Yo no sé si Bladimir Zamora, Ramón Fernández Larrea o Luis Alberto
García recuerdan la fecha exacta. Los menciono a ellos tres porque estuvieron
vinculados de distintas maneras al suceso. Bladimir lo organizó, Ramoncito lo desorganizó
y Luisito llevó a Carlos Varela para que estrenara “Jalisco Park”.
Era uno de los años finales de la década del 80 y estábamos en el
primer y último Festival del Caimán
Barbudo. Desde todas las provincias de la isla acudimos jóvenes poetas. La
única condición era haber publicado en Por Primera Vez, la sección para
principiantes de la revista. Recuerdo que ese día, por más señas, conocí a
Sigfredo Ariel.
Pero es de otro poeta de Santa Clara que quiero hablar, de un
muchacho jovencísimo (en aquel entonces) que recitaba unos versos preciosos y
desfachatados, como si pudiera darse un Arthur Rimbaud en la ciudad que posee
la isla en el centro. Leyó un poema que se llamaba “Vestido de novia”. Todos aplaudieron
mucho. No pocos lloraron.
Norge Espinosa acabó convirtiéndose en un intelectual mayor de
edad. Su trayectoria en el teatro cubano ya es tan importante como su obra
poética. Sus ensayos, reportajes, críticas y opiniones no pueden dejar de
ser tomadas en cuenta ni siquiera por los que piensan diferente a él.
Recuerdo que en los años 90 le ofrecieron dirigir una librería.
Era en un sótano de la calle Línea, en El Vedado. No pocas mañanas fui hasta allá
para compartir canciones, tragos de ron peleón y cizañas. Hoy pasó por mi muro de Facebook y me dejó un disco de Marta
Valdés. Entonces recordé aquel evento cuya fecha solo deben saber Bladimir,
Ramoncito y Luisito.
Busqué en el perfil de Norge una foto para acompañar este texto. Ya
no se parece tanto al muchachito que conocí a finales de los 80. Ahora es
infinitamente más libre, por eso es capaz de vestirse de lo que le venga en
gana, incluso de mar.
Busquen su versos, quiero compartir ese privilegio con ustedes.


