30 diciembre 2008

Dos caras de una misma moneda

Silvio Rodríguez y Pablo Milanés son, desde hace casi medio siglo, dos caras de una misma moneda. Por obra y gracia de su talento y de la circunstancia que les tocó vivir, se convirtieron en las expresiones más universales de la cultura revolucionaria en Cuba. Pero el tiempo, el implacable, el que pasó, los fue distanciando y hoy, aunque siguen siendo parte de la misma divisa, uno es la cara y el otro la cruz.
En los años sesenta, cuando se convirtieron en las voces que más alto se oían y que mejor representaban a una generación, Silvio Rodríguez compuso decenas de canciones que denunciaban, a veces con rabia y a veces con urgencia, a los “delimitadores de las primaveras”. Entonces el trovador procuraba ser, según sus propias palabras, “un gran mortificado”, para que no lo acusaran cuando él mortificaba.
Pero con los años la casa de Silvio fue invadida por las flores y al parecer eso lo tornó más dócil. De un tiempo a esta parte al trovador sólo le preocupan los atropellos y desmanes que suceden a mil kilómetros de su ropero y de su refrigerador. Según sus canciones más recientes, ahora le perturba más lo que pasa en la patria de Simbad el Marino que en la suya. Ayer, tanto Silvio Rodríguez como Pablo Milanés fueron noticia.
De Silvio se dijo que estaba descansando en Punta Cana (al final del viaje terminó carenando en la misma playa que Julio Iglesias) y que acababa de hacerse residente en República Dominicana (Julio ya es ciudadano). De Pablo se difundieron unas declaraciones hechas en Madrid, antes de iniciar una gira. Según los cables, Pablo dijo que no confía ya en ningún dirigente cubano que tenga más de 75 años, porque ninguno de ellos hace “nada para sacar adelante el país”.
“Sus ideas revolucionarias de antaño se han vuelto reaccionarias y esa reacción no deja continuar, no deja avanzar a la nueva generación”, aseguró el trovador, quien también reconoció que el país está paralizado y que los cubanos ya no pueden vivir de promesas, haciendo planes para un futuro que no acaba de llegar.
La última vez que Pablo criticó abiertamente al régimen, Silvio reaccionó con disgusto. No lo llamó por su nombre, pero estuvo claro que cuando Rodríguez criticó a los que hablan de los problemas de la revolución delante del “enemigo”, se refería a Milanés. A propósito del enemigo, Pablo admitió que el hecho de que “Estados Unidos haya tenido una ley de derechos civiles conquistada en los años sesenta y que, menos de 40 años después, ya tenga un negro presidente es tanto o más que lo que hemos logrado nosotros en Cuba, donde los negros aún no tienen ni poder real ni verdaderas oportunidades”, dijo.
Por último, al ser cuestionado sobre el bloqueo, Pablo aseguró que el mismo “tiene dos caras”, porque “está la otra cara, el autobloqueo”, utilizado por el régimen “como una emergencia para defenderse” de los “errores en determinados momentos”. Ahora Milanés llegó más lejos y fue mucho más contundente, por eso no dudo que Rodríguez le salga al paso otra vez. Hace cuarenta y tantos años cantaban a dos voces las ideas y las convicciones que una generación entera repetía a coro.
Hoy, en cambio, tomaron caminos muy diferentes. Uno abrió su voz al mundo para que “llegue al último confín de norte a sur y de este a oeste”. Al otro el machete se le enredó en la maleza de comodidades, en una playa donde las estrellas no tienen que salir, porque se simulan con luces de artificio. Mientras tanto, Cuba ya no va a ningún lado.

24 diciembre 2008

Alegrías de sobremesa

El 24 de diciembre un grupo muy diverso de cubanos (tanto por las profesiones como por las ideas) cenamos en casa de Pedro Ramón López. Había sociólogos, comerciantes, periodistas, pedagogos, médicos, abogados y artistas, entre otros. Salvo el escritor Pablo Armando Fernández, todos estamos afuera desde hace varios años. Pero esa lejanía de al menos un lustro (en el mejor de los casos) no impidió que nos pasáramos la noche entera hablando de Cuba.
Ya en la sobremesa, cuando parecíamos alegres de verdad (siempre he desconfiado del júbilo que presume la gente por estas fechas), alguien hizo una pregunta: ­−¿Valió la pena la Revolución? Casi nadie pensó su respuesta y tres o cuatro hablamos a la misma vez. Muchos dijimos que no, otros dijeron que sí y sólo algunos reunieron el pudor o la prudencia suficiente como para no opinar.
Cuando ya cada quien había dicho lo que pensaba, Iván Pérez Carrión se acicaló la barba y levantó su dedo índice: −Cuba sólo necesitaba un gobierno decente −dijo y terminó un largo trago de añejo. Después de esa frase cambiamos de conversación. Alguien elogió el congrí, otros alabaron el cerdo, el pavo o el ceviche y casi todos nos abalanzamos sobre los flanes y las torrejas.

22 diciembre 2008

Jugada de sacrificio

Hace apenas tres años Dayán Viciedo era el niño prodigio del béisbol cubano. Aunque era demasiado joven, sus extraordinarias cualidades como jugador lo mantuvieron en la preselección del equipo Cuba que asistió al Clásico Mundial hasta el corte final. Después de firmar un contrato por 10 millones de dólares con los White Sox de Chicago, incluyendo un bono por 4 millones, Viciedo se ha convertido en el arma secreta del equipo de la ciudad de los vientos.
Dayán tiene grandes posibilidades de convertirse en el primera base regular de los White Sox. Al menos esas son las expectativas que tiene su mánager, el venezolano Ozzie Guillén. Pero a pesar de que el Viciedo tiene razones de sobra para sentirse feliz, hay algo que lo entristece. “Me habría gustado jugar con Cuba en el Clásico Mundial. Es un tremendo orgullo poder jugar con tu país”, le dijo Viciedo a un reportero de ESPN. La semana pasada Carlos Lage, miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba, aseguró que “es un acto de barbarie prohibirle a un ciudadano visitar a su familia”.
Con esas palabras, el miembro del Consejo de Estado anunciaba que las puertas de la isla estaban abiertas para una buena parte de los cubanos que residen en Estados Unidos (ya sabemos que ciertas restricciones aplican). Más allá de lo hipócrita que puedan resultar las declaraciones de Lage. Más allá de lo irracional y discriminatorias que resultan las políticas migratorias del gobierno cubano, permitir que los peloteros cubanos que juegan actualmente en los equipos de Grandes Ligas se integren a la selección nacional, enviaría una clara señal de que, efectivamente, las cosas pueden ser distintas durante el gobierno de Barack Obama.
Con la inclusión de Alexei Ramírez, Yuniesky (Riquimbili) Betancourt, José Ariel Contreras, Yunel Escobar, Liván Hernández, Brayan Peña, Yunel Escobar, Kendry Morales y el Duque Hernández (quien, a pesar de su veteranía, podría hacer un gran aporte con su enorme experiencia), la escuadra cubana luciría mucho más sólida frente a otras que tendrán en sus filas a grandes estrellas de la Gran Carpa.
Estoy de acuerdo con Lage en que las restricciones que los Estados Unidos mantiene sobre los viajes de sus ciudadanos a Cuba son absurdas y no tienen justificación alguna. Pero si eso para él eso es una “barbarie”, me gustaría saber cómo califica el Permiso de Salida que su gobierno le reclama a todos los cubanos que desean viajar y las prohibiciones a muchos de los que ya lo han hecho para que vuelvan a pisar su tierra natal. Empezar por los peloteros sería hasta simbólico. Al fin y al cabo el béisbol es uno de los más sólido signos de identidad de los cubanos y uno de los vínculos más importante que ha mantenido la isla, por más de un siglo, con Estados Unidos.
De seguro que a Obama, que es fanático de los White Sox, le gustaría ver a dos jugadores de su equipo participando en el Clásico con el uniforme de Cuba. Aunque para muchos eso sería un jonrón y para otros un doble play, la jugada podría interpretarse como un sacrificio para poner a los corredores en posición anotadora. Y eso es lo que al final se necesita, anotar carreras para que el partido no se mantenga detenido y acabemos de llegar, de una vez y por todas, al out 27.

21 diciembre 2008

Fifty-fifty

La república duró casi cincuenta años, que es la misma edad que está a punto de cumplir la revolución. Esas son las dos mitades de la nación cubana en los últimos cien años. Supongo que fue el béisbol quien adiestró a los cubanos en las comparaciones estadísticas. Los complejos numeritos de ese deporte le han dado un carácter matemático a nuestra identidad.
Dos mitades exactas son un buen punto de partida para sacar una infinidad de cuentas y responder muchísimas preguntas. Desde que tengo uso de razón, Fidel Castro hace comparaciones. Le gustaba equiparar la cifra de maestros y estudiantes que había en Cuba en 1959 con las del momento del discurso. Los hospitales y los médicos era otra de sus cifras preferidas.
Ahora esas cuentas se pueden extender mucho más y abarcar todas las ramas de la economía y la sociedad. Pongamos una mitad frente a la otra y veamos en cuál de las dos Cuba creció y se desarrolló más. Existen varias metodologías para hacerlo, pero cualquiera de ellas tendrá que dejar en claro cuál de las dos épocas fue mejor para los cubanos y su nación. Los convido a creerme cuando digo pasado.

19 diciembre 2008

Héroes por chivatos

Cuando los cinco espías de la dictadura cubana fueron apresados en Estados Unidos, Fidel prometió que volverían a su país más temprano que tarde. Los años han pasado y ningún ardid del Comandante en Jefe ha funcionado. A pesar de la sostenida campaña propagandística del régimen por todo el mundo, los acusados de espionaje continúan cumpliendo su condena. Raúl Castro acaba de proponer un intercambio.
“Vamos a hacer gesto y gesto: esos prisioneros de que tú hablas, si quieren soltarlos, que nos lo digan mañana, se los mandamos para allá con familia y todo”, declaró Raúl a un grupo de reporteros. “Que nos devuelvan a nuestros cinco héroes, es un gesto de ambas partes”, fue la propuesta del mandatario. Gracias a su proverbial manejo de los eufemismos, Fidel bautizó a sus espías como héroes.
En cambio a los disidentes, a ese puñado de individuos que se ha opuesto pacíficamente al totalitarismo y la ignominia, se les llama mercenarios, vendepatrias y un sin número de descalificaciones que el dictador cubano siempre lleva en la punta de la lengua para sus adversarios.
En algún momento esos nombres tendrán que revisarse y redistribuirse. Llegará el día en que las Damas de Blanco y todos esos hombres sencillos que se han enfrentado a la dictadura, sin otra arma que no sea los cojones que hay que tener para hacerlo allá dentro, merezcan la gratitud de todos los cubanos. Cuando eso suceda, estaríamos hablando de un canje de héroes por chivatos.

17 diciembre 2008

El árbol oscuro

No me gusta la Navidad. No sé disfrutarla. Me aturde esa felicidad artificial que lo invade todo. Cuando vivíamos en La Habana y la Navidad era un antiguo cuento de familia, uno de los tantos recuerdos del “tiempo de antes”, tenía otro encanto. Pero ahora que le conozco en persona, me es antipática, me molesta.
Debajo del andén de Camarones, mi abuela guardaba los restos de un nacimiento y las bolas sin luz de un arbolito que nunca más se volvió a encenderse después de 1970. Ese año, con el pretexto de la Zafra de los Diez Millones, Fidel desterró a los Reyes Magos (como antes lo había hecho con los curas) y prohibió todo festejo entre la Nochebuena y el Día de Reyes.
Aunque después de la visita de Juan Pablo II a la Isla se despenalizaron esos días y se decretaron feriados otra vez, los cubanos de hoy no saben cuándo celebrarlos ni tienen como. Cinco libras de arroz al mes, algunas onzas de frijoles y un pedazo de carne de contrabando son lo justo para sobrevivir, no alcanzan para una fiesta.
El viernes llega a Santo Domingo el tío Aramís. Vive en Miami desde los años sesenta y no ha vuelto a Cuba nunca más. Mi madre lo espera ansiosa. Una a una, volveré a oír las mismas historias de siempre, como si sucedieran otra vez, fuera ya del espacio y el tiempo. Esos recuerdos serán mi arbolito de Navidad y mi única fiesta, sólo en ellos permanecerá encendido aquel árbol oscuro que mi abuela Atlántida tuvo que esconder debajo del andén.