Si pregunto quién es Yolanda Farr, pocos de mi generación sabrían
decir. Pero si les enseño cualquier fotografía suya, incluso las actuales, la
reconocerían de inmediato. Ella, junto a Sergio Corrieri, protagonizó una de
las escenas más memorables del cine cubano.
Todo lo que yo sabía de su existencia se limitaba a su nombre,
puesto en letras temblorosas, sobre el fondo en el que pasan los créditos de Memorias del subdesarrollo (1968), el clásico de Tomás Gutiérrez Alea.
Gracias a un amigo, el cineasta cubano Mario Crespo, conocí el blog donde la actriz
española cuenta su vida.
En su más reciente post, Yolanda ofrece detalles hasta ahora
desconocidos del proceso de creación de Memorias
del subdesarrollo: “Titón sabía bien lo que quería y me hizo ignorar el
dialogo escrito para crear una situación más real y humana”, recuerda la actriz.
Cuando por fin vieron el resultado de tantas improvisaciones y horas
de trabajo en la moviola, todos aplaudieron. Fue entonces que Titón le pidió un
último sacrificio: hacer el primer desnudo del cine cubano. “Si alguien tenía
la labia suficiente para convencer a una jovencita entusiasta del cine, ese
alguien era aquel hombre serio y profesional cuya labor yo tanto admiraba”,
confiesa.
Aunque el desnudo quedó en la versión final de la película, según
Yolanda, casi toda sus escenas fueron eliminadas. La razón no fue artística
sino política. Poco después de concluido el rodaje, la actriz decidió marcharse
de Cuba. Eso provocó un retraso en la fecha del estreno y un cambio radical en
la edición final.
“Años más tarde, ya en España, sufrí el shock de mi vida al
comprobar que estaba prácticamente eliminada de la pantalla, que casi
únicamente quedaba mi voz en off sobre close-ups de Sergio Corrieri y
larguísimos planos, cámara en mano, de nuestra habitación desierta”, relata
desconcertada.
Años después, otra película de Tomás Gutiérrez Alea sufrió una
drástica censura. Algunos testigos reconocen que la idea de Hasta cierto punto era mucho mejor que
el resultado final. Afortunadamente, en Memorias…
Titón logró soluciones tan ingeniosas que ahora nos cuesta creer que no estaban
en su plan original.
¿Cómo sería Memorias…
con esa secuencia del Conney Island que Yolanda describe divertida y de la que
muestra, en efecto, un gracioso fotograma en su blog? ¿Hubiera sido mejor la
despedida en el aeropuerto como se rodó originalmente y no con ese plano que sigue
a la actriz de espalda hasta que se sube al avión?
A Titón le exigieron que borrara lo más que pudiera a Yolanda Farr
de su película. Algunos de los recursos que ideó para complacer a los censores,
a mi modo de ver, hicieron a la película aún más interesante. Pero, ¿cuántas
veces sucedió lo contrario?
La obra cinematográfica de Tomás Gutiérrez Alea es lo más
importante del cine cubano. El post de Yolanda Farr demuestra que siempre
estuvo bajo la presión de la censura, incluso en su obra cumbre. ¿Cómo hubiera
sido el cine de un Titón completamente libre? ¿Qué más habría dicho sin la
autocensura que cargó sobre sus hombros?
Ahora tengo un nuevo pretexto para volver a ver Memorias del subdesarrollo. Esta vez trataré
de imaginarme a la película de otra manera, buscaré el rastro del filme que no
le permitieron hacer a Titón.



