06 mayo 2013

Nuestra fotinski


Daniel Mordzinski era, hasta hace una semana, todo un mito para mí. Muchos de los retratos por los que reconozco a algunos de los escritores que más admiro, son suyos. Jorge Luis Borges, Guillermo Cabrera Infante, Mario Vargas Llosa, Paul Theroux, Umberto Eco, Octavio Paz y V. S. Naipaul son los primeros nombres que me vienen a la cabeza.
—Vamos para que conozcan a Daniel Mordzinski —nos dijo Alfonso Quiñones.
No me gusta saludar por saludar. A veces, incluso, prefiero no conocer a la gente que más admiro. Eso me permite seguir apreciándolos sin trabas ni malos entendidos. Mordzinski nos saludó con un abrazo y se puso a conversar, algo que cada vez sabe hacer menos gente.
Estábamos en el mismo centro de una exposición suya y, copa de vino en mano, nos contó cómo hizo algunas de aquellas obras. recordó con lujo de detalles esa imagen donde Gabriel García Márquez mira a la luz desde el borde de la cama. Luego, la de Mario Vargas Llosa debajo de una sábana, a la luz de una vela.
Quedamos en vernos al día siguiente en nuestra casa. Quiñones y Mariana lo recogieron en el hotel. Alejandro Aguilar se sumó después. Como si fuera un fotógrafo ambulante y no una auténtica celebridad, Daniel sacó un paño negro de su mochila y lo colgó de la escalera, como un telón de fondo.
Con una copa de vino en la mano, sin dejar de conversar, comenzó a retratarnos. Entonces advertí que, al estar en el mismo lugar que ellos estuvieron, esa había sido la mejor oportunidad que había tenido en toda mi vida de saludar a Borges, Cabrera Infante, Vargas Llosa, Theroux, Eco, Paz y Naipul.
Ayer en la tarde, adjunta a un cariñoso email, Daniel nos hizo llegar una foto que me hizo junto a Diana. Segundos antes, había llegado la de Quiñones y Mariana. Era nuestra “fotinski”, como él mismo define a su arte. Hasta hace una semana era todo un mito para mí. Ahora es alguien entrañable y le tendré que agradecer eso a Alfonso siempre.

04 mayo 2013

Misticismos y murmuraciones

(Escrito para la columna Como si fuera sábado, de la revista Estilos)

Un colegio detuvo su docencia para que sus alumnos bendijeran sus anillos de graduación. Supongo que a una tribu del África actual ese ritual le debe parecer bárbaro, casi salvaje. Luego, más de cien vehículos de seis cilindros con sus choferes uniformados fueron a buscarlos. Parecerá que se trata de Qatar y no de una isla en el Caribe que no produce ni una gota de petróleo.
En realidad todo sucedió a pocos pasos de una de las flamantes líneas del Metro de Santo Domingo. Pero a ninguno de los estudiantes que participaron en la actividad religiosa, espiritual, casi mística, le pasó por la cabeza juntarse en un mismo vagón con los sudorosos habitantes de Villa Juana, Los Guaricanos o Villa Mella.
Todos oraron. Cada anillo, cuyo precio alcanzaría para pagar el año escolar de un analfabeto, fue bendecido por el sacerdote. Mientras lo hacía, hablaba de sacrificio, bondad, perdón, entrega, pasión y un sinnúmero de palabras emocionantes que chocaban contras las paredes y hacían un eco incomprensible.
En la noche, los estudiantes se fueron de fiesta y cada uno gastó más de lo que tienen la mayoría de las familias para vivir un mes. Fueron impertinentes y arrogantes con los camareros, quienes toleraron con una sonrisa helada cada una de las malacrianzas.
Entonces, fue que surgió el tema del color. Los más claros empezaron a establecer la raza de los más oscuros. Una mulata preciosa, que se pasó tres horas estirándose el cabello y una más empavesándose con crema blanqueadora, se burló de otra mulata preciosa, porque se atrevió a bañarse en la playa y se ha dejado los rizos.
Los que llevan camisas de Hugo Boss, murmuraron a los que llevan Tommy Hilfinger. Esos, a su vez, lo hicieron de los que las traían de Zara y así hasta llegar a una marca que motivó un: “Viejo, ¿y qué fue, qué es esa vaina?”. Ninguno pidió lo que en realidad le gustaba, sino lo más caro, lo que pudiera ser inalcanzable para el amigo que tenía enfrente.
Aunque celebraban su graduación y el ingreso a la universidad, en ningún momento se habló de vocación o planes de vida, ni siquiera de un sueño en particular. En cuanto a los centro de estudio, solo se estableció a cuales iban los “chopos” y a cuales la “gente bien”. Todos los sueños se reducían a la vaina que venga después del Iphone 5.
Uno de los muchachos, ya borracho, confesó que amaba a una muchacha que no estaba la fiesta. Uno de sus amigos le pegó en la cabeza y le preguntó si estaba “totao”. “El padre de esa niña anda en un Corolla del 2005 y la madre tiene la nariz más ancha que Fiona”. Todos se rieron a carcajadas, incluso el que estaba enamorado.
La semana que viene volverán a reunirse. Entonces tendrán una convivencia, la última juntos. La actividad será igualmente religiosa, espiritual, casi mística. Un facilitador hablará de sacrificio, bondad, perdón, entrega, pasión y un sinnúmero de palabras emocionantes que chocarán contra las paredes y harán un eco incomprensible.
En la noche irán a un fiesta. Primero serán impertinentes con los camareros, luego surgirá el tema del color y después el de la ropa. Los que lleven camisas de Hugo Boss, murmurarán a los que lleven Tommy Hilfinger. Esos, a su vez, lo harán con los que tengan las de Zara y así hasta llegar a una marca que motivará un: “Viejo, ¿y qué fue, qué es esa vaina?”.
El grupo acabará desintegrándose, pero ninguno perderá la costumbre de los misticismos y las murmuraciones. Eso los acompañará por siempre, porque fue el único “valor” que les inculcaron con éxito.

30 abril 2013

Cuba está cambiando


Tanto se ha dicho que Cuba está cambiando, que uno empieza a creérselo. Aunque en lo esencial nada ha variado dentro del anciano régimen, no se pueden negar ciertas concesiones. Dos eventos que ocurrieron este fin de semana, en La Habana y Varadero, son quizás la mejor prueba de ello.
La Orden José Martí es una medalla de calamina que Cuba tiene como su más alta distinción. Durante décadas, dictadores y criminales de África y Europa del Este desfilaron por La Habana para que Fidel Castro los condecorara. Era un protocolo en dos actos. Primero, el coronel Guerrero Ramos formaba a su tropa; luego, el comandante fijaba el imperdible.
Este fin de semana, Raúl Castro le otorgó la Orden José Martí a la escritora Fina García Marruz, quien perteneció a la generación de Orígenes y está entre los más importantes poetas vivos de la lengua castellana. Su nombre se une ahora a los de Nicolae Ceaucescu, Erich Honecker, Robert Mugabe, Kim Il-sung y Aleksandr Lukashenko.
Otra señal que puede tomarse como una prueba de los cambios, es el Campeonato Internacional de Golf Montecristo. La agencia rusa RIA Novosti reportó que el evento se celebró en el Club de Golf de Varadero. Antonio Castro Soto, hijo de Fidel Castro, resultó ganador entre 100 jugadores de 15 países.
En 1962, Fidel Castro y Ernesto Guevara disputaron una partida de golf. Según Alberto Korda, el fotógrafo oficial del evento, al final el guerrillero argentino dejó que el líder cubano ganara. Aunque ninguno de los dos sabía perder, se impuso el sentido común de los rangos.
Una de dos: o eso en Cuba aún no ha cambiado o el hijo del comandante se pasaba el día jugando golf, mientras el resto de los cubanos trataba de construir el socialismo.

28 abril 2013

Kafkiana


Bladimir Zamora está hecho para vivir apenas con lo más imprescindible. Su casa, como la de Gastón Baquero en Madrid, solo tiene “una mesa y otros cuantos artilugios”. En el apartamento de Gastón, como en la de Bladimir en La Habana, habían muchas cucarachas. Vivían de comer libros y restos de pan con dulce de guayaba.
En La Gaveta, en la calle Monserrate, dentro de un edificio que ya ha sido declarado en “estática milagrosa”, conviven con el Bladi las cucarachas más habaneras (se han engullido tomos enteros de Casal, Martí, Roig de Leuchesenring…).
Las capas de polvo sobre los libros y los objetos describen las décadas, una por una, hasta llegar a la del 2000, que es la que yo me perdí, la que cuenta mi ausencia. Entre las cosas que se han conservado por años y años, está la botella de whisky que fue convertida en candelabro.
La cera derretida de las velas ha ido cayendo sobre los libros que están más abajo hasta hacer un pozo sobre La metamorfosis, de Franz Kafka. Es la vieja edición de Arte y Literatura. Está comida por el lomo y hace tiempo que no se abre, gracias a eso han podido desovar allí las cucarachas.
En la misma calle de Bladimir, unas cuadras más abajo, en dirección al mar, unas cucarachas enormes subieron por las paredes del Museo Nacional de Bellas Artes. Fue en 2009, durante la Bienal de La Habana. Se trató de una instalación de Roberto Fabelo que se llamó Sobrevivientes.
A diferencia de la familia de Gregorio Samsa, los habaneros no tienen entre sus prioridades deshacerse de las cucarachas. Cuando se vive con lo imprescindible, dentro de los espacios más precarios, parece haber espacio para todas las criaturas, incluso las más aborrecibles.

26 abril 2013

Háblame de Jatibonico

La Autopista Nacional se acaba en Taguasco. Primero empieza a adelgazar y luego se va difuminando hasta desaparecer, literalmente, en la hierba de un potrero. Cuando buscábamos la salida a la Carretera Central, nos detuvo un policía. Trató de explicarnos que habíamos cometido una infracción, pero nunca entendimos en qué consistía. 
Mi licencia de conducir, que es dominicana y estaba acabada de renovar, le pareció sospechosa. Revisó minuciosamente el interior del vehículo. Le pregunté de dónde era y me dijo que de Jatibonico. Le hablé del estadio Genaro Melero y de la batalla campal que libraron allí, a finales de los 80, los equipos de Las Villas y La Habana. 
—¿Te acuerdas cuando Muñoz empezó a llorar? —me preguntó. 
—Como si fuera ahora mismo —Le respondí—, fue por culpa de Acebey, que tiró el guante y se fue para el banco. 
Nos despedimos con un saludo amistoso y con los ojos aguados.

22 abril 2013

Un amasijo hecho de cuerdas y tendones*


En 1970, el artista y anatomista alemán Gunther von Hagens inventó la plastinación. La técnica permite conservar todos los órganos de un cuerpo como si aún estuvieran vivos. Al extraerle el agua a los tejidos con acetona fría y luego sustituirla con una solución plástica endurecible, se eternizan.
Ese es el origen de Body Worlds (Körperwelten), la exposición itinerante de cuerpos y órganos humanos que estuvo en Santo Domingo recientemente. Miles de adolescentes dominicanos asistieron a la muestra en Ágora Mall. Muchos de ellos coincidieron en algo, cuando se supera esa primera impresión tan impactante, la experiencia se convierte en algo fascinante.
A la Feria Internacional de Libro 2013 han invitado a Silvio Rodríguez. El antiguo trovador cubano ofrecerá un concierto gratuito en la Plaza de la Cultura. A diferencia de cantautores como Bob Dylan o Leonard Cohen, que no cesan de preguntarle cosas al futuro, Rodríguez se ha obstinado en recrear el pasado.
Además de su público tradicional, ese que lo ha acompañado década a década, es muy probable que asistan también cientos de adolescentes. Para ellos, será una experiencia parecida a la de Body Worlds. En escena verán a un cuerpo endurecido, plastinado.
Para gran parte de mi generación, Silvio es hoy una de las decepciones más dolorosas que hemos tenido. Cada nueva acción suya es aún más penosa que la anterior. Hace apenas unas semanas debutó como rancheador, prestando su blog Segunda Cita para desatar una cacería contra el activista negro Roberto Zurbano, quien acabó perdiendo su puesto como director de la editorial Casa de las Américas, en Cuba.
Lo que verán en escena, muy poco tiene que ver con aquel compositor comprometido y revolucionario que le puso música a nuestra imaginación a finales del siglo pasado. Para decirlo con su propias palabras, todo no será más que un amasijo hecho de cuerdas y tendones, un eternizador de dioses del ocaso.

*Agradezco al artista cubano Alen Lauzán la ilustración que hizo para acompañar este post. Alen es el editor del periódico Guamá, la más importante publicación humorística de Cuba.

20 abril 2013

Que besarse no sea una condena


(Escrito para la columna Como si fuera sábado, de la revista Estilos)

La Constitución de República Dominicana no los prohíbe en ningún capítulo, pero muchos agentes del orden son muy estrictos en eso. Pocas violaciones de la Ley, incluso algunas de las más graves, provocan una respuesta tan rápida y severa como los besos en público.
Se desconocen los orígenes de esa persecución despiadada a los enamorados, esos que se desinhiben y se dan una muestra de cariño en público. Pero con toda seguridad es obra de alguno de los tantos caudillos o de la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo, donde tantos y tantos males se convirtieron en cultura oficial.
Lo curioso es que ninguno de los gobiernos democráticos se ocupara de desmontar semejante irracionalidad. Por décadas y décadas nadie se ha tomado el tiempo de explicarle a la policía que un beso no es un delito sino una prueba de amor.
Hace dos años, una pareja de enamorados haitianos —aún anónimos, ojalá que todavía felices— vendían celulares en plena calle. Estaban tan enamorados que no resistieron la tentación de darse un beso. La represión policial de la que fueron víctimas escandalizó a muchos. Algunos de ellos decidieron convertir su indignación en amor, así fue que convocaron a la primera edición del Besatón.
Según sus organizadores, se trata de “un intercambio lúdico-político de movilización, que invita al beso para exaltar el valor del ejercicio libre de la sexualidad y el derecho a una vida libre de violencia; entendiendo como violencia las actitudes homofóbicas, machistas, racistas y sexistas, entre otras”.
Justo después de esa afirmación, se hacen una pregunta: “¿Qué hace de un beso público una especie de transgresión en nuestra sociedad?”. Antes de que algún experto en conservadurismo tratara de respondérsela, ellos prefirieron tomar el Parque Independencia y, para rendirle homenaje a su nombre, declararse en apasionada rebeldía.
Decenas de dominicanos, de todos los colores, sexos y edades acudieron al llamado. Al compás de las consignas más amorosas que se puedan oír, se empezaron a dar besos con ardor o cariño, besos de amistad o besos de solidaridad, besos de extrañeza y hasta besos por azar. Conjugados con todos los verbos y tiempos posibles, los besos se sucedieron sin parar.
Una de las escenas más inolvidables de la historia del cine, es esa de Cinema Paradiso donde se proyectan en una pantalla todos los besos que la censura más irracional le había cortado a las película. Durante décadas, el cura del pueblo había logrado arrancarle el momento cumbre del amor a todos los filmes que vieron sus feligreses.
Abrazo tras abrazo, beso a beso, se arma una secuencia que construye, como un rompecabezas, el mensaje final de Giuseppe Tornatore. El Besatón 2013 es también eso, un mensaje de los dominicanos que prefieren la tolerancia a la represión insensata y fundamentalista. Un gesto de amor en respuesta al lado más absurdo de la violencia.
En los últimos años, muchos delitos reales (desde desfalcos al Estado hasta violaciones flagrantes de la Ley) han quedado impunes. Las autoridades se han hecho de la vista gorda o han mirado para otra parte. Tanta fue la impunidad, que la sociedad reaccionó con un amplio movimiento de protestas.
Los besos en público, en cambio, aun sin estar prohibidos por la Constitución, generan una respuesta inmediata y enérgica de las autoridades. ¿A qué se debe esto, cuál es el origen de semejante perversión? Antes que ponerse a responder esas incómodas preguntas, los organizadores del Besatón 2013 prefirieron acudir al afecto.
“La gente está invitada a besar a otras personas que esté de acuerdo, porque sí, o por algún motivo específico. Estaremos desde las tres de la tarde en la Puerta del Conde repartiendo besos y abrazos. Desde ahí partiremos hacia una caminata amorosa por la calle El Conde, y en el transcurso de la misma, habrá interpretaciones artísticas. Al final tendremos algunas sorpresas”, decían en la convocatoria.
Dominicanos como esos se necesitan para construir un país donde robar sea un delito y besarse no sea una condena.