
Luego, se burla de la campaña mediática que desató el canje de los terrenos de la antigua estación de Villanueva por los del Arsenal y le reclama a la prensa que de cuenta de nuevos “chivos”, siempre y cuando otro trozo de la capital se revalore y se convierta “en un barrio hermoso y rico”.
En el momento de su construcción, en la Estación Central de los ferrocarriles cubanos confluían las líneas de las principales compañías del país y era la más moderna y activa del continente. “La

96 años después de su inauguración, la Estación Central luce un edificio exageradamente grande e innecesario. Su Salón de Espera es ridículamente amplio para la cantidad de pasajeros que se embarcan y sus líneas demasiadas para los trenes que llegan o parten.
La Estación Central, la puerta por donde casi todos los guajiros entremos a La Habana, ahora es un sitio donde los recuerdos tienen más espacio que los viajeros. El edificio, como la ciudad misma, se ha convertido en un lugar perfecto para perder el tiempo o esperar algo, cualquier cosa que no sea un tren.
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