09 marzo 2010

Cargo de conciencia

El diario Granma, la bocina más reaccionaria de la dictadura, llama apátrida a todo cubano que no apoye, de manera explícita o al menos con un silencio cómplice, al gobierno a cuatro manos de Fidel y Raúl. Los que tienen el valor de oponerse a su maquinaria represiva (el único logro real de la revolución después de 50 años en el poder) son, además, mercenarios.

Los que señalan al aparato estatal cubano como un inviable y obsoleto armatoste, según las autoridades, son anticubanos. Para ellos también atacan a Cuba los que se atreven a cambiar la palabra gobierno por régimen y revolución por dictadura. Ya lo advirtió Fidel en un lejano encuentro con los intelectuales de los años 60: conmigo, todo; contra mí, nada.

Durante muchísimos años, Fidel reservó la parte más importante de sus discursos para comparar a la república con la revolución. Ahora ambas fracciones de tiempo están más parejas y se hace más fácil el cotejo. Cuando el desarrollo alcanzado en una época (incluyendo la salud y la educación) se pone frente al que se logró en la otra, solo un apátrida, un mercenario y un anticubano sería capaz de cerrar los ojos para no ver la dimensión de la tragedia.

Por desgracia las ruinas permanecerán mucho tiempo después de que todo haya terminando. Ellas serán su cargo de conciencia.

08 marzo 2010

En Cuba somos ladrones todos

No existe una familia en Cuba, ni siquiera una, que no se haya visto obligada a robar para subsistir. Dos ex novias de hijos de Fidel Castro han contado en público todas las artimañas que esos muchachos perpetran a diario. Hasta ellos se ven forzados a malversar para poder resolver su día a día en un país que la ineptitud de su padre ha llevado a la ruina.
¿En qué hogar cubano no se le ha comprado carne de res a un matarife clandestino? (el código penal es más drástico con quien sacrifica una vaca que con quien mata a una persona, pero ni eso ha logrado persuadir a nadie) ¿Quién no ha comprado leche, huevos, azúcar, café o ron a alguien que antes se ha robado esos productos?
La incapacidad del régimen para dedicarse de manera efectiva a otra cosa que no sea la represión, ha empujado a los cubanos a la indigencia y a una crisis moral que salpica a todas las generaciones y a todas las clases sociales (que las hay y muy bien definidas). Cuando el Estado dicta leyes que ni siquiera sus más altos funcionarios son capaces de cumplir, el delito se convierte en la única manera de supervivencia.
Ya es evidente que dejarán morir de hambre y de sed a Guillermo Fariñas. Las bocinas a sueldo de la dictadura han comenzado una campaña de descrédito contra el opositor cubano. Se le acusa de haber cometido delitos comunes. En un país donde todo se roba y todos roban esa excusa no es suficiente; que se atreva a tirar la primera piedra el cubano que no lo haya hecho en los últimos 50 años. En Cuba somos ladrones todos.

06 marzo 2010

De regreso de ninguna parte

En una de sus canciones, “Los restos del naufragio”, Enrique Bunbury hace una lista de las cosas que en verdad no quisiera que desaparecieran nunca. Primero enumera algunos clásicos y contemporáneos cuyas obras le han servido de referencia. Luego hace lo mismo con ciertos lugares que lo han inspirado en algún momento. Leonard Cohen, Tom Waits, Nick Cave, Andrés Calamaro, Charly García, Fito Páez y Luis Alberto Spinetta, entre otros. Oaxaca, Benarés, Marrakech, Cádiz, Buenos Aires y Santo Domingo (“si nos dejan volver”, aclara, recordando aquel absurdo episodio donde las autoridades dominicanas le prohibieron el retorno al país). En muchas otras de sus canciones, Bunbury menciona rincones, personajes, experiencias y sonidos que ha ido recolectando durante sus largos viajes del otro lado del Océano. En una entrevista, asegura que disfruta como nadie extraviarse en La Habana o en Nueva Orleáns, “para poder deshacerse de la mirada de turista y descubrir la verdadera identidad de la gente”. Oyendo los discos de Bunbury es que se puede calcular, de una manera más precisa, el provecho que le saca a esa manía. Pocos artistas han logrado como él hacer que el pasado de pueblos olvidados reaparezca en la vigencia de una melodía. A veces no vemos la riqueza de las cosas que nos rodean. La experiencia de Bunbury puede ser una buena lección. Sólo hay que regresar de ninguna parte y atreverse a las consecuencias que tendría fijarse en los rincones para donde nunca hemos mirado.

Sábado al fin

El sábado es el lugar perfecto para perder el tiempo. Con esa excusa publico, desde la semana pasada, un tercio de página en el diario dominicano Hoy. El espacio está dedicado a los que lo prefieren ese día sobre cualquier otro día de la semana. En él se habla de las cosas que se pueden hacer cuando no hay nada más que hacer, de eso que Marcel Proust llamó “ocio inteligente”. Creadores, aves raras y locos de atar son nuestro tema de conversación. Registramos vidas y obras en busca de un sueño o de alguna inspiración. Todo, menos lo banal, nos irá moviendo.

El título se debe a una canción de Pablo Milanés cuyo móvil debe explicarse para que se entienda. Hubo un lugar y una época, la Cuba de los ochenta, en que se decretaron dos tipos de sábado, un largo y otro corto. Los largos eran laborales y los cortos libres. Los segundos fueron la excusa del trovador para contar los deseos más simples de una generación (la mía). Libres ya de esa circunstancia, esas estrofas inspiraron mi espacio.

Lugares, libros, épocas, discos, hechos, películas, protagonistas, conciertos, efemérides, celebridades y desconocidos, vencedores y derrotados… Todo eso tendrá suficiente espacio, ni poco ni demasiado. No siempre se hablará de cosas que están de moda. Puestos a elegir, preferimos lo que nunca pierde vigencia.

Hay muchísimas cosas más que hacer, Sábado al fin será solo una opción entre tantas. Uno de los incontables caminos para recorrer en esas 24 horas que separan al viernes del domingo. Como dice Pablo, apenas “propongo un hermoso plan”.

04 marzo 2010

En Cuba los hospitales, como las calles, solo son para los revolucionarios

En la Cuba de los noventa se impuso una consigna fascista: “La calle es de los revolucionarios”. Todas las arengas de los líderes juveniles de entonces (Robaina, Pérez Roque y algunos otros que tampoco lograron sobrevivir dentro de la nomenclatura castrista) empezaban o terminaban con esa frase excluyente, que establecía la segregación de los cubanos que aún vivían en su isla, pero que no compartían las políticas del régimen gobernante.

Ayer el doctor Élvis Jiménez, director del hospital provincial de Santa Clara, le dijo a la madre del disidente Guillermo Fariñas que tenía que sacar a su hijo del centro hospitalario. Según el propio Fariñas, Jiménez fue muy claro: La terapia intensiva no está para ayunantes contrarrevolucionarios, sino para revolucionarios y ciudadanos que no intenten desestabilizar la revolución.

Lo deja claro el doctor Élvis, sus compatriotas tienen que pagar un altísimo precio para poder aliviar sus dolores de cabeza: resistir en silencio todos los embates de una dictadura que, después de medio siglo en el poder, ha destruido hasta los cimientos a la nación cubana. Parafraseando al poeta Roque Dalton, Jiménez no sabe que por hombres como Fariñas el futuro de su país puede convertirse en una aspirina del tamaño del sol.

02 marzo 2010

¿Hasta dónde debemos practicar las verdades?

Acabo de ver el video de nueve minutos y trece segundos que el Gobierno cubano presentó en la televisión de la isla sobre la muerte del disidente Orlando Zapata Tamayo. Me tomó unos 32 minutos bajarlo, toda conexión con Cuba es lenta en el mejor de los casos, imposible en la mayoría. Más que una postura oficial sobre por qué no se le reconoció al reo como prisionero de conciencia, el video es una cínica mezcla de criterios médicos con burdo espionaje.

El pasado 24 de febrero, Enrisco publicó en su blog el pequeño post “Hechos”. Valiéndose de una fecha de 1925 y otra de 2009, compara a tres dictadores cubanos y el desenlace que tuvieron dos huelgas de hambre que sucedieron durante sus gobiernos. Después de 18 días de presión, Machado decidió poner en libertad al líder comunista Julio Antonio Mella. 85 días no fueron suficientes para el binomio Castro y dejaron morir a Orlando Zapata Tamayo.

En el documental emitido por la televisión cubana, varios doctores y una sicóloga del sistema carcelario hablan con el mismo lenguaje de los partes médicos. Se refieren a Orlando como paciente, no como un hombre que decidió perder la vida antes que negociar su dignidad. Era negro y albañil, se dice que en algún momento de su vida cometió algunos delitos. Por gente como él, Silvio Rodríguez escribió uno de sus versos más rotundos: “Si alguien roba comida y después da la vida, qué hacer,/ ¿hasta dónde debemos practicar las verdades?”.