14 may. 2018

La odiosa cultura de repudiar

Los cubanos nos desacostumbramos a la diversidad. Hace casi 60 años nos forzaron a pensar de la misma manera. Estábamos de acuerdo o estábamos equivocados. Esa lógica totalitaria acabó convirtiendo a cada uno de nosotros en un pequeño dictador, incluso para exigir silencio, complicidad y hasta apatía.
Admiro a los activistas cubanos que se oponen a la dictadura de Raúl Castro (Díaz-Canel es un solo títere, como Pepe Pan o Los Yoyos), de la misma manera que aborrezco a los escritores y artistas que no se quieren dar por enterados de las atrocidades y los crímenes para evitarse el fastidio de tener que opinar. 
Digo todo esto, porque he visto con pesar cómo se han ido agudizando las diferencias entre valiosos activistas cubanos. Tanta ha sido la confrontación, que la oposición al régimen ha pasado a un tercer plano. He leído textos y he visto declaraciones donde el careo ya no ha dejado espacio para la denuncia.
Lo primero que parece importar ahora son los ataques a los que no piensan igual o a los que no responden a un interés determinado. Lo segundo, los cuestionamientos a quienes aprueban o desaprueban a Donald Trump, según sea la posición de cada quién respecto al presidente de Estados Unidos. 
Y lo peor ni siquiera es eso, sino que algunos han apelado a una de las armas preferidas de la dictadura: los ataques personales y los cuestionamientos a la moral del otro. Creo que todo se debe a la falta de costumbre, a la odiosa cultura que nos inculcaron de repudiar al que no es igual a nosotros.
La revolución no la hizo Fidel Castro, ni siquiera el Movimiento 26 de Julio. La derrota de Fulgencio Batista fue obra de muchos cubanos que pensaban de maneras muy diferentes. Fidel solo capitalizó la victoria y manipuló a las mayorías hasta aniquilar toda idea que se contrapusiera a su Idea.
Si algún día es derrotada de la dictadura que hoy encabeza Pepe Pan, digo Díaz-Canel, la gran tarea de los cubanos será reinstaurar la diversidad y evitar otro líder insustituible, infalible, invencible… Mientras tanto, lo ideal sería empezar a respetar a los demás; incluso a los cobardes, a los pusilánimes, a los miserables.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

muy bueno como siempre, no olvides recopilarlos en libro.saludos.

Alfredo Rodriguez del Rey dijo...

Muy bueno y muy cierto