29 agosto 2011

Carta abierta de Pablo Milanés a un hijo de puta

Pablo Milanés ha respondido, en una carta abierta, la malsana reseña que hizo Edmundo García sobre las recientes declaraciones del trovador cubano. “Te explicaré por qué nunca hubiera hecho una entrevista contigo: vi en ti, con mi intuición natural para esas cosas, las nueve señales del hijo de puta”, dice Milanés, refiriéndose a una definición de Camilo José Cela.
Después de proponer que su carta se publicara en el Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, para que el que el pueblo la “lea, piense, sepa discernir por sí mismo, y de una vez, dónde está la verdad”, Pablo se adelanta a lo que pueda esperarle en La Habana a su regreso (el texto fue redactado y hecho público en Miami, hoy).
“Le digo por este medio a la intelectualidad cubana, a los artistas, a los músicos y a los altos cargos del Estado, que no me susurren más al oído: ‘estoy de acuerdo contigo pero… imagínate!’. Yo no estoy arrepentido de incinerarme sólo en mi actitud, pero es triste y vergonzoso que haya un silencio cómplice tan funesto”,  aseguró Milanés.
Días atrás, García insinuó que Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Víctor Manuel y Ana Belén se habían distanciado de la revolución cubana por la influencia que Pablo ejercía sobre ellos. También hubo una respuesta para esa conjetura de Edmundo, a quien el trovador compara con “una niña en la pubertad, asombrada y ruborizada ante su primera menstruación”.
“Esas personas que tú no has respetado, tienen talento propio, criterios propios y no se dejan influenciar por nadie, al contrario, porque son ciertamente su talento y sus principios los que han influenciado a medio mundo”, afirmó Pablo, quien casi al final de su carta reta a Edmundo a dejar Miami y regresar vivir la desoladora realidad de la isla.
“Edmundo, te invito a que cojas tus maletas y regreses a tu país y allí tengas el valor de denunciar todo lo malo que veas, porque Edmundo, te advierto, esa lucha sí es dura y no te calles como esos miles periodistas de allá [en Cuba], cómplices lamentables del silencio”, concluyó.
Cuando puse un link a la carta en Facebook, un reconocido artista plástico cubano hizo un comentario casi de inmediato: “Mucho Pablo para tan poco Edmundo...”. Es cierto, Pablo ha dado otra lección de grandeza. Sin dejar de ser el hombre noble y bueno que es, dijo lo que tenía que decir de quien se merecía hace rato que le dijeran eso.

28 agosto 2011

Con 10 años de más

Por mucho tiempo pensé que esto no ocurriría en muchos, muchísimos años. Una vez Lichi Diego me dijo que él jamás más volvería a Cuba, que él llegaría a Cuba y se iría de Cuba. Pues bien, el lunes 19 de septiembre llegaré a La Habana. Ya tengo en el bolsillo el boleto de ida y de vuelta a mi país.
El itinerario es extenso y justo. Quiero ver tanto que nada será suficiente. Hay paradas obligatorias: el Paradero de Camarones, Santa Clara, Cienfuegos, Manicaragua, El Cristo y El Vedado. Hay otras condicionadas por los amigos: Habana Vieja, Marianao, Matanzas y el Parque del Ajedrez, en Santiago de Cuba.
Es raro, pero el día en que me “habilitaron” el pasaporte, no pensé en Cuba ni en la posibilidad real del viaje. Solo me vino a la cabeza uno de los poquísimos poemas que me he aprendido en mi vida: “El pasaporte soviético”, de Vladimir Maiakovsky. “Ante algunos pasaportes,/ una sonrisita en los labios./ Ante otros,/ un desprecio único”, repetí de memoria, ingenuo, infantil.
Hoy, cuando compartí la noticia con mis amigos de Facebook, muchos me advirtieron de todo lo que se suele advertir a alguien que regresa a Cuba después de una larga ausencia. No tengo otra expectativa que no sea la de encontrar los abrazos que he dejado de dar por todo este tiempo.
Con 10 años de más, soy un Camilo Venegas muy diferente del que se fue. He cambiado tanto, que ya no me preocupa hallar nada de lo que perdí, nada que no sea esa patria intangible que constituyen los amigos, la familia y el olor de los lugares sin los cuales uno deja de ser uno.
No es tanto lo que busco. Apenas soy ciudadano del Paradero de Camarones y eso, como diría Maiakovsky, es una carga de poco peso.

27 agosto 2011

Ey, Sabina, ten cuidado con la nicotina

Cuba, esa Cuba que tantos esperamos, empieza a ser deseada por cada vez más gente. Suelo sufrir crisis de euforia y por eso ahora me contengo, pero aún así se me hace difícil administrar el entusiasmo. Hace unos días el poeta Aramís Quintero, quien vive en Chile como si fuera una isla varada en la Cordillera, me recriminó tanto optimismo. Con cariño, cuidando de las palabras como si siguiera escribiera en versos, me confesó sus pesares.
Admito que no será fácil, pero es que ya hemos llegado tan lejos con la falta de esperanza, que debe estar cerca el momento en que el péndulo regrese y nos devuelva el entusiasmo a todos. Ver a Carlos Alberto Montaner dando la cara por Pablo Milanés es, sin dudas, una buena señal. Oír a Pablo confesando que ya no es fidelista y que está dispuesto a cantarle a las Damas de Blanco, es un aviso muy alentador.
Hoy, en el periódico El Mundo, Joaquín Sabina por fin dijo lo que pensaba del tema: “Para la gente de mi edad la revolución cubana fue una luz que con el tiempo hemos visto como se iba apagando. Tengo mucho respeto para el exilio cubano. Sufrimos con sus penas y con sus problemas. Nos preocupa lo que les pasa. Y te lo digo desde el punto de vista de la esperanza de la gente, no solo desde la política”.
Pero la frase más valiente de Sabina llegó en la respuesta menos esperada. Cuando le preguntaron si había seguido el movimiento del 15-M, habló en nombre de su generación: “Estamos esperando que surja un 15-M en Cuba. Que la gente salga a la calle y diga qué es lo que no le gusta”, dijo.
Ey, Sabina, ten cuidado con la nicotina de los que se siguen fumando esos mitos. Vas a tener que enfrentarte a un vendaval parecido al que sufre Pablo en estos momentos.

26 agosto 2011

Los cojones de Pablo Milanés

Anoche, mientras atravesaba un largo túnel en compañía de Alejandro Aguilar y Marianela Boán, comenzó a oírse la voz de Pablo Milanés. Los tres hicimos silencio para escucharlo. Cuando se acabó la canción, Marianela hizo una de esas sentencias suyas que suelen acabarse en una pregunta: “Qué grande es Pablo, ¿no?”.
Edmundo García, en cambio, cree que si no hubiera sido por la revolución, Pablo Milanés no habría pasado de ser “un bolerista con una guitarra en un bar de Bayamo, o en el mejor de los casos de La Habana”. Inmundo, el “periodista independiente” arremete contra el trovador por sus recientes declaraciones, donde admite que ya no es fidelista y que le cantaría a las Damas de Blanco.
El concierto en el American Airlines Arena de Miami, ha puesto a Pablo Milanés entre dos fuegos. Ambos bandos le han caído encima al trovador, les resulta intolerable su postura, les produce pánico su actitud. Es comprensible, Pablo sigue siendo un revolucionario y no hay nada que irrite más que eso a los reaccionarios de Miami y de La Habana.
En su afán miserable, Edmundo llega más lejos aún: “Hace algún tiempo que llegué a la conclusión de que Pablo, con este tipo de opiniones, contribuyó (y no poco) a la confusión y al distanciamiento de Cuba de nombres como los de Ana Belén, Víctor Manuel, Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina y otros que habían estado cerca y con Cuba por décadas”.
En su simplismo, García no deja espacio para la duda y menosprecia el sentido común de esos artistas. ¿Acaso no sería el propio Gobierno cubano a punta de intolerancia, represión, encarcelaciones y fusilamientos quien provocó realmente todas las distancias? Acusar a Pablo de eso es, además de oportunista, cobarde.
Yo, que siempre admiré a Pablo Milanés por su obra y por su voz (él y Benny Moré son los dos más grandes cantantes que nacieron en Cuba en el siglo XX), ahora también lo admiro por sus cojones. Lo que está haciendo Pablo hoy, merece un aplauso tan grande como la más grande de sus canciones.

24 agosto 2011

La censura no existe mi amor

En los años ochenta, cuando estudiaba artes escénicas en la escuela de Cubanacán, en La Habana, el rock argentino era una de mis más grandes inspiraciones. Los discos de Charly García, Fito Páez y Juan Carlos Baglietto me acompañaban a todas partes y, sobre todo, le cambiaban el ritmo a mi manera de ver el mundo.
Recuerdo que teníamos una profesora de teatro guiñol que nos censuraba todo lo que no fuera realista y optimista. Se había graduado en Moscú y la doctrina soviética era para ella el único modo de llevar algo a escena. Cada vez que nos rechazaba una idea surreal o vanguardista, le hacíamos un coro con una canción de Baglietto:
“La censura no existe, mi amor.
La censura no existe, mi…
La censura no existe...
La censura no...
La censura...
La...”
Hoy mi iTunes pinchó "La censura..." sin que yo se la pidiera. Dejé lo que estaba haciendo y me puse a escucharla. Muchas veces, incluso sin quererlo, nosotros también censuramos. Yo mismo, para evitar las cizañas y el mal gusto, moderé los comentarios del El Fogonero por mucho tiempo. En honor a la canción y al grupo de muchachos que la cantábamos en la Escuela de Arte de los 80, a partir de hoy dejaré de hacerlo.
Digan lo que digan. Pongan lo que pongan. Al final la gente lee, escucha, comparte y le hace caso a lo que realmente le interesa y le aporta.

El papel por debajo de la puerta

Unos de los tantos cuentos que se cuentan de Juana Bacallao (algunos son leyendas urbanas, otros verdades reinventadas), narra un supuesto encuentro entre la inclasificable artista y Celia Cruz. Supuestamente, fue al final de una presentación de la primera en Nueva York. Tocaron en su camerino y era Celia con un ramo de flores.
—¡Niña, piérdete, que aquí tú no sabes quién es quién! —dicen que respondió Juana Bacallao aterrorizada, antes de darle un tirón a la puerta.
Mientras le hacía una larga entrevista, Silvio Rodríguez me contó que Jesús Díaz estuvo tratando de verlo en uno de sus viajes a Madrid. Fue a principios de los años 90. Ambos habían mantenido una entrañable amistad mucho antes, en unos tiempos que el trovador definió como “duramente humanos”. Pero después que Jesús pidió asilo político en Berlín, se distanciaron y no volvieron a tener contacto.
—Me pasó un papel por debajo de la puerta de la habitación —me dijo Silvio. Se sentía tan incómodo contando la historia, que no quise aclarar una duda. ¿Él encontró la carta cuando regresó, o estaba dentro mientras Jesús tocaba y no se atrevió a abrirle a su viejo amigo?
Arturo Sandoval y Omara Portuondo coincidirán en un mismo espectáculo en el Hollywood Bowl, de Los Ángeles. Pero el trompetista se ha negado a compartir el escenario con la cantante. “Desde que me fui de Cuba no me presento con un artista que represente a Cuba. Estamos juntos pero no revueltos en el mismo programa”, dijo Sandoval.
Creo que Sandoval se equivoca, como se equivocaron Juana Bacallao (de ser cierta la historia) y Silvio. Si seguimos tirando puertas o dejando que el papel pase por debajo sin abrirlas, nos seguimos alejando de la Cuba que merecemos (que siempre será mejor que la que deseamos y la que pretendemos).
Un abrazo vale muchísimo más que todas las diferencias políticas que podamos tener. Al final del viaje esas cosas se verán tan diminutas, que todos tendremos que admitir cuánto tiempo perdimos.