
La primera medida que tomaron las autoridades del Museo con el gigante que camina entre la multitud que huye despavorida, fue excluirlo de la exposición Goya en tiempos de guerra. Eso hace pensar que, aunque la obra ha sido admirada por más de dos siglos, caerá en desgracia por sus problemas de paternidad.
¿Admirábamos realmente a El Coloso o a la “marca” Goya? ¿Nos conmovía la simbólica escena o la luciente firma de su autor? ¿Valorábamos la experiencia estética que nos producía o el precio del lienzo en el mercado? El futuro de esta obra será una lección sobre los propósitos y el destino del arte, su suerte será una moraleja que ojalá alcancemos a entender.
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