde Fito Páez celebra el XX aniversario de El amor después del amor. Recuerdo claramente el día que una grabación pirata del álbum original cayó en mis manos. Mi hija estaba por nacer y La Habana comenzaba a derrumbarse.
Oyendo esas canciones armé su cuna, pinté su cuarto y la dormí en mi pecho por primera vez.  Pronto Ana Rosario también cumplirá 20 años. Justo ayer, mientras yo oía el disco con unos audífonos, ella entró a mi habitación y se acostó a mi lado. Puso su cabeza en mi hombro y se hizo la dormida.
El amor después del amor tal vez se parezca a eso. Ya nadie puede forzarme a contar aniversarios ajenos, pero los míos los celebro por todo lo alto. Tipos como Fito me han enseñado a que no se puede vivir sin ellos.

04 enero 2013

El secreto como estrategia


Una vez mi abuelo me contó sobre un tren muy raro que pasó por el Paradero de Camarones. Un día antes de su llegada, un hombre que jamás le dirigió la palabra se le sentó al lado, con los codos apoyados en la mesa del Jefe de Estación, a medio metro de los teléfonos.
En los puentes, alcantarillas y cruces a nivel también se apostaron individuos igual de silentes. Los niños que entonces tenía mi pueblo, le dijeron adiós al convoy como si fuera cargado de misteriosos juguetes. En verdad eso parecían aquellas cosas alargadas, cubiertas como esculturas sin desvelar.
Luego se supo, por una crisis que estuvo a punto de provocar el fin del mundo, que eran cohetes nucleares. Estoy convencido de que ni el maquinista sabía lo que llevaba su tren. Debió atar los cabos al ver a Kennedy, con tono amenazante, en la televisión.
Aún cuando ninguno había participado en la decisión de convertir a su país en un arsenal atómico, la mayoría de los cubanos salieron a las calles a insultar a Kruschev por haber decidió llevarse los cohetes de regreso a Moscú.
—¡Nikita, mariquita, lo que se da no se quita! —Gritaban con una explosiva mezcla de euforia con ignorancia.
La situación actual de Venezuela y la manera en que se han manejado desde La Habana los partes del paciente Hugo Chávez, me recordó aquella historia de mi abuelo en la que el secreto era la parte más importante de la estrategia.
Esta vez el mundo está fuera de peligro, pero Cuba vuelve a situarse en la misma encrucijada. Los niños que le dijeron adiós al tren con los cohetes velados, se han convertido en prematuros ancianos. El exceso de esperanza les hizo perder hasta la más mínima ilusión.
Aunque la mezcla de sus estados de ánimo ya no es explosiva, tendrá las mismas consecuencias. Al final se verán obligados a salir a las calles a gritar contra alguien, que acabará siendo el culpable de la nueva crisis que les espera si Chávez no responde a los antibióticos.