20 febrero 2007

Hombre desarmado

Puedo describir con lujo de detalles la única arma que he tenido en mi vida. Era una escopeta de palo con dos tiras de goma que disparaba tapas de refrescos. Participé en incontables asaltos a los trenes que llegaban a mi pueblo. Lo estuve haciendo hasta que Barbarita, la madre del Chiqui, se lo dijo a mi abuela Atlántida y me condenaron un mes entero de castigo.
Nací en un país donde el servicio militar es obligatorio y donde hay unos carteles inmensos en los que un señor muy viejo con unas barbas enormes grita una consigna: “¡Cada cubano debe saber tirar y tirar bien!”.
Pero mis pies planos me eximieron de los concentrados militares y de las movilizaciones a los polígonos de tiro. De manera que no tuve que acudir al desacato para llegar hasta el día de hoy sin haber apretado un gatillo. Lo que hubiera empezado siendo un acto de rebeldía, acabó convirtiéndose, poco a poco, en una postura ética.
Soy un hombre desarmado, esa convicción es mi única defensa.

13 febrero 2007

Silvano indeleble

Nunca quedó del todo claro quién tomó realmente la decisión de cubrir el mural de Silvano Lora en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Tampoco se dijo a quién se consultó y quién alegó las “razones estéticas”? ¿Alguien recabó la opinión de un crítico de arte? ¿Se requirió a un especialista en patrimonio para tomar la decisión? ¿O fue un simple decorador, de esos que usualmente especulan con arreglos florales y pinturas en serie (que es algo muy diferente a una obra de arte) el que echó finalmente la suerte?
Algo así puede suceder con empresarios inconscientes y poco informados, como ocurrió en Molinos Dominicanos, donde fueron capaces de borrar una obra única del venezolano Carlos Cruz-Díez, uno de los maestros del arte cinético en América Latina. Pero en una universidad con la trayectoria de la UASD es impensable que una agresión así llegue a perpetrarse.
Silvano Lora además de haber sido revolucionario (en la más cabal acepción de la palabra) y un creador invencible, fue un artista y un promotor cultural incansable que defendió las identidades dominicanas y caribeñas desde los barrios más apartados hasta las urbes más visibles. El nuevo mural de la UASD duró lo que la gente tardó en hacer memoria; la obra de Silvano, en cambio, es indeleble.

01 febrero 2007

Play Again!

El bodeguero banilejo que voló desde New Jersey para cobrarle una deuda a un mocano. El publicista que “está” en la hija del banquero que tiene amores con el hijo de otro banquero. El empresario que perderá cinco furgones de contrabando. El traficante que está a punto de “salir” del cargamento más grande de su vida.
El “pizzero” que se irá en yola en cuanto junte los cuartos. La muchacha que da masajes eróticos y el don que le prometió un vestido y unas uñas chinas. El doctor le “sacará” a una operación con el seguro el Mercedes del año. El proxeneta. El maestro. La megadiva. El albañil. La regidora.
El asesino. La ama de casa. El desempleado. El cibernético. La diseñadora y los amantes que se apostaron lo que fuera con la única intención de cobrárselo en el 12. Si el país fuera el Play y no lo que está afuera, si toda esa gente no tuviera que renunciar a esos 27 outs de felicidad; no ocurriría nada de lo que, inexorablemente, acabará sucediendo tarde o temprano.

30 enero 2007

Los "escrúpulos"

El bar Skrúpulos está en la Benito Monción, una de las calles más santiagueras de Santiago. En su misma cuadra, coexisten dos de las instituciones culturales con más tradición en la ciudad: Casa de Arte y la 37 por las Tablas. El martes pasado, Diario Libre publicó el reportaje “Instituciones culturales piden cerrar bar para homosexuales”, donde María Ligia Grullón, directora de la 37 por las Tablas, y Enelgido Peña, director provincial de Cultura, reclaman el cierre inmediato del local vecino.
Las razones de María Ligia son compresibles y se apegan a las medidas del Plan de Seguridad Democrática, pero una de las excusas de Enegildo Peña es inaceptable. No es posible que un funcionario de la Secretaría de Estado de Cultura alegue que donde “hay un ambiente artístico cultural no pueden haber (un) bar de gays...”.
Si en Skrúpulos el alto volumen de la música permanece durante la madrugada y si es cierto que se expenden bebidas alcohólicas después de la hora estipulada por las autoridades, están violando la ley y merecen el peso de la misma. Pero la presencia de homosexuales y lesbianas no puede ser un agravante.
Los gestores culturales tienen que ser también facilitadores de la pluralidad y deben estar siempre entre los primeros que adviertan cualquier señal de intolerancia, exclusión o discriminación. Casa de Arte y la 37 por las Tablas han sido un paradigma en ello. Durante años, ambas instituciones han desempeñado una admirable labor de promoción cultural y son ya dos espacios indispensables para la ciudad.
Ojalá que el episodio de Skrúpulos se resuelva cuanto antes. Ojalá también que frases como las de Enegildo Peña dejen de ser una recurrencia en la prensa, por lo menos en boca de un promotor cultural.

15 enero 2007

Ice Cube

Me gusta comer hielo y lo hago con un impulso irrefrenable. Conozco personajes reales o imaginarios que comen tierra y hasta que se comen entre sí, pero no son muchos los que se sientan a masticar un cubo de agua helada. Hay un poema de Antonio José Ponte que recuerda a Maribárbola, quien formaba parte del inventario de locos, enanos, negros y gente de placer que poseían los Austrias en su corte.
La minúscula mujer (que fue retratada por Velázquez en Las Meninas) se comía a diario, durante los veranos, cuatro libras de nieve. Mario Dávalos probó en Chile un glaciar milenario. Aunque se lo sirvieron con whisky, él quiso degustar aquella piedra por separado y la mantuvo en su boca mientras le fue posible.
Cuando me lo contó, hablamos de los sabores del hielo como un catador detalla pimientas, higos secos y moras en el fondo de una copa de syrah. Creo que mi pagofagia, como en el de Maribárbola, guarda alguna relación con el verano. No por el calor, sino por las otras consecuencias que esa estación nos trae a los que vivimos en el medio del Trópico.
Cada vez que Gina López me veía comiendo cubos helados, me hacía la misma pregunta: “¿Es que en Cuba no había hielo?” Hace unos días alguien me confesó las razones por la que le gustaba tragar agua congelada. Entonces volvía a pensar en la pregunta de Gina y, como aún no sé la respuesta, me serví un vaso lleno hasta arriba.

12 enero 2007

¿Quién viste a quién?


Por los días finales de 2006, un grupo de amigos nos reunimos para hacer un desordenado balance del pasado reciente. En lo que arreglábamos al país y el mundo, vimos dos conciertos: el Eco de Jorge Drexler en Montevideo y Bachata sinfónica, la producción que, con los auspicios del Banco Central, se presentó en el Teatro Nacional.
Mientras El Añoñaíto acomodaba su amargue a la exuberancia de los violines, uno de los allí presentes aseguró que con ese concierto por fin la bachata se vestía de gala. Sin ánimo de seguir discutiendo (con los problemas del país y del mundo ya habíamos tenido suficiente), dije lo que pienso: con ese concierto, el Teatro Nacional fue quien se visitó de pueblo.
El Teatro Nacional y el Gran Teatro del Cibao están erigidos en entornos que no los hacen demasiado accesibles, sobre todo para los que tienen que llegar hasta ellos por sus propios pies. La celebración de la Feria Internacional del Libro en los espacios de la Plaza de la Cultura, ha sido uno de los intentos más acertados por “derribar” esas verjas que siempre frenan a todos los que viven más allá del Polígono Central y de los Cerros de Gurabo (que son la inmensa mayoría de los dominicanos).
Por eso creo que la bachata, al subirse en el escenario del Teatro Nacional, también contribuyó a que sus puertas parecieran más abiertas que de costumbre. Un teatro no es un templo, un teatro es un espacio para que las identidades y las expresiones de un país se promuevan y, si nos ponemos en eso, hay pocas cosas tan dominicanas como la bachata. ¿O no?