23 diciembre 2009

Campos roturados


No importa lo que hagas ni las cosas que digas.
Todos los paisajes que te rodean
tienen las mismas palabras adentro.
No importa lo que comas o bebas,
en el fondo de cada atardecer
buscarás el excesivo olor
a comino y cilantro
que tenían las sopas de Atlántida.
No importa lo que oigas ni lo que veas.
Al final todo lo que quieres tener delante
es un tren varado en una línea muerta,
los árboles que tu abuelo sembró
sin pensar en los ciclones que vendrían
y el polvo,
ese polvo pertinaz que lo borra todo
cuando las últimas tardes de diciembre
le pasan por encima a los campos roturados.

21 diciembre 2009

Tres en uno (a lo mejor para el año que viene)

En su blog Efory Atocha, Santiago Méndez Alpízar ha ido colgando los deseos de sus amigos para el 2010. Cuando me puse a elegir los tres míos, acabé redactando una lista enorme. Al tratar de hacerla lo más estricta posible, me salió este texto que le dedico a Chago por su hermosa idea

Mi abuela Atlántida mantuvo un ritual hasta la última Navidad de su vida. A las 12 de la noche del 31 de diciembre, tiraba un cubo de agua por la puerta de la calle. A esa hora, con los ojos bien cerrados, pedía tres deseos. No sé cuántos de aquellos anhelos se le cumplieron, sólo puedo asegurar que ni siquiera cuando perdió la memoria se olvidó de esa costumbre.

Desde 1995 mi madre se ha hecho cargo del ritual. Tampoco sé cuántos de sus deseos se han cumplido, pero tengo la certeza de que al menos en uno coincide con mi abuela y ese, por más que lo ha pedido, no acaba de llegar. Pido entonces que en 2010 se nos dé, por ellas y por los millones de cubanos que tanto han esperado.

Ese solo deseo contiene a todos los demás, los resume. Por eso este 31 de diciembre, cuando mi madre abra la puerta de la calle y lance el cubo de agua hacia la noche de Santo Domingo, pediré que el próximo lo pueda hacer otra vez en Cuba. Dejo los otros dos deseos en blanco para que el azar tenga espacio suficiente.

Nunca ha llegado, pero a lo mejor para el año que viene…

18 diciembre 2009

La última mujer y la próxima vuelta en redondo

Cuando caía la tarde y se perdía del todo la visibilidad en el cuadro de pelota, el Paradero de Camarones se convertía en el lugar más aburrido del mundo. A esa hora, la tienda de ropa ya estaba cerrada y el bar había sido ocupado por los más viejos y los más borrachos. Sólo dos opciones nos quedaban: esperar a que Chena abriera las puertas del cine Justo o largarnos en una guagua para el parque de Cruces.

Cinco kilómetros de cañaverales ininterrumpidos nos separaban de esa plaza demasiado pretenciosa para un municipio tan pequeño. Todos sus extremos estaban custodiados por fachadas impecables y monumentales: Un teatro con nombre de poeta, una iglesia, una biblioteca (aunque en mi época allí estaba la terminal de ómnibus), un liceo, un merendero, una fábrica de gofio y una pizzería. En el centro de todo quedaba el símbolo más importante: la glorieta donde nacía el eco del pueblo.

Como una manada de lobos, los varones dábamos vueltas sin parar en contra de las manecillas del reloj. En pequeños grupos, tratando de mantenerse a salvo, las hembras giraban a la inversa. En medio de ese “ritual”, todos nosotros nos enamoramos por primera vez y nos despedimos de nuestra adolescencia. No era nada del otro mundo, en verdad no había nada que hacer, todo consistía en ver pasar a la última mujer y en esperar una mejor suerte en la próxima vuelta en redondo.

15 diciembre 2009

Pereza

Conocí a Pereza en No sé si Baires o Madrid, el DVD de Fito. Aunque Páez los presenta allí con mucho entusiasmo, no calculé entonces que me llegaría a gustar tanto esa banda de rock & roll que se resume en dos nombres: Rubén (Rubén Pozo Prats) y Leyva (José Miguel Conejo Torres).

Hace unos días volví a encontrarme con Pereza, esta vez haciendo los coros en la primera canción de Vinagre y rosas, el nuevo disco de Sabina. Pero antes había rastreado todas sus cosas en YouTube y fue allí donde hallé su dúo con Andrés Calamaro en “Amelie”.

El sonido y las letras de Pereza, al menos por ahora, me han devuelto la esperanza. Hace ya mucho tiempo que no encontraba algo que valiera la pena y que interrumpiera mis vueltas en círculos alrededor de los mismos apellidos de siempre: Calamaro, Bunbury, Drexler, Páez y Sabina, entre dos o tres más.

Ya descubrí a Pereza, ahora faltan los sucesos y los resortes que convierten a las canciones en inolvidables, en nostalgia incombustible.

14 diciembre 2009

La revolución no tiene quien le escriba

La revolución ya no tiene quien le escriba. La Web 2.0 es el primer campo donde el régimen se ha tenido que ir a la batalla sin el respaldo de al menos dos o tres intelectuales de peso. Y eso explica por qué no le han podido sacar ni un out a sus adversarios.

La alineación del equipo Cuba en la blosgfera es más desconcertante aún que en el béisbol: Enrique Ubieta, Manuel E. Lagarde, Vladia Rubio y una docena de reporteros encubiertos, cuyas caras desconocemos y que prefieren escudarse en seudónimos tan poco originales como De Donde Crece la Palma o Yohandry.

El chancleteo incesante que se produce desde los lugares más remotos y menos pensados, ha comenzado a sacar de sus cabales al régimen. La crisis ya ha sido etiquetada: “guerra mediática”. Los adversarios ya han sido identificados: “mercenarios”, “ciberpayasos”, “vendepatrias” y un sin números de insultos que, a estas alturas del juego, se convierten en elogios.

Hace unos días, en su blog, Vladia Rubio advertía que si los blogueros cubanos "tienen como único fin de sus actos el derrocamiento de su adversario, la toma del poder, si existe una intención expresa de subversión, entonces hablamos de confrontación y del derecho de la Revolución a defenderse”.

La pregunta ahora es quién sacará la cara por ella en la blogsfera, escribiendo palabras rotas donde él no está, en la sobrevida.

13 diciembre 2009

Si hay que pisar cristales, que sean de Bohemia

Aunque no se le ocurrió a Sabina, ese es uno de los mejores versos de Vinagre y rosas, el nuevo disco del cantautor de Úbeda. El País Semanal ha publicado este sábado una hermosa entrevista (admito que intenté poner otros adjetivos, pero la entrevista es hermosa y no hay que dar más vueltas).

Hace algunos años, a la sombra de un colmado, Vianco Martínez (uno de mis hallazgos más entrañables en República Dominicana) me dijo una de sus frases más avasalladoras: “Asere, ¿tú no te has dado cuenta de que en las bachatas o la mujer no ha llegado o ya se fue, pero nunca está?”.

Después de terminar Vinagre y rosas, Joaquín Sabina llegó a una conclusión muy parecida: "Yo creo que las canciones de amor no existen, sino que sólo existen las canciones de desamor. Es cuando te deja la chica que haces una letra para cagarse en su puta madre y que la persiga toda su vida".

Para componer las letras del disco, Sabina se “exilió” en Praga con su amigo Bejamín Prado. Cuenta la leyenda que, en el cumpleaños 60 de Joaquín, mientras un mariachi tocaba algo de José Alfredo Jiménez, el cantautor le habló al oído al escritor, quien padecía en ese momento de un abandono: "Benja, no me sale nada. La felicidad doméstica está matando mi creatividad. Préstame algo de tu cabreo emocional".

El resultado de eso ya todos lo conocen y se ha convertido, en apenas unas semanas, en un doble disco de platino. De ahora en adelante sólo queda seguir oyendo las confesiones y cazar las lecciones: “Detesto la nostalgia, pero creo que los mejores materiales nacen de la memoria. Y con 60 se tiene pasado, presente y futuro. Cuando tienes 70 sólo cuentas con un pretérito estupendo. A los 50 recibes la visita de tu pasado. Mi visita fue brutal. De un día para otro. Pasé de la euforia de sentirte vivo, por haber sobrevivido, a la depresión de tener que vivir con lo que me había pasado”.

Es en momentos como ese (y como muchos otros. Ya lo dijo Marx: a cada cual según su necesidad, de cada quien según su capacidad) en que no queda más remedio que cerrar los ojos y pisar cristales… pero de Bohemia.