30 octubre 2010

Juan Pablo Duarte en manos de la ridiculez

Le dediqué la mañana del sábado a uno de los afanes que más disfruto, deambular por los pasillos del supermercado. Así fue que descubrí, entre embutidos y legumbres, un ejemplar de  Duarte en mi corazón de niño, un libro de Juan Gilberto Núñez. Confieso que al principio me produjo un ataque de risa, pero poco a poco me fui tomando en serio aquello y acabé por arruinar mi deliciosa rutina.
Lo primero que me impactó fue la ilustración de la portada. La caricatura de un rubio de ojos azules suplanta al prócer Juan Pablo Duarte, el mestizo dominicano que promovió el (re)nacimiento de una nación. Eso me hizo recordar la exposición del Centro León donde se propone un diálogo sobre las identidades dominicanas y el verdadero color de los que las han hecho.
No tuve el valor de comprar el libro, la lectura de un par de párrafos me bastaron para entender su disparatado propósito. Lo único que lamento de él es el prólogo de Juan Daniel Balcácer, de quien conservo recuerdo entrañables y cuya lucidez me consta. Por eso no me explico qué hace Juan Daniel justificando lo que no tiene la más mínima justificación.
Justo al lado de Duarte en mi corazón de niño, donde su autor figura de traje y pañuelos, había un ejemplar de un libro que perdí del Premio Nobel Mario Vargas Llosa (quien, por cierto, se hizo retratar en mangas de camisa). En República Dominicana hay muchos individuos que, de buena fe, tratan de rescatar el legado de Juan Pablo Duarte. El primer paso para lograr eso, debería e ser la reconstrucción de un hombre creíble.
Justo por eso fue que llegué con Mario Vargas Llosa debajo del brazo a la caja registradora.

29 octubre 2010

Gustavo el Chambón

Era el más torpe de todos los de mi generación, por eso desde niño se ganó el nombrete de Chambón. La peor circunstancia podía resolverse con una de sus carcajadas, la más sólida estructura podía desvanecerse con uno de sus manotazos. El Chambón era una rara mezcla de bondad extrema con torpeza infinita.
Quizás eso último provocó un inesperado y triste giro en su vida. En los años ochenta, como muchos adolescentes cubanos, fue llevado a las selvas de África para librar una guerra inútil, injustificable. Un mal día sus torpes dedos se enredaron en el gatillo del AKM y acabó disparando al corazón de uno de sus amigos más queridos.
Cuando volvió de Angola estaba irreconocible. Su alegría insobornable se había extraviado en un rostro amargo, esquivo, agresivo. Poco a poco fuimos recuperando al Chambón. Un día regresó su entusiasmo, otro sus manotazos y con el tiempo, ¡por fin!, su increíble habilidad para resolver la peor circunstancia con una risotada inimitable.
Cuando destilábamos alcoholes de contrabando, él era nuestro catador. “¡Cuidao, que todavía lo que está saliendo es acetona!”, nos advertía con el trago ardiente en la mano. En casa de Gaby, en ausencia de mi maestra Estrella, planeamos las más enloquecidas trastadas. Pero el Chambón siempre acababa persuadiéndonos, mientras repartía sus “cariñosos” manotazos.
Hace diez años que no recibo uno de esos destructivos abrazos, pero acabo de ver una foto suya y no pude evitar un par de lágrimas (“¿Y esa mariconería, tú?”, se hubiera preguntado él). Ese, el de la izquierda, es Gustavo el Chambón. Si alguno de ustedes pasa por el Paradero de Camarones, pregunten por él y solo díganle que lo quiero mucho, muchísimo.

27 octubre 2010

La patria desaparecida

Desde niño sentí una rara atracción por la Argentina. Primero, fue su cercanía al Polo Sur, un lugar que, según mi abuelo Aurelio, era como un jarro de cinco libras de hielo: impenetrable. Luego fue la música: Carlos Gardel, Virgilio Expósito, Atahualpa Yupanqui, Charly García, Juan Carlos Baglietto, Luis Alberto Spinetta, Fito Páez y Andrés Calamaro, entre muchos otros. Olvidaba algo decisivo, Mafalda.
Pero antes de todos esas imágenes y esos sonidos insustituibles hubo un silencio definitivo: José Hernández, Julio Cortázar, Roberto Arlt, Adolfo Bioy Casares, María Elena Walsh, Juan Gelman y, más allá de cualquier época y edad, Jorge Luis Borges. Nunca he estado en Buenos Aires, pero conozco demasiado bien las cosas que no se pueden olvidar de ella.
Aunque siempre me la paso obsesionado con el futuro de Cuba, nunca paso por alto todo cuanto sucede al sur del Sur. Jamás le he encontrado explicación al destino argentino. ¿Cómo es posible que la patria de tanta gente lúcida y de tantas criaturas brillantes tenga que vivir ese insoportable día a día que es su presente.
Hoy, cuando supe de la muerte de Néstor Kirchner, me hice la misma pregunta. En lugar de tratar de responderla, busqué en mi iTunes una de las inspiraciones más rotundas de Fito Páez, esa donde le canta a un lugar impreciso e indescifrable, a una casa desaparecida con nombre de país: Argentina.

26 octubre 2010

El legado del pulpo Paul, la primera mascota de la Web 2.0

(Escrito para el blog de Campo de Texto)
En la madrugada de hoy murió el pulpo Paul, la primera mascota que se hizo célebre a nivel global gracias a la Web 2.0. El cine animado comenzó con un ratón que hablaba (Micky Mouse), la era del espacio con una perra cosmonauta (Laika) y la Web 2.0 con un pulpo “adivino”.
Durante la Copa Mundial de Fútbol 2010 no hubo un jugador y mucho menos un equipo que llamara más la atención de los cibernautas que el singular molusco. En el acuario de Oberhausen, en Alemania, a miles de kilómetros de Sudáfrica,  Paul hizo más ruido y llamó más la atención que las vuvuzelas.
El hecho de que acertara en un 100% el ganador de cada partido durante la Copa, hizo que Paul llegara a tener más credibilidad y seguidores que los más reputados especialistas del fútbol mundial. Su celebridad llegó a tal grado, que ahora su “vida y milagros” se detallan en extremo en su web oficial, Wikipedia, Facebook y Twitter, entre otros soportes y herramientas.
A pocas horas del fallecimiento de Paul, el Sea Life Aquarium ya ha confirmado que le erigirá un monumento. En una sala de exposiciones se exhibirán los recuerdos de diferentes momentos de su vida, los regalos que recibió de todo el mundo y la urna y las cajas de metacrilato donde Paul hacía sus actos de adivinación.
Pero el mayor monumento a este pulpo común que nació en enero de 2008 en la frías aguas del océano Atlántico está en la red de redes, en las millones de entradas y contenidos que provocó, en las reacciones que sigue produciendo. Paul es una de las prueba más evidentes de que ya nadie está en control de la información y que es la gente quién decide qué quiere que le digan y qué quieren decir.

24 octubre 2010

Una tormenta perfecta amenaza al Paradero de Camarones

Los viejos de mi pueblo lo sabían todo sobre las tormentas. Muchos de ellos habían aprendido el arte de leer las nubes en su tierra natal, las Islas Canarias. A fin de cuentas habían nacido en una situación geográfica muy parecida, apenas un poco más arriba del Trópico de Cáncer, ese paralelo que pasa por encima de La Habana y luego cruza el Atlántico para acabar de darle la vuelta al mundo.
Cuando todo se nubla hacia el Sur, el aguacero acaba cayendo en La Flora, en Espartaco o en Palmira. Pero cuando el cielo se pone negro en dirección a Cruces, el diluvio es inevitable. Otro elemento clave en el pronóstico del tiempo son las auras tiñosas. Cuando se agrupan y comienzan a volar en círculos alrededor del pueblo, con toda seguridad se avecina un vendaval.
Esta foto fue tomada recientemente por Milaydes Veitía (la nieta de Yuyo el Delegado). Una tormenta amenaza al Paradero de Camarones, pero el agua que con toda seguridad cayó, no fue más que un “barredor de tristezas”. Por lo que me cuenta Milaydes, a eso se reduce la vida en un lugar donde ya todo lo que se dice y se desea está en pasado perfecto. Hasta los aguaceros acaban siendo una razón para no salir de lo ocurrido, para quedarse a vivir en el pretérito.