31 agosto 2008

Los olores como sentido de pertenencia

Suelo identificar a los lugares por sus olores, por eso me dejan de pertenecer cuando cambian o se pierden. Me pasó por primera vez en 1974. Ese año se divorciaron mis padres y me fui a vivir con mis abuelos a la estación de Camarones. Cuando volví a la casa de Manicaragua, donde había vivido hasta entonces, ya no olía igual. Eso me impidió regresar a ella de la misma manera que lo había hecho hasta entonces.
Las aulas de teatro de la Escuela Nacional de Arte tenían un aroma muy particular. Unas flores silvestres que crecían a su alrededor, inundaban todos sus espacios. Cuando desbrozaron el solar aledaño, la esencia se esfumó. Como no encontré el olor que había dejado al irme, me molestó menos el hecho de encontrar a una pareja usurpando el balcón donde solía sentarme con mi novia.
Sin el olor de aquellas hierbas, era más fácil entender que todo aquel reino le pertenecía a otros. Los viajes de Cienfuegos a La Habana, al menos para mí, tenían el olor de los Budd, aquellos vagones plateados que atravesaban la fría madrugada de la provincia haciendo los ruidos indispensables.
Cuando se acabaron las piezas de repuesto y los sustituyeron por un locomotora con cinco coches FIAT, ya nada olía igual, ni siquiera los pueblos cuando nos deteníamos en ellos. Siempre me pasa lo mismo, suelo desprenderme de los lugares cuando sus olores cambian. A veces un cambio que para otros es imperceptible, hace que pierda todo el sentido de pertenencia que tenía sobre ellos.

30 agosto 2008

Son sordos, pero tuvieron que oír

Anoche Gorki Águila durmió en su casa. El Tribunal Municipal de Playa, en La Habana, sólo pudo condenarlo a pagar una multa de 600 pesos, en 300 cuotas de dos pesos. El régimen de Fidel Castro siempre ha sido sordo en cuestiones de justicia, lo ha probado en miles de causas desde 1959 hasta hoy, pero al menos por esta vez tuvo que oír.
“Cuando la gente toma conciencia de la injusticia, te quedan esperanzas de que esto cambie alguna vez”, afirmó Gorki al salir libre. Juzgarlo por “desobediencia” y no por “peligrosidad social”, fue la salida que encontraron para quitarse de encima la presión que generó la solidaridad de tantos cubanos en tantas partes. “Siento orgullo por toda esa gente que se ha solidarizado [y] desprecio, más todavía, por toda esta tiranía”, declaró el músico después de ser conducido por la policía a su casa.
La liberación de Gorki debería convertirse en aliciente para que todos sigamos haciendo cosas por la liberación de todos los presos de conciencia que hay en la Isla. Los médicos, los panaderos, los matemáticos, los sastres, los torcedores de tabaco, los ingenieros, los barrenderos, los macheteros, los maestros, los taxistas, los cocineros, los ferroviarios, los marineros y todos los demás, hagan lo que hagan, merecen la misma solidaridad y el mismo apoyo que los artistas y los escritores.

29 agosto 2008

¿Sólo hay que temerle a Papito Serguera?

Al parecer los que se fueron a la “guerra de los emails” por la reaparición de Papito Serguera, sólo le temen a ese fantasma de antaño. Ninguno de los que participó en aquel escandalito in vitro ha dicho ni esta boca es mía desde entonces. En Cuba han pasado muchísimas cosas más graves, pero nada los ha movilizado, nada ha merecido que pidan otra vez la palabra. Justo en el momento en que su país más los necesita, es que más timoratos se han comportado.
Lo único que los perturba es el pasado. Sus problemáticas siguen circunscritas a la colonia, a la República y, como mucho, a ese caso cerrado y maquillado con el eufemístico nombre de Quinquenio Gris. Pero del presente, ni siquiera los oprobios más evidentes les importan. Anoche los esbirros de la Seguridad del Estado patearon a unos pocos jóvenes en un concierto que al final Pablo Milanés definió como maravilloso. Pablo y todos los que cantaron junto a él, habían recibido una carta abierta donde se les pedía que exigieran la libertad de Gorki Águila.
Ninguno lo hizo, ni siquiera cuando presenciaron desde lo alto la golpiza. Recuerdo al menos dos canciones de Pablo dedicadas a presos de conciencia. Una con letra de Mario Benedetti y otra inspirada en la vida de Nelson Mandela. Al parecer los presos de las dictaduras de derecha le inspiran más que los presos de las dictaduras de izquierda. Todo indica que los presidarios extranjeros lo conmueven más que los compatriotas en presidio.
Algo semejante le pasa a los que reaccionaron en cuanto Papito Serguera sacó la cabeza por la televisión. Que la Isla también parezca un enfermo terminal, no es parte de sus preocupaciones. Ellos se conforman con el Permiso de Salidas Múltiples que les acuñan en la UNEAC y con las miserables prebendas que puedan recibir a través de esa institución. Por eso es que sólo le temen a Papito Serguera, para ellos él es el único enemigo a la vista.

Defiendan a Cuba, pero a Cuba

“Nos dieron golpes. No sé donde están ni Hebert ni Ciro. Yoani escapó. Creo que se llevaron a alguien pero no sé a quién. La prensa lo filmó todo. Llevamos una pancarta y gritamos. La gente corría en masa y la Seguridad daba golpes por unos segundos el concierto fue un caos. Alertamos a la comunidad internacional a seguir de cerca el caso de Gorki Águila y del estado en que podrían encontrarse Ciro Díaz, Hebert Domínguez y Renay Kayrus, integrantes de Porno Para Ricardo, así como de la bloggera Yoany Sánchez”.
Este escueto comunicado, redactado en versos, es lo único que se sabe a ciencia cierta de lo que pasó anoche en la Tribuna Antimperialista de La Habana, ese lugar que los cubanos han bautizado como el Protestódromo y donde ayer, mientras Pablo Milanés cantaba, se protestó por primera vez en contra del régimen de Fidel Castro, el convaleciente dictador cubano. En el transcurso de la semana, decenas de artistas, escritores y periodistas cubanos firmamos una carta abierta a Pablo Milanés y a los que compartirían el escenario con él (Kelvis Ochoa, Polito Ibáñez, Santiago Feliú y Omara Portuondo, entre otros), pidiéndoles que aprovecharan “la oportunidad de esa tribuna pública para pedir la liberación del músico Gorki Águila, cantante y director de Porno Para Ricardo".
Ninguno lo hizo. Y mientras ellos cantaban, la Seguridad del Estado, eso órgano represor al que pertenecen los cinco espías encarcelados en Estados Unidos, patearon a los integrantes de la banda que están aún libres, reprimieron a la bloggera Yoany Sánchez y pisotearon el único motivo del salvaje acto: un cartel que sólo decía “Gorki”. La escena de los policías y los esbirros de la Seguridad golpeando salvajemente a los asistentes al concierto, debió producir una especie de deja vu en Pablo Milanés, que vivió escenas muy parecidas en Santiago de Chile, durante la dictadura de Augusto Pinochet. Felizmente Chile hoy disfruta de una de las democracias más exitosas del continente, ahora es la propia patria de Milanés la única en América Latina que padece la ignominia de un tirano.
Muchos escritores y artistas dentro de Cuba, aunque estén en contra de la encarcelamiento de Gorki Águila y probablemente de todos los presos de conciencia que hay en la Isla en este momento, continuarán callados por una cuestión de sobrevivencia. Es comprensible. Pero sería una vergüenza que firmen un documento condenatorio perpetrado por la UNEAC, el Ministerio de Cultura o cualquiera de las instancias del poder. Los cantantes españoles Alejandro Sanz y Miguel Bosé manifestaron su rechazo a la detención de Gorki Águila y ya hicieron pública su solidaridad. No podemos decir lo mismo del dominicano Víctor Víctor y del puertorriqueño Danny Rivera, que mientras esto sucede, le cantan a los cinco espías en Nueva York.
Ojalá que todos los artistas de Iberoamérica defiendan a Cuba con ahínco a partir de este momento. Pero que defiendan a la Cuba de todos los cubanos y no a la de un dictador moribundo que ha dejado a su país en las mismas condiciones que él.

27 agosto 2008

La buena estrella, la mala Estrella

Bajo el seudónimo de Estrella, un(a) lector(a) de este blog dejó un comentario en el post ¿Quién merece la solidaridad, cinco espías o decenas de presos de conciencia?. Cito el texto íntegro, sólo he moderado las faltas de ortografía, los errores en la puntuación y los problemas de concordancia. El párrafo de más abajo, es mi respuesta.
“Me parece que este Gorky es un provocador y bueno, que lo disfrute −dice Estrella−, es un honor para cualquier rockero que le pase eso. Así que déjense de tanta cosa. Por otro lado, creo que esa fama que le están dando es sólo por decir cosas de Fidel o de política. Eso estará muy bien, pero la verdad [es que] de arte y música no tiene nada. Así que deberían pedir apoyo a otros, no a los artistas. En Cuba no lo conoce nadie, la verdad. La manipulación viene de todos lados y a mí no me jode nadie, ni firmo ni apoyo nada. Allá las ovejas...”
Estimada Estrella (en el más que poco probable caso de que en verdad te llames Estrella). Si te soy del todo honesto, nunca he escuchado la música de Gorki Águila, tampoco necesito hacerlo ahora que defiendo su derecho a decir lo que piensa sin ser reprimido ni encarcelado. Tu excusa es el pretexto del que siempre se ha valido Fidel y todos los que alientan su dictadura para ganarle la partida a sus adversarios: la descalificación.
Mientras Raúl Rivero estuvo cerca de Nicolás Guillén y representaba a la UNEAC en eventos internacionales, era uno de los grandes poetas de su generación; en cuanto disintió, se convirtió en un escritor mediocre y en un alcohólico que le pegaba a sus mujeres. Mientras Zoé Valdés fue funcionaria del ICAIC, era merecedora de importantes premios literarios (llegó a ganar, incluso, el de FMLN, la guerrilla salvadoreña); pero una vez que hizo la primera declaración adversa, se convirtió en una farsante hasta para los que la galanteaban como moscas.
Apuesto a que si Gorki tocara lo que toca actualmente, pero a favor de la revolución, se presentara hasta en la Tribuna Antimperialista, como una prueba de diversidad cultural y de las distintas formas de expresión revolucionarias. No hace falta que en Cuba nadie conozca a Gorki, ni que su obra sea tan trascendente como la de Silvio. Lo que si hace falta es que nadie viole su derecho a decir lo que piensa sin ser reprimido y mucho menos encarcelado. Nadie te está pidiendo, Estrella, que firmes nada, pero al menos por pudor, deberías hacer silencio si no tienes el valor de gritar ante una injusticia como esa.
Si Gorki fuera tractorista, pescador o panadero, también saldría en su defensa. Te repito, no defiendo su obra sino sus derechos. No hablo de sus canciones sino de su libertad, que al final, es la misma que nos merecemos todos nosotros.

26 agosto 2008

Réquiem por Quino

He tenido varios perros, pero los dos que más he querido se llamaron Quino. En 1974, la perra de Chena, el dueño de la bodega y el cine, parió unos cachorros mitad pastor alemán mitad sabe Dios qué cosa. Mi abuelo Aurelio se negaba a que tuviéramos perros en casa, porque siempre morían atropellados por los trenes.
Vivir en una estación, aún cuando yo casi nunca los notaba, tenía sus inconvenientes. Me las ingenié, con la complicidad de mi abuela Atlántida, para que pareciera que la cachorrita había llegado al patio de la casa por accidente. “Quizás se le cayó a alguien de un tren”, dijo mi abuela mientras le daba leche. Aurelio aceptó al animal pero no la excusa.
Dos días después, su amigo Chena le preguntó cómo estaba la perrita que me había regalado. Le puse Laika, en honor al primer ser vivo que llegó al espacio. Me acompañó durante los años más felices de mi infancia. Corrimos por el potrero, perseguimos vacas y garzas. Aprendimos a entendernos con un alfabeto muy parecido al Morse. Pero al final mi abuelo acabó teniendo la razón. Un mal día salió corriendo de la casa y no tuvo espacio para seguir por el andén. Atravesó la línea principal en el momento en que pasaba un tren de carga.
Durante mis últimos años en Camarones, tuve a Quino I. Era también un cruce de pastor alemán con otra que se diluyó en la elegancia de la primera. Quino I se convirtió en toda una celebridad entre los pasajeros que esperaban su tren en el andén. Daba unos saltos increíblemente altos y era capaz de atrapar a una gallina en cuestión de segundos. Con él también corrí por el potrero, pero ya no tenía la candidez que se requiere para empinar un papalote.
Quino II sí era de pura raza: un american skimo hijo de campeones. Pero una malformación en sus dientes lo sentenció a muerte. Zilma logró que no lo sacrificaran y se lo vendieran a muy bajo precio. En un abrir y cerrar de ojos se convirtió en el centro de la casa. Dejamos de ir de vacaciones por tal de no dejarlo solo. Siempre se las ingeniaba para estar con todos a la misma vez y tenía ese raro instinto de los lobos de vigilar el punto que nadie estaba vigilando.
Un absurdo accidente le costó la vida. A partir de hoy el mundo de todos nosotros no tiene a Quino. Cuando lo cargué, ya moribundo, tenía la esperanza de que algo, así fuera el dedo del personaje de Pushing Daisies, lo salvara. Ana Rosario trajo de Europa una foto suya junto al sepulcro de todos los perros de un rey. La tumba de Quino es invisible, es el silencio enorme que se escuchará de ahora en adelante, cada vez que un extraño toque a la puerta.