31 mayo 2010

Alfredo, el maquillista

El pasado 15 de mayo, Alfredo Guevara hizo pública una misiva a los cineastas y cinéfilos de todo el mundo. En unos pocos párrafos les advertía que era “fundamental restablecer verdades, criterios y matices siempre ocultados”. El viejo funcionario en verdad no reclamaba honestidad sobre la situación en Cuba; todo lo contrario, su objetivo era promover la mentira o, cuando menos, algún tipo de silencio cómplice.

Diez días antes, en un encuentro con estudiantes de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, Guevara había hecho confesiones inconcebibles: "Yo creo que los pasos que hace falta dar se van a dar vivos nosotros porque, si no fuese así, en la Historia será algo terrible”, afirmó.

Alfredo, que pertenece a la misma generación de octogenarios que mantiene las riendas de Cuba, está convencido de que “sería terrible que la interpretación que después hagan los historiadores de la primera generación sea que no fueron capaces de dar este paso. Yo creo que aquellos a quienes les toca, están listos".

En la actual dirigencia cubana se mantienen las mismas caras desde hace medio siglo. Con ellos, el país solo ha conseguido ser cada vez más pobre y dependiente (no por gusto Alfredo se confiesa ahora un “Chavista rabioso”). Guevara está consciente de que este es el fin, al menos para su generación. Por eso es que pide a gritos lo que más él ha aprendido en su larga relación con el cine: maquillaje.

29 mayo 2010

Reconciliaciones en la Cruz del Sur

No es la primera vez que dos íconos de una misma causa se pelean a muerte, tampoco será la última que se reconcilian. Charly García y Andrés Calamaro, el número 10 y el número 9 del rock albiceleste, por fin hicieron las paces y todo parece indicar que volverán a trabajar juntos, en la pequeña tragedia argentina cada cual dijo la parte que le correspondía.

ANDRÉS: Charly está curiosamente feliz y tranquilo... pero no sé si se puede ser feliz de muchas maneras. Alguien aparentemente contento debería darse por satisfecho. Tampoco reniego de la rabia, que es un motor como lo es el amor: va mi elogio para la tristeza también. Un día de estos van a hacer cuarenta años desde que Sui Generis grabó "Vida", y treinta desde que nos conocemos, desde que somos compañeros músicos. Camaradas. Sin dudas, es una persona musical en permanente evolución y revolución. Existencial y armónico.

CHARLY: No sería raro que en algún recital aparezca él (Calamaro) y cantemos algo juntos. Estuvimos tan peleados que nos olvidamos por qué estábamos peleados. Pero nos conocemos desde la adolescencia, así que digamos que estoy abierto a la posibilidad de encontrarnos.

Ahora solo hay que tener un poco de paciencia, mientras ellos siguen buscando su símbolo de paz.

25 mayo 2010

Envidio a esos hombres

When you are old and grey and full of sleep…

W. B. Yeats

Envidio a esos hombres que nunca se fueron de mi pueblo,

a los que vivieron sin camisa, de sol a sol,

entre el óxido y el polvo de los años repetidos.

Envidio a los que siembran sus puños entre el arroz y el maíz,

a los que apilan sus tardes en sacos de frijoles negros.

Cómo me hubiera gustado ser como ellos,

vivir indiferente a una multitud de estrellas

y a la figura que deja el resplandor de los leños,

saberme el camino de regreso al letargo del mediodía

y al pozo donde se cae la noción del invierno.

Me encantaría conocer la materia sin engaño de la noche,

ese trago ardiente —a veces letal—

que se destila cuando los meses se fermentan.

No lo niego, traté de imitarlos.

Sembré algunas cosas en el patio de una muchacha triste.

Tuve perros y gatos.

Salí de cacería.

Crié cerdos, conejos y gallinas,

me subí a los trenes para robar cereales, naranjas y deseos.

Bebí cervezas de un jarro común,

de un círculo de espuma

donde las moscas de mayo solían ahogarse de la sed.

Envidio a esos hombres que no conocen nada más

que los cuatro callejones de un verano cardinal.

Si hubiera sido como ellos aún estaría allí,

esperando a que estés vieja y gris y soñolienta...

Odette Alonso extraña el mar

Ayer, alrededor de las ocho de la noche, en su muro de Facebook, la poeta cubana Odette Alonso admitió que a veces extraña el mar. “Ahora mismo me gustaría pensar que está cerca aunque no lo viera desde aquí... Es distinto si uno sabe que a unas cuadras puede verlo, respirarlo…” 
Juan Carlos Recio, Niurkita Palomino, Niurka Calero y otras 5 personas más marcaron de inmediato que les gustaba la frase. Niurkita Palomino, además, escribió algo: “Te entiendo”. Yo fui el único que no estuvo de acuerdo y dejé por escrito mi razón: “El arroyo de la sierra me complace más que el mar”. 
En el Paradero de Camarones, cuando llovía mucho, las cañadas crecían y mi abuela aseguraba que parecían un “brazo de mar”, desde entonces data mi desinterés por esa masa azul que solo me ha servido de brújula en las ciudades que miran hacia ella. “Y sin embargo tú tienes el malecón ahí al alcance de tu mano... ¡ay!”, me puso Odette, que una vez me hizo llegar una larga comparación entre los malecones de La Habana y Santo Domingo. 
“Sí —le respondí—, pero cada vez que puedo lo evito. Ahora, si tú me dijeras el lago Hanabanilla o el río Arimao...”. El diálogo se extendió por mucho más tiempo y en él participaron muchísimos cubanos. La última frase la dijo Viky James Pérez: “Un día, en Toluca, ya no soportaba mi ánimo. Repasé detalles, lo que me pasaba, y cuando pasé por Ixtapan de la Sal y pude ver el cielo azul, descubrí que hacía 7 meses no veía el mar. Desde entonces miro una fotografía”. 
Ayer el mundo se mantuvo en vilo por una inminente guerra en Corea, Irán transmitió a la ONU el pacto del uranio y Berlusconi aceleró la aprobación de la “ley mordaza”; pero Odette Alonso extrañaba el mar y muchos preferimos entretenernos en eso.

24 mayo 2010

Que conste en acta

Un grupo de poetas cubanos les salieron al paso a los intelectuales españoles que levantaron la voz en su lugar, que asumieron el rol que a ellos les correspondía. Me apena eso, me apena mucho. Me avergüenza su defensa de la dictadura. Me abochorna su cobardía.

¿Acaso no es cierto que Cuba soporta una feroz y dolorosa dictadura que mantiene al país en la miseria? ¿Es falso que el régimen se ha mostrado despiadado y sordo con las voces que reclaman libertad y democracia? ¿Acaso la situación en Cuba no es hoy una cuestión de derechos humanos básicos y esenciales?

¿Se puede hacer otra elección que no sea entre democracia y totalitarismo? ¿Algo justifica la falta de libertades en Cuba? ¿Ayudar a un pueblo a alcanzar la democracia es injerencia? Lo único que quisiera es que por esta vez nuestra memoria no sea tan corta.

El olvido tiene límites, como la vergüenza. Que conste en acta su voz sumisa. Tenía razón Miguel Hernández, “la libertad se pudre desplumada en la lengua/ de quienes son sus siervos más que sus poseedores”.

23 mayo 2010

Que nos dejen mirar del otro lado de las rejas

El ministro de Exteriores cubano, Bruno Rodríguez, asegura que el sistema penitenciario cubano es “el más humano del planeta”. La frase es un calco de ese discurso tremendista y mendaz que ha sostenido Fidel Castro por medio siglo. Aun así, hay una manera muy simple de comprobar la veracidad de las palabras del brioso canciller. Bastaría con abrir las rejas de los calabozos y comparar la calidad de vida de los prisioneros.

En diferentes cárceles de Estados Unidos cumplen condenas cinco espías del gobierno cubano, quienes están acusados, entre otros delitos, de un acto criminal. Gracias a informaciones brindadas por su red, fueron derribadas dos avionetas de una organización humanitaria, que se dedicaban a salvar en alta mar a los balseros náufragos. Los presos políticos del gobierno cubano no han cometido delito alguno y si han sido confinados es por mantener libres sus conciencias.

Que se describa, pues, a través de un inventario, las condiciones en las que viven los cinco espías con las de los presos políticos cubanos. ¿A qué tienen acceso, qué comen, qué condiciones de salubridad tienen, qué hacen durante el día, qué se les permite tener dentro de la celda, cómo son tratados por sus carceleros? Que nos dejen mirar del otro lado de las rejas de un lado y del otro. Solo así sabremos si Bruno dice la verdad o si es un mentiroso tan vulgar como el Gobierno que representa.

19 mayo 2010

Debajo del andén

El andén de la estación del Paradero de Camarones tiene dos mundos, uno arriba y otro abajo. Durante años aquel túnel fue un inmenso misterio, era como un agujero negro que tragaba pelotas de goma, gallinas ponedoras, perros moribundos, adornos navideños y gemidos que no tenían explicación.

Luego, cuando fuimos creciendo, exploramos cada uno de aquellos túneles que soportaban hasta el peso de los trenes. Allá abajo libramos combates interminables con tira chapas. Divididos en bandos irreconciliables, vencimos todas las emboscadas que nos tendió la inocencia. Gracias a esa guerra de guerrillas, fuimos descubriendo misterio tras misterio.

En un pueblo tan pequeño la oscuridad siempre es un lugar seguro, lo mismo para morirse discretamente, como para poner un huevo o amar a la mujer del prójimo. Debajo del andén sucedía un Paradero de Camarones paralelo al que había en la superficie.

Allí mi abuela Atlántida escondió los adornos del arbolito cuando Fidel prohibió las Navidades. Allí aparecieron todas las pelotas que se nos habían perdido y demasiados secretos inconfesables. Por eso muy pocos se atrevían a mirar por aquellos agujeros negros. Por el bien de todos, cada quien prefería que cada gemido se mantuviera sin explicación.

En la librería

Hace unos días, en la librería Cuesta, me encontré con un escritor dominicano con el que siempre intercambio abrazos y recomendaciones de lecturas. Cada vez que coincidimos, le dedicamos un trecho de la conversación a Cuba. Como es ya una costumbre, se excusó por no referirse al tema en público. “Razones me sobran”, dijo. Sin embargo, esta vez admitió que “la dictadura de Fidel ya no tiene salida” (sic).

Es un gran conocedor de la literatura cubana, habla de Lezama y Carpentier como si los leyera a toda hora. Se mantiene al tanto de lo que hacen, dicen y piensan los que escriben en la Isla. Para hablar de Leonardo Padura, sacó uno de sus libros del estante. No lo hojeó, ni si quiera lo miró, pero tampoco lo soltó hasta que terminó la frase: “Cuando uno lee las cosas tan penosas que escriben y afirman algunos, hasta gente que uno quiere, es que entiende lo consecuente que ha sido Padura, lo valiente que ha sido”, dijo.

Nos despedimos con el mismo abrazo de siempre. Yo le recomendé Academia Europa, de Luis Leante, y él aseguró estar feliz, porque se compró un libro de Calvert Casey en la Feria del Libro. Le dije que tenía deseos de escribir un post sobre nuestra conversación. “Hazlo, pero no digas mi nombre, no por ahora”, me pidió. Cumplo con las dos cosas.