
Desde hace más de una década, su nombre era uno de los que más se barajaba cuando se hacían las cábalas para el Premio Nobel de Literatura. Esa es la razón por la que los Académicos no sorprendieron a nadie, ni siquiera a Doris, con su decisión. “Tengo tos, una ligera diarrea y cistitis”, fue todo lo que dijo cuando le preguntaron cómo se sentía después de recibir la noticia.
A los 88 años, Doris Lessing sigue siendo aquella intelectual lúcida que inspiró a más de una generación. Nada la impide decir lo que piensa, ni siquiera la nota en la que los académicos explicaban las razones del premio. “Eso de ‘la épica femenina’ no me gusta mucho (…), pero es evidente que a la gente le gustan las etiquetas: hombres, mujeres, el bien, el mal...”, dice mientras acaricia a su gato, a quien dice querer más que a muchas otras cosas.
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