17 marzo 2013

Yoss sigue sin querer crecer


La última vez que vi a Yoss seguía camuflado con la capucha de niño. Aunque ya pasa de los 40, se mantiene aferrado al adolescente que fue en la Cuba de los 80. Se viste, camina y piensa como un chamaquito que lee historietas en Pionero, avances de la ciencia en Juventud Técnica y novelas fantásticas de la editorial Progreso.
No creo que Yoss sea un miserable. Me resisto a creer que trata de congraciarse para que Cuba lo mande a ferias del libro y conferencias internacionales (disfrazado de Rambo, como un anacrónico maniquí que deja boquiabiertos a todos cuando pasa). Por eso pienso que su infantilismo ha contaminado también su vida cívica.
Recientemente Yoss se sumó al coro de las 8 escritoras cubanas que, en un rapto de oportunismo, apoyaron el encarcelamiento de Ángel Santiesteban. Con absoluto descaro, en un mismo párrafo, difama dos veces al convicto: primero se hace pasar por su amigo y luego, sin la más mínima prueba, asegura que es culpable.
Ángel Santiesteban siempre se comportó conmigo como si fuera un hermano mayor. Con él aprendí muchas de esas reglas no escritas que te enseñan a ser un hombre bueno y actuar como tal. A pesar de su proverbial nobleza, Ángel es intransigente en esas cosas. Lástima que a Yoss le faltara esa figura en su vida, que no tuviera quien le inculcara esas convicciones.
Como sé que muchos de los que me leen no le conocen, les resumo al personaje: José Miguel Sánchez Gómez nació en La Habana en 1969. A partir de una fecha imprecisa se disfrazó de Yoss para dedicarse a la literatura, oficio en el que ha logrado algunos aciertos. Como individuo, ha mostrado una resistencia inusual a la idea de hacerse adulto.
Ese trauma, sospecho, es el culpable de que haya hecho lo que hizo. Insisto, no es que sea un miserable, es que aún no sabe ser de otra manera.

16 marzo 2013

Hay que hacer la puerta


(Escrito para la columna Como si fuera sábado, de la revista Estilos)

El día que los dominicanos se enteraron que su país había caído en un hoyo empezaron a repetirse una misma frase: “Esto no tiene salida”. Desde entonces el pesimismo, expresado de las maneras más diversas, no deja de ser trending topic.
En el Centro de Estudios Universitarios, Sociales y Políticos de la PUCMM,  se celebró un coloquio sobre el pensamiento económico de José Luis Alemán, el jesuita cubano que dedicó la mayor parte de su vida a pensar a República Dominicana. Entre el público estaban algunos de los más importantes economistas del país.
Curiosamente, Ellen Pérez-Ducy, Fernando Álvarez Bogaert, David Álvarez Martínez, Lucas Vincens, Miguel Ceara Hatton y Manuel Montás coincidieron en algo: hablaron del Padre Alemán en presente, dialogaron sobre los temas más acuciantes de la actualidad como si él aún estuviera en capacidad de acompañarlos en el debate.
El encuentro fue aprovechado para volver a presentar “La obra del Dr. José Luis Alemán, S.J.”, de Ellen Pérez-Ducy. A través de 433 páginas, con precisión y coherencia, Ellen revisa y analiza los aportes más importantes que hizo el sociólogo durante 39 años de residencia en tierra dominicana.
“Si tuviera que resumir un legado tan grande de la manera más breve posible, diría que José Luis Alemán siempre estuvo en contra de los economicismos, que prefería la dimensión humana y social en el análisis del desarrollo económico. Para él las cifras no eran nada si no se tenía en cuenta a la gente que se hace invisible con ellas”, aseguró Ellen.
En los últimos trabajos de Alemán publicados en la prensa escrita, no se cansó de alertar sobre el excesivo consumismo y la necesidad imperiosa de aumentar la producción nacional. También insistía en la urgencia de aumentar las exportaciones y la calificación de la mano de obra.
Muy pocos le hacían caso. Él murió en 2007, todavía faltaba un año para que la economía mundial se desplomara y cinco para que nos enteráramos de que la estabilidad y el “blindaje” de la economía había mutado en un hoyo sin precedentes en la historia nacional.
Aunque los temas tratados eran muy complejos y algunos requerían un gran nivel técnico, Ellen, Fernando, David, Lucas, Miguel y Manuel los debatieron con palabras sencillas y razonamientos lógicos. Eso provocaba dos cosas: admiración, por estar entre tanta gente capaz y lúcida; y tristeza, por lo sombrío del panorama descrito.
Hay un capítulo del libro de Ellen, donde ella le hace una entrevista imaginaria al padre Alemán. Las respuestas, sacadas de la obra del sacerdote, se convierten en una lección inmejorable para los jóvenes dominicanos y propone una nueva escala de valores, sin las distorsiones a la que ha sido sometida en la última década.
Si un turista aterriza en el aeropuerto de Las Américas, sube por la Lincoln, baja por la Winston Churchill y pasa por la Anacaona antes de volver a montarse en un avión, conocerá justamente a la República Dominicana de la que nos alertaba José Luis Alemán.
Esas torres, centros comerciales y autos de lujo no representan en nada al resto del país, a lo que se quedó sin conocer. La opulencia y el bienestar económico que representa esa escenografía, está muy lejos de la realidad que viven la inmensa mayoría de los dominicanos.
El optimismo politiquero hizo que muchos creyeran real ese decorado que, en efecto, parece una pequeña recreación de Nueva York, algo así como el tramoya fantasmagórica de un parque de diversiones. Justo eso fue lo que también llevó a los economistas reunidos allí a pensar que no había escapatoria.
Pero entonces alguien volvió a recordar una frase del padre Alemán:
—Si el país ya no tiene salida —dijo una vez—, entre todos tenemos que construirle la puerta.

13 marzo 2013

Ángel Satiesteban se portó como una dama


Cada vez que algunos miembros Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) se han visto en la necesidad de firmar algún documento en apoyo al régimen, lo han hecho por docenas. Incluso en el caso más grave, donde insistían en la necesidad de fusilar a dos jóvenes negros, no fueron pocos.
Llama la atención que para “Tod@s contra la violencia” (a propósito de la sentencia contra el escritor Ángel Santiesteban) —tanto la arroba como el paréntesis son del documento original— solo se prestaran 8 mujeres: Sandra Álvarez, Marilyn Bobes, Luisa Campuzano, Zaida Capote, Danae Diéguez, Laidi Fernández de Juan, Lirians Gordillo y Helen Hernández.
No cabe la menor duda de que el "espontáneo manifiesto” (estas comillas sí son mías) no es más que una maniobra del régimen, en apuros por el enorme apoyo internacional que ha recibido Ángel Santiesteban, quien guarda prisión tras un juicio exageradamente irregular y manipulado.
Hay mil maneras de responder a la perversidad que se esconde detrás del discurso “solidario y liberador” (las comillas otra vez son mías) de estas 8 escritoras. Pero es innecesario. Desde la cárcel de La Lima, en Guanabacoa, el propio Ángel se ocupó de refrescarles su mala, terrible, memoria.
“Resulta paradójico que dichas escritoras que con tanto énfasis rechazan la violencia contra la mujer, parapetándose en las falsas acusaciones que se me imputan y esgrimiendo conjeturas sobre mi proceso, no hayan alzado su pluma ni una sola vez, para rechazar o denunciar las graves y constantes violaciones físicas y morales que han sufrido y sufren las Damas de Blanco, símbolos de valor y resistencia pacífica en Cuba”, escribe Ángel.
Todo lo que digan o hagan de ahora en adelante estas 8 damas (que también lo son y como tales deben ser tratadas), carecerá del más mínimo valor si antes no tienen la delicadeza y, sobre todo, la decencia de también defender a esas cubanas que han sido vejadas hasta lo indescriptible por una maquinaria represiva exageradamente machista.
Invito a las firmantes de “Tod@s contra la violencia” a pasar por el blog de la Seguridad del Estado de Cuba, para que tomen nota de todos los comentarios sexistas que contiene. Las Damas de Blanco y Yoani Sánchez son tan mujeres como ustedes y tan cubanas como ustedes. ¿O acaso pensar diferente les quita esos derechos?
Estoy orgulloso de Ángel Santiesteban, porque frente a un ataque tan cobarde se portó como una dama.

11 marzo 2013

¿El mejor amigo de Cuba?


En 1959 los cubanos ya eran célebres por sus exageraciones. Aunque La Habana era quizás la representación más lograda de eso, la grandilocuencia estaba presente en muchos de sus signos de identidad, desde los gestos y el acento, hasta la música y la literatura.
Pero nadie se atrevió a llevar la exageración a los extremos de Fidel Castro. Los discursos del Comandante en Jefe le aportaron a la conversación del cubano palabras y frases claves sin las que ya no podría comunicarse: nunca, jamás, siempre, innegociable, indestructible, eterna…
El momento en que esa capacidad para la hipérbole llegó más lejos fue cuando la Crisis de los Misiles. Ni siquiera la posibilidad de que la vida desapareciera en el planeta Tierra pudo frenar al líder revolucionario. Sus discursos de aquellos años pudieran ser recitados por personajes de George Lucas.
Hoy la principal noticia del periódico Granma es una columna de opinión. Aunque “Perdimos nuestro mejor amigo” está firmado por Fidel Castro Ruz, a las 11:35 de la madrugada del 11 de marzo, no aparece como una de sus Reflexiones.
Desde la primera línea, el documento trata de convertirse en una certificación. Cuando ya todo está listo para que la momia de Hugo Chávez sea llevada a un altar, en lo más alto de una montaña, Fidel avala su dimensión de prócer. Antes, dramatiza, exagera, sobredimensiona.
“El 5 de marzo, en horas de la tarde, falleció el mejor amigo que tuvo el pueblo cubano a lo largo de su historia”. Parece un acto simple, una frase superficial, pero se trata en verdad de una última genuflexión. De no haber sido por Hugo la revolución de Fidel se habría apagado por falta de combustible.
Pero eso lo llevó a cometer una injusticia imperdonable. Para decirlo con sus palabras: Todo el petróleo de Venezuela no alcanza para comprar la gloria del machete de Máximo Gómez. Por eso al final no es más que otra gran exageración, una de las tantas del cubano más exagerado.

08 marzo 2013

La momia de Chávez


58 años es muy poco tiempo para tratar de hacer todas las cosas que quiso ser Hugo Chávez. Por señas, momentos antes de expirar, suplicó que no lo dejaran morir. Necesitaba más tiempo, justo lo que le sobrará a su momia, que será expuesta en un museo como Lenin, Mao y Tutankamón.
Con un afán casi obsesivo, Hugo gustaba de trocar y trastocar a los símbolos. En cuanto reunió el poder suficiente para hacerlo, cambio el nombre, el escudo y la bandera de su país. No conforme con eso, ordenó desenterrar a Simón Bolívar y no paró hasta conseguir modificarle el rostro.
Ya se informó que el cuerpo del comandante presidente, en cuanto salga de la capilla ardiente, caerá en manos de un embalsamador. Con la ayuda de algodones y formol modelarán el Chávez imperecedero. Desde una vitrina, igual que los animales de los museos de ciencias naturales, podrá ser apreciado.
En marzo de 2009, Hugo se pronunció en contra de Bodies revealed, una exposición donde se exhibían cuerpos humanos. Le preocupaba seriamente la idea de que los padres llevaran a sus hijos a la muestra. “Es un signo muy evidente de la inmensa descomposición moral que sacude este planeta”, recalcó en su programa de televisión.
Indignado, Chávez recordó que una cosa es que alguien done su cuerpo para investigaciones científicas, y otra que lo anden exhibiendo “destrozado o rehecho”. Apenas 4 años después, destrozado por el cáncer, rehecho por el mismo hombre que embalsama a las santidades del Vaticano, él mismo será exhibido.
Los venezolanos que no pudieron ver Bodies revealed por la prohibición de su presidente, ahora tendrán una segunda oportunidad. El cuerpo de Hugo Chávez ha sido donado para ser expuesto. El único que podía impedirlo ya  no está en condiciones de trocar y trastocar las cosas. Nada podrá hacer para evitarlo.