El pasado 15 de mayo, Alfredo Guevara hizo pública una misiva a los cineastas y cinéfilos de todo el mundo. En unos pocos párrafos les advertía que era “fundamental restablecer verdades, criterios y matices siempre ocultados”. El viejo funcionario en verdad no reclamaba honestidad sobre la situación en Cuba; todo lo contrario, su objetivo era promover la mentira o, cuando menos, algún tipo de silencio cómplice.Diez días antes, en un encuentro con estudiantes de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, Guevara había hecho confesiones inconcebibles: "Yo creo que los pasos que hace falta dar se van a dar vivos nosotros porque, si no fuese así, en la Historia será algo terrible”, afirmó.
Alfredo, que pertenece a la misma generación de octogenarios que mantiene las riendas de Cuba, está convencido de que “sería terrible que la interpretación que después hagan los historiadores de la primera generación sea que no fueron capaces de dar este paso. Yo creo que aquellos a quienes les toca, están listos".





