17 noviembre 2009

Cualquier tela será buena para hacer la bandera del futuro

Hoy se cumple el vigésimo aniversario de la Revolución de Terciopelo. Dos generaciones de checos ya han crecido en un país libre, ajenos a la época en que su patria quedó encerrada en una celda geográfica llamada “campo socialista”.

El 17 de noviembre de 1989 miles de estudiantes se lanzaron a las calles de Praga. Aunque en un principio fueron duramente reprimidos, al final lograron acabar con la férrea dictadura que Moscú había impuesto en Checoslovaquia cuatro décadas atrás.

Cuando leo los testimonios de los protagonistas de aquella hazaña colectiva, no puedo dejar de pensar en mi país. Ojalá que una revolución semejante nos devuelva la libertad a los cubanos. No tiene que ser de terciopelo, cualquier tela será buena para hacer la bandera del futuro.

13 noviembre 2009

La casa del poeta

El poeta Heriberto Hernández Medina publicó hoy, en su blog La Primera Palabra, tres poemas inéditos míos. Más que los textos, lo que celebro de esa noticia es el rescate del quinqué de las Ediciones Vigía y el recuerdo de aquellos años en que Alfredo Zaldívar fundó un "taller renacentista" para que tantas palabras de tanta gente no se quedaran en el aire.

LA CASA DEL POETA

Reconstruyeron todo hasta el más mínimo detalle.

Buscaron al único maestro constructor

que recordaba aquella técnica de los catalanes

para que pusiera los ladrillos que faltaban.

Un carpintero que sólo tenía dos dedos

en la mano derecha

y había perdido un ojo mientras pulía

un sofá victoriano,

reconstruyó las persianas y logró

que la puerta del baño cerrara sin trabajo.

En la cocina fue repuesto el tragaluz

y en la estufa no quedó ni una mancha de hollín.

Los cuadros, los muebles y los libros

se han repartido otra vez como un juego de cartas.

El sillón donde solía leer a Dante y escribir sobre el infierno

ha vuelto a la esquina de la casa donde siempre estuvo.

Ese es probablemente el único detalle

que se mantiene intacto,

todo lo demás es pura escenografía.

El poeta se murió convencido de que ya no sobrevivía

ningún maestro constructor que recordara aquella técnica

que sólo conocían los albañiles catalanes.

Cada vez que llovía a cántaros,

celebraba aquel torrente que caía por el hueco del tragaluz

y lo inundaba todo en la cocina y el baño,

cuya puerta sólo se cerraba si se le empujaba duro con el hombro.

La casa del poeta es un lugar vacío donde nunca le hallaremos,

si se leen bien sus versos se verá cuándo de engaño hay

en ese cascarón reconstruido hasta el más mínimo detalle.

10 noviembre 2009

Recuerdo que se me olvidan

Las cosas que mejor recuerdo, las que más añoro, ya no existen. En unos días se cumplirán 9 años que salí de Cuba. Nunca más he vuelto. Duré mucho tiempo imaginándome el regreso, la improbabilidad del mismo acabó matando ese ejercicio de adivinación.

La última vez que hice un trámite en la Embajada de Cuba en Santo Domingo, la cónsul miró mi pasaporte con la misma cara que se mira a las cosas que producen asco. Lo tocó con la punta de los dedos, como si le quemara las manos ese pequeño cuaderno por el que yo tampoco siento el más mínimo aprecio.

Mientras me atendía, un pinareño (lo descubrí por el “alabaoseadió”) metió la cabeza por la ventanilla y le preguntó cómo se ponía el cuño que le permitía entrar a Cuba. La cónsul aclaró la duda y me miró con la misma cara que antes había mirado a mi pasaporte: “Tú, ni averigües”, fue todo lo que dijo.

No, no averiguo. Yo espero. Mientras tanto, recuerdo que se me olvidan las cosas que más añoro, las que ya no existen.

09 noviembre 2009

La isla sin presente

La celebración de los 20 años de la caída del Muro de Berlín se ha convertido en un pie forzado para muchos cubanos. El cumpleaños de una fecha tan esperanzadora les devuelve un poco de optimismo para seguir hablando del pasado o del futuro sin hacerle caso al presente.

Más aislada que nunca y sin ninguna conexión con la realidad, Cuba es una nación donde sólo el ayer o el pasado mañana tienen sentido. Nadie, ni siquiera los que defienden o se pliegan a los designios de la casta gobernante, quiere mencionar ese espacio de tiempo que sucede ahora mismo.

Hace unos días un periódico publicó una fotografía de una ciudad en ruinas y, para darle algunas pistas al lector, el pie de foto advertía que no era Kabul, ni Bagdad ni La Habana. Aunque hace más de cuatro décadas que en su territorio no cae una bomba, Cuba es vista como un paisaje después de la batalla.

Parece mucho, pero en verdad es poco. Los cubanos solo necesitamos una nueva fecha, un punto de quiebre que suprima todas esas celebraciones que nos han llevado a la ruina y nos devuelvan un lugar donde no tengamos que pensar tanto en el pasado ni esperar demasiado por el futuro.

El día que sea ese día, celebraremos la caída de nuestro muro, volveremos a tener una patria en presente.

08 noviembre 2009

Deja vù

Cuando las dictaduras se acercan a su final, cuando se ven acorraladas, no les queda otro remedio que devorar a sus jóvenes. Esos en los que en algún momento se veía el futuro, la continuidad, llega un momento en que se convierten en una amenaza. Mi abuelo Aurelio guardaba en casa un puñado de revistas donde aprendí esa lección.

En los meses finales de la dictadura de Fulgencio Batista cientos de jóvenes cubanos perdieron la vida. En las Bohemia que coleccionaba mi abuelo estaban sus nombres, una breve reseña de sus vidas y, en la mayoría de los casos, una cuantas fotografías donde se les veía vivir y morir (en las primeras reían junto a sus seres queridos y en las segundas se comenzaban a podrir después de las torturas y el espanto).

Las historias de Yoani Sánchez, de Ángel Santiesteban y de todos esos jóvenes cubanos que sólo quieren vivir en un país libre, cual solamente puede ser libre, me provocan un extraño deja vù. Confieso que, aunque escribiera lo contrario, durante muchísimo tiempo fui muy pesimista. Vivir en el monstruo y conocerle las entrañas era más que suficiente para perder toda esperanza.

Sin embargo ahora creo que el tiempo está, ¡al fin!, a favor de los pequeños. Si aquellas fotos de Batista devorando a sus jóvenes marcaron el fin de su dictadura, éstas donde los hermanos Castro imitan a su antiguo enemigo deben significar lo mismo. Ojalá que el futuro de Cuba no cueste tantas vidas como su pasado, por eso entre todos debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que empiece lo antes posible.

05 noviembre 2009

La imaginación al poder

Un grupo de alumnos de la escuela de arte de La Habana le puso música a una frase de Juan Formell y se amotinaron. La noticia apenas ha circulado. Yo me enteré por el blog de Rodrigo Kuang (con quien compartí aulas y helados gigantes en Cubanacán) y él a su vez se enteró por el de Ángel Santiesteban.

Aunque algunos estudiantes han amenazado con organizar una huelga de hambre si hay represalias contra las cabezas más visibles de la espontánea manifestación, es muy probable que la revuelta sea extinguida con los tres trucos preferidos por la “revolución” para resolver líos como ese: chantaje, amenazas y coacción.

La protesta, que comenzó con corito que decía “¡Está bueno ya, se acabó el abuso!”, terminó con un performance frente a las cúpulas de la escuela de artes plásticas. El futuro de Cuba es lo más parecido a un callejón sin salida, pero los cubanos son célebres por su ingenio. Ahora fueron los artistas, a lo mejor un día se suman otros y entre todos le piden a la imaginación que los ayude a salir de su encerrona.

02 noviembre 2009

Chancleteando

Me gusta andar en chancletas, siempre me gustó. En los años ochenta, cuando los subsidios que llegaban del campo socialista nos permitieron disfrutar de una relativa abundancia, conseguí unas polacas que me encantaban. Eran de cuero y muy ligeras. Con ellas deambulé por teatros y cines, Rampa arriba y Rampa abajo, descubriendo las metáforas y los discursos que conformaron mis gustos, ideales, convicciones y contradicciones.

De este lado del Paso de los Vientos, aún cuando las normas sociales son mucho más estrictas y se pone un especial énfasis en las apariencias, insisto en las chancletas. Siempre que la circunstancia me lo permiten, regreso a mi indumentaria preferida: bermudas, pulóver y chancletas. Por eso me vi retratado en las más recientes declaraciones de Rafael Hernández.

Para el director de la revista Temas (a quien vi pocas veces, pero siempre con unas mugrosas sandalias de cuero), el debate que se libra sobre la realidad cubana en los blogs y las redes sociales, no es más que un ciberchancleteo. Una vez acuñado por Hernández, el término ha sido incorporado de inmediato por los acólitos del régimen para atacar a Yoani Sánchez.

Suscribo palabra por palabra el post Ciberchancleteo y “objetividad”: una apostilla a Rafael Hernández aparecido en Penúltimos Días, de manera que no tengo nada más que decir al respecto... salvo que me encanta andar en chancletas, lo disfruto muchísimo.

01 noviembre 2009

Los ignorantes entusiastas

James Joyce les llamó alguna vez, por otra razón que no viene a cuento, los ignorantes entusiastas. Todos los días me toca tropezar con uno. En el café de la librería, en el supermercado, en el Facebook (ese sitio donde cada vez coincidimos tantos) y en los lugares menos esperados.

Algunos pocos lo hacen por una cuestión de principios (o finales, todo depende del grado de enquistamiento de sus ideas), otros por melancolía y la inmensa mayoría por ignorancia. Pero para uno, que es el que a fin de cuentas lo ha padecido, resulta insultante que se haga una caricatura tan ligera de una tragedia tan profunda.

Cuba, mi país y el de todos los que han nacido allí en cualquier época, es víctima de la dictadura más vieja y decadente de América Latina. Si alguna vez fue una revolución llena de símbolos y esperanzas, hoy es un lamentable estado de sitio sin acceso al futuro.

Ni yo ni ninguno de mis compatriotas gozamos de la libertad que tiene el resto de los latinoamericanos para decir lo que piensan, entrar y salir de su país cada vez que quieran y disfrutar en paz de esas pequeñas cosas que el más humilde ciudadano tiene a su alcance en el más empobrecido territorio.

No es posible ser cubano de otro lugar que no sea Cuba, por eso lo digo con el derecho que eso me da y porque me sale de los cojones: ¡Abajo Fidel! ¡Viva Cuba Libre!