08 diciembre 2009

Círculos viciosos

En su columna de hoy en El País, Fernando Savater recuerda que John Dewey propuso una salida para la regeneración de la filosofía: “en lugar de dar vueltas exclusivamente a los problemas de los profesores debe interesarse por lo que inquieta a los humanos en general”.

A muchos intelectuales cubanos les sucede algo parecido. Se han elevado tanto en la búsqueda de ideas, reflexiones y metáforas sobre la nación, que han perdido de vista a la masa que la conforma. De ahí que Rafael Hernández definiera los debates y las preocupaciones que emergen en los blogs y las redes sociales como un vulgar chancleteo.

Cuba está sumergida hoy en la peor crisis de su historia. Nunca antes la economía del país se había depauperado tanto. Donde quiera que se mire se halla el mismo panorama, todas las fotografías son una misma imagen repetida hasta el cansancio: tierras baldías, industrias inoperantes, ciudades en ruinas y gente hastiada, sin la más mínima esperanza en los ojos.

A lo mejor eso ayudaría un poco a la regeneración de Cuba: más chancleteo y menos círculos viciosos.

El hijo de Guillermo Tell prefirió poner la manzana en la cabeza de su amiguita

A finales de los años ochenta y principios de los noventa, el pequeño apartamento de Puchi Fajardo (hija de Piti, el comandante) se convirtió en un inmenso refugio para un montón de jóvenes creadores cubanos. Músicos, poetas, pintores, filósofos y algún que otro nuevo loco, nos reuníamos allí semana tras semana a compartir nuestras cosas y, sobre todo, a imaginarnos el futuro de Cuba.

Algunos parroquianos eran más constantes que otros, pero a la hora que fuera y el día menos pensado, uno siempre se encontraba allí con Kiki Álvarez, Omar Mederos, Bladimir Zamora y Carlos Varela. Con la ayuda del peor de los rones y la abulia de una Habana que empezaba a hundirse en el Periodo Especial, aquellas jornadas se extendían más de la cuenta.

Cuando leí las declaraciones más recientes de Carlos Varela sobre nuestro país, sobre Estados Unidos y sobre Yoani Sánchez, recordé muchas historias de aquella época en que ninguno de nosotros, en ninguno de aquellos ejercicios de adivinación, ni siquiera llegó a sospechar lo que en realidad acabó ocurriendo.

Respeto mucho lo que piensa Carlos, por el cariño con el que recuerdo los años duros y por la compañía que me han dado sus canciones durante todo este tiempo en que no he podido volver a La Habana. Sé que Carlos no sería capaz de decir nada que en verdad no piense. Quizás es por eso que lamento tanto que el hijo de Guillermo Tell prefiriera poner la manzana en la cabeza de su amiguita.

02 diciembre 2009

Malecón

En Veracruz el mar, aún en verano, parece una tarde de invierno.

Tres mujeres avanzan sin mirar sobre la luz de las estrellas,

tres mujeres vestidas de blanco

que bailan descalzas un danzón a destiempo.

No les preguntes sus nombres,

no les digas nada que pueda distraerlas.

Déjalas que bailen,

déjalas que le digan su pesar a la oscura marea del Golfo.

En Veracruz los danzones se oyen en la tarde, aun en verano

siempre parece que es de noche.

No digas nada que pueda distraerme,

el camino de regreso empieza cuando se acabe la música,

tres mujeres vestidas de blanco,

tres mujeres que nunca tendrán nombre

no podrían convencerme.

No digas nada que pueda distraerme, del otro lado del mar estoy yo,

esperándome.

01 diciembre 2009

Tríptico del Monumento de Mal Tiempo


I.
Piedra a piedra,
unos pasos más allá
del sitio donde
en verdad
ocurrió el combate,
el monumento
cede a la tremolina
y
se
desmorona.

El antiguo polvo
se esparce
sobre la tierra vacía
para que los muertos
se sigan muriendo.

II.
Los huesos sin nombre
detrás de un vidrio empañado.
Los nombres desnudos
delante de las cenizas anónimas.
La tarde inundada
por el aguacero
que cayó horas después,
durante la noche más larga
del siglo pasado.

La madrugada que sobrevino
cuando los huesos,
los nombres, el agua
y todas las cenizas
se convirtieron
en un botín de guerra:
150 fusiles máuser,
60 rémington,
6 cajas de municiones,
los caballos de los oficiales
y de la tropa,
las acémilas,
los equipos, el botiquín
y la bandera*.

III.
Ahora esto no es un obelisco,
ni el potrero
que se nubló
de espanto
cuando aquellos
negros en harapos
gritaron “¡Viva Maceo!”.
Tampoco el fortín
donde nuestros
antepasados
se rindieron
a las cuchilladas
y el arbitrio del vencedor.

No calamos las bayonetas
ni tocamos a degüello,
solo escapamos,
cañaveral adentro,
hasta estar seguros
de que nadie nos veía.
Para que te quitaras la blusa
grité “¡Al Machete!”.
Un tren de caña pasó pitando,
como si anunciara
al mundo pacífico
nuestro desastre en Mal Tiempo.

Nunca pude decir
si caímos junto a los héroes
o del lado de los cobardes.


*Miró Argenter, José: Crónicas de la guerra. Editorial Letras Cubanas, 1981. Pág. 210. 

30 noviembre 2009

José Emilio Pacheco, tarde o temprano

En El libro perdido de los origenistas, Antonio José Ponte reconstruye una conversación entre Eliseo Diego y dos jóvenes poetas. Dice Ponte que, para romper el silencio, Eliseo les preguntó cuáles eran los autores que más leían. Ambos, tratando de ser cautos, incluyeron a Martí entre los primeros nombres.

­Con esa voz demasiado pausada con la que Eliseo decía hasta las cosas más urgentes, les aclaró que Martí no podía entrar en su lista, porque a él no se le leía sino que se le respiraba. Yo no alcanzo a respirar los versos de José Emilio Pacheco, pero su atmósfera siempre me acompaña a todas partes.

Hay ciertas cosas de las que nunca me separo y entre ellas no me puede faltar Tarde o temprano [Poemas 1958-2000], una antología donde se reúnen las versiones más reciente de casi todos los poemas del escritor mexicano. En 1996 viví por unos meses en la colonia Roma, en el D.F., el escenario donde ocurre Las batallas en el desierto, una breve novela de José Emilio.

En aquel entonces, sentía una rara felicidad cada vez que deambulaba por las mismas calles donde habían vivido los personajes. Recuerdo que por las tardes me sentaba bajo los árboles de la Álvaro Obregón a oír las voces con las que ellos hubieran hablado. Hoy he vuelto a sentir aquella rara felicidad.

José Emilio Pacheco, uno de los más grandes poetas del idioma español en el siglo XX, por fin ha ganado el Premio Cervantes. Más que el reconocimiento, lo que me entusiasma es que las editoriales suelen reaccionar ante esos galardones y eso significa que su obra será mucho más divulgada de lo que ha sido hasta hoy.

En “Despedida”, el último poema de Tarde o temprano, José Emilio pide “perdón o indulgencia” por haber fracasado. La única culpa que confiesa se convierte ahora en su salvación. Eso le pasa por intentar lo imposible.

PREMIOS CERVANTES

1976. Jorge Guillén (España)

1977. Alejo Carpentier (Cuba)

1978. Dámaso Alonso (España)

1979. Jorge Luis Borges (Argentina) y Gerardo Diego (España)

1980. Juan Carlos Onetti (Uruguay)

1981. Octavio Paz (México)

1982. Luis Rosales (España)

1983. Rafael Alberti (España)

1984. Ernesto Sábato (Argentina)

1985. Gonzalo Torrente Ballester (España)

1986. Antonio Buero Vallejo (España)

1987. Carlos Fuentes (México)

1988. Maria Zambrano (España)

1989. Augusto Roa Bastos (Paraguay)

1990. Adolfo Bioy Casares (Argentina)

1991. Francisco Ayala (España)

1992. Dulce María Loynaz (Cuba)

1993. Miguel Delibes (España)

1994. Mario Vargas Llosa (Perú)

1995. Camilo José Cela (España)

1996. José García Nieto (España)

1997. Guillermo Cabrera Infante (Cuba)

1998. José Hierro (España)

1999. Jorge Edwards (Chile)

2000. Francisco Umbral (España)

2001. Álvaro Mutis (Colombia)

2002. José Jiménez Lozano (España)

2003. Gonzalo Rojas (Chile)

2004. Rafael Sánchez Ferlosio (España)

2005. Sergio Pitol (México)

2006. Antonio Gamoneda (España)

2007. Juan Gelman (Argentina)

2008. Juan Marsé (España)

2009. José Emilio Pachecho (México)

27 noviembre 2009

La conjura de los unánimes

El 3 de agosto de 1979, el teniente general Teodoro Obiang Nguema Mbasogo le dio un golpe de estado a su propio tío, Macías, y desde entonces gobierna en Guinea Ecuatorial. Pasado mañana se celebrarán elecciones generales en ese pequeño país de África y su presidente aspira a obtener el 100% de los votos.

Hace 7 años, en 2002, Teodoro Obiang obtuvo una arrolladora victoria con el 97,1% de los votos. Pero esa cifra ya no le parece suficiente y por eso hizo un llamado para alcanzar esta vez el apoyo absoluto de todos sus compatriotas.

El gobierno de la antigua colonia española es considerado uno de los mayores represores del mundo. Varias organizaciones internacionales de Derechos Humanos han denunciado la falta de libertad de prensa, la represión, tortura y desaparición de activistas, la ausencia de garantías jurídicas y la manipulación de los procesos electorales.

Aunque Guinea Ecuatorial es productor de petróleo, la inmensa mayoría de sus 650.000 habitantes viven en la pobreza. Aún así, es muy probable que Teodoro logre el próximo domingo la meta que se ha propuesto. "Obiang se ha asegurado la victoria", aseguró Kissy Agyeman-Togobo, analista de IHS Global Insight, a Reuters.

En febrero de 2008, durante su cuarta visita a Cuba, Teodoro Obiang calificó de muy positivo su encuentro con Raúl Castro y señaló que se habían abierto varios campos de cooperación entre Guinea Ecuatorial y Cuba. Un reporte de Arnaldo Musa sólo habla de intercambios en “materia energética y la educación”, pero con es muy probable que el tema de la unanimidad también estuviera en la agenda.